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Lunes 4 de mayo de 2026
Democracia representativa y participativa, un asunto de voces

Congreso de la República de Colombia.

Foto: Colprensa/Prensa/Redes sociales

Democracia representativa y participativa, un asunto de voces

La escritora y profesora Viridiana Molinares analiza los aspectos comunes, las diferencias y los mecanismos con que se desarrollan los dos sistemas de gobierno que hoy rigen la sociedad colombiana -la democracia representativa y la participativa-, y hace un diagnóstico de su actual estado de salud.

Por: Viridiana Molinares Hassan

Isócrates, considerado el gran maestro de retórica de la Grecia antigua, comparó la democracia con un cuerpo humano y, en el siglo IV a.C., luego de los desastres de las guerras, consideró que era una democracia enferma. Sin embargo, citado por Yidi Páez, autor de una novela con el mismo nombre del maestro, también aclaró:

(…) yo no soy partidario de oligarquías ni de gobiernos tiránicos, sino que deseo gobiernos justos y ordenados… Incluso las democracias mal establecidas son causa de menores desgracias y las bien organizadas sobresalen por ser más justas, más igualitarias y más agradables para quienes participan en ellas”.Isócrates, Areopagítico, VII,71

Siglos después, muchos seguimos eligiendo la democracia como, hasta ahora, la mejor forma de gobierno, incluso, en medio de situaciones críticas. Por ejemplo, la del anuncio, hace unos meses, del presidente Gustavo Petro de realizar reformas constitucionales a través de una asamblea constituyente, ante la falta de aprobación de las propuestas que ha hecho al Congreso. No obstante, por las críticas que recibió esta propuesta, el presidente parece haber descartado esta idea.

Utilizando la metáfora de Isócrates, que compara la democracia con un cuerpo humano, revisamos algunos aspectos sobre la salud y la enfermedad de la nuestra. Para hacer el diagnóstico presentamos sus aspectos comunes, en qué se diferencian y a través de qué mecanismos se desarrollan la democracia representativa y la participativa.

Partimos de que ambas plantean el reto de construcción de una Comunidad, frente al individualismo y excesivo capitalismo en el que transcurre la experiencia de la vida para cada persona. Me refiero a ‘comunidad’ como la unión de la sociedad política organizada, desde aspectos comunes, con respeto y protección a todo lo que nos diferencia.

Las voces y la voz

La democracia representativa y la participativa son formas de gobierno que se sustentan en el pueblo como poder constituyente. En ambas, el instrumento más importante es la voz, porque eso es la democracia, un espacio de unión de voces que dialogan sobre lo que nos une y nos separa con diferentes timbres, tonos, matices, intensidad y duración.

“La democracia, es un espacio de unión de voces que dialogan sobre lo que nos une y nos separa con diferentes timbres, tonos, matices, intensidad y duración”

En la democracia representativa, las voces de los gobernantes y los legisladores, que son nuestros representantes, se convierten en las de cientos de ciudadanos que los han elegido para que hablen en su nombre en espacios de deliberación y para que tomen las decisiones sobre asuntos públicos para toda la comunidad. En la democracia participativa, por el contrario, se configura una voz colectiva con las voces de los ciudadanos. Es decir, se configura una especie de coro decisor, que decide directamente sus asuntos.

Otra distinción consiste en que la democracia representativa está basada en un gobierno para el pueblo, que se concreta en que el pueblo cede el poder a representantes. En la democracia participativa gobierna el pueblo que, sin ceder el poder, manifiesta su voluntad de forma directa.

"En la democracia participativa gobierna el pueblo que, sin ceder el poder, manifiesta su voluntad de forma directa"

Ceder el poder

En la democracia representativa, la cesión del poder a los representantes se realiza bajo un proceso técnico-político, reglamentado en la Constitución, que integra aspectos como el censo electoral, los umbrales, tipos de voto, tipo de listas (abiertas o cerradas) que se elaboran para la elección, por ejemplo, de congresistas, circunscripciones electorales y sistemas de escrutinio.

Los representantes, que forman parte de partidos, movimientos políticos o grupos significativos de ciudadanos, deben presentarnos propuestas para el buen vivir de todos. Frente a estas iniciativas, nosotros, como electores que cedemos el poder de manera temporal, podemos ‘decidir’ la opción que nos resulte más apropiada. Todo esto se desarrolla en el marco de un sistema de valores democráticos, como la libertad, la participación, la solidaridad, la igualdad, la justicia y el bien común.

En Colombia, nuestros representantes son el presidente y la vicepresidenta, y los congresistas, concejales, diputados y ediles de juntas administradoras locales en aquellos lugares donde existan. Esta forma de gobierno hace posible que se tomen decisiones de forma más rápida que en la democracia participativa. Además, se establece de manera obligatoria un diálogo entre el gobierno y los congresistas, para hacer posible una buena administración. Sin embargo, no existen mecanismos específicos para determinar la responsabilidad política de estos representantes por parte de quienes les hemos entregado nuestra voz, al momento de elegirlos.

En la Constitución de 1991 se estableció que los congresistas son responsables políticamente ante la sociedad y los electores por el cumplimiento de sus funciones. Sin embargo, la única opción que tenemos como electores para sancionar a aquellos que no hayan cumplido con su labor de manera ética y responsable es negarles el voto en las próximas elecciones. En el caso del presidente y la vicepresidenta, aunque el Congreso tiene algunos mecanismos para establecer su responsabilidad política, nosotros como electores no contamos con ningún mecanismo directo para controlar lo que hacen con el poder que les hemos otorgado.

"La única opción que tenemos como electores para sancionar a aquellos que no hayan cumplido con su labor de manera ética y responsable es negarles el voto en las próximas elecciones"

Por otra parte, los ciudadanos que cedemos nuestro poder a los representantes para que hablen y decidan por ellos, debemos estar informados sobre a quién se lo cedemos y qué poder cedemos. Sin embargo, no a todos les interesa este tema o, a quienes les interesa, no siempre tienen acceso a información veraz. También existe el problema de las noticias o informaciones falsas que, incluso, en algunos casos, son generadas por los mismos representantes para desinformar y crear caos en los procesos electorales.

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Finalmente, el sistema de mercado, que se ha degenerado en la compra y venta de votos, también incide en la democracia representativa, incluso utilizando técnicas sofisticadas de verificación de la votación a favor del representante que compra los votos. Esta práctica genera gran preocupación sobre la legitimidad de los procesos democráticos, ya que puede socavar la igualdad de oportunidades y la representatividad en las instituciones democráticas. En Colombia, ya contamos con ex representantes condenados por esta práctica.

Manifestar la voluntad

El hecho de que la democracia participativa se constituya en un gobierno del pueblo se explica porque la población manifiesta su voluntad sin intermediarios. Como titulares del poder constituyente, se generan debates y se toman decisiones sobre temas comunes de manera directa. Se puede decir que es un verdadero sistema de autogobierno a través del cual la manifestación de voluntades individuales se convierte en una sola voz, en el coro decisor.

“En la democracia participativa, con las voces de los ciudadanos, se configura una especie de coro decisor, que decide directamente sus asuntos”

Con relación a la manifestación de la voluntad popular, los espacios de participación directa que dieron lugar al surgimiento de la democracia, como el ágora en Grecia, son ahora una realidad imposible de implementar. La dimensión de los Estados modernos y la alta densidad demográfica, hacen inviable realizar debates sobre asuntos públicos, tal como se llevaban a cabo en la antigüedad. Sin embargo, hoy en día contamos con mecanismos como referendos, plebiscitos, consultas, cabildos y otros, que permiten a los ciudadanos expresar su voluntad de manera directa sobre temas de interés público.

En Colombia, una de las promesas de la Constitución de 1991 fue la ampliación de la democracia participativa. Es decir, se intentó otorgar el papel protagónico en el gobierno democrático a nuestras voces, que conforman el coro decisor. Antes de esta fecha, nuestra democracia se basaba en la democracia representativa. La participación directa de la población se limitaba al plebiscito de 1957, que instauró el Frente Nacional. Entre los pocos avances en materia de participación directa en los territorios, hasta esa fecha, se destacaban la elección popular de alcaldes, implementada por primera vez en 1988, y la de gobernadores, en 1991.

Ahora contamos con diversos mecanismos de participación, entre los que debemos diferenciar aquellos que convoca el ejecutivo y el legislativo, y aquellos que convoca la ciudadanía. Esto es fundamental para ser críticos en los momentos en que se recurre a ellos, ya que, en varios casos, estos mecanismos se han intentado utilizar como estrategias políticas que desvirtúan su razón de ser: la generación de debate y espacios de decisión directa. Por el contrario, algunos gobernantes recurren a ellos para validar propuestas que incluso pueden ser inconstitucionales y antidemocráticas.

Así, en Colombia, el referendo, la revocatoria del mandato a alcaldes y gobernadores, el cabildo abierto y la iniciativa legislativa, pueden ser convocados por los ciudadanos, mientras que el plebiscito, la consulta popular y también el referendo, pueden ser solicitados por el gobierno.

Con relación a la Asamblea Constituyente, que es un mecanismo para reformar la Constitución, hay que tener en cuenta que el trámite para su convocatoria se inicia con la expedición de una ley por parte del Congreso. Sin embargo, son los ciudadanos quienes la convocan cuando al menos una tercera parte del censo electoral lo aprueba. Luego de aprobada y de que se realice la elección de los miembros que la integren, por parte de la población, estos se convierten en representantes que deben adelantar la reforma de acuerdo con las reglas establecidas en la ley mediante la cual se hizo la convocatoria.

No obstante, aunque contamos con varios mecanismos de democracia participativa, para algunos la promesa de ampliación de esta democracia se incumplió. Un ejemplo de ello es que, en 33 años, en nuestro país, se ha intentado revocar a varios alcaldes, pero sólo en un caso se ha logrado. También se ha tratado de convocar a referendos por parte de la población, pero sólo se logró la convocatoria que realizó el gobierno de turno en el año 2003, la cual no alcanzó el número de votos exigido en la Constitución para su aprobación. La experiencia más reciente fue el plebiscito para la aprobación del Acuerdo de Paz con las Farc, cuyos resultados todos conocemos.

El punto ciego de estos mecanismos reside en la complejidad de los trámites que se exigen para su realización. Por eso debemos seguir imaginando la democracia en espacios de participación directa.

El cuerpo de la democracia y la voz

No creo que haya sido casualidad que Isócrates fuera maestro de retórica. En una democracia, son necesarias las voces para persuadir o convencer en la búsqueda del buen vivir de todas las personas.

“En una democracia, son necesarias las voces para persuadir o convencer en la búsqueda del buen vivir de todas las personas”

Un cuerpo habla, incluso con gestos. Para mantener saludable nuestra democracia no podemos correr el riesgo de interpretar gestos. Hay que sacar la voz, y la voz del cuerpo en una democracia representativa es la voz de sus representantes. En la democracia participativa, es la voz de todas las personas que configuran un coro que decide directamente sobre los asuntos de la comunidad.

Estas voces pueden quebrarse en momentos de crisis, alzarse cuando sea necesaria la defensa de las instituciones, o guardarse cuando la sensatez lo exija. Pero para la salud de la voz es necesario no olvidar, ni siquiera bajo la más grande epidemia, que no podemos dejar que nuestras voces se conviertan en ecos disonantes.

Ahora, vuelvo a los griegos, pero esta vez desde los mitos. Recuerdo a la ninfa Eco, una joven divertida que, bajo las instrucciones de Zeus, se encargaba de entretener a Hera mientras él se escapaba como hombre soltero para serle infiel. Enterada, Hera la castigó quitándole la voz y condenándola a que sólo pudiera repetir la última palabra que escuchara. De ese mito heredamos la palabra ‘eco’.

En mi interpretación de este mito, Zeus representa la enfermedad del engaño, Hera la injusticia y, la más débil, Eco, termina convertida en una víctima. Afortunadamente, en democracia todas las personas tenemos VOZ, o al menos deberíamos tenerla para no enfermarnos.

*Si tiene algún comentario, por favor envíelo a este correo: [email protected].

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