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Alexis de Tocqueville y los dilemas de la democracia moderna
Casi dos siglos después de su obra escrita sobre el sistema político de Estados Unidos de entonces, el ensayista francés logró dar luces sobre los problemas democráticos de hoy y señalar la importancia de la vitalidad moral de los ciudadanos.
Por: Alejandro Gaviria
Alexis de Tocqueville escribió el primer gran ensayo moderno sobre la democracia. Publicado en dos tomos —el primero en 1835 y el segundo en 1840—, Democracia en América es un clásico que inauguró la ciencia política y ha tenido una amplia influencia sobre el desarrollo posterior de las ciencias sociales. Sigue siendo leído y discutido. Conserva, casi dos siglos después, una relevancia o urgencia inusual. Sobre Democracia en América, el ensayista estadounidense Joseph Epstein escribió lo siguiente: “Si el primer volumen es un trabajo significativo de ciencia política y sociología, el segundo va más allá: llegó a ser algo superior, una obra mayor en filosofía política”. Tocqueville poseía una mente inquisitiva, metódica, capaz de desentrañar las conexiones más sutiles entre las leyes y la cultura, y de predecir algunos de los problemas fundamentales de la democracia.
Especial Imaginar la Democracia
Nació en París, Francia, en julio de 1805, en el seno de una familia aristocrática. Algunos de sus tíos fueron pasados por la ‘barbería’ (como se le decía entonces a la guillotina) durante el Régimen del Terror. Sus padres se salvaron milagrosamente de ser ejecutados. Su juventud estuvo marcada por la Revolución, por el empobrecimiento de su familia y la caída del antiguo régimen. Fue un joven inquieto y precoz, con una gran avidez intelectual. “Poseía una mente que pensaba antes de aprender”, escribió uno de sus contemporáneos.
Estudió derecho de manera reticente, casi por obligación. Trabajó como auditor judicial durante las monarquías constitucionales que siguieron a la caída de Napoleón. En los juzgados parisinos conoció a Gustave de Beaumont, otro joven aristócrata que sería su compañero de viajes, publicaciones y aventuras políticas. Tocqueville era el pensador frío y analítico; Beaumont, su complemento, el abogado candoroso y afable. Juntos tuvieron la idea de viajar a Estados Unidos para conocer el sistema penitenciario de aquella democracia naciente. Salieron rumbo al nuevo continente en abril de 1831. Pasaron nueve meses viajando por todo el país: estuvieron en Nueva Inglaterra, los Grandes Lagos y llegaron hasta Nueva Orleans por el río Misisipi.
Tomaron notas exhaustivas sobre la vida social, las ciudades y los sistemas de transporte, y, por supuesto, sobre el sistema penitenciario (que fue la excusa para un peregrinaje intelectual). Conversaron con políticos —entre ellos el expresidente John Quincy Adams—, juristas, esclavistas, artesanos, mandatarios locales y pastores protestantes. Su interés principal era sociológico y político: ¿cómo vivía la gente?, ¿en qué creía? y ¿cómo funcionaba el gobierno? Joseph Epstein dice con razón que su curiosidad era acotada: “Si hubieran estado interesados en todo, Tocqueville no habría escrito un libro tan extraordinario”.
Su interés principal era sociológico y político: ¿cómo vivía la gente?, ¿en qué creía? y ¿cómo funcionaba el gobierno?
Tocqueville había estudiado derecho, pero su estilo, descriptivo y analítico al mismo tiempo es el de un sociólogo. Señaló la importancia de las costumbres sociales en el funcionamiento de la democracia, por encima incluso de las leyes y las instituciones formales. El filósofo noruego Jon Elster lo llamó, en un libro reciente que intenta conectar sus ideas con los problemas democráticos del siglo XXI, el “primer científico social”. Elster señala la gran densidad causal de los análisis de Tocqueville, su mentalidad científica. Democracia en América es, entre otras cosas, una mina de preguntas de investigación, de hipótesis claramente formuladas.
Tocqueville señaló la importancia de las costumbres sociales en el funcionamiento de la democracia, por encima incluso de las leyes y las instituciones formales
Los estudiosos de la obra de Tocqueville han llamado la atención repetidamente sobre las diferencias entre los dos volúmenes de Democracia en América. El primero, que fue un gran éxito de ventas —primero en Francia y después en Estados Unidos—, es optimista, casi celebratorio. Enfatizó los efectos positivos de “la igualdad de condiciones” que observó en Estados Unidos: la prosperidad material, la intensa participación democrática, el gran desarrollo de las instituciones locales y, en general, una suerte de dinamismo y furor social que, al menos para un europeo, parecía una especie de ventana al futuro, a un mundo nuevo, “tal vez menos brillante que la aristocracia, pero también mucho menos plagado de miseria”.
Señaló, asimismo, en este primer volumen, en medio del optimismo general, el peligro entrañado por la facilidad con la que los políticos, en su afán por conseguir votos, se “postran ante las mayorías”. Fue un crítico vehemente de la reelección presidencial, la cual, en su opinión, alejaba las decisiones públicas del interés general, dirigía todas las acciones de la administración pública hacia un objetivo político predominante y tendía “a degradar moralmente la nación, sustituyendo la sagacidad por el patriotismo”.
Señaló el peligro entrañado por la facilidad con la que los políticos, en su afán por conseguir votos, se 'postran ante las mayorías'
El segundo volumen, que no fue tan exitoso comercialmente como el primero, es más pesimista, más oscuro y especulativo, dominado por las reflexiones sobre las consecuencias indeseadas de la democracia y la igualdad de condiciones. Es como si, con el paso del tiempo, con los años transcurridos tras su periplo americano, la mente de Tocqueville (siempre en movimiento) hubiera entrevisto unas preocupaciones distintas. El segundo volumen, además, es más general, menos descriptivo. Tocqueville, más que sobre la democracia en América, escribió sobre la democracia en general o sobre el futuro de la democracia en Francia, su país.
Señaló la posibilidad de un deterioro gradual, pero inevitable, de la cultura democrática: una erosión de la participación política y las virtudes cívicas, así como el surgimiento de una uniformidad de pensamiento, de una forma de medianía intelectual. Advirtió también sobre la preponderancia del confort y la tranquilidad, la primacía de un hedonismo sin alma, como el que describiría, cien años después, Aldous Huxley en Un mundo feliz. Con todo, advirtió el riesgo de que la democracia se fuera tornando en un despotismo suave, en una sumisión voluntaria a un poder centralizado.
Y advirtió el riesgo de que la democracia se fuera tornando en un despotismo suave, en una sumisión voluntaria a un poder centralizado
En el segundo volumen, Tocqueville llamó la atención sobre los riesgos de una excesiva centralización, de una deriva antidemocrática que concentraría cada vez más poder en el gobierno federal y la burocracia estatal. Creía que la democracia (y la igualdad de condiciones) llevarían (i) al surgimiento de un gobierno poderoso, inspirado por ideas reivindicatorias que alimentarían, a su vez, la envidia y el resentimiento de los ciudadanos; (ii) al desplazamiento de las formas espontáneas de solidaridad por cuenta de los programas de gobierno y las políticas estatales; y (iii) a la excesiva dependencia del bienestar general de la regulación de la economía, las inversiones públicas y los subsidios. Cien años antes que Friedrich Hayek, Tocqueville describió la posibilidad de un camino hacia la servidumbre.
¿Son relevantes las advertencias de Tocqueville casi doscientos años después? ¿Pudo este joven abogado de mente inquisitiva anticipar las dificultades de las democracias modernas? Parcialmente. Recientemente, Francis Fukuyama, en un libro en el que critica los excesos del liberalismo económico, señaló que “una sociedad de individuos encerrados en sí mismos, ocupados en maximizar su consumo, no será una sociedad en absoluto”. Esta frase, usada por Fukuyama para describir y diagnosticar algunos de los problemas de la democracia de Estados Unidos, parece tomada directamente de Tocqueville. Reitera las preocupaciones entrevistas por este en el segundo volumen de Democracia en América.
Sin embargo, Tocqueville no avizoró el aumento de la desigualdad, la devastación socioeconómica de algunas regiones de Estados Unidos y el surgimiento de una élite cada vez más separada del resto de la sociedad. Si fuera a repetir ahora su periplo por Estados Unidos, la igualdad de condiciones no sería la característica más notable o conspicua de la democracia americana. Tocqueville sabía que los votantes enfrentan problemas para distinguir el mérito y los valores de los candidatos en contienda, pero probablemente se habría sorprendido de un presidente que logró el apoyo de las mayorías con un conjunto de políticas que perjudicarían a muchos de sus votantes más fervientes.
Sin embargo, Tocqueville no avizoró el aumento de la desigualdad, la devastación socioeconómica de algunas regiones de Estados Unidos y el surgimiento de una élite cada vez más separada del resto de la sociedad
Tocqueville previó varias de las características dominantes de la democracia de Estados Unidos y de algunas democracias occidentales: la apatía y la indiferencia hacia la política, la erosión de la sociedad civil y el individualismo rampante. Su sesgo aristocrático —la idea de que ciertas formas de heroísmo y grandeza iban a ser reemplazadas por sociedades de consumidores— también parece haberse materializado; por lo menos, forma parte de las críticas conservadoras más recurrentes a la sociedad moderna.
Tocqueville previó varias de las características dominantes de la democracia de Estados Unidos y de algunas democracias occidentales: la apatía y la indiferencia hacia la política, la erosión de la sociedad civil y el individualismo rampante
Tocqueville logró anticipar el sostenido crecimiento del sector público en las sociedades industriales, pero sobrestimó sus peligros: el supuesto camino hacia el despotismo y la servidumbre. El Estado paternalista ha crecido, sin duda, pero este crecimiento no ha anulado la libertad humana. Algunas corrientes libertarias insisten en esta conexión —Tocqueville es citado profusamente por conservadores, liberales y libertarios—, pero lo hacen sin evidencia, sin objetividad.
Y logró anticipar el sostenido crecimiento del sector público en las sociedades industriales, pero sobrestimó sus peligros: el supuesto camino hacia el despotismo y la servidumbre
En suma, Tocqueville anticipó que los problemas de las democracias modernas vendrían más de adentro que de afuera, que las grandes amenazas se incubarían internamente como consecuencia de la apatía, el individualismo y la gradual erosión de ciertas virtudes democráticas. Su figura, su independencia intelectual, su método —abarcador e inquisitivo—, e incluso su pesimismo sosegado, constituyen un modelo a seguir para los científicos sociales y los críticos de la democracia. Su obra da luces sobre los problemas de las democracias modernas y señala, de manera lucida y detallada, la importancia de la vitalidad moral de los ciudadanos.
Textos citados
Elster, Jon. Alexis de Tocqueville. The First Social Scientist. Cambridge, 2009.
Epstein, Joseph. Alexis de Tocqueville: Democracy’s Guide. Harper Collins, 2006.