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Miércoles 6 de mayo de 2026
El próximo 6 de febrero vence el plazo para que Fajardo confirme su decisión | Créditos: Pablo David -CAMBIO

El próximo 6 de febrero vence el plazo para que Fajardo confirme su decisión | Créditos: Pablo David -CAMBIO

“No puedo compartir nada con una persona como Abelardo, que promete destripar a la izquierda”: Sergio Fajardo

En entrevista con CAMBIO, el aspirante presidencial da detalles sobre su plan de seguridad. Afirma que acabaría con la política de paz total el 7 de agosto y que se enfocaría en recuperar la capacidad de la tropa. Sin embargo, se desmarca de propuestas extremistas y se distancia de las candidaturas de derecha.

Por: Federico Gómez Lara

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CAMBIO: Acaba usted de lanzar su plan de seguridad, presentó al equipo que lo acompañará en esta tarea y dejó un titular: “la Paz Total no va más”.

S. F.: Sí. EL 7 de agosto se acaba ese modelo de negociación que ha sido un fracaso rotundo, y un caos total que ha tenido un altísimo costo para Colombia en múltiples dimensiones. En la seguridad rural, la criminalidad asociada al narcotráfico ha crecido; la seguridad urbana también se ha deteriorado de forma impresionante. La situación de seguridad en todo el país es muy grave. Y esta no es una afirmación de la extrema derecha: es una realidad que afecta a los ciudadanos por todos lados. El deterioro actual de nuestras fuerzas es dramático: se ha perdido el sentido del honor, la moral está por el suelo y la capacidad operativa se ha reducido enormemente. Hay que recuperar el arte de gobernar que se ha perdido en el país. Yo voy a ser un presidente que cumple, que no se desaparece, y que cuando se dice una hora, es esa hora.

CAMBIO: ¿Usted comparte la preocupación de quienes piensan que las capacidades de la fuerza pública se han reducido en este Gobierno? El presidente dice que nadie como él se ha preocupado por el bienestar de la tropa…

S.F.: Hay helicópteros que no pueden volar, indispensables para confrontar el crimen organizado. Además, se ha destruido la articulación entre las fuerzas y con los servicios de inteligencia. A esto se suma la salida de más de 70 generales y cerca de 75.000 efectivos. Todo eso hay que corregirlo. Ya han nombrado tres directores de la Policía; a los dos anteriores los habían retirado. ¿Por qué los sacaron? ¿Con qué criterios? El presidente incluso ha dicho que la Policía está infiltrada, lo cual causa un daño enorme porque generaliza. Yo creo que es justo y necesario que los soldados reciban sueldos dignos por su trabajo. En eso estoy de acuerdo con el presidente. Pero lo más importante es recuperar el control territorial y garantizarles la seguridad a los colombianos. Eso solo se puede si uno sabe dirigir el Estado y Gustavo Petro ha demostrado que de eso no sabe. Esa falta de liderazgo tiene un costo muy alto para Colombia. Sin una Fuerza Pública sólida no es posible construir paz. Por eso insisto: la paz total fracasó.

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CAMBIO: Los gobiernos más hacia la derecha han abordado el conflicto desde la solución militar. Los liberales han sido más cercanos al diálogo. ¿Usted hoy en cuál de esas corrientes se ubica para enfrentar lo que viene en los próximos cuatro años?

S.F.: Yo siempre he estado a favor de la negociación; he apoyado todos los procesos de paz. Pero uno debe aprender de la experiencia. Lo que hoy vivimos nos muestra que, sin fuerza, no hay negociación posible. Y debe haber una hoja de ruta clara. En la paz total se retiró la presencia dela fuerza en los territorios y hoy tenemos un desorden. No hay una ley de sometimiento seria, no hay cabeza ni articulación en la estrategia. ¿Dónde está Otty Patiño explicándole al país qué se está haciendo? Un día Petro dice que va a fumigar con glifosato; otro, que va a declarar al Clan del Golfo y al ELN como terroristas. ¿Ese es el liderazgo? Esto no es ideología: es desorden y mal gobierno.

CAMBIO: ¿Pero concretamente, en un eventual gobierno suyo la puerta al diálogo con los grupos armados está cerrada?

S.F.: No está cerrada. Pero tenemos que tener fuerza para podernos sentar a negociar. Tenemos que mirar hacia adelante, pero aprendiendo de los errores del pasado. Yo no estoy hablando en abstracto, fui alcalde y tengo la experiencia de haber manejado a la fuerza pública y de haber participado en múltiples conversaciones de paz con actores del conflicto. Hoy Colombia tiene una fuerza pública debilitada y así no se puede negociar. Y el peligro es aún mayor si las negociaciones pretenden usarse como un elemento electoral, como puede ocurrir ahora. Eso ya lo vimos con el famoso pacto de la Picota. 

CAMBIO: Los dos referentes más cercanos de procesos de paz que llegaron a buen puerto son el de La Habana con las Farc y el de Ralito con los paramilitares. ¿Qué salió bien y qué salió mal en cada uno de ellos? 

S. F.: Hay que analizar bien qué salió bien y qué no de los procesos de Justicia y Paz con los paramilitares y del de las Farc en La Habana. Lo digo porque mi manera de pensar y trabajar es ordenada: identificar qué falta, establecer prioridades y avanzar paso a paso. Así he funcionado toda mi vida y así pienso seguir. Además, hay que tener en cuenta que el país y el mundo han cambiado mucho desde 2002. Perdimos diez años de implementación de los acuerdos, y hay que recuperar ese tiempo. Voy a recibir lo que hay y a hacer lo que los presidentes Duque y Petro no hicieron. 

CAMBIO: ¿En qué está usted con el glifosato? ¿Estaría dispuesto a usarlo?

S. F.: Depende de las circunstancias. Hay un debate científico: algunas personas dicen que no es tan dañino como se pensaba. Yo necesito evidencia científica para tomar decisiones. No voy a actuar por impulso, como lo hizo el presidente Petro, que un día decía una cosa y luego hacía otra, generando incoherencias. Además, la Corte Constitucional ha puesto reglas claras, y yo no voy a saltármelas. Voy a respetar la justicia y la separación de poderes.

CAMBIO: Pero, ¿lo va a usar?

S. F.: Puede haber territorios donde, bajo ciertas condiciones, tenga sentido usar la aspersión. Pero hay que ser serios. Yo no salgo a hablar sin rigor. Vamos a enfrentar el narcotráfico con tres componentes: enfoque territorial, trabajo con las comunidades y desmantelamiento de la cadena logística.

CAMBIO: Pero si los Estados Unidos lo piden…

S.F.: El principal interesado en combatir el narcotráfico es Colombia. No voy a entrar en confrontación con el presidente Trump, esté o no de acuerdo con él. Yo no soy un activista; voy a ser el presidente de Colombia. Aunque haya consumo en otros países y exista corresponsabilidad internacional, la criminalidad asociada al narcotráfico está permeando nuestra sociedad. Nos toca a nosotros combatirla, al margen de lo que piensen otros países.

CAMBIO: Otro elemento que genera controversia es el de los bombardeos. En el pasado, menores de edad han muerto por esa practica. ¿Usted los reanudaría? 

S. F.: Un presidente debe contar con todas las herramientas. Deben estar disponibles. Pero mi enfoque no será bombardear o fumigar por principio. Esas son opciones que se aplican con rigor, si las circunstancias lo ameritan, y siempre respetando los derechos humanos. El conflicto ha cambiado. Las bandas criminales tienen tecnologías más avanzadas que las de las fuerzas del Estado: usan drones y nuevas formas de operación. Ya no son campamentos guerrilleros como los de las FARC en su momento. La confrontación es distinta. Vamos a modernizar nuestras capacidades, incorporar inteligencia artificial en la seguridad y fortalecer la Fuerza Pública para combatir la criminalidad en áreas rurales y urbanas. Y, por supuesto, necesitamos cooperación internacional. No vamos a renunciar a eso. Hay que gobernar con responsabilidad, entendiendo las consecuencias de cada acción.

CAMBIO: ¿Para usted en Colombia todavía existe el delito político? ¿Queda alguna guerrilla?

S.F.: No. El delito político ya no existe. Lo que hay es una descomposición en distintas regiones. El ELN es un rezago, pero es un capítulo aparte. En algunas zonas, como Arauca, el ELN actúa como un Estado de facto: controla el territorio y está infiltrado en la vida diaria. Por eso debe haber una respuesta específica para cada fenómeno y para cada región. Voy a hacer planes de seguridad por región: Plan Arauca, Plan Catatumbo, Plan Chocó, Plan Cauca, cada uno adaptado al contexto local. No se puede gobernar desde Bogotá sin entender qué pasa en los territorios. Hay que poner responsables en cada región, incluidos los gobernadores, sean del partido que sean, para tener una estrategia sectorizada y con información.

CAMBIO: ¿A usted le pareció acertada la política impulsada por el gobierno de pagarles a los jóvenes para que no entren a las bandas criminales?

S.F.: Equivocada en la forma en que la planteó. Cuando el presidente dice: “Les vamos a pagar para que no maten”, ahí mató el programa, ¿cierto? Porque está haciendo una identificación: como es pobre o no estudia, entonces es un asesino. Y en su ejecución no se ha hecho nada; se perdió la plata. En el Ministerio de la Igualdad no han sido capaces de llevarlo a cabo.

CAMBIO: Pero entonces, ¿qué propone usted?

S.F.: Nosotros tenemos el programa Entornos protectores, que empezamos a implementar en Medellín cuando fui alcalde y luego en la Gobernación de Antioquia. Ese mundo joven sin oportunidades hay que atenderlo en Colombia. A los criminales los vamos a enfrentar, pero hay que evitar que los jóvenes entren a la criminalidad, y eso es fundamental para nuestro país. Primero, hay que identificar a los vulnerables. ¿Quién sabe quiénes son? En cada municipio, las alcaldías. Son ellas las que deben saberlo, no el Gobierno nacional enviando funcionarios desde Bogotá a preguntar en Buenaventura quiénes son los del problema. Allá lo saben, y por eso hay que trabajar con alcaldes, gobernadores y comunidades. La Iglesia católica ha jugado un papel muy importante con esas comunidades, como en Buenaventura.

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CAMBIO: Por ahí dicen que el general Óscar Naranjo está muy cerca de su campaña y que ayudó a estructurar su plan de seguridad. ¿Eso es cierto?

S.F.: El general Óscar Naranjo no está conmigo. He hablado con él, porque lo conozco, pero no ha participado en la construcción de nuestro plan de seguridad. Le cuento cómo hemos hecho el equipo, que coordina Hugo Acero, donde están el coronel Nieto y todo el grupo —para no dar todos los nombres ahora—. Hemos conversado con mucha gente, los invitamos, les hacemos preguntas: “¿Usted qué tiene para decir sobre esto?”, y escuchamos diferentes miradas. Así estamos trabajando. Repito: esto es serio.

CAMBIO: Vamos al tema de su coalición al Congreso. Usted se alió con el Mira y con el Nuevo Liberalismo. Esta semana Néstor Morales anunció que el exministro Alejandro Gaviria iba a ser la cabeza de esa lista. Y a los pocos minutos varios líderes escribieron a la emisora para decir que eso no estaba decido. Ahí se viene una pelea grande y no parece haber mucha paz política en su coalición…

S.F.: Estamos en una coalición para el Congreso de la República. Esto no es una fusión de partidos y cada uno tiene su forma de ver el mundo. Pero eso no impide que podamos unirnos y trabajar juntos. Las listas hasta ahora se están conformando y usted sabe que ese es uno de los líos más serios que hay en la política. Ese, la verdad, no ha sido mi mundo. Yo vengo de otra parte. Mi camino ha sido el de la academia. Ahora, entiendo que este es un proceso de discusión fregado y todo hace parte de una negociación que está en curso. Si se hiciera como yo digo, pues así muy fácil. Pero nosotros funcionamos distinto. 

CAMBIO: ¿Si se hicieran como usted dice, esa lista la encabezaría Jorge Robledo?

S.F.: A mí me encantaría. Es un hombre serio, honesto, de palabra. Pero no es como yo diga: eso forma parte de la discusión política en la que estamos.

CAMBIO: Si ponerse de acuerdo para la lista al Congreso ha sido complejo, el tema presidencial parece aún más difícil. ¿En qué van sus conversaciones con Juan Manuel Galán? ¿Está dispuesto a medirse con él?

S.F.: Estamos trabajando. Cada quien tiene derecho a luchar por sus ambiciones. Más adelante nos encontraremos, porque la puerta está abierta. Pero hoy no nos precipitemos a sacar conclusiones.

CAMBIO: En la política colombiana —y en el mundo— hay casos de personas que son fuertes contradictores ideológicos, pero que se respetan. Usted hoy no me va a decir con quién hará alianzas o no, pero un candidato sí tiene líneas rojas desde el principio. Abelardo De la Espriella siempre es muy elogioso con usted. ¿Descarta un eventual acercamiento con él?

S. F.: Mire, le voy a contestar para que terminemos bien. Yo con Abelardo De la Espriella no comparto nada. No puedo compartir con una persona que dice que va a “destripar a la izquierda”. En Colombia no tenemos que destripar a nadie. Tenemos que traer seguridad, y se puede traer seguridad sin destruir ni dañar. Yo no vengo a esa confrontación y no me he dejado distraer. Ya sé para dónde vamos: es Adelante con Fajardo. Este es el mensaje: ni extremos, sino adelante con Fajardo.

CAMBIO: Usted vive con la excanciller María Ángela Holguín, tal vez la mujer más importante que ha tenido la diplomacia colombiana. ¿De casualidad vio con ella la entrevista que le hizo Daniel Coronell al presidente Petro?

S. F.: No, porque ella me dijo: “Por favor, no me mostrés eso”. Pero yo sí quedé como Daniel: más preocupado que antes de la entrevista.

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