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Lunes 4 de mayo de 2026
Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Crédito: Pablo David - CAMBIO.

Carlos Carrillo, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo. Crédito: Pablo David - CAMBIO.

‘Colombia no invierte lo necesario para prevenir desastres’: la advertencia de Carlos Carrillo sobre el volcán Puracé

En entrevista con CAMBIO, el director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Carlos Carrillo, detalla las acciones que se han activado tras la alerta naranja en el volcán Puracé. Habla de primeras evacuaciones, capacidades reales del Estado, sobre si hay o no riesgos para Popayán y de por qué, pese a los avances, Colombia sigue sin invertir lo necesario en prevención.

Por: Juan David Cano

Desde el 29 de noviembre de este año, el volcán Puracé entró en una fase de actividad que el Servicio Geológico Colombiano calificó como alerta naranja, el nivel en el que un volcán presenta cambios importantes en su comportamiento y en el que pueden darse fenómenos como emisiones de ceniza, ascenso o destrucción de domos, pequeñas explosiones y formación de lahares: corrientes de lodo y escombros volcánicos.

El Gobierno cuenta desde enero con el Plan Nacional de Preparación y Respuesta por Actividad del volcán, un documento de más de ochenta páginas que define la zonificación de amenaza, la población expuesta, las áreas de operación y las acciones que deben desplegarse. Allí están descritos fenómenos como las corrientes de densidad piroclástica, que pueden desplazarse rápidamente, así como los lahares que podrían alcanzar hasta 50 kilómetros y el impacto potencial sobre 421.905 personas en el área de influencia del volcán.

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Este plan, construido por el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo, también mediría las capacidades reales del país: desde equipos USAR acreditados y cuerpos de bomberos, hasta plantas potabilizadoras, alojamientos temporales, subestaciones eléctricas y puentes en riesgo. A ello se suman las acciones que las entidades han debido activar desde finales de noviembre, cuando se declaró la alerta naranja.

Sin embargo, en medio de esta coyuntura, surge la duda de si el país podrá afrontar una eventual catástrofe volcánica. Por ello, Carlos Carrillo, director de la UNGRD, habló con CAMBIO sobre qué se ha hecho, qué falta, cuál es el alcance del riesgo y qué tan preparado está el Estado colombiano en un escenario de incertidumbre del riesgo.

CAMBIO: ¿Cuáles son las acciones que ha venido tomando la UNGRD frente a la eventual emergencia volcánica que supone el Puracé?

Carlos Carrillo: La pregunta no debería estar dirigida a la UNGRD; debería estar dirigida al SNG, es decir, al Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. Colombia, desde 2012, cuenta con un Sistema Nacional de Gestión del Riesgo del cual la UNGRD es su coordinadora, pero las acciones no emanan de la UNGRD sino del Sistema. Esa es una acotación importante porque, por ejemplo, la UNGRD no es la que monitorea el volcán: es el Servicio Geológico Colombiano el que lo hace las 24 horas del día, los 7 días de la semana y los 365 días del año. El Puracé es uno de los volcanes mejor vigilados del país, y gracias a ese trabajo del Servicio Geológico Colombiano podemos tener la información y el conocimiento científico necesarios para poder empezar a echar a andar los planes y lo que hace el Sistema como un conjunto.

CAMBIO: Y en concreto, ¿cuáles son las acciones que ha realizado ese Sistema en los últimos días?

C.C.: En este momento son distintas acciones. Por ejemplo, desde hace ya un tiempo existe un Protocolo Nacional de Respuesta para la emergencia del volcán Puracé. Pero cuando el Servicio Geológico Colombiano declaró la alerta naranja, nosotros activamos de inmediato los protocolos y ese mismo día instalamos un comité extraordinario de manejo.

En ese comité también participan las autoridades locales. Estuvieron la Defensa Civil, los bomberos, la Cruz Roja, las fuerzas militares y la Policía Nacional. La conclusión de ese trabajo fue recomendar la evacuación preventiva de la zona A1, que es donde se presenta la mayor amenaza.

Desde el sábado se tomó la decisión de empezar a preposicionar las capacidades del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. 

En la zona tenemos carrotanques y una planta potabilizadora de agua. Los bomberos tienen sus cuerpos listos: nueve carros cisterna en la zona y veinticinco carros de bomberos. La Defensa Civil tiene carrotanques, plantas potabilizadoras de agua y alojamientos temporales. El Ejército se comprometió en ese comité a reposicionar cincuenta hombres disponibles, es decir, dos pelotones. La Cruz Roja tiene 840 voluntarios en la región y también ofrece apoyo en alojamiento temporal.

¿Qué sigue en este momento? El montaje del alojamiento temporal. La Alcaldía de Puracé finalmente va a avanzar con la orden de evacuación. Tenemos unas cifras más aterrizadas, alrededor de 230 familias, aunque debo decir que no hay claridad absoluta. Esos censos le corresponden al municipio y a los entes territoriales, que tienen la obligación de hacerlos. Por ahora vamos a avanzar con los desalojos temporales en el municipio de Puracé, en el polideportivo Manuel María Mosquera, y esperamos montar allí un alojamiento temporal con capacidad para 60 familias.

Hay algo muy importante que decir: ojalá estos alojamientos temporales duren el menor tiempo posible. Pero es una situación que no tenemos forma de medirla. Puede que el volcán vuelva a su estado anterior o puede que siga incrementando su actividad. Por eso es una medida preventiva evacuar a las personas que están en la zona de mayor amenaza.

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CAMBIO: Usted mencionó la zona A1, donde fueron evacuadas decenas de familias. ¿Cómo se define ese perímetro?

C.C.: Es más o menos unos cinco kilómetros alrededor del volcán. No es exacto, porque la zona de operaciones A1 no es un círculo perfecto. Allí hay tres afluentes que forman unos cañones que permitirían que, en caso de una erupción, el flujo piroclástico se desplazara por ellos. Estas modelaciones se hacen partiendo del peor de los escenarios. Es decir, solo en el caso de una erupción de grandes proporciones podrían llegar esos flujos piroclásticos hasta esa zona. Por eso estamos extremando las medidas de prevención.

CAMBIO: Dado que ya tienen esa primera zona vigilada, en el plan de prevención también se habla de posibles afectaciones hasta 50 kilómetros de distancia, y Popayán está a 45 kilómetros. ¿Qué se ha hecho en la ciudad ante ese escenario?

C.C.: Por supuesto que hemos estado en contacto permanente con la Alcaldía de Popayán. La ciudad tiene un riesgo de lahar (flujo de lodo volcánico) en caso de que hubiera una erupción de grandes proporciones. Pero, en este momento, la preocupación de las autoridades se concentra principalmente en esos 5 kilómetros a la redonda del cráter del volcán, que es donde podrían presentarse los flujos piroclásticos.

Los volcanes en Colombia no son como los de Hawái, donde la lava se mueve lentamente. Los volcanes en Colombia son muy explosivos. El riesgo no es tanto la lava que podría fluir, sino los flujos derivados de la explosión, que son nubes ardientes que viajan a más de 100 kilómetros por hora y que no dan tiempo para una evacuación. En el caso de Popayán, el escenario de amenaza por lahar tiene otra dinámica, por eso en este momento estamos enfocados en la primera área.

Por ahora no se propone una evacuación en Popayán, de modo que lo importante es mantener a la ciudadanía informada, conservar la calma e instar a las autoridades locales a cumplir la parte que les corresponde dentro del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo.

CAMBIO: Usted ha mencionado equipos de búsqueda y todo un plan interdisciplinario para atender la emergencia. Pero, ¿la UNGRD tiene hoy las capacidades necesarias para responder a una eventual erupción? ¿Cuáles son los principales retos?

C.C.: Esto es un esfuerzo conjunto. Por supuesto que nosotros, en las Fuerzas Militares, tenemos capacidades importantes: desde la Fuerza Espacial Colombiana contamos con apoyo mediante imágenes satelitales; tenemos capacidades de búsqueda y rescate en caso de que ocurriera una emergencia, ya sea a través de las Fuerzas Militares, de la Defensa Civil o de la Policía. Esas son capacidades muy robustas.

Ahora, si usted me pregunta por el tema de la disponibilidad presupuestal que tiene la entidad, pues yo lo he dicho: a nosotros nos hicieron un recorte de 2,6 billones de pesos. En este momento, el Fondo Nacional de Gestión del Riesgo está desfinanciado. Si llegara a darse una erupción y se declarara un estado de desastre nacional, se abriría la puerta para que hubiera transferencias, es decir, adiciones presupuestales por parte del Ministerio de Hacienda. Pero hoy el Fondo Nacional está desfinanciado por ese recorte de 2,6 billones de pesos, que se produjo por la no constitución del llamado ‘líquido cero’. Lo que nos queda para la Subdirección de Reducción, que es la encargada de la prevención, son 85.000 millones de pesos. Y con eso, a duras penas, se hace un proyecto. Es decir, no va a haber proyectos de mitigación el próximo año en Colombia. No va a haber proyectos nuevos; no hay plata.

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CAMBIO: Entonces si hay desfinanciación, ¿cuál es el mensaje para los colombianos? ¿Podemos confiar en que el país puede responder a una erupción del Puracé?

C.C.: Desde hace cuarenta años, desde la erupción del Nevado del Ruiz que mató a 25.000 personas, Colombia aprendió una lección dolorosa sobre la importancia de mantener monitoreados los volcanes del país y de contar con entidades de conocimiento específico muy robustas. Eso nos permite decir que tenemos la capacidad de sugerir y ejecutar evacuaciones preventivas, porque trabajamos incesantemente para proteger la vida de los colombianos.

Los ciudadanos deben entender que la gestión del riesgo ha avanzado mucho en Colombia en los últimos cuarenta años y que debemos seguir avanzando en el fortalecimiento de ese Sistema Nacional de Gestión del Riesgo. Ese mensaje también debe llegarles a los gobiernos municipales, departamentales y al Gobierno nacional. Ninguno invierte en gestión del riesgo lo que debería invertir; siempre hay otras prioridades. Y el Gobierno nacional tampoco ha tenido como prioridad la gestión del riesgo, y no ha sido solo este Gobierno: nunca lo ha sido.

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