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Lunes 4 de mayo de 2026
Crédito: Asocapitales.

Crédito: Asocapitales.

Asocapitales reúne a 40 cooperantes internacionales para articular acciones y así atender la emergencia invernal en el Caribe

Montería, Santa Marta y Riohacha acumulan pérdidas que superan el billón de pesos tras semanas de lluvias sin tregua. Miles de familias lo han perdido todo y la ayuda no llega a todos los necesitados.

Por: Juan David Cano

En Montería hay veredas que prácticamente desaperecieron. No es una metáfora: el agua se las tragó. Los cultivos están bajo el barro, el ganado murió, las vías no existen y las familias que alcanzaron a salir no tienen dónde volver. Es una imagen que se repite en 27 corregimientos y 47 veredas de la capital cordobesa y su zona rural, y que se extiende, con sus propias particularidades. La emergencia también se extiende hasta las calles de Riohacha, 17 veredas en la Sierra Nevada de Santa Marta y más puntos del Caribe colombiano.

La temporada de lluvias que ha golpeado el Caribe colombiano en febrero ha dejado un rastro de destrucción que los propios alcaldes describen con una imagen que hiela: “Es como el Armero, pero sin muertos”. La frase, usada tanto por el secretario de Desarrollo Económico de Montería como por Andrés Santamaría, director de la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales), para describir lo que viven estas ciudades, lo dice todo: la escala del desastre es histórica, y la atención recibida es insuficiente.

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Las cifras que el país no ha dimensionado

En Santa Marta, el alcalde Carlos Pinedo Cuello entregó un balance que habla por sí solo: 3.413 familias damnificadas, cerca de 8.900 personas afectadas y seis personas fallecidas. La emergencia golpea con especial dureza la zona rural, con 17 veredas incomunicadas y alrededor de 140 puntos de deslizamiento activos. La necesidad más urgente, según el mandatario, no es comida ni ropa: es maquinaria para abrir vías y llegar a las comunidades que llevan días incomunicadas. Mientras tanto, el saneamiento básico se deteriora y el riesgo de una crisis sanitaria crece.

En Montería, el secretario de Desarrollo Económico, José Nicolás Barrios, presentó cifras que superan la capacidad de respuesta local: más de 45.800 hectáreas agrícolas destruidas, más de 75.800 animales afectados, 27 corregimientos y 47 veredas con daños severos. “Nuestras capacidades están desbordadas y requerimos cooperación nacional e internacional. Somos un municipio mayoritariamente rural”, dijo Barrios ante los asistentes al encuentro. Sin animales, sin cosechas y sin vías, la recuperación económica no es un proceso de semanas sino más extenso.

Riohacha también enfrenta una emergencia extendida con miles de familias afectadas y daños significativos en infraestructura urbana y rural: vivienda, vías y sistemas de alcantarillado. El alcalde Genaro David Redondo fue contundente: el apoyo que debería haber llegado, simplemente no ha sido lo suficiente.

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Eso es, quizás, lo más inquietante de esta emergencia: su invisibilidad relativa. Andrés Santamaría lo explicó así: “Las ciudades capitales están viviendo una realidad humanitaria que el país debe comprender en toda su dimensión. Estamos hablando de personas sin comida, niños sin estudiar, familias sin posibilidad de trabajar y comunidades enteras aisladas. Esta emergencia no termina cuando deja de llover; sus efectos se extienden en el tiempo y requieren articulación inmediata”.

Lo que agrava el panorama es que la emergencia activa, las lluvias, las inundaciones, no ha terminado. Y cuando finalice, empezará otra: la reconstrucción. Municipios agropecuarios inundados, sin animales y sin plantaciones, no se recuperan solos ni rápido.

La articulación gestionada por Asocapitales donde falta presencia

Fue en ese contexto que Asocapitales convocó este 17 de febrero en Bogotá el denominado Diálogo por las ciudades del Caribe, un espacio que reunió a más de 40 cooperantes internacionales, aliados estratégicos, fundaciones, representaciones de gobiernos extranjeros, organismos humanitarios y actores del sector privado. El objetivo: que quienes tienen capacidad de decisión y recursos escucharan de primera mano a los mandatarios y sus equipos técnicos.

“Asocapitales convocó hoy diferentes actores del sector empresarial, organismos humanitarios, representaciones de gobiernos internacionales, asociaciones que trabajan en impacto social, sector privado, a conocer de primera mano la situación, la complejidad que hoy atraviesan tres de nuestras ciudades capitales”, explicó Santamaría.

Y añadió: “Este ruido fue muy importante porque se lograron concretar dudas, necesidades y actores que tienen la capacidad y toma de decisión. Nosotros no recibimos donaciones, no recibimos ayuda, pero sí estamos haciendo un ejercicio de articulación, de dinamizar y buscar soluciones por parte de todos estos actores”.

Asocapitales no opera como organismo humanitario ni canal de donaciones. Su rol es otro, y quizás más estratégico en este momento: conectar a quienes necesitan ayuda con quienes pueden darla, y hacer que la voz de los alcaldes llegue más lejos de lo que llegaría sola.

“Lo que buscamos es concientizar y articular acciones. Ya hemos dinamizado para que la voz de los alcaldes se escuche. Encontramos casos en ciudades como Riohacha y Santa Marta donde los alcaldes han dicho que no ha llegado ningún tipo de ayuda”, le explicó a CAMBIO Santamaría.

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Entre los actores que participaron del diálogo y manifestaron disposición concreta de ayuda estuvo la Asociación Empresarial Colombo-China, que planteó tres líneas de acción: llevar el mensaje a empresas chinas para aumentar los esfuerzos, articular oportunidades de empleo, y coordinar apoyos en productos y suministros.

El Banco de Alimentos de Colombia también presentó su balance de intervención: “En el marco de la emergencia hemos logrado entregar aproximadamente 250 toneladas de productos, beneficiando a 5.300 personas. Nuestro rol como red de bancos de alimentos no es realizar intervención directa con el Gobierno nacional, sino trabajar a través de alianzas con el sector privado y diferentes actores territoriales”.

El diálogo cerró con un llamado de todos los sectores participantes a sumarse a una respuesta coordinada. Pero el llamado más urgente viene de los propios alcaldes: la recuperación de estas ciudades depende, en buena medida, de que el país entienda que lo que ocurre en el Caribe no es una emergencia menor. Es, en palabras de quienes la viven, el Armero de esta generación. Con la diferencia de que aún hay tiempo de actuar.

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