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Lunes 4 de mayo de 2026
Lecciones y elecciones: ¿Qué significa la victoria de Trump para 2026 en Colombia?

Donald Trump.

Foto: Colprensa/Prensa/Redes sociales

Lecciones y elecciones: ¿Qué significa la victoria de Trump para 2026 en Colombia?

Gabriel Silva Luján, exministro de Defensa y exembajador de Colombia en Estados Unidos, analiza para CAMBIO el fenómeno de la victoria del candidato republicano. ¿Por qué ocurrió y cómo se puede entender?

Por: Gabriel Silva Luján

El seis de noviembre el mundo amaneció diferente. Al despuntar el alba ya se sabía que Trump era presidente electo de los Estados Unidos de América. Contra el pronóstico de muchos y desafiando las esperanzas de millones, el candidato republicano obtuvo un triunfo contundente que superó incluso sus propias expectativas. Sin embargo, la sorpresa no provino tanto del hecho de que el expresidente republicano obtuviera la victoria. No señores, eso se sabía que podía pasar. El estupor generalizado y el desconcierto de los analistas se generó mucho más porque ocurrieron impensables, se demolieron certidumbres y se desmoronaron verdades electorales consideradas inamovibles.

Ahora viene lo inevitable que es preguntarse por qué ocurrió lo que ocurrió y tratar de entender lo que pasó. Los analistas, los académicos y los ciudadanos del común seguiremos dándole vueltas al asunto por mucho tiempo. Sin embargo no solo en esos escenarios existe la urgencia de entender. En este momento en todas las democracias del mundo los políticos tratan de dilucidar la fórmula mágica de Trump. Donde se aproximan elecciones los aspirantes babean pensando en cómo reproducir la poderosa alquimia que le permitió a Trump convertir tantos votos históricamente demócratas en sufragios a su favor.

Al pasar por el tamiz los análisis de las fuentes más reconocidas y reputadas es posible decantar aquellos vectores que fueron definitivos en la construcción del triunfo de Trump. Y una vez identificados viene el ejercicio más interesante. ¿Cómo se expresan estos determinantes electorales en el caso colombiano y cuáles vertientes políticas demuestran una propensión a usarlas o tienen el mayor potencial de hacerlo de cara al 2026?

Vector 1. Victimización y poderes ocultos

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Una de las ideas-fuerza sobre las cuales Trump empezó a construir su victoria es que hubo una conspiración para impedir su llegada al poder. Desde los bochornosos hechos del 6 de enero nunca dejó de presentarse como una víctima del Deep State y de la administración Biden. Para Trump los procesos civiles y penales en su contra no eran más que el uso de la justicia como arma para anularlo. Los atentados contra su vida le añadieron un dramatismo y una veracidad inusitada a la hipótesis de que Trump era un paladín heroico que estaba en riesgo de ser eliminado por sus deseos de cambio.

No deja de sorprender el paralelismo que existe entre esta estrategia y la narrativa que viene construyendo el propio presidente Gustavo Petro desde hace meses. En múltiples trinos, declaraciones y discursos se ha presentado como la víctima de un intento de golpe de Estado fraguado por los enemigos ocultos del cambio. Incluso, se han denunciado ante el cuerpo diplomático conspiraciones judiciales para separarlo del poder. También han existido rumores y advertencias de posibles intentos de asesinato. No parecería existir duda de que quien sea el futuro candidato presidencial del Pacto Histórico apelará a esta narrativa de persecución con el propósito de justificar el mantenimiento de ese proyecto político en el poder.

Queda por ver si el uribismo va a usar el mismo camino. Si el resultado de los procesos en curso contra el presidente Álvaro Uribe resultasen adversos, sus alfiles difícilmente se resistirán a la tentación de victimizar al Centro Democrático y a su líder histórico. No han sido menores los intentos del gobierno de poner cortapisas a la oposición por lo que el tema de la persecución política estará muy presente en la campaña del 2026. ¿Quién recibirá el dividendo de constituirse en víctima? Por ahora va ganando el petrismo.

Vector 2. Insensibilidad colectiva a los “tropezones” éticos y legales

No es necesario hacer un recorrido muy exhaustivo sobre las conocidas falencias éticas, morales y de comportamiento del presidente elector Donald Trump. Basta con señalar que ha sido condenado a pagar sumas significativas de dinero como consecuencias de una acusación de violación. No es la única denuncia asociada a comportamientos abusivos o predatorios hacia las mujeres y existen múltiples historias en tabloides sensacionalistas sugiriendo situaciones de infidelidad. Igualmente, su grupo empresarial fue condenado por falsear estados financieros y sus declaraciones de impuestos han sido expuestas con señalamientos de que no son ajustadas a la verdad. Además fue condenado por treinta y cuatro delitos asociados con el pago de dineros a una actriz porno y con sus esfuerzos por esconder los hechos.

Para quienes han seguido la política gringa no deja de ser asombroso el hecho de que en una sociedad tan manifiestamente religiosa y pacata -por lo menos de dientes para afuera- ese historial que no es corto haya tenido un impacto tan modesto sobre el electorado. De hecho el voto religioso evangélico respaldó en una proporción abrumadora a Trump. No son pocos los políticos y candidatos exitosos que han caído en desgracia ante hechos que son bastante insignificantes ante los que se le atribuyen a Trump.

En estas elecciones se manifestaron niveles mucho más altos de tolerancia colectiva a los “tropezones” legales, éticos y morales del candidato ganador. El esfuerzo de Kamala Harris y los demócratas por golpear a los republicanos con estos asuntos personales no tuvo un impacto relevante sobre el resultado electoral.

Aunque en Colombia el que esté libre de pecado que tire la primera piedra, es evidente que hay una cadena de hechos de corrupción que involucran incluso al hijo del presidente en ejercicio. Además, es de conocimiento público su impuntualidad reiterada nunca suficientemente aclarada. En el tema del comportamiento personal, al igual que con el caso de Trump, existen señalamientos y consejas bastante difundidas en el sentido de asuntos non sanctos.

¿Qué nivel de indiferencia tendrá la opinión pública a estos asuntos de cara a 2026? Históricamente se observa que el electorado colombiano se comporta con una actitud bastante tolerante frente a los asuntos personales y operando bajo la premisa de que “todos son iguales”. La tolerancia colectiva demostrada en el caso de Trump no será muy diferente por estas latitudes. La cultura católica del perdón, el que reza y peca empata, también contribuirá a ese desdén por las falencias éticas de los candidatos. Esto no quiere decir que no exista claramente una ventaja importante para un candidato que pueda sostener de manera creíble que en esos aspectos también representa un cambio frente a sus contrincantes y frente al partido de gobierno.

Vector 3. La “revolución permanente”

Las campañas convencionales en los Estados Unidos se inician con las primarias de los partidos que empiezan hacia marzo del año electoral. En el caso de las elecciones recientes en los Estados Unidos ocurrió una situación atípica. El expresidente Trump se sometió exitosamente a las primarias de su partido. Sin embargo, la campaña trumpista se inició desde el mismo día en que perdió de las elecciones de 2020 y luego con el asalto al capitolio en enero 6 de 2021. Es decir, Trump condujo una campaña sin pausa que duró los cuatro años.

Desde que emergió del “búnker” de Mar-a-Lago, unas semanas después de la derrota, no ha cesado de hacer campaña con una consistencia admirable. Emprendió el rumbo a la Casa Blanca hace cuatro años con absoluta disciplina en los mensajes y la estrategia. Muchos analistas señalan que esa táctica de “revolución permanente”, agitando la opinión sin descanso, explica en gran medida los favorables resultados.

Kamala Harris pasó de vicepresidente a candidata de manera súbita y en un santiamén. La campaña duró escasamente tres meses. Además heredó la desastrosa campaña de Biden que no solo fue mala sino trágica. En cuanto a posibilidades de victoria, dada la duración de las respectivas campañas, era toche contra guayaba madura.

Hay un gran debate entre expertos, asesores y politólogos sobre cuál debe ser la duración óptima de una campaña. Algunos hablan del agotamiento si se empieza demasiado temprano; otros argumentan a favor de que un candidato debe emerger al final como un as ganador. Si se mira la duración del periplo electoral de Trump, su exitoso resultado sugeriría que una campaña prolongada es más eficaz. Obviamente asumiendo que existen los recursos económicos suficientes para sostener el empeño.

Si las campañas largas son más eficaces, ¿quién se vería favorecido por esa circunstancia en las elecciones criollas del 2026? En primer lugar el partido de gobierno. El propio presidente Petro ha reiterado que un propósito fundamental de su gestión es el de obtener la victoria en 2026 y manifestó que incluso estaba dispuesto a considerar la reelección.

La Casa de Nariño está más enfocada en las próximas elecciones que en la misma administración de los asuntos públicos. La intervención directa del mandatario en la suerte del Pacto Histórico y el ejercicio permanente de su condición de jefe de debate del petrismo indican que llegarán a 2026 con mensajes, organización política y campaña montada.

En el lado de la derecha y el centro derecha, aunque se observa mucha menos coordinación, se debe reconocer que tanto el Centro Democrático como Cambio Radical han hecho un trabajo de oposición consistente. En contraste, el centro y el progresismo no petrista hasta ahora parecerían dedicados a la contemplación. La ausencia en el centro de precandidatos claros, de una organización política a la cual acogerse, de reglas de competencia y la evidente ambigüedad ideológica sugieren que la cuesta será difícil para constituirse en opción frente a los otros segmentos del espectro político.

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Vector 4. La obsoleta defensa de la democracia

Los hechos del 6 de enero de 2021 terminaron por confirmar que Trump no tenía particular aprecio por la vigencia de las instituciones democráticas. Desde el momento en que el entonces presidente tomó el camino de no aceptar la victoria del presidente Biden empezó un proceso que puso en riesgo la transición pacífica del poder en los Estados Unidos.

En la campaña Trump y el partido republicano derivaron hacia una retórica autoritaria llegando incluso a insinuar que una vez en la Casa Blanca el presidente asumiría poderes dictatoriales. Varios de sus exfuncionarios llamaron a Trump un “verdadero fascista”. El antecedente en el que desde la Oficina Oval se intentó movilizar al ejército para someter las marchas del Black Lives Matters terminó por confirmar para muchos que la reelección de Trump constituía una seria amenaza para la continuidad de la institucionalidad democrática.

Kamala Harris y sus asesores consideraron que el riesgo que representaba Trump para la democracia era una motivación suficiente para que aquellos electores que incluso tenían una opinión negativa de Biden se “taparan la nariz” y votaran por ella. En la práctica, como lo demostraron las “exit polls”, solo un 15 % de los electores consideraron que la defensa de la democracia era razón suficiente para darle su voto a la candidata demócrata.

A nivel global -y Colombia no es la excepción- se ha visto un deterioro del aprecio colectivo por la democracia. Hay una gran frustración con la incapacidad e ineficacia de ese modelo político e institucional para resolver los problemas de la gente. El desapego con la democracia es aún mayor entre los jóvenes.

En ese entorno, ¿qué narrativas políticas salen privilegiadas de cara a 2026? Sin duda el petrismo ha construido una estrategia -liderada por el propio presidente Petro- para desprestigiar y deslegitimar la democracia colombiana. En múltiples ocasiones Petro ha manifestado que este orden político es la continuidad del régimen de esclavitud y explotación que lleva más de doscientos años. Para quienes se la van a jugar por la defensa de la democracia y la Constitución de 1991 les va a tocar cuesta arriba.

Vector 5. Temas transversales, discursos nacionales

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El mantra de los asesores y expertos en comunicaciones electorales es segmentar, segmentar y volver a segmentar. La teoría supone identificar al nivel más específico posible los intereses, el comportamiento y las agendas de los electores para hacer mensajes diseñados a la medida de cada uno. Esos mensajes “micro-targeted” deben acercar íntimamente al líder con el ciudadano y hacer sentir a este último que el candidato está totalmente identificado con su realidad concreta.

En las elecciones presidenciales de 2024 ese enfoque estalló en pedazos. La campaña de la vicepresidente Harris gastó cientos de millones de dólares precisamente en ese tipo de campaña. Sus ofertas de política y sus mensajes estuvieron segmentados y enfocados de tal manera que la sensación que quedaba es que no tenía idea sobre las políticas generales que necesitaba el país.

Nathan Heller, analizando las elecciones de 2024, escribió recientemente en The New Yorker (noviembre 13, 2024) que “Por años los demócratas han buscado ganar las elecciones enfocándose en datos y mensajes dirigidos a micro-comunidades. ¿Qué tal si más bien el secreto es sembrar grandes y chapuceras nociones políticas a nivel nacional?” Esto fue lo que hizo Trump con temas como los inmigrantes ilegales que comen mascotas y violan niñas, o con que la economía estaba destruida o que Biden iba a iniciar una guerra nuclear. Ese enfoque derrotó la estrategia de segmentación en la que creyeron por siempre los demócratas.

En Colombia es difícil predecir cuál será el camino de las distintas campañas y candidatos en materia de conducción de su estrategia. Hasta ahora están calentando motores. Sin embargo, la tendencia que se observa en las campañas de quienes son candidatos de los partidos de gobierno es que existe una fuerza de gravedad que los atrae a concentrarse en las audiencias más locales, gremiales o específicas que han sido beneficiarias de los programas, dádivas y recursos irrigados por el gobierno. Es decir, el petrismo amarrado a sus pequeños logros sería más vulnerable a las narrativas amplias y transversales. No es difícil imaginarse algunos delicados y preocupantes asuntos nacionales que trasnochan a todo el país y que pueden ser esgrimidos con éxito por la oposición.

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Vector 6. Segundas partes nunca fueron buenas

El conocido adagio del mundo del cine parece tener también su aplicación a la política. Aunque importantes analistas en los Estados Unidos consideran que el hecho de que un partido esté en el poder le puede dar una ventaja electoral decisiva, esa regla aplica más que todo a los presidentes que buscan la reelección. El “incumbent power” es muchos menos evidente cuando se trata de un candidato distinto al presidente en ejercicio pero de su mismo partido.

La historia ha demostrado que en los Estados Unidos son escasas las ocasiones en que un presidente en ejercicio le entrega el poder a alguien de su mismo partido. La favorabilidad del presidente actuante es quizás la variable más decisiva. El caso emblemático es el de Ronald Reagan que deja el gobierno con una popularidad superior al 65 por ciento y le entrega el poder a su vicepresidente George Bush. Nunca ha sido reelegido un candidato del partido de gobierno si la popularidad de su predecesor está por debajo del 40 por ciento. La vicepresidente Harris fue víctima sin duda de la impopularidad de Biden y de la intensidad de la ira de muchos sectores medios y populares contra su gobierno.

En América Latina la cosa es un poco distinta dado que el clientelismo y el paternalismo estatal aún tienen una incidencia significativa en el comportamiento electoral. Aun así,
en la medida en que la relación con el Estado se diluye con la modernidad y la masificación de los medios de comunicación, esa “dependencia” paternalista de los ciudadanos se vuelve cada vez menos relevante. Por ello también en las democracias de la región la favorabilidad del gobierno en ejercicio asume hoy un papel que puede ser decisivo.

¿En 2026 ocurrirá en Colombia lo que pasó con Ronald Reagan o más bien lo que se vivió ahora con Kamala Harris? En el fondo lo que estamos diciendo es que la probabilidad de que un candidato del Pacto Histórico suceda a Petro está en manos del desempeño de la imagen del propio presidente en ejercicio. Si se aplica lo observado históricamente en las elecciones gringas, la favorabilidad de Petro (+- 40 %) estaría hoy en el límite de lo necesario para que lo sucediera su propio partido. Obviamente esa es una condición necesaria pero no suficiente. No sería de extrañar que el gobierno y la agenda presidencial de ahora en adelante se condicionen prioritariamente al criterio supremo de mejorar la favorabilidad del presidente.

Vector 7. A su imagen y semejanza

La política estadounidense no ha estado exenta de sus resbalones caudillistas. Sin embargo, por lo general ha sido un sistema político altamente institucionalizado con partidos fuertes y organizaciones políticas modernas caracterizadas por procesos democráticos internos. La llegada de Trump cambió todo eso.

Desde la derrota de 2020 Trump se dedicó a tomarse el partido republicano para luego rearmarlo a su imagen y semejanza. Hoy es un partido construido sobre una disciplina estricta donde cualquier disenso es castigado con el ostracismo y el marginamiento. Todo aquel que se atreva a desafiar o cuestionar a Trump no tiene espacio en la colectividad. Ya no es un organización político-partidista sino una estructura -casi obsecuente- al servicio del caudillo.

En muchos de los análisis se arguye con razón que los exitosos resultados electorales tienen mucho que ver con la férrea unidad de propósito entre el candidato y los líderes estatales y locales. La disciplina partidista en respaldo a Trump fue absoluta. La amplificación de su mensaje retumbó hasta en los rincones más apartados del universo republicano.

No en vano se entiende el por qué de la permanente obsesión del presidente Petro con la transformación del Pacto Histórico. Se trata de convertir una alianza pluralista y diversa en un partido monolítico. Incluso la reforma política está concebida para disuadir los movimientos independientes y minimizar el disenso al interior de las colectividades partidistas. Entonces, si contar con un partido férreamente disciplinado es clave para la victoria, como lo demostró Trump, el petrismo va bien adelante de todos los demás. Sin duda le siguen el Centro Democrático y Cambio Radical que tienen iguales acentos caudillistas. En la cola van los candidatos y partidos de centro, medio desbaratados por sus lealtades difusas con el gobierno, sus divisiones y las múltiples candidaturas sin ninguna organización política que las respalde.

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Vector 8. Medios, mentiras y 'fake news'

En la elección presidencial de 2024 se expresaron de la manera más contundente, con todas su fuerzas, las nuevas realidades que determinan las relaciones entre medios de comunicación y política. El expresidente Trump desarrolló una campaña permanente denunciando a los medios tradicionales como agentes de las élites, como voceros de los poderosos, al servicio del establecimiento demócrata y de los intelectuales “woke”. Acusó permanentemente a CNN, el New York Times, el Washington Post y a muchos más de ser propagadores de fake news contra él y sus seguidores. Amenazó con que de llegar al poder haría valer su autoridad para retirar frecuencias, imponer sanciones y censurar mentiras.

En contraste Trump elevó a niveles insospechados la relevancia a sus cadenas amigas, como Fox News, y empoderó a los medios alternativos activistas que propagan comprobadas mentiras sobre conspiraciones y raras teorías sobre toda clase de temas. En nada a Trump también le da por nombrar a los influencers que lo apoyaron en las embajadas. Su presencia en las redes se vio reforzada cuando Elon Musk dueño de X puso a su servicio dicha plataforma. La campaña utilizó de manera muy eficaz los medios alternativos como Tik-Tok. Muchos análisis le atribuyen a esa estrategia el haber logrado el deslizamiento de hombres jóvenes, latinos y negros hacia su candidatura.

El presidente Trump es un “showman” con una capacidad histriónica sobresaliente y con un sentido del espectáculo y del manejo de multitudes excepcional. Criado en el mundo de la televisión, en el cual el más importante atributo es cómo se registra en cámara, ha resultado ser un monstruo para el manejo del público. El contraste entre la puesta en escena del candidato republicano y las acartonadas apariciones públicas de Kamala Harris fue dramático. La retórica de Trump, aunque vacía de grandes planteamientos e ideas, tiene con frecuencia un impacto hipnótico en sus espectadores. Sin ningún reparo por la verdad, Trump logra convencer de las teorías mas irracionales a sus seguidores. Nos suena conocido por estas tierras.

Los resultados electorales en Estados Unidos confirman que un factor decisivo en la “nueva política” es la capacidad de utilizar las redes de manera que movilicen a los votantes. Ya veremos cuáles de los candidatos y sectores políticos en Colombia podrán demostrar eficacia y capacidad suficiente para hacer de las redes una herramienta electoral. Por ahora no se puede negar que Gustavo Petro y varios de los líderes del Pacto Histórico tienen mayores recursos de influencia en redes en comparación con sus potenciales competidores.

Sorprende la similitud de la estrategia de Petro con la de Trump en su esfuerzo para deslegitimar y descalificar todo periodista o medio de comunicación que le hace oposición o lo critica. El triunfo de Trump se construyó sobre la difamación de los medios liberales y más convencionales. Los candidatos de otros sectores políticos ya no podrán depender exclusivamente de estos si quieren hacerle contrapeso al petrismo.

Vector 9. Las mujeres no le pertenecen a nadie

Asumir respaldos en una elección es siempre una fórmula para la decepción. Kamala Harris presumió que por ser mujer tendría de manera prácticamente automática la solidaridad de género y que esta se traduciría en votos. Una de las grandes sorpresas fue que Trump obtuvo el respaldo electoral de grupos de mujeres tradicionalmente afiliados al Partido Demócrata. Algunos análisis señalan que el exceso de énfasis sobre el asunto del aborto pudo haber distanciado a algunas mujeres no porque no creyeran que era un tema fundamental sino porque consideraban que sus necesidades y preocupaciones iban mucha más allá. La dura lección que aprendió la candidata demócrata es que las mujeres votantes no le pertenecen a nadie.

Las candidatas mujeres para la presidencia en 2026 deben tener cuidado con presumir que esa condición les garantiza el voto femenino. El Pacto Histórico enfrentará dificultades en este frente por cuanto hay muchos cuestionamientos en materia de nombramientos por haber escogido el presidente Petro a muchos colaboradores con antecedentes dudosos y acusaciones de violencia y acoso. Este es un tema en el que los candidatos y alternativas del centro político podría tener una ventaja significativa.

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Vector 10. Vocería de los indignados

Trump fue un fenómeno político que logró convertirse en el vocero de los indignados contra el sistema político y los afectados por los cambios económicos y sociales de la última década. Muchos sectores y grupos de clase media afectados por la inflación, el desempleo y la pérdida de estatus social sienten con bastante razón que el sistema y las élites los han traicionado. Están convencidos de que la promesa del sueño americano se ha vuelto una falacia para ellos mientras otros como los migrantes ilegales, los banqueros, los especuladores y los intelectuales han sacado ventaja. Trump tuvo la intuición política y la capacidad de convertir ese sentimiento de ira en una narrativa articulada a un proyecto político victorioso.

Guardadas las proporciones es lo que desde el poder han intentado hacer el presidente Petro y los líderes del Pacto Histórico. Una vez en la Casa de Nariño, la narrativa de unidad, cambio y esperanza que los llevó al poder se ha transformado en una retórica de lucha de clases y conflicto social. Petro quiere llegar a 2026 con los sectores populares envenenados contra una historia de 200 años de esclavitud por parte de una élite indolente y abusadora. Y que solo el poder absoluto y la extirpación de esos enquistados permitirá el cambio. Él quiere el poder, el gobierno no es suficiente para realizar las transformaciones.

¿Puede algún sector político o candidato disputarle esa narrativa a Gustavo Petro? Quizás competir con el Pacto Histórico en el terreno de la representatividad popular no sea fácil. Sin embargo, los hechos son tozudos y así como en los Estados Unidos fueron las difíciles realidades económicas y la inflación las que le dieron vida a la narrativa de Trump, en Colombia la acumulación de dificultades generadas por el mal gobierno podrían reducir a retórica vacía la pretensión del petrismo de ser el vocero de los sectores populares. Por ahora, no se puede negar que quienes de manera deliberada o sin proponérselo han aprendido mejor las lecciones electorales de Trump no están precisamente por los lados del centro o de la derecha.

@gabrielsilvalu.

Finalización del artículo