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Lunes 4 de mayo de 2026
Daniel Palacios, candidato a la Presidencia por el movimiento Rescatemos a Colombia. Foto: Campaña.

‘La gran consulta por Colombia se transformó en un club excluyente’: Daniel Palacios

Daniel Palacios, candidato a la Presidencia por el movimiento Rescatemos a Colombia. Foto: Campaña.

En entrevista con CAMBIO, el exministro del Interior de la administración de Iván Duque y hoy candidato presidencial revela por qué insiste en participar en la campaña electoral, a pesar de haber sido excluido de la consulta de la derecha y de sus bajos resultados en las encuestas.

Por: Armando Neira

El candidato a la Presidencia Daniel Andrés Palacios Martínez (Bogotá, 1982) tiene, según todas las encuestas, escasas posibilidades de triunfo electoral. Sin embargo, en entrevista con CAMBIO asegura que no se va a bajar de la contienda y que, por el contrario, redoblará sus esfuerzos. “No es el momento de estar en la banca. Nadie puede ser indiferente ante la situación que vivimos. Es hora de rescatar entre todos a Colombia”. 

Exministro del Interior de la administración de Iván Duque, exsecretario privado del expresidente Álvaro Uribe Vélez y cofundador del partido Centro Democrático, explica por qué irá en solitario, al menos, hasta la primera vuelta y cuenta lo que sintió tras haber sido vetado: “La Gran Consulta por Colombia se transformó en un club excluyente”.

CAMBIO: Según las encuestas, al día de hoy la Presidencia de Colombia está entre unos seis aspirantes. ¿Por qué hay candidatos, como usted, que tienen tan baja intención de voto y aun así insisten en continuar en la campaña? ¿Qué los motiva?

DANIEL PALACIOS: Yo no me metí en esto por un cálculo político. Lo hice porque estoy defendiendo unas causas. Es un propósito en el que no estoy solo, sino que hay una gran cantidad de gente, un equipo muy profesional, que me acompaña.

CAMBIO: ¿Cuáles son esas causas?

D. P.: Derrotar a la delincuencia, reactivar la construcción y la infraestructura, salvar el sistema de salud, disminuir el costo de vida, bajar los impuestos y el precio de la gasolina. Como se trata de una causa justa, tenemos el compromiso de avanzar.

CAMBIO: Pero, en su caso, ¿las encuestas son implacables?

D. P.: Con las encuestas no hay que pelear. Ante una mala encuesta hay que seguir trabajando; ante una buena, trabajar el doble.

CAMBIO: El tiempo corre de prisa. ¿Cree que le alcanza?

D. P.: El proceso electoral apenas comienza. La campaña presidencial arrancó el 31 de enero, cuando se permitió el inicio de inscripciones. Aunque las encuestas circulan desde hace tiempo, el proceso formal apenas se inicia y en ese propósito es en el que ahora estamos.

CAMBIO: ¿Y en este punto de partida cómo le va?

D. P.: Más de 1.300.000 colombianos nos apoyaron con su firma. Son personas que creen en mi propuesta de que es hora de rescatar a Colombia. Con ese respaldo vamos hacia adelante.

CAMBIO: Personalmente, ¿cómo se siente tras habérsele negado su deseo de participar en la Gran Consulta por Colombia? ¿Por qué cree que ese grupo de la centroderecha tomó esa decisión?

D. P.: El primer sorprendido fui yo. Durante más de un año trabajamos para conformar un bloque de unidad, de manera pública y privada. Se hicieron muchas reuniones con varios de quienes hoy hacen parte de la consulta y, aunque desde el principio hubo exclusiones —como las de Abelardo de la Espriella, Mauricio Gómez Amín y Héctor Olimpo—, pensé que se podía construir un mecanismo incluyente. Lo que terminó formándose fue un club excluyente.

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CAMBIO: ¿Pero a usted lo invitaron?

D. P.: Sí, de manera pública y privada. Cuando anunciaron la conformación inicial de la consulta, me hicieron una invitación pública David Luna y Vicky Dávila; también lo hicieron otros en privado. Ante esa invitación, acepté de manera abierta y transparente, porque creo que la unidad debe demostrarse con hechos, no con palabras.

CAMBIO: O sea, ¿usted se sintió parte de la consulta?

D. P.: Claro. Entendía que buscaba sumar distintas expresiones políticas que compartíamos un propósito superior: sacar adelante al país. Veníamos de orígenes y trayectorias diferentes, pero lo importante era sumar.

CAMBIO: ¿Qué pasó?

D. P.: Fue como cuando lo invitan a una fiesta: se arregla y, al llegar, le dicen que la invitación ya no vale porque tomaron otra decisión. Lamento que la consulta haya terminado siendo un club excluyente y no un proceso democrático e incluyente.

CAMBIO: Si sabe quiénes lo invitaron, también debe saber quiénes lo ‘desinvitaron’, ¿cierto?

D. P.: Fueron dos o tres personas, en especial el exdirector del DANE, Juan Daniel Oviedo, quien dijo que yo era muy fuerte con Gustavo Petro y que eso no le parecía. Si ese es mi pecado, lo acepto. Soy antipetrista con firmeza; no tengo vacilaciones. Juan Manuel Galán dijo que no podía permitir que la consulta se inclinara más hacia la derecha. Entonces mi sorpresa es: ¿qué representan Paloma Valencia, del Centro Democrático, o Juan Carlos Pinzón o Vicky Dávila? Si mi pecado es ser firme contra la delincuencia y en mis principios, acepto esa culpa y entiendo que por eso no podía ser parte de esa consulta.

CAMBIO: Usted va entonces en solitario hasta la primera vuelta. En otros carriles van Abelardo de la Espriella y Miguel Uribe Londoño, y en uno más el ganador de la consulta, que según las encuestas podría ser Paloma Valencia. ¿No teme que la fragmentación del voto de la derecha beneficie a sus oponentes?

D. P.: En democracia hay que permitir que todo el que quiera participar lo haga. Esa es la garantía que da la Constitución. Siempre he sostenido que es bienvenido quien quiera competir. Lo preocupante sería que no hubiera colombianos comprometidos con el futuro del país.

CAMBIO: Pero, ¿pueden perder por la división?

D. P.: Hay que respetar los tiempos políticos. Nos hemos adelantado demasiado a los hechos y eso ha generado presión para retiros y adhesiones. Las cosas deben darse en su momento. La campaña oficial apenas comienza. Las consultas harán una depuración natural y allí quedará una sola candidatura.

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CAMBIO: ¿Y entonces?

D. P.: Quienes hemos decidido hacer una campaña independiente avanzaremos con la convicción de que defendemos unas causas. No seré un obstáculo si surge una candidatura que se consolide como la que tenga más opciones de recuperar el rumbo del país y derrotar al petrismo. En ese caso, me sumaré. En las urnas debemos impedir el triunfo de Iván Cepeda, el heredero de las Farc.

CAMBIO: Usted insiste en todos los mensajes en llamar al candidato Iván Cepeda como “heredero de las Farc”. En un país tan peligroso para hacer política, ¿qué grado de responsabilidad asume al estigmatizar así a un aspirante que ha ejercido pública y legítimamente como senador y ha participado en procesos de paz porque tiene la convicción de que con los actores armados ilegales se puede hallar una solución negociada?

D. P.: Hay un dicho que dice: dime con quién andas y te diré quién eres. Ha sido claro con quién anda el doctor Cepeda, a quién defiende. En eso somos distintos.

CAMBIO: Son distintos, pero eso no lo convierte a él en miembro de un grupo armado ilegal…

D. P.: Siempre he creído en el orden, la justicia y la libertad. La política del amor debe ser para el ciudadano honesto, no para quien infringe la ley. El doctor Cepeda ha dedicado su vida a defender criminales y a hacer apología de ellos.

CAMBIO: Le reitero: Colombia tiene antecedentes estremecedores de violencia política. ¿No ha reflexionado sobre los riesgos de ese lenguaje?

D. P.: La cercanía del doctor Cepeda con las Farc es absolutamente diciente, clara y evidenciable. Eso no es algo que alguien se haya inventado. Por otro lado, le digo que es un comunista obsesivo porque lo ha expresado de todas las formas. Es una persona a la que le parece que el experimento fallido y nefasto de Hugo Chávez fue bueno; que cree que Nicolás Maduro no era un dictador ni un ‘narcodictador’, sino un líder político que lo estaba haciendo muy bien.

CAMBIO: ¿Cree que alguien que piensa distinto a usted es un criminal?

D. P.: No. Pero considero que su elección sería un riesgo para el país y debemos derrotarlo democráticamente. Soy demócrata. En el Gobierno del presidente Duque se realizaron las elecciones más pacíficas de los últimos veinte años. Se dieron garantías a todos los líderes de la oposición, a él, a Gustavo Petro. Más que las palabras, importan los hechos, y en mi caso el compromiso democrático es claro.

CAMBIO: ¿Es posible bajar el tono del lenguaje en esta campaña?

D. P.: Sería un buen comienzo que ellos empezaran y que no hubiera este doble racero. Si me preocupara cada vez que me llaman paramilitar o corrupto, imagínese. El doctor Cepeda no deja de acusar a Álvaro Uribe de asesino, paramilitar, perpetrador de masacres. Cuando respondemos, de inmediato nos amenazan con demandas. Si quiere demandarme por decirle heredero de las Farc, que lo haga. Nos veremos en los juzgados.

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CAMBIO: Usted y la oposición son muy críticos del presidente Petro y califican su Gobierno como un desastre. ¿Cómo explica que a punto de terminar su mandato tenga un 40 por ciento de favorabilidad?

D. P.: Hay que reconocer que el presidente Petro maneja una forma de comunicación que conecta con una parte del país que se siente cansada u olvidada. ¿Por qué? Ha tenido resonancia un discurso que culpa al otro por las dificultades propias, se victimiza, los errores no son de él sino de los demás. Ese mensaje conecta con ciertos sectores.

CAMBIO: Además de su habilidad comunicativa, ¿qué aspecto positivo encuentra en su gestión?

D. P.: Más bien subrayo que muchos de quienes votaron por él hoy se sienten decepcionados. A ellos debemos decirles que no estamos condenados a seguir así. El maneja discursos, nosotros hechos. Prometió bajar la gasolina y la subió; prometió no aumentar impuestos y ya vamos por casi la tercera reforma tributaria, también prometió salvar la salud y la ha debilitado, ilusionó a los estudiantes con rebajas en las cuotas del Icetex y lo destruyó…

CAMBIO: ¿Por qué cree que en la derecha no hay aún un aspirante que logre esa conexión con la gente?

D. P.: Porque aquí hay un presidente hábil en la comunicación, pero sin sustento. El reto es demostrar que existe una alternativa responsable, enfocada en resultados. Colombia necesita un presidente que gobierne con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Muchos hemos evitado caer en el populismo y en propuestas irrealizables, aunque a veces eso genere menos fervor. Él, por su parte, le tiene sin cuidado decir una cosa y luego otra distinta y al final no cumplir.

CAMBIO: Pero Petro ha logrado seducir a amplias bases...

D. P.: Es hábil en los anuncios. Pero cuando se miden los resultados en infraestructura, vivienda o seguridad, son pobres. El reto nuestro es combinar una propuesta seria con una comunicación que conecte emocionalmente, pero sin caer en el populismo que él domina con habilidad.

CAMBIO: Usted formó parte del Gobierno del presidente Duque. Dicen que su gestión le abrió la puerta a la llegada de la izquierda al poder. Al mirar atrás, ¿qué pasó para que esto ocurriera? ¿Qué no se hizo bien? ¿Hay alguna autocrítica?

D. P.: El nuestro fue un gobierno que trabajó con empeño y enfrentó situaciones muy difíciles: una pandemia, huracanes y gravísimos problemas de orden público. Como en todo gobierno, hubo errores y aspectos que pudieron comunicarse mejor. Pero mire que Iván Duque fue el único que derrotó a Gustavo Petro en una elección presidencial.

CAMBIO: Finalmente, ¿cómo es hacer campaña con baja favorabilidad que naturalmente implica que lleguen menos recursos?

D. P.: Es un reto grande, pero cuando se hace con convicción, se disfruta. Esta es mi sexta campaña presidencial, la primera como candidato propio. Todas son difíciles. La política cambia en cualquier momento. Hay que recorrer el país con determinación. Conozco al país y reafirmo el compromiso y el amor que siento por él. No es momento de quedarse en la banca, sino de dar la batalla por el país. Seguimos adelante con el apoyo de la familia, de mi equipo, y de quienes creen hay que rescatar a Colombia.

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