La andanada de llamadas tiene con la oreja roja a congresistas y gamonales. Los grandes partidos, dueños de la maquinaria regional, no han cantado su apoyo para ningún candidato presidencial ni para alguna de las consultas del próximo 8 de marzo. En esa indecisión hay espacio para los acuerdos, negociaciones y coqueteos que apuntan a aceitar un engranaje rumbo a la Casa de Nariño.
Por: Mateo Muñoz
El volumen de candidatos presidenciales es tal, que ya ha puesto en aprietos logísticos a los medios de comunicación. La principal cadena de televisión del país (Caracol) no tuvo otra alternativa que dividir en dos al grupo de candidatos de la Gran Consulta por Colombia y así hacer dos debates con el tiempo suficiente para los nueve aspirantes. Aun con el filtro de la recolección de firmas, el tarjetón del 8 de marzo parece la página de un álbum mundialista.
Lo anterior no solo representa un desafío logístico para cubrimiento electoral; también ha generado un reto para los actores que son protagonistas habituales en cada elección legislativa y que, hasta ahora, se han mantenido en roles secundarios: los partidos con maquinaria y estructura regional apalancada en congresistas, gobernadores y alcaldes.
El Partido Liberal, el Partido Conservador, el de La U y Cambio Radical se han hecho desear, evitando dar el sí a los pretendientes que sobreviven con austeras muestras de afecto. La estrategia es producto del amargo aprendizaje de 2022 y, así no lo parezca para el público en general, la prematura fotografía de la carrera presidencial.
El trauma de 2022
Hace cuatro años, la derecha llegó dividida a las consultas interpartidistas. Mientras el Centro Democrático escogió internamente a Óscar Iván Zuluaga, la mayoría de los partidos tradicionales se montaron en la llamada Coalición de la Experiencia, que luego mutó en el Equipo por Colombia. Los conservadores le apostaron a David Barguil, mientras que Cambio Radical lo hizo por Álex Char y La U por Enrique Peñalosa.
A ninguno le alcanzó para pelear el primer puesto de la consulta con Federico Gutiérrez, quien optó por una candidatura personalista avalada por el movimiento Creemos y soportada en su trayectoria por fuera de la órbita de los partidos tradicionales.
El problema para ‘Fico’ llegó después de ganar la consulta de la derecha. Entre marzo y mayo de 2022, al hoy alcalde de Medellín ‘le tocó’ hacer campaña a toda maquinaria, pero con el desgaste de la política tradicional a cuestas. Rodolfo Hernández, con una candidatura sagaz y repentista, y Gustavo Petro, el candidato antiestablecimiento, le ganaron el pulso a Gutiérrez con solvencia.
“No supimos leer el momento. La gente venía cansada de lo mismo por la pandemia y el estallido”, dijo un congresista del Partido de La U.
Ahora los partidos grandes descartaron someterse al desgaste y el riesgo de las consultas. Primero, tantearon el terreno, pusieron a rodar candidaturas tímidas y con corta expectativa de vida. Efraín Cepeda, Juana Londoño y Rubén Lizarralde alzaron la mano en el Conservador. En los liberales hubo un fugaz apoyo a Héctor Olimpo Espinosa, Cambio Radical amagó varios meses con Germán Vargas Lleras y La U se ha mantenido en voto de silencio.
Incluso César Gaviria, Álvaro Uribe y el mismo Vargas Lleras alcanzaron a evaluar la posibilidad de una coalición que diera a luz una consulta interpartidista antipetrista y, tan amplia, que cubriera el espectro entre ‘Fajardo y Abelardo’. Pero el intento fracasó a pesar de almuerzos y reuniones en la finca de Uribe Vélez. Según conoció CAMBIO, la unión no cuajó porque los jefes partidistas nunca pudieron garantizar la cohesión de sus colectividades.
En medio de los diálogos exploratorios, Efraín Cepeda denunció un golpe interno alentado por “fuerzas petristas”, el Centro Democrático se vio a gatas para disimular sus fricciones internas, se multiplicaron las voces críticas a Gaviria en el Partido Liberal y dentro de Cambio Radical empezaron a aparecer voces favorables a Abelardo de la Espriella, como la de Lina María Garrido, representante a la Cámara que saltó a la fama por su discurso del 20 de julio pasado en el Capitolio.
Al baño de realidad de las divisiones internas, se le sumó otro chaparrón: el de las encuestas y la configuración de las consultas, más centradas en las caras que en los partidos. Por ello, las colectividades con estructura optaron por mantenerse al margen de la puja del 8 de marzo entre los presidenciables. “Es un desgaste innecesario. Que hagan lo que tengan que hacer y hablamos cuando pase el colador”, dijo un senador de La U.
El rentable ‘negocio’ de la aplanadora
Dentro de los partidos, es claro que la prioridad es impulsar las listas al Congreso, las cuales han pasado de agache por el volumen de candidatos presidenciales y las estridencias de las tensiones alrededor de esas aspiraciones.
Los cálculos en los liberales indican que la apuesta es mantener las mismas curules en Senado (13) y arañar un par más en la Cámara, para bordear las 35. Sin embargo, en el partido es claro que las grietas pueden impactar en la meta. Por ejemplo, a tres congresistas críticos de César Gaviria les negaron el aval para buscar repetir curul: Carlos Felipe Quintero, Wilmer Guerrero y Carlos Ardila. Por su parte, los conservadores, la U y Cambio Radical pujan por no perder la representación actual, así no implique aumentar las curules ganadas.
Es imposible que quien sea el próximo presidente tenga la mayoría absoluta en Senado y Cámara sin negociar con la mayoría de las bancadas; todos lo tienen claro. Por ejemplo, aunque el Pacto Histórico se ve como la fuerza más disciplinada, la ausencia de Cepeda en la consulta puede impactar en la votación de las listas al Congreso. Por su parte, el otro puntero de las encuestas, Abelardo de la Espriella, no tiene partido y las listas que impulsará son ‘prestadas’ de Salvación Nacional.
A llamar, que el tiempo se va a acabar
“Uno contesta con cordialidad y respeto. Los conoce y les tiene aprecio. Hasta provoca decirles: aló, presidente o futuro presidente”, dice un congresista liberal. CAMBIO conoció que en la última semana las llamadas de coqueteo se han intensificado en los teléfonos de varios congresistas de ese partido, así como de las toldas godas, de La U y Cambio Radical.
Por un lado, Álvaro Uribe se ha arremangado la camisa para ser el operador político número uno de Paloma Valencia. El expresidente ha contactado principalmente a conservadores y militantes del partido de Vargas Lleras para convencerlos de apoyar en público o en privado a su candidata oficial en la Gran Consulta por Colombia y, por supuesto, mover sus maquinarias regionales para complementar a las del Centro Democrático.
Pero en esa carrera también está Roy Barreras, quien está apelando al corazón. Casi dos décadas como congresista le han dejado decenas de amistades entrañables con congresistas y electores regionales a quienes les resulta difícil encontrarle un ‘pero’ a la faceta del Roy amigo, anfitrión de tertulias políticas en su apartamento en el norte de Bogotá. De hecho, algunos parlamentarios dudan de si mantenerse leales a sus jefes partidistas con quienes han tenido fricciones y una relación principalmente laboral, o unirse a Barreras en una consulta casi que hecha a su medida.
El exembajador del Gobierno de Petro parece llevar la delantera en la estrategia call center. A su campaña ya se han subido electores importantes en los territorios, como el clan Torres (de linaje liberal) en el Caribe, la estructura de Julián Bedoya en Antioquia y los votos de los senadores de la U Antonio Correa y José David Name en Córdoba y el Atlántico.
Incluso, según conoció este medio, Roy Barreras está intentando pescar en el río revuelto del Partido Verde, que se dividirá principalmente entre quienes apoyan al exembajador y los que están con Iván Cepeda.
No obstante, la amenaza creciente a los esfuerzos de seducción de Uribe y Barreras es Abelardo de la Espriella. Por un lado, la campaña del abogado y sus seguidores han impulsado la idea de que no se puede votar la Gran Consulta por Colombia, basados en cálculos políticos para atajar una candidatura fuerte pero también en teorías de la conspiración.
Lo anterior ha generado una tensión creciente con el Centro Democrático. Así lo manifestó el director de ese partido, Gabriel Vallejo: “Piden no votar la Gran Consulta y después nos van a pedir que votemos por el candidato de ellos para primera vuelta. ¡Así no, señores! La política se hace con afecto, con humildad y, sobre todo, construyendo confianza”.
Por otro lado, De la Espriella –quien sostiene su imagen como el outsider sin dueño político– ha tenido éxito convenciendo a personas y no a colectividades, minando la debilitada cohesión partidista. En su campaña ya están el senador liberal Mauricio Gómez, la congresista Lina Garrido, el exmilitante uribista Carlos Felipe Mejía y el exalcalde Jaime Andrés Beltrán, y es altamente probable que María Fernanda Cabal se le una antes de primera vuelta. También ha habido coqueteos con estructuras de La U en el Valle del Cauca y el Caribe, y con grupos conservadores en Santander y Boyacá.
La maquinaria, que hasta ahora parece dormida, se verá encendida en todo su esplendor en las elecciones del 8 de marzo. Los resultados de los grandes partidos en los comicios de Senado y Cámara dispararán las acciones de las colectividades que han demostrado en la última década que no es una cuestión de principios sino de finales.