Yamid Amat.
Foto: Jorge Restrepo
Esta es la historia de Yamid Amat, el periodista que revolucionó la radio y la televisión, y puso contra la pared a tantos personajes, contada por Patricia Lara y Armando Neira. Perfil de un reportero de leyenda.
Por: Armando Neira, Patricia Lara
—Su Eminencia, ¿usted cree que Camilo Torres se va a ir para el cielo o para el infierno? — le preguntó el periodista Yamid Amat, entonces reportero de Unión Radio, al Cardenal Luis Concha Córdoba quien, poco antes de que el cura guerrillero cayera en combate, le exigió que se apartara de inmediato de la Iglesia católica “por predicar una revolución violenta, actitud incompatible con su sacerdocio”.
Entonces el Cardenal lo miró fríamente y exclamó:
—¡Usted se para y se va!
Eso ocurrió en febrero de 1966. Entonces Yamid Amat era un reportero de 24 años nacido en Tunja, que había comenzado a trabajar en Radio Tunja, donde entrevistaba a parejas de enamorados a quienes les ponía canciones de amor en un formato que para la época era una novedad y causó sensación en la capital de Boyacá. De allí se trasladó a Bogotá, donde empezó a estudiar ingeniería química. Pero la situación económica lo llevó a dejar las clases y a trabajar en Radio Juventud. Allí hacía sonar vallenatos y comentaba las noticias relacionadas con los cantos de los juglares del Valle de Upar. En esa época, la televisión era incipiente y, buena parte del millón y medio de habitantes que tenía Bogotá, se informaba por la radio.
Yamid trabajó después en la emisora Monserrate, del grupo Unión Radio, que incluía noticias en su programación. Él creaba el contenido al sintonizar las emisoras más potentes, como Todelar, y de ahí tomaba las noticias, las adaptaba y las transmitía. Su gusto por los temas de farándula era evidente, aunque poco a poco empezó a interesarse por la política. En ese entonces, la sede del gobierno era el Palacio San Carlos, donde hoy queda la Cancillería, una bella edificación de relativo fácil acceso. Yamid iba a diario y se hizo muy amigo de la secretaria del presidente Carlos Lleras Restrepo, quien le filtró el texto de la reforma constitucional de 1968 que, en síntesis, volvía a Colombia un Estado moderno. Era la gran noticia del momento. Al echarla al aire, todos los reporteros de la época, que por entonces se vestían de paño negro y sombreros duros, empezaron a preguntar quién era ese periodista de nombre árabe, hijo de un hombre de origen palestino, Mahmud Ahmad, y de la boyacense Leonor Ruiz.
Por esos días, Jaime Ardila Casamitjana, quien el 21 de julio de 1965 había fundado el diario El Espacio, que también dirigía, conquistó a Yamid con una oferta tentadora: trabajar en el vespertino más innovador —porque contaba con una rotativa que le permitía imprimir ocho páginas a color— y publicaba sus historias de farándula en una página que tendría la audiencia garantizada. En efecto, el empresario le había comprado a una agencia británica los derechos de publicación de las fotografías de mujeres semidesnudas que, para la época, en una ciudad lluviosa y pacata, cuyos habitantes se enteraban de la hora por el repicar las campanas de las iglesias, era una auténtica novedad. Yamid empezó a escribir pequeñas informaciones junto a ‘la mona’, como le decían a la imagen de la modelo. Utilizaba el seudónimo de Juan Lumumba, en honor a Patrice Lumumba, líder anticolonialista y nacionalista congoleño asesinado en 1961. Era tan sarcástico y bien informado que le decían Juan sin miedo. Con su compañero de trabajo, Juan Guillermo Ríos, revelaban “exclusivas” de la política y de la farándula como ningún otro medio.
Yamid Amat ingresó a la televisión de la mano del maestro Alberto Acosta, en su programa TV Sucesos. En ese camino, trabó amistad con Alfonso López Michelsen, un político que hablaba francés e inglés con fluidez y podía citar de memoria páginas enteras de los clásicos de la literatura, pero que en realidad era feliz conversando de música vallenata y notas ligeras. Y, para ello, qué mejor interlocutor que Yamid Amat. López llegó a la presidencia de la república en 1974 y conservó con él una sólida amistad hasta el final de sus días. Ella influyó, sin duda, en que Yamid diera un salto profesional que alcanzó dimensión nacional: ocurrió que Consuelo Montejo, propietaria de El Bogotano, vio en Yamid las virtudes de un gran periodista y se lo llevó para su diario, de donde lo echaron precisamente por no atacar al mandatario liberal. Desempleado, llamó a López, quien lo recomendó con Fernando Londoño Henao, uno de los pioneros de la radio. Él lo nombró director de noticias de Caracol Radio, donde tuvo que soportar una huelga porque los periodistas creían que era una falta de respeto que un especialista en farándula fuera a dirigirlos. Londoño lo apoyó. Convocó a la redacción y dijo: “El que no quiera seguir, puede irse”.
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En 1978, Amat le propuso a Londoño cambiar la programación del jueves y viernes de Semana Santa, a partir de las 6:00 a. m., por un informativo sobre la historia de Jesús, que reemplazaría la música fúnebre que se escuchaba por costumbre mientras la audiencia guardaba estricto silencio y no se bañaba por temor a convertirse en pez. “Hicimos entrevistas en vivo con el padre Alberto Múnera, jesuita javeriano”, recordaría Amat en una entrevista con EL TIEMPO. La gente se estremeció. Pero admitió sin mucho reclamo que se cambiara el luto por el periodismo. El lunes siguiente, Londoño le dijo que le había gustado el cambio. Así, en la medida en que el programa fue aceptado por el país, Londoño le dio a Yamid vía libre para hacerlo hasta las 9 de la mañana y para contratar periodistas.
“Yo quería nombres de prestigio para atraer la atención nacional. Periodistas como Antonio Pardo García, Alfonso Castellanos, Julio Nieto Bernal y Carlos Ruiz. Y el mismo Fernando se encargó de contratarlos. Así nació 6AM 9AM, que rompió por completo la historia de la radio por iniciativa mía. Pero yo no habría podido hacer absolutamente nada si don Fernando hubiera sido un hombre conservador, tradicionalista, que no habría permitido cambiar la radio”, agregó Yamid.
Hasta ese momento, reinaban los locutores que se limitaban a leer los periódicos de la mañana y los cables de las agencias de noticias. Fue una verdadera revolución. En un país madrugador como Colombia, este periodista hizo que los ministros y todos los demás altos funcionarios del Estado pasaran por sus micrófonos para hablar en vivo antes de ir a la oficina. La radio se convirtió en el medio más vibrante, ágil y emocionante. En directo, mientras la audiencia preparaba su café, vestía a los niños y corría para el trabajo, el 21 de octubre de 1982 escuchó la voz de Yamid Amat decir, para orgullo nacional: “Urgente, Gabriel García Márquez acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, repito, Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura”. Y también en directo, mediante un puente de comunicaciones entre radioaficionados, el piloto Fernando Rivera le describió al aire, conteniendo las lágrimas, lo que estaba viendo en ese instante: “Armero quedó arrasado casi en un ciento por ciento. Armero ya no existe”: lo había sepultado la avalancha de barro producida por la erupción del volcán Nevado del Ruiz.
Pero sólo ocho días antes, el 5 de noviembre de 1985, el país se había estremecido al oír el eslogan habitual: “Cuando la noticia se produce, Caracol se la comunica. ¡Extra! ¡Extra!”, y al escuchar después la voz de Yamid Amat anunciando: “Urgente, acaba de ser tomada la Corte Suprema de Justicia” y, más tarde, al entender que Yamid le preguntaba “¿cómo está la situación?” al presidente de la Corte Suprema de Justicia, Alfonso Reyes Echandía, quien en medio del sonido de las balas respondía: “Necesitamos dramática y urgentemente que cese el fuego por parte de las autoridades”.
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Luego de que Yamid habló con el presidente de la Corte, los demás periodistas empezaron a llamarlo. Entonces, la ministra de Comunicaciones de la época, Noemí Sanín, como lo ha contado Amat en varias oportunidades, lo llamó y le manifestó que si seguía haciendo esas entrevistas, le cerraría la emisora.
Según consta en el informe de la Comisión de la Verdad, la ministra le dijo a Yamid Amat “que aun cuando no había resolución, era una orden. Él contestó que lo haría si los demás medios lo hacían. La ministra le replicó que si no interrumpía, le ordenaría al Ejército que se tomara la emisora y apagara los transmisores”.
Al final, mientras el Palacio ardía en llamas y la guerrilla del M-19 combatía con el Ejército, Yamid Amat, indignado, debió silenciarse y transmitir un partido de fútbol. Pero la transmisión del partido esencial que se estaba jugando en ese momento en el país había sido censurada. Entonces, poco después, caía abatido el presidente de la Corte, Alfonso Reyes Echandía, por las balas que, con los medios silenciados, el Ejército había acabado de disparar durante su contratoma del Palacio de Justicia, realizada para terminar con el comando del Movimiento 19 de Abril, M-19, autor de esa acción demencial a raíz de la cual murieron 111 personas entre magistrados, guerrilleros, funcionarios y visitantes del palacio.
Oiga el audio de esa transmisión
Esa capacidad para contar los hechos al instante, después, la quiso tener Yamid en televisión. Pero, en su momento, eso era imposible debido a que los horarios eran estrictos e inmodificables. Así que, cuando se fue de Caracol Radio y, en compañía de ese otro gran periodista y colega suyo en 6 a.m 9 a.m., Juan Gossaín, fundó CM&, se sintió frustrado: “Es un sufrimiento, soy poseedor de noticias que no puedo transmitir de inmediato”. Luego debía “estar enclaustrado media hora (la de la emisión) y las 24 horas que dedico al periodismo se me limitan a eso”, dijo alguna vez este obsesivo de la instantaneidad. “La radio es inmediatez y la televisión es un congelador. La radio es caliente, en cambio la televisión es fría porque si se produce un hecho a las cuatro de la tarde, hay que tenerlo guardado hasta las nueve y treinta de la noche cuando se emite el noticiero”, decía en aquella época.
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¿Cómo poder controlar a un león enjaulado con una noticia que no puede contar al instante? Yamid, sin embargo, lo logró. La audiencia, a la que antes había obligado a madrugar para escucharlo, ahora se trasnochaba con lo que él contaba: “El primer noticiero de Colombia que publicó un cheque de 4 millones de dólares girado a la campaña de Samper fue CM&. El primer noticiero de Colombia que entrevistó al señor Botero Zea —en la famosa entrevista en la que dijo que Samper sí sabía de los ingresos de los dineros de la mafia— fue CM&. También fue el primer noticiero de Colombia en entrevistar al señor Medina, revelando las supuestas o reales transacciones que se hacían para financiar la campaña”, contó él al enumerar el cubrimiento del proceso 8000 sobre la financiación del cartel de Cali a esa campaña presidencial.
“Con mucha tristeza, porque quiero al presidente Samper, quiero a su familia y lo quiero verdaderamente, tengo que responder que sí sabía. Es la verdad. Sí sabía”, le dijo Botero a Yamid. Pero de inmediato trató de salvar su pellejo y dijo: “Yo no tuve idea, yo no fui el autor intelectual ni el autor material, yo no recibí los dineros, yo no los distribuí”. Entonces Yamid, como siempre ágil y atento, lo arrinconó con su pregunta magistral: “¿Si usted no sabía de la presencia de dineros del narcotráfico, por qué sí sabía que Samper lo sabía?”.
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En aquellos tiempos pronosticaba: “Creo que cuando venga la televisión privada, la radio va a descender en importancia en Colombia, porque lo que masacra a la televisión hoy es el sometimiento a unos horarios de los cuales uno no puede moverse a nivel noticioso”. Por eso fundó Radio Net, una emisora con 24 horas de noticias transmitidas de forma ininterrumpida. Allí, sin embargo, en su propia emisora, no pudo dar una de las noticias más dolorosas que se han dado en el país. Fue en la emisión del 13 de agosto de 1999 cuando sicarios enviados por Carlos Castaño asesinaron a su amigo del alma, Jaime Garzón. Yamid gritaba: ¡Mataron a Jaime! ¡Mataron a Jaime! Entonces otros periodistas entraron a la cabina y trasmitieron la triste información mientras Yamid, afuera, lloraba desconsolado. Luego, con la aparición de los canales privados, asumió la dirección de Caracol TV, donde volvió a rejuvenecer. e Se veía muy feliz porque tendría a su cargo cinco noticieros al día. En paralelo, cada domingo sin falta enviaba su entrevista para la edición dominical de El Tiempo, la cual continúa publicando.
No hay otro periodista en Colombia que haya sido tan exitoso por tanto tiempo en radio, prensa y televisión. Por eso, todos los grandes comunicadores de este país le dicen “Maestro”. Es que de una u otra forma él les ha marcado el sendero.
Pero Yamid Amat tiene otra característica: aparte de sus rabietas profesionales, y además de llevar el periodismo en las venas, como le dijo a CAMBIO su exesposa, la periodista Amparo Pérez, “él nunca ha abusado de su poder para acabar con alguien”. Será por eso que otro maestro del periodismo que es Felipe López también le dijo a CAMBIO: Yamid Amat “es tal vez el único periodista que después de más de 50 años de carrera, no tiene enemigos”.
Con la aparición de internet, Yamid siguió en lo suyo, aunque las audiencias ahora se repartan entre las redes sociales, los podcasts y los lives. Pocos han tenido su constancia para mantenerse vigentes.
Hoy, por ejemplo, no puede estar más de 20 minutos sin oxígeno debido a un epoc que le ha afectado parte de su aparato respiratorio. Pero en sus entrevistas, esas que hace en su programa Pregunta Yamid, cuando el personaje es muy interesante —como le pasó recientemente con el presidente de la JEP—, se olvida de esa exigencia médica y sigue adelante. Y, como si fuera poco, saca minutos extra para continuar dando instrucciones y escribiendo titulares, una pasión que mantiene.
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Nadie sabe cuántas entrevistas ha hecho en su carrera Yamid Amat. Son miles y miles. Tantas que ni siquiera él puede calcular ni escoger la mejor: “Todas, sin excepción. Es como cuando uno tiene varios hijos, no puede decir cuál le gusta más. Cada entrevista es un universo y todas tienen un atractivo para mí. Todas tienen sus ventajas y sus errores. Para mí son pequeños grandes hijos”, le dijo hace unos años a Semana. En esa charla, eso sí, contó cuál de todas lo había dejado más triste: “La de Luis Fernando Montoya fue dolorosísima, muy humana y muy dolorosa por la situación de incapacidad física en que se encontraba cuando yo lo entrevisté. Estremece por dolorosa, y se llena uno de amor por él. Y, sobre todo, de admiración por la manera estoica y valiente en la que enfrenta su desgracia”, dijo sobre el técnico que quedó cuadripléjico por un disparo de un atracador, 10 días después de la final de la Copa Continental, en la que Once Caldas perdió contra Porto.
Frente a Yamid han pasado durante seis décadas todos los personajes clave de la agenda informativa de un país con tan abundante riqueza noticiosa como Colombia. Desde empresarios distantes y poderosos, que saben que con él garantizan llegar a la audiencia más influyente, hasta esta nueva oleada de congresistas del Pacto Histórico, como la líder indígena Martha Peralta Epieyú quien, tan pronto se sentó en su mesa frente a él, exclamó: “Es un sueño hecho realidad”.
Para Yamid Amat, su trabajo como reportero es lo que le da sentido a su vida. Y hoy, cuando en ocasiones no se le entiende con claridad lo que dice y los programas de humor incluso han hecho personajes de esta circunstancia, él se ríe y sigue adelante. Como lo ha hecho después de haber cometido errores famosos, empujado por el síndrome de la chiva, como aquel que cometió cuando anunció que había habido un “maremoto en Bolivia”.
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Dentro de un mes, después de 33 años de emitir de lunes a viernes, su Noticiero CM& dejará de salir porque las deudas lo pusieron en aprietos y el grupo español Prisa hizo una negociación con el Canal 1 para transmitir por él toda la programación de sus emisoras de radio, Caracol y La W.
Sin embargo, ahora que CM& cambia de dueño, Yamid, -cuentan sus colaboradores cercanos-, seguirá haciendo entrevistas.
¿Hasta cuándo?
—Hasta que se muera —afirman quienes lo han visto vibrar con los goles de Santa Fe y enfurecerse porque se le adelantaron con una chiva, un dolor que para él supera el de cualquier enfermedad.
Así, este maestro de la reportería; esta leyenda de la radio; Yamid Amat, el jefe, como le dicen quienes han tenido la fortuna de formarse a su lado y de constatar que él es y ha sido el mejor; a pesar de su enfermedad, hasta el final de sus días seguirá siendo ese reportero incomparable que comenzó hace más de sesenta años a revolucionar, con su agudeza y su olfato para descubrir las noticias, el periodismo de Colombia y, por qué no, del mundo.
Así que adelante: ¡Pregunta, Yamid!