Sofía Gaviria Correa, Ingrid Betancourt Pulecio. Foto: Colprensa.
Crónica de la confrontación entre la directora del partido y quien era la cabeza de la lista al Senado. La situación, que afecta a los candidatos presidenciales Enrique Peñalosa y Juan Carlos Pinzón, reaviva los temores en la colectividad por perder la personería jurídica.
Por: Armando Neira
Íngrid Betancourt cuenta que, hace unos días, mientras caminaban por uno de los apacibles pasillos del Club El Nogal, en el norte de Bogotá, le pidió a Sofía Gaviria Correa unos minutos para conversar sobre una situación que la desvelaba: las explosivas reacciones de quien era la cabeza de lista al Senado por el Partido Verde Oxígeno.
– Ni siquiera lo hice como presidenta del partido, sino como una persona que cree en el diálogo y en el respeto –le dice a CAMBIO.
En otras circunstancias, ese encuentro en esa edificación habría sido un pretexto para reflexionar sobre las secuelas que dejó en el país la violencia de las Farc.
Betancourt Pulecio (Bogotá, 25 de diciembre de 1961) estuvo secuestrada por esa organización armada durante seis años, cuatro meses y nueve días. Durante ese tiempo, en las selvas del sur del país, mantuvo una dignidad frente a sus captores que se hizo evidente en imágenes en las que se la veía languidecer, pero negarse a transmitir el mensaje que le exigían. Su liberación, en la Operación Jaque, fue un hecho que produjo regocijo en el país.
Gaviria Correa (Medellín, 18 de febrero de 1972) es hermana de Guillermo Gaviria, gobernador de Antioquia secuestrado por las Farc en 2002 cuando lideraba una marcha simbólica por la paz, y asesinado en cautiverio un año después, en Urrao. Durante un intento de rescate militar, la guerrilla lo fusiló sin contemplación junto a otras nueve personas antes de internarse en la manigua.
El Club El Nogal fue escenario de un atentado con carro bomba el 7 de febrero de 2003, que dejó 36 personas muertas y más de 200 heridas, decenas de ellas con incapacidades permanentes.
La batalla política
Ahora el contexto era distinto y ambas son protagonistas de una batalla política en la que cada una tiene su propia versión de los hechos.
Betancourt y Gaviria habían asistido a uno de los debates de la Gran Consulta por Colombia, en la que participan dos candidatos presidenciales avalados por Verde Oxígeno: el exministro de Defensa Juan Carlos Pinzón y el exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa. En esa consulta también compite el exgobernador de Antioquia Aníbal Gaviria, hermano de Sofía. Esa coincidencia ya había generado tensión.
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–Yo le había pedido que públicamente apoyara a Enrique y a Juan Carlos, no solo porque esa era la decisión de nuestra colectividad, sino para evitar que la acusaran de doble militancia –señala Betancourt en diálogo con CAMBIO.
–Para mí sorpresa, no tuvo problema en decir en público que su candidato presidencial era Aníbal Gaviria.
También en conversación con CAMBIO, el aspirante presidencial recuerda que él participa en la consulta a nombre del movimiento La Fuerza de las Regiones, que no tiene lista propia al Senado. Afirma que su hermana es una mujer valiosa que puede aportarle mucho al país y que no iba a vetarla para que continuara su carrera política.
–Yo solo podía desearle éxitos.
La versión de Sofía Gaviria
Aunque en apariencia todo marchaba bien, Sofía Gaviria sostiene que hubo un punto de quiebre cuando se enteró de la aprobación de unas vallas publicitarias en las que se representaba una patada contra el presidente, Gustavo Petro, el ministro del Interior, Armando Benedetti, y el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, quien hoy lidera la intención de voto en las encuestas.
–No puedo hacer parte de una campaña que invite a patear a una persona, así sea en sentido figurado. Rechazo cualquier mensaje que pueda interpretarse como incitación a la violencia.
Para Betancourt, el problema era otro.
–La secuencia de hechos nos hizo ver que había algo más complicado: el comportamiento de Sofía, que viola reglas de manera permanente y arbitraria.
Como ejemplo, menciona un episodio reciente ocurrido en el Congreso. Según su versión, cuando la, en ese momento cabeza de lista al Senado, intentaba ingresar al recinto, un policía le pidió una identificación, todo dentro de los protocolos de seguridad para ingresar al Congreso. Ella, según Betancourt, perdió el control, insultó y amenazó al oficial con frases como: “Usted no sabe quién soy yo. Devuélvame mi cédula. Voy a contar hasta cinco y, si no me la devuelve, verá lo que le pasa”.
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Para sostener su testimonio dice que hubo tres personas del partido que presenciaron el hecho. Incluso que estos le llamaron la atención en el lugar, pero, según Betancourt, no hubo reflexión posterior.
–Tres personas del equipo me dijeron: “Imagínese si alguien hubiera grabado esto”.
Para Betancourt, este tipo de comportamientos no era nuevo. Dice que la situación se vuelve recurrente, con insultos y discusiones cuando no obtiene lo que quiere.
Para la presidenta del partido, el episodio fue grave no solo por la grosería frente a un agente, sino porque contradice la filosofía de la colectividad, que promueve la seguridad y el respeto a los integrantes de la fuerza pública. Sofía, por su parte, niega estos hechos de manera tajante.
Un encuentro sin final feliz
Con ese antecedente se produjo el encuentro en El Nogal. Betancourt afirma que trató de hablar con ella a solas, preocupada por la acumulación de episodios.
–Le dije: “Oye, Sofía, tenemos que manejar la comunicación con respeto”.
Según Betancourt, la respuesta fue una reacción airada en un espacio público.
–Se despachó contra mí de manera terrible.
Ante la escena, llamó a compañeros cercanos para controlar la situación. Gaviria se retiró molesta y dejó caer una frase: “Voy a renunciar”, relata Betancourt.
Desde ese momento comenzaron horas de tensión interna. Con la eventual renuncia de la cabeza de lista al Senado sobre la mesa, el partido sintió el vértigo de una posible división, tanto en Bogotá como en las sedes regionales.
Allegados a Sofía Gaviria sostienen que el desenlace no debería sorprender. Pero la defienden a ella y dicen que el foco de la responsabilidad debe estar sobre Íngrid. Recuerdan que en el pasado Betancourt rompió con otros líderes a los que ella misma había abierto las puertas.
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En efecto, en 2022, el Partido Oxígeno expulsó a dos de sus figuras más visibles: Daniel Carvalho y Humberto de la Calle, después de que se opusieran a la decisión de declararse en oposición al Gobierno de Petro. Ambos congresistas defendían una postura independiente.
Carvalho afirmó entonces que la decisión fue tomada “a través de una asamblea plagada de violaciones a la ley y a los estatutos del partido”, y la calificó de ilegítima. También denunció intentos de aprobar estatutos antidemocráticos e imponer decisiones a los congresistas.
En 2023, el Consejo Nacional Electoral les dio la razón y restituyó sus curules. Sin embargo, De la Calle renunció al Senado en 2025, argumentando, entre otras razones, que se sentía atrapado en la colectividad liderada por Betancourt. “Me voy, dijo De la Calle, para tener libertad e independencia frente a los sucesos políticos que ocurrirán a partir de este año”.
En la noche de ese jueves, Betancourt se fue a descansar con la intención de llevar el caso al Comité de Ética para darle un manejo interno, convencida de que este tipo de tensiones son habituales en campañas marcadas por la presión.
Sin embargo, la situación tomó otro rumbo.
–Lo que pensé que era un problema de comunicación resultó ser más grave. Hoy (viernes), a las siete de la mañana, me llaman y me preguntan qué pienso de la renuncia de Sofía. Yo no sabía de qué me hablaban.
Un periodista le informó que ya circulaba una carta de renuncia.
–Le dije: “Espere un momento, déjeme revisar si me ha llegado algo”. Y me respondió: “Entonces el partido implosionó”.
Betancourt negó esa interpretación.
–El partido no implosionó. Respeto que alguien quiera retirarse de una lista; es un derecho. La lista es cerrada y sigue adelante. Somos muchos.
Pidió que le enviaran el comunicado. En él, Gaviria confirmaba su renuncia y explicaba sus motivos. Poco después, otros periodistas la contactaron en busca de reacción.
–No voy a pronunciarme ahora. Primero debo hablar con el equipo.
El desenlace
El episodio se convirtió rápidamente en una de las noticias políticas del día. Ambas lamentan el desenlace. Coinciden en que se trata de un partido construido alrededor de principios y valores –ética, lucha contra la corrupción, defensa de las víctimas y cuidado del medioambiente– más que de una ideología específica.
Durante el viernes, el partido esperaba la formalización de la renuncia ante notario para que fuera efectiva. De inmediato, la cabeza de lista pasaría a Óscar Ortiz, constitucionalista y exzar anticorrupción. El segundo renglón lo ocupa David Reyes, pastor de Barranquilla, de la línea de John Milton Rodríguez. El tercero es Juan Carlos Cárdenas, empresario y exalcalde de Bucaramanga, quien reclama ser uno de los defensores del páramo de Santurbán.
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El desafío es considerable. A menos de un mes de las elecciones, el partido debe duplicar esfuerzos para superar el umbral y conservar la personería jurídica. Según proyecciones, este estaría entre 650.000 y 700.000 votos. De no alcanzarlo, perdería la personería y tendría que volver a recoger firmas.
–¿Lo logrará?
–Claro que sí –responde Betancourt–. Nuestro objetivo es obtener diez congresistas para fortalecer mayorías que defiendan las instituciones y contrarresten lo que consideramos una alianza entre narcotráfico y comunismo en el Gobierno de Petro.
Gaviria no se fue sola. Algunos de quienes la apoyaron en la conformación de la lista también anunciaron su retiro. En una carta, el exaspirante al Senado Juan Fernando Betancur González habló de “inoperancia manifiesta” y de “arrogancia insoportable” de Betancourt.
Según él, Betancourt actúa de manera “dictatorial permanente” y pretende “constreñir a sus contradictores internos” mediante amenazas de llevarlos al Comité de Ética.
Por su parte, Betancourt reconoce que la situación es traumática, pero asegura que en el partido ahora se respira tranquilidad.
–Ojalá Sofía logre superar sus dificultades de temperamento y comunicación.
En el ambiente gravita el temor de que la confrontación afecte las campañas de Peñalosa y Pinzón. Ambos, sin embargo, miran con cautela la situación.
Ese mismo viernes, Gaviria sostuvo encuentros con víctimas del conflicto armado y reiteró su llamado a que los actores armados que firmaron los acuerdos digan al país “la verdad de lo ocurrido”. Para ella, la verdad es un pilar fundamental en la construcción de un mejor país. Alguna de las dos, sin embargo, no está contando el guion de esta película que tuvo tan mal final.