El presidente Gustavo Petro y el ministro de Salud Guillermo Alfonso Jaramillo en una reunión reciente. Foto: Colprensa - Cristian Bayona.
El fallecimiento del niño Kevin Acosta, a quien no se le dio a tiempo una dosis contra la hemofilia, domina la agenda pública. La oposición política saca provecho de las continuas salidas en falso del ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, uno de los funcionarios más cercanos al presidente Gustavo Petro.
Por: Armando Neira
La ausencia de empatía del presidente Gustavo Petro y del ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, frente a Yudy Katerine Pico, madre de Kevin Acosta —un niño que falleció mientras esperaba un medicamento para tratar su hemofilia—, es el tema de discusión de este martes en Colombia y puede convertirse en el talón de Aquiles del petrismo en la campaña. Ambos responsabilizaron a la señora del fatal desenlace por haber permitido que el menor montara en bicicleta, actividad durante la cual sufrió una caída, y eludieron mencionar que no se le habían suministrado las dosis requeridas para su tratamiento.
Al margen de las cifras que el Gobierno presenta con frecuencia para demostrar que el cambio propuesto al sistema sí ha dado los resultados esperados, la percepción mayoritaria es que el sistema de salud ha retrocedido y que, en este proceso, los responsables políticos han dejado de lado la humanidad en su comunicación con los pacientes y los ciudadanos.
De hecho, para la mayoría de los electores ese es el principal problema hoy en Colombia. La encuesta realizada por el Centro Nacional de Consultoría (CNC) para CAMBIO —publicada en enero— reveló que el 36,2 por ciento de los colombianos cree que la prioridad del próximo presidente debe ser la salud. El 23,3 por ciento considera que debe ser combatir la corrupción y el 12,5 por ciento, enfrentar el avance de las bandas criminales.
Otra encuesta de Invamer, realizada en junio de 2025, mostró una pérdida de confianza de los colombianos en esta política pública durante el obierno del Pacto Histórico. Según las cifras, cada vez más personas califican como “malo” el servicio de salud en el país: pasó del 20 por ciento en junio de 2024 al 32 por ciento en el mismo mes de 2025.
Un sistema que funcionaba
Además, cuando se preguntó si la calidad y el cubrimiento del servicio estaban mejorando o empeorando, el 79 por ciento respondió que estaban empeorando, frente al 55 por ciento que lo consideraba así al inicio del actual gobierno de izquierda, que está a seis meses de su final.
Hace unas semanas, la revista médica británica The BMJ (British Medical Journal) aseguró que las políticas del Gobierno Petro “han destruido el modelo de salud colombiano”, previamente calificado como uno de los mejores y más equitativos de Latinoamérica.
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El artículo, titulado 'How politics destroyed Colombia's model healthcare system', señala que la intervención de las Entidades Promotoras de Salud (EPS) y el control estatal de recursos han generado crisis, escasez de medicamentos y riesgos para los pacientes.
En el reportaje firmado por Luke Taylor se afirma que, en su momento, “tanto la Organización Mundial de la Salud como el Banco Mundial elogiaron al país por la amplia cobertura y calidad de su atención médica, financiada mediante una combinación de subsidios estatales y competencia en el mercado”.
Añade que “casi el 99 por ciento de la población colombiana está cubierta; el gasto de bolsillo es uno de los más bajos entre los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), y el país cuenta con 11 de los treinta mejores hospitales de Suramérica”.
Asimismo, señala que, en una comparación publicada en The Lancet, Colombia se ubicó como el segundo mejor sistema de salud de Latinoamérica, después de Costa Rica.
Un modelo destruido
Pero luego, dice el texto, se produjo un deterioro progresivo atribuido a la gestión de este Gobierno: “Comenzó con retrasos. Los pacientes hacían fila durante horas fuera de las farmacias desde el amanecer y las cirugías rutinarias se posponían con frecuencia”.
“Luego vino la escasez. Los estantes de medicamentos básicos se vaciaron; la insulina y los fármacos contra el cáncer se agotaron, y pacientes críticos fueron expulsados de los hospitales. Ahora hay cierres. Las salas de maternidad y las unidades neonatales están cerrando. Los servicios de urgencias están desbordados y se cancelan programas de formación de médicos especialistas”.
“El sistema de salud en Colombia no era perfecto. Tenía problemas, pero la intervención política en los últimos años ha hecho que se deteriore mucho”, concluye Taylor.
Ante este diagnóstico y los casos que han tocado las fibras más sensibles de los ciudadanos, Jaramillo se ha mostrado frío, en ocasiones insultante y esquivo frente a los llamados de la Corte Constitucional.
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Por ejemplo, tras la difusión de un video en el que Luis Fernando Arroyave, gerente del Hospital San Rafael de Itagüí, denunciaba deudas millonarias de las EPS —especialmente de Nueva EPS— que impedían pagar salarios, Jaramillo respondió: “Los ricos también lloran”. El personal de salud y los pacientes reaccionaron con indignación al considerar sus palabras un maltrato hacia una entidad pública.
El ministro esquiva a la Corte
La Corte Constitucional, por su parte, ha promovido incidentes de desacato contra el ministro por el presunto incumplimiento en el recálculo y ajuste de la Unidad de Pago por Capitación (UPC) para los años 2022-2026, señalando un manejo ineficiente de los presupuestos máximos y riesgos para la prestación del servicio. El funcionario ha acudido a maniobras dilatorias.
Estos hechos han dado impulso a la oposición. El representante Andrés Forero, del Centro Democrático, afirma que Jaramillo se “burla” de los pacientes y actúa con un “cinismo sin antecedentes en la historia de los ministros de Salud”, quienes, por su cargo, deberían mostrar mayor empatía.
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El conjunto de estos hechos han unido a distintos sectores opositores contra el Gobierno. “Culpa de la mamá y la familia. Es la especialidad del presidente Petro: buscar culpables. Cada vez más cínico y desvergonzado”, aseguró Alejandro Gaviria, exministro de Salud, en redes sociales. “Desbarataron el sistema de salud y siempre encuentran una cortina de humo para encubrir su destrucción. Hoy son muchas las personas que lloran por culpa suya”, añadió el aspirante presidencial de centro Sergio Fajardo.
“Qué miserable no solo negarle los medicamentos y tratamiento al niño Kevin, en una EPS controlada por el Gobierno nacional, sino además culpar y humillar a su madre en duelo”, dijo la candidata, también de centro, Claudia López. “Inhumanidad, corrupción, arrogancia, indolencia: todo lo que no es el cambio”, agregó.
Por su parte, Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático, partido de derecha, anunció que interpondrá una queja disciplinaria contra el ministro Jaramillo por presunta negligencia en el caso. “La salud no puede manejarse con excusas ni indiferencia. La responsabilidad pública es sagrada. Cuando hay fallas, debe haber consecuencias. Los niños son primero y su derecho a jugar no puede ser la excusa para tapar el desastre de un gobierno indolente”, afirmó.
El rostro de la tragedia
Desde la otra orilla política, quienes defienden las políticas del presidente Petro han optado en su mayoría por el silencio. Los efectos políticos de esta situación se medirán en las urnas. Carolina Corcho, quien encabeza la lista del Pacto Histórico y también ocupó el Ministerio de Salud, ha evitado entrar a valorar el tema y ha centrado su discurso en la discusión sobre el salario mínimo y ha invitado a movilizaciones para defenderlo.
Aunque la salud y el salario mínimo son temas de enorme importancia en la campaña, el caso de Kevin ha tocado fibras más emocionales. ¿Por qué? Se atribuye a distintas figuras la frase que, según se dice, el escritor alemán Kurt Tucholsky formuló en 1925 y que hoy cobra vigencia: “Una sola muerte es una tragedia; un millón de muertes es una estadística”.
En efecto, resulta difícil para el petrismo tomar distancia de este caso, especialmente tras el consejo de ministros televisado este lunes, en el que las críticas al sistema y los fallecimientos, retrasos en la entrega de medicamentos, hospitales y clínicas desbordas, alcanzaron la dimensión del problema simbolizado en el rostro de un niño y ante la audiencia en televisión.
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Durante la sesión, el presidente Petro y el ministro de Salud abordaron el tema sin medir el dolor de la madre. “Si a un niño hemofílico no se le deja subir a la bicicleta, tiene menos riesgos; es un tema de prevención. Pero hay que saber si el médico o el sistema de salud no enseña, pues las mamás no salen aprendidas, menos en niveles educativos muy deficitarios que hay en Colombia”, afirmó el mandatario.
Por su parte, el ministro Jaramillo señaló: “Es entendible que los niños que sufren hemofilia deben estar restringidos en muchas actividades que pueden generarles un trauma violento”. Insistió en que la condición médica exige limitaciones para evitar episodios hemorrágicos severos.
¿Y la Nueva EPS qué?
No obstante, no hicieron referencia a la responsabilidad de Nueva EPS, entidad intervenida y administrada por el Gobierno desde abril de 2024, que desde diciembre dejó de suministrar el medicamento que mantenía controlada la enfermedad del menor.
El infectólogo Carlos Pérez recordó que los tratamientos existen precisamente para permitir que los pacientes desarrollen una vida cotidiana con menores restricciones.
“Los medicamentos para el tratamiento de la hemofilia existen para que los niños puedan llevar una vida normal y, cuando sea necesario, atender oportunamente sus complicaciones. El tratamiento está disponible y los pacientes lo estaban recibiendo. Entienda, doctor Jaramillo: lo estaban recibiendo”, expresó el doctor Pérez.
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En efecto, son múltiples los casos de personas con hemofilia que, bien tratadas, pueden llevar una vida normal e incluso dedicarse de lleno a actividades físicas de gran exigencia, como el ciclismo profesional. Es el caso de Alex Dowsett, británico especialista en pruebas de ruta, quien padece hemofilia, pero ha contado con los medicamentos adecuados para desarrollar su actividad.
“El hecho de que sea hemofílico no significa que no pudiera hacer actividades físicas, que no pudiera jugar”, dijo la madre, Yudy Katerine. “No lo podía tener atado a una cadena o bajo llave”.
El niño llevaba dos meses esperando que Nueva EPS —que presta servicios a más de 11 millones de personas— le entregara el medicamento que debía recibir cada 28 días. La última dosis fue el 12 de diciembre. Tras la caída, su estado se agravó y fue trasladado a Bogotá, donde murió en la unidad de cuidados intensivos del hospital La Misericordia.
“El niño no murió por una caída, sino por la falta de un medicamento que no se le suministró a tiempo”, sostiene su madre.
La salud es, así, el talón de Aquiles del petrismo en la campaña.