Investigadores de la UdeA identificaron un biomarcador que podría ayudar a diagnosticar el alzhéimer antes de que se presente. Crédito: Freepik.
Nuevo biomarcador anticiparía el diagnóstico del alzhéimer décadas antes de los primeros síntomas
El diagnóstico del alzhéimer podría anticiparse décadas antes de que aparezcan los primeros síntomas. Esa es la promesa del biomarcador TSPO, identificado por investigadores de la Universidad Internacional de Florida y el Grupo de Neurociencias de Antioquia de la Universidad de Antioquia.
Por: Carolina Calero
Investigadores de la Universidad de Antioquia y de la Universidad Internacional de Florida (FIU) identificaron un biomarcador que podría transformar la manera en que se diagnostica el alzhéimer. Se trata del TSPO, una proteína vinculada con la inflamación cerebral, que se eleva mucho antes de que aparezcan los primeros signos de la enfermedad y que abre la puerta a tratamientos más oportunos.
El estudio, publicado en la revista Acta Neuropathológica, demuestra que el TSPO aumenta de forma notable años antes de que la dolencia se manifieste. De confirmarse su utilidad, permitiría anticipar diagnósticos y retrasar la progresión de la enfermedad.
“Si logramos usar esta información para retrasar la progresión de la enfermedad incluso cinco años, podríamos mejorar de forma significativa la calidad de vida de los pacientes y reducir la prevalencia”, explicó Tomás R. Guilarte, investigador principal y decano de la Facultad de Salud Pública de la FIU.
Por su parte, Carlos Andrés Villegas Lanau, coordinador del Neurobanco del Grupo de Neurociencias de Antioquia (GNA), coincidió en que “esta técnica de detección temprana nos permitirá actuar con mucha más anticipación en el tratamiento y en el manejo adecuado de los pacientes”.
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Mutación paisa y modelos animales
Para llegar a esta conclusión, los científicos trabajaron con dos fuentes principales, primero con los modelos murinos modificados genéticamente para desarrollar alzhéimer, y segundo, con el tejido cerebral donado por familias portadoras de la llamada “mutación paisa”. Esta variante genética, descrita por el neurólogo Francisco Lopera, provoca síntomas desde los 40 años y suele derivar en muerte hacia los 60.
Los resultados mostraron que los niveles de TSPO se elevan desde edades equivalentes a los 18 o 20 años en humanos, especialmente en las microglías, células que cumplen funciones de defensa en el cerebro y se agrupan alrededor de las placas asociadas con la enfermedad. Las hembras de los ratones presentaron valores más altos, en línea con la realidad clínica: dos de cada tres pacientes de alzhéimer son mujeres.
Aunque todavía no está claro si el TSPO cumple un papel protector o dañino en el cerebro, los investigadores plantean un interrogante clave: ¿bloquearlo o potenciarlo podría cambiar el curso de la enfermedad? Para responderlo, trabajan con ratones que carecen de este biomarcador y avanzan hacia el estudio de los casos de inicio tardío, que representan más del 90 por ciento de los diagnósticos.
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Diferencias frente a los métodos actuales para detectar el alzhéimer
Hasta ahora, la detección temprana del alzhéimer se basaba en pruebas de memoria o en imágenes dirigidas a proteínas como beta-amiloide o TAU. El TSPO, en cambio, apunta directamente a la respuesta inmune del cerebro y a la actividad de la microglía.
“Actualmente, varios de los tratamientos buscan precisamente modular la respuesta inmune para reducir los depósitos de proteínas asociadas a la enfermedad”, recordó Villegas Lanau.
Para un diagnóstico más preciso, los expertos señalan que el hallazgo podría complementarse con técnicas como la tomografía por emisión de positrones (PET).
“Cuanto más entendamos estos procesos, más cerca estaremos de diseñar tratamientos que realmente puedan ayudar, antes de que sea demasiado tarde”, concluyó Daniel Martínez Pérez, primer autor del estudio y candidato a doctorado en el laboratorio de Guilarte en la FIU.