El candidato presidencial dice que gastó 200 millones de pesos en la recolección de firmas y negó que con su aspiración presidencial intenté obtener altos cargos o réditos en la política local | Crédito: Yamith Mariño - CAMBIO
“Me llamaron empresas a cobrarme 1.600 millones de pesos por firmas”: Leonardo Huerta
¿Quién quiere ser presidente? En la serie de entrevistas de CAMBIO a los candidatos que participarán en las consultas del 8 de marzo, el profesor universitario, quien competirá con Claudia López para definir el paso a primera vuelta, enumeró las virtudes y defectos de la exalcaldesa, habla sobre su propuesta de una Colombia federal y pone sobre la mesa sus objetivos reales en la contienda.
Por: Jonathan Beltrán
El domingo 8 de marzo, los colombianos que acudan a las urnas se encontrarán con 16 fotografías en el tarjetón único de las consultas interpartidistas. Entre exministros, exalcaldes y congresistas con amplia trayectoria en el sector público, se encuentra también el nombre de Leonardo Huerta, quien apuesta por abrirse paso con la bandera de una Colombia federal y un discurso con el que busca captar a indecisos de diferentes sectores.
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Tras recoger 1,3 millones de firmas en un proceso en el que, según cuenta, se endeudó y gastó todos sus ahorros, Huerta decidió sentarse a conversar con Claudia López para construir una consulta de centro. Después de varias reuniones —más de un tinto de por medio— y semanas de incertidumbre, el profesor universitario fue el único que le copió la idea a la exalcaldesa de participar en un mecanismo que, aun sin las figuras más visibles de ese sector, busca abrirse espacio entre las consultas de la izquierda y la derecha.
CAMBIO: ¿Quién es Leonardo Huerta y por qué quiere ser presidente?
Leonardo Huerta: Me enorgullece ser la única foto nueva en todo este tarjetón. Soy abogado, pero además soy licenciado en filosofía. Hice cinco especializaciones, dos maestrías y terminé mis estudios de doctorado. También he escrito artículos científicos y libros. Soy docente universitario en más de 20 universidades y fui secretario de Educación de Pereira.
Mi primer empleo en la Gobernación de Risaralda fue como asesor de la Secretaría de Desarrollo Económico. Trabajé en la Autoridad Nacional de Televisión, en el sector Defensa, en la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada. Tengo una gran experiencia en el sector público como gerente público. El tercer componente de mi candidatura es el conocimiento del territorio. Me subí a las montañas, estuve en los desiertos, conocí la realidad de Colombia donde hay coca sembrada hasta en el patio del colegio y visité veredas en las que los niños morían de hambre o de sed.
CAMBIO: Usted estará en la Consulta de las Soluciones junto a Claudia López, exalcaldesa de Bogotá y con amplia trayectoria política. ¿Cuál diría que es su principal diferencia?
L.H.: Más que una diferencia ideológica, creo que tenemos enfoques distintos. Claudia tiene una visión más centrada en las grandes ciudades y las áreas metropolitanas. Yo complemento eso con una mirada territorial. Creo en fortalecer la autonomía local. Por ejemplo, propongo policías municipales no solo en grandes ciudades, sino también en municipios pequeños, donde el alcalde pueda, si tiene los recursos y el aval del concejo, contar con su propio cuerpo de policía coordinado con la Policía Nacional. Los municipios también hacen parte del Estado y deben tener herramientas para garantizar su seguridad. Pero hay personas que creen que Colombia es Bogotá y el resto del país son fincas con luz.
CAMBIO: ¿Claudia cree eso?
L.H.: No sé. Hay personas que tienen un enfoque diferente. Ella sí tiene un enfoque más de ciudades grandes, como Bogotá, que la manejó muy bien. Pero yo tengo el complemento, que es conocer el territorio. Aquí las diferencias no tienen por qué separar: ese es un gran problema que tiene Colombia. Yo creo que esas diferencias lo que tienen que generarnos es una visión de complementariedad y no de antagonismos. Las diferencias son lo que nos enriquece. Por ejemplo, la diferencia es que yo creo que debe haber autonomía en los territorios incluso en los municipios más pequeños.
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CAMBIO: ¿Qué defecto nombraría de Claudia y qué virtud podría destacar?
L.H.: Las diferencias no deben dividirnos, sino complementarnos. Colombia necesita unir visiones, no profundizar antagonismos. Claudia es una gran administradora. En su alcaldía tuvo resultados importantes, como la construcción de colegios y el impulso definitivo al metro. Esa terquedad de sacar adelante sus decisiones, incluso frente a críticas, es una virtud en el sector público. Lo que yo más valoro de ella y lo que me hizo integrar una consulta para competir sanamente fue su lucha contra la corrupción.
Si me piden señalar un defecto, diría que yo siempre he querido concentrarme en buscar soluciones y no culpables. Por eso le pusimos ese nombre a la consulta. Hay otras consultas que parecen querer llegar a la Presidencia para mandar a la cárcel al Gobierno actual, y otras para mandar a la cárcel al Gobierno anterior. Por eso, en lugar de competir contra el uribismo, el petrismo o cualquier otro “ismo”, yo prefiero que estemos compitiendo contra las largas filas para recibir medicamentos.
CAMBIO: ¿Cómo fue ese acercamiento con Claudia López, ya se conocían?
L.H.: Un día estaba en el centro internacional de Bogotá, cerca de la Séptima, recogiendo firmas. Ese día estaba en tendencia lo de Frisby —yo soy de Pereira, y lo único más pereirano que yo es Frisby— porque estaban intentando registrar la marca en España. Justo me encontré con Claudia en el centro comercial San Martín. Ella me firmó y yo le firmé la de ella. Nos tomamos una foto, hicimos un intercambio en redes y ahí quedó todo. No hubo estructura, ni apoyo, ni plata, ni nada distinto a ese gesto.
Después, cuando salió el listado de quienes habían entregado firmas, me llamó. “Hola, querido, tomémonos un tinto”, me dijo. Fui a su casa, conversamos, nos conocimos mejor. Me contó que había revisado mis redes, hablamos de la campaña. En esa primera reunión no se habló de consulta. Después me dijo que nos tomáramos otro tinto y en ese momento ya me dijo “estamos pensando en una consulta para no perder por W.” Se invitó a Sergio Fajardo, a Maurice Armitage, a Luis Carlos Reyes y a otros. En total eran siete personas invitadas. Sergio decía que sí, que no, que lo pensaba. Armitage al principio dijo que prefería ir directo a primera vuelta. Y al final ellos decidieron no estar.
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CAMBIO: ¿Cuánto gastó en la recolección de firmas y cómo financia su campaña?
L.H.: A mí me llamaron empresas a cobrarme 1.600 millones pesos por firmas. Pero de dónde iba a sacar 1.600 millones de pesos para financiar eso. Yo me gasté más o menos 200 millones de pesos en la recolección. Mi liquidación fue buena. Claro, yo calculaba un poco más, pero la retención que le hace la DIAN cuando uno recibe la plata es alta. Dejé todas mis tarjetas en cero. Pagué como un año de colegio para estar tranquilo y me fui a la calle a recoger firmas.
Contábamos las firmas con jóvenes en los territorios. Cuando presentamos las firmas, las hojas no eran del mismo tamaño, algunas llegaron manchadas y hasta mojadas por la lluvia. De pronto, otros candidatos las tenían perfectas, sin arrugas, porque había empresas que las entregaban con código QR y verificadas. Yo no hice eso. Salí a la calle a recogerlas y, la verdad, no creí que lo lograría.
CAMBIO: ¿Realmente cree que puede llegar a ser presidente de Colombia?
L.H.: Yo decidí ir a la consulta. Primero, por estrategia: si me iba directo a primera vuelta, tenía menos del uno por ciento de probabilidades de ganarla. En una consulta, en cambio, esa probabilidad aumenta. Cuando empiezo a competir contra Claudia, puedo tener un 10 por ciento. Y, en la lógica más simple, 10 es más que 1. No es una probabilidad enorme, pero existe. Ahí empiezo siendo el outsider que derrotó a una figura fuerte del centro, el desconocido que ganó la consulta. Si gano el 8 de marzo, no solo le gano a Claudia en votos, sino que le gano a toda la consulta del centro: a Fajardo y Armitage por ‘W’ y a Claudia en las urnas.
Ganar esa consulta y recoger los sectores moderados de izquierda, de derecha y del centro me puede llevar a una segunda vuelta. Y si en segunda vuelta me ponen contra el más radical de la derecha, creo que puedo recoger sectores moderados y ganar. Si es contra el más radical de la izquierda, también es probable. En términos estratégicos, la consulta me abre una posibilidad de llegar a la Presidencia. Si me iba solo, probablemente terminaba ahogado en medio de candidatos con estructuras políticas y económicas mucho más fuertes.
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CAMBIO: ¿Cómo recoger estos votos de centro izquierda y centro derecha que sin duda serán decisivos en la elección?
L.H.: Siendo auténtico, siendo Leonardo Huerta. No es que me convierta en algo distinto para recoger esos votos; es que soy así. No suelo atacar con nombres propios ni centrar los debates en señalar culpables. Eso evita profundizar heridas y polarización, y permite recoger sectores moderados. Además, soy una persona común y corriente, como la mayoría de los colombianos. No creo que la mayoría del país se sienta representada por alguien que llega en avión privado o con cinco camionetas blindadas y un esquema que lo mantiene alejado de la gente. Yo ando en mi carro, contesto el teléfono y hablo con la gente. Y muchos se ven reflejados en eso.
CAMBIO: Voces de diferentes sectores dicen que usted representa a personas que no quieren votar por Roy Barreras ni por la derecha, y que no se sienten identificadas con Claudia López. ¿Siente que puede encarnar esa alternativa?
L.H.: Cuando fui a inscribir la consulta tuve una sensación muy particular. Se necesitaban 635.000 firmas. Entregué 1.300.000 y me validaron 637.000. No porque hubiera irregularidades, sino porque muchas se anulan: gente que firma incompleto, datos errados, hojas dañadas. Nosotros las recogemos con voluntarios, en la calle, no con empresas que las entregan perfectas y con código QR. Eran hojas mojadas, arrugadas, contadas por jóvenes. Renuncié a un cargo estable y bien remunerado para aspirar a la Presidencia.
Muchos no creían que lo lograra. Me decían que lo hacía para buscar un ministerio. Tampoco creían que entraría a la consulta. Y ahora pocos creen que pueda ganarla. Pero yo me metí a la consulta para ganarla. Si no la gano, pero quedo tercero o cuarto en el tarjetón general, eso significa que alguien sin estructura tradicional, sin haber sido ministro, senador o figura mediática, puede representar a la gente común y corriente y quedar por encima de nombres más reconocidos.
La camisa no es para una postura, no es solo para estas elecciones. Quiero construir un movimiento de centro, socialdemócrata. Creo que la mayoría de los colombianos no somos extremos. No veo la izquierda y la derecha como enemigos irreconciliables, sino como posiciones que pueden complementarse. Colombia necesita acuerdos estructurales, no una guerra permanente entre bandos. Y yo quiero representar esa transición.
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Usted dijo en un reciente debate que apoyaría una Asamblea Constituyente. ¿Es por esta propuesta principal del tránsito hacia el federalismo?
L.H.: Claro. Aquí hay muchas formas de avanzar hacia el federalismo. Pero sobre la Constituyente hay que tener claro algo: el problema es que mucha gente habla de estos temas sin tener el marco teórico. Para una constituyente se necesita una ley que le pregunte al pueblo si convoca o no una constituyente, y esa misma ley debe establecer cómo va a estar compuesta.
Yo leí el proyecto de recolección de firmas que radicaron algunos ciudadanos y que está apoyando el Gobierno. En el artículo primero dice: “La composición será de 86 constituyentes por circunscripción nacional de acuerdo con la reglamentación que haga el Gobierno”. Eso es un peligro. La participación de todas las regiones y posturas tiene que quedar muy clara desde el principio.
Sobre la Constituyente que usted apoyaría bajo ciertas condiciones, ¿cuál es su visión sobre su alcance y eventual composición?
L.H.: Es necesario definir también el término de competencia y el tiempo durante el que se sesionará. Y, en tercer lugar, se debe establecer el marco de competencia funcional. Debe definirse si es para reformar la justicia o qué otros temas cambiarían. La Constituyente que se elija es para temas específicos, la competencia se la da la misma ley de convocatoria por un término establecido y con una composición predefinida. Y la Corte Constitucional lo revisará.
Una reciente encuesta del CNC y CAMBIO reveló que los colombianos quieren que la prioridad del próximo Gobierno sea la atención de la crisis de salud. ¿Cómo evalúa la gestión del Gobierno actual y qué propone?
L.H.: Colombia necesita una reforma profunda del sistema de salud, pero esta no debe ser ideologizada. Muchas reformas fracasan porque se buscan enemigos: si el ministro es de izquierda, la Comisión Séptima lo bloquea; si es de derecha, igual. La reforma debe estar pensada en la gente, no en los partidos políticos. Incluso la reforma presentada por el Gobierno actual me pareció tibia. Lo señalé en debates y foros, y cuando la ministra Carolina Corcho lideraba el proceso, le dije: “Hay que ampliar la reforma”. La propuesta se queda corta.
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Aquí se requiere un cambio estructural profundo, y por eso es necesaria una nueva historia liderando la reforma, porque yo sí puedo reunir a los distintos sectores, dialogar con argumentos técnicos y científicos, ponderar alternativas y construir un sistema de salud que funcione. No habrá oposición radical que impida que la reforma se haga de manera efectiva. El problema es que muchos buscan enemigos. Un sistema de salud es como un reloj: tiene muchos piñones. Si todos los piñones están dañados y usted solo cambia uno, no sirve de nada. No se trata de acabar con las EPS; hay que reformar todo el sistema.
Sí, las EPS tienen problemas, y se deben priorizar medidas como integración vertical, discrecionalidad en contratos, retrasos en pagos y corrupción. Pero si mejoran la EPS y las clínicas siguen prestando mal servicio, no se soluciona nada. La reforma debe abarcar todos los actores: universidades, pacientes, laboratorios, autoridades, EPS, prestadores de servicios. Se debe ajustar la formación médica para que haya suficientes especialistas, y que estudiar medicina no sea un privilegio de unas élites.
CAMBIO: Otra de sus propuestas de campaña es la reforma a la justicia. ¿Qué cambios concretos plantea?
L.H.: A la gente no le importa si los magistrados son 9, 12 o 14: a la gente le importa que le firmen la cuota de alimento rápido, que si a usted le cometen un delito y capturan a la persona en flagrancia, no se le venzan los términos y a los ocho días los encuentra usted en la calle por vencimiento de términos. Una reforma a la justicia para la gente, y no una reforma a la justicia para el Estado. Les doy una primicia: propongo incluir una audiencia preliminar adicional. Hoy existen tres audiencias preliminares en materia penal, pero cuando se trate de menores de edad, esta nueva audiencia permitiría que el tribunal de distrito decida, de manera anticipada, si el juicio se llevará como mayor de edad o como menor de edad.
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En Colombia, muchas veces pensamos en términos de blanco o negro, paz total o guerra total, sin considerar matices. Esta propuesta busca justamente reconocer esas diferencias y ajustar el proceso según la situación del menor. En esa audiencia, el tribunal hará un estudio psicológico, revisará antecedentes, evaluará la gravedad del delito y determinará si el menor tenía conciencia de sus actos.
Hay quienes creen que usted está compitiendo no para ganar la Presidencia, sino pensando en otros escenarios. ¿Está en sus planes aspirar, por ejemplo, a la Alcaldía de Pereira?
L.H.: No, ese no es mi plan. Si quisiera quedarme en Pereira, habría aspirado a la Cámara. Me ofrecieron avales del Partido Liberal, del Partido ASI y del Partido Verde. Todas las listas de Risaralda me ofrecieron estar en la Cámara para ejercer un liderazgo territorial. Yo amo a Pereira, soy pereirano, vivo en Pereira y he recorrido todos los rincones de Risaralda. Pero mi compromiso es con Colombia. (...) Si se presenta alguna responsabilidad en Pereira, pues yo tampoco tendría ningún problema. Pero, la verdad, ese sería el plan Z.
Por ahora, pienso en mi aspiración presidencial. Nos toca sentarnos en consensos y decirles a izquierdas y derechas. Si hay una constituyente en cabeza de la derecha radical, seguramente se apodera del país; y si es en cabeza de la izquierda radical, lo mismo. Debemos lograr consensos y dar garantías a todos los sectores para avanzar hacia un federalismo. Con ese modelo, habría autonomía territorial, las decisiones sobre el porte de armas o el uso recreativo del cannabis no se definirían desde Bogotá para todo el país.