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Lunes 4 de mayo de 2026
Foto principal del artículo 'El sueño, motor de la vitalidad: más allá del reposo pasivo' · Foto: Meta IA

Foto: Meta IA

El sueño, motor de la vitalidad: más allá del reposo pasivo

Dormir bien es determinante para tener un buen desempeño el día siguiente. Pero no es tanto una cuestión de cantidad de horas que se duerme, sino de la calidad del sueño.

Por: María Fernanda Gutiérrez

“El sueño no es simplemente un estado de inactividad o un paréntesis en nuestra jornada; es, en realidad, un contribuyente activo y fundamental para nuestra capacidad de llevar una vida saludable”. Con esta premisa, los investigadores Josh Fitton y Danny Eckert, de la Universidad de Flinders (en Adelaida, Australia), sintetizan los hallazgos de una investigación que redefine la relación entre el descanso nocturno y el rendimiento diurno. El estudio subraya que la suficiencia y, especialmente, la calidad del sueño, contribuyen a mantener un estilo de vida físicamente activo.

Aunque la importancia del descanso es una noción aceptada popularmente, este estudio aporta un respaldo científico puesto que el equipo analizó métricas de salud de aproximadamente 70.000 personas en todo el mundo durante más de tres años. Los resultados muestran que menos del 13 por ciento de la población analizada logra cumplir consistentemente con los objetivos recomendados tanto de sueño como de actividad física.

Al examinar la relación entre el descanso nocturno y el recuento de pasos diarios, el equipo descubrió que la mayoría no alcanza los estándares de siete a nueve horas de sueño ni el umbral de los 8,000 pasos al día. Casi el 17 por ciento de los participantes promedió menos de siete horas de sueño y menos de 5,000 pasos, una combinación vinculada con el riesgo de enfermedades crónicas, aumento de peso y problemas de salud mental.

Uno de los hallazgos a destacar es que la duración y calidad del sueño influyen más en la actividad del día siguiente que a la inversa. Según explica Fitton, dormir bien prepara el terreno fisiológico y psicológico para un día vigoroso. “Las personas que gozan de un descanso reparador tendían a ser más activas al día siguiente; sin embargo, sumar pasos extra no garantiza una mejora en el sueño de esa noche”.

El estudio refuerza nuestra percepción de que la calidad es más determinante que la cantidad. Curiosamente, el punto ideal para la actividad del día posterior no se encontró en las duraciones de sueño más prolongadas. Dormir entre seis y siete horas se relacionó con un mayor dinamismo diurno y la eficiencia del sueño (pasar menos tiempo dando vueltas en la cama) fue el factor asociado de manera más consistente con una mayor vitalidad.

En la discusión del artículo, Fitton cuestiona si las recomendaciones actuales son compatibles con la vida moderna, dado que pocos logran alcanzar ambos niveles óptimos a diario. Por ello, sugiere que priorizar el sueño podría ser el primer paso hacia una vida más activa. Cambios sencillos en la higiene del sueño como el de reducir el tiempo de pantalla antes de dormir para no inhibir la melatonina, mantener horarios constantes de descanso y crear una atmósfera de silencio, oscuridad y temperatura adecuada, pueden marcar la diferencia.

En definitiva, la ciencia reafirma que el descanso no es un lujo, sino una inversión biológica: “El sueño no es solo un estado pasivo; es un contribuyente activo a tu capacidad de vivir una vida saludable”.

Fuente:
Getting rest is the best
Flinders University, Adelaida, Australia del Sur, Australia

María Fernanda Gutiérrez
Viróloga, divulgadora científica.
Directora general de INNCISO SAS
Innovación, Ciencia y Sociedad
[email protected].

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Artículo de libre acceso