Hernán Penagos, registrador nacional. Foto: Colprensa
La recolección de firmas dejó de ser una excepción para convertirse en el camino preferido de decenas de aspirantes presidenciales. Detrás de ese giro no solo hay cálculos electorales, sino una profunda desconfianza en los partidos políticos.
Por: Jonathan Beltrán
Durante décadas, el aval de un partido parecía un filtro casi obligado para tener opciones reales de aspirar a la Presidencia. Hoy, para un creciente número de candidatos, ese respaldo dejó de ser una fortaleza y se convirtió en un lastre debido a la desconfianza ciudadana, las disputas internas y el descrédito de algunas colectividades políticas.
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Un reciente estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) reveló que solo el 18 por ciento de los colombianos confían en los partidos políticos. De hecho, junto al Congreso de la República, las colectividades se ubican entre las instituciones con menor nivel de credibilidad en el país.
De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE), en Colombia más de 34 agrupaciones políticas cuentan con personería jurídica vigente y podrán participar en las elecciones presidenciales y legislativas de 2026. Sin embargo, el número de aspirantes a la Casa de Nariño por firmas triplica el total de colectividades que manifestaron su intención de participar en las consultas de marzo.
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Noventa y un candidatos se inscribieron en la Registraduría para iniciar el proceso de recolección de firmas con el que buscaban aparecer en el tarjetón como candidatos independientes. Según la Misión de Observación Electoral (MOE), ese aumento es muestra de fenómenos como la fragmentación partidista, la pérdida de confianza ciudadana y el debilitamiento de los mecanismos internos de selección de candidaturas.
Las razones detrás del aumento de candidaturas por firmas en elecciones 2026
El Observatorio Político de las Américas de la Universidad del Bosque advierte que el auge de las candidaturas por firma se inscribe en un contexto más amplio de crisis de gobernabilidad e inestabilidad democrática. En ese escenario, las firmas funcionan como una válvula de escape para aspirantes que buscan capitalizar el descontento ciudadano y posicionarse por fuera de unas estructuras partidistas percibidas como debilitadas.
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Mateo Ortiz, investigador del Observatorio Javeriano de Juventud, explicó a CAMBIO que el fenómeno también refleja la desconexión entre los partidos y amplios sectores de la ciudadanía, especialmente jóvenes que no se sienten representados por las estructuras tradicionales y ven en las firmas una vía para canalizar su inconformismo.
“A eso se suma que los partidos ya no cumplen un papel claro de intermediación política. Para muchos electores, dejaron de ser espacios de participación y se convirtieron en estructuras cerradas, lo que facilita que las candidaturas por firmas aparezcan como una alternativa más cercana, aunque no necesariamente más sólida”, señaló Ortiz.
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En un reciente análisis del panorama, la MOE advirtió que una de las causas de la fragmentación y la pérdida de confianza en los partidos es la falta de credibilidad en su capacidad para reflejar la voluntad popular. Por eso, según la plataforma política, ese malestar se presenta en expresiones populistas que se alejan de las colectividades tradicionales.
Patricia Muñoz, especialista en Marketing Político, plantea que este escenario ha llevado a que muchos aspirantes prioricen estrategias centradas en su marca personal y en la construcción de relatos de independencia frente al sistema político. Además, la docente universitaria enfatiza en que ese mecanismo también permite iniciar la campaña de forma anticipada sin pasar por filtros internos ni asumir los costos de las disputas partidistas.
Más candidatos y menos filtros: el escenario electoral en 2026
El crecimiento de las candidaturas presidenciales por firmas también se refleja en la ampliación del espectro electoral para el Congreso. Una parte de los aspirantes que acudieron a la recolección de apoyo ciudadano para inscribir su campaña también presentaron listas independientes a Senado y Cámara para construir estructuras electorales propias.
Carlos Moreno León, doctor en Ciencia Política de Binghamton University, explica que esta estrategia responde a la necesidad de muchos aspirantes de asegurar una base mínima de apoyo institucional en un escenario altamente fragmentado. “Al no contar con el respaldo de un partido fuerte, algunos candidatos buscan compensar esa debilidad promoviendo listas propias al Congreso”, detalla.
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Sin embargo, centros de investigación advierten que la multiplicación de candidaturas y listas independientes también plantea riesgos para el sistema político. Para el Observatorio Político de la Universidad del Bosque, la proliferación de proyectos sin estructuras consolidadas puede traducirse en campañas poco sostenibles y con dificultades para superar el umbral en las elecciones legislativas.
Hasta la fecha, partidos tradicionales como el Liberal y Cambio Radical aún no han definido a un aspirante único para las elecciones presidenciales de este año. De hecho, las dificultades de las agrupaciones políticas para consolidar un candidato han derivado en la posibilidad de que algunas colectividades terminen respaldando a candidatos que iniciaron su carrera por la vía de las firmas, en un intento por no quedarse al margen de una contienda cada vez más fragmentada.
Mateo explica que esta reorganización responde a una pérdida de centralidad de los partidos como actores ordenadores del sistema político. Para el analista, la incapacidad de las colectividades para resolver disputas internas y ofrecer reglas claras de selección ha llevado a que muchos aspirantes opten por las firmas como una vía de entrada menos costosa en términos políticos, aunque más incierta en términos electorales.
El alcance de la “política sin partido” como estrategia electoral
La Registraduría Nacional confirmó que solo 22 aspirantes, cerca del 24 por ciento del total de inscritos por firmas, presentaron los formularios recogidos durante los últimos dos meses para formalizar su candidatura. Sin embargo, la entidad destacó que el número de campañas en contienda se podría ir reduciendo durante la fase de consolidación de posibles alianzas y estrategias conjuntas.
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La Gran Consulta por Colombia, una de las coaliciones que cuenta con más aspirantes, integra cinco candidatos que se inscribieron por firmas: Vicky Dávila, Aníbal Gaviria, Mauricio Cárdenas, David Luna, Juan Daniel Oviedo y Daniel Palacios. Sin embargo, ellos tendrán que definir su paso a la primera vuelta con Paloma Valencia y Juan Manuel Galán, quienes cuentan respectivamente con el apoyo del Centro Democrático y del Nuevo Liberalismo.
Muñoz, magister en Estudios Políticos, explicó a CAMBIO que la “política sin partido” tiene un alcance limitado como estrategia en una contienda presidencial. Aunque las firmas permiten sortear el desgaste de las colectividades, la mayoría de estos proyectos podría enfrentarse a restricciones logísticas, financieras y de gobernabilidad que dificultan sostener una campaña competitiva sin apoyos partidistas consolidados.
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Una encuesta reciente realizada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) y CAMBIO reveló que Paloma Valencia, quien se quedó con el aval del Centro Democrático tras imponerse en la encuesta interna, sería la ganadora de la Gran Consulta por Colombia con un margen estrecho frente a Vicky Dávila y Juan Manuel Galán, sus principales competidores en ese mecanismo. Por eso, analistas y expertos coinciden en que la “política sin partido” enfrenta mayores retos cuando se traduce en competencia real por el poder.
En ese contexto, varios de los aspirantes que lograron completar el umbral de firmas podrían terminar cobijados por partidos políticos que decidieron permitir que sus aspirantes participen en las consultas de marzo. En esos casos, la ruptura con los partidos prometida por algunos candidatos que buscaron apoyo ciudadano podría diluirse para darles paso a acuerdos programáticos con miembros de algunas colectividades.
El aumento en el número de candidatos inscritos por firmas, que pasó de 52 en las elecciones de 2022 a 91 en las de 2026, es muestra de una consolidación del mecanismo como una alternativa atractiva en la fase inicial de la contienda. Sin embargo, su capacidad como una estrategia electoral de largo aliento alejada de los partidos se terminará de conocer en las próximas fases del calendario electoral.