Felipe López Caballero, fundador de la revista Semana.
Ilustración: Jorge Restrepo H.
El legendario periodista, fundador de la revista Semana, le confesó a CAMBIO sus preocupaciones sobre el panorama político que se avecina. Felipe dice que el peor daño que Petro le hizo al país fue cambiar la narrativa de la historia de Colombia, sembrando odio en las nuevas generaciones por satanizar todo lo que hubo antes de él. Afirma que si las elecciones las ganan Iván Cepeda o Abelardo De la Espriella, podría desatarse una suerte de “guerra civil”.
Por: Federico Gómez Lara
CAMBIO: A usted nunca lo han podido ubicar ideológicamente. ¿Finalmente usted es de izquierda o de derecha?
Felipe López Caballero: Cuando hacía Semana yo era izquierda y ahora que estoy retirado soy de derecha. O bueno, se lo matizo: era de centro izquierda y ahora soy de centro derecha. Creo que parte de ese giro se lo debo al gobierno Petro.
CAMBIO: Faltando ya pocos meses para que se acabe el mandato de Gustavo Petro, su popularidad sigue bastante sólida. ¿Cree que estamos ad portas de un segundo gobierno de izquierda?
F.L.C.: No. Todavía no sé quién va a ganar. Pero si llegara a ser Iván Cepeda, no sería el segundo gobierno de izquierda sino el primero. Porque el que está terminando ha sido más bien un reality de izquierda.
CAMBIO: ¿En qué sentido?
F.L.C.: Es que Petro nos ha acostumbrado a una cantidad de cosas rarísimas: discursos cósmicos interminables, ráfagas de trinos incoherentes al amanecer, desapariciones de días enteros, ministros agarrados de las mechas, megáfono en las calles de Nueva York, burdel en Lisboa, actor porno con ministerio y paseo romántico por Panamá. Dígame si eso no es un reality. Por lo tanto, si Cepeda llegara al poder, conoceríamos lo que es un gobierno de izquierda serio. Eso tiene preocupados a muchos.
CAMBIO: ¿Usted es de los que le tiene pánico a Iván Cepeda y lo considera un comunista dogmático y el candidato de las Farc?
F.L.C.: Yo no quiero meterme en el debate del candidato de las Farc y el comunismo. Además, el hecho de que Cepeda haya crecido en un entorno comunista lo ha puesto en una posición privilegiada para ser testigo de primera mano del colapso y del estruendoso fracaso de esa ideología en Cuba y Venezuela, los dos grandes experimentos igualitarios de Latinoamérica en el siglo XX. Por sus antecedentes, él conoce esas catástrofes mejor que usted y yo.
CAMBIO: Pero no me ha contestado si le tiene pánico…
F.L.C.: Pánico no le tengo, pero sí un poco de miedo. Como es inteligente, estratega, riguroso y trabajador, es probable que pueda hacer aprobar las reformas que Petro no pudo. En el Congreso lo respetan mucho y hasta lo consideran flexible. Eso significa que podría llegar a acuerdos haciendo concesiones, cosa que Petro no pudo por intransigente y por pelear con todo el mundo. También creo que mantendría el veto a explorar petróleo y carbón, lo cual me parece un error monumental. Igualmente mantendría rotas las relaciones con Israel, pero tendría relaciones civilizadas con Estados Unidos. No lo veo comparando a Trump con Hitler en Twitter. Sin embargo, hay que pensar que Cepeda no es ningún Fidel Castro ni un Petro cuya obsesión es tener siempre a punta de oratoria a la masas carburadas y movilizadas. Él es más Raúl que Fidel. Eficiente y no tan populista. Sorprendentemente, a diferencia de Petro y Quintero, por lo general Cepeda no apela a la lucha de clases para defender sus ideas.
CAMBIO: En esa descripción no se entiende cuál es el miedo que dice que le tiene…
F.L.C.: Es que el miedo viene por otro lado. Colombia en este momento tiene la economía funcionando, pero es un hecho matemático que se está generando una tormenta perfecta que va a desembocar en una de las peores crisis que se hayan presentado en el país sobre la cual no es necesario extenderme. Eso va a requerir una política de ajuste, de sacrificios económicos enormes y de mucha mano dura para recuperar los territorios ocupados por los violentos. La izquierda históricamente ha sido pésima en esos dos frentes. Cuando es imperativo amarrarse el cinturón siguen gastando a manos llenas en subsidios. Y cuando toca imponer la autoridad, creen más en el diálogo que en la mano dura. Esa situación ha llevado al país a donde nos tiene la paz total. Cepeda tiene todos esos defectos de la izquierda tradicional.
CAMBIO: Es decir, para usted el problema de Cepeda es más de ideología que de personalidad…
F.L.C.: Sus procesos mentales son los de un intelectual de izquierda. Él cree en nacionalizar los servicios públicos, lo cual puede producir otra catástrofe; cree en profundizar la reforma agraria, que es conveniente siempre y cuando mantenga el acierto de Petro de no expropiar. Sin embargo, los dos mayores riesgos de un eventual gobierno suyo podrían venir por el lado de los impuestos y la seguridad. La reforma tributaria que están tratando de pasar a la brava disfranzadola de emergencia económica tiene excesos que, de llegar a implementarse, reventarían la pita de aguante del sector privado. Por ejemplo, un impuesto al patrimonio del 5 por ciento anual para los más ricos produciría una estampida de empresarios renunciando a la nacionalidad colombiana. Ese impuesto hoy es del 1.5 por ciento y según la Silla Vacía el 28 por ciento de las personas que reportan más de $11 mil millones de patrimonio se fueron para no pagar. Según la OCDE, de 12 países que en algún momento tuvieron impuesto al patrimonio, hoy quedan solo 4, por el efecto regresivo que tenía en el recaudo tributario. Y de los 4 de hoy, el promedio del valor del impuesto está por debajo del 2 por ciento. Ahora en Colombia lo quieren subir a 5 y quieren además clavarle a las empresas el impuesto al patrimonio.
CAMBIO: ¿Y cuáles son sus reparos sobre la seguridad manejada por la izquierda?
F.L.C.: Pues algo que la mayoría de los colombianos no sabe: el verdadero arquitecto de la Paz Total no ha sido Petro sino Cepeda. ¿Le parece una pendejadita? Como es el padre de la criatura cree que se puede arreglar. Va a adornar eso diciendo que habrá mano dura para los que no se sometan. Pero él por principio no cree en la mano dura y su prestigio se basa exclusivamente en su reputación de hombre de paz.
CAMBIO: Ahora que me habla de mano dura, pasemos a Abelardo de la Espriella.
F.L.C.: Antes de pasar a Abelardo, déjeme hacerle una última anotación sobre Cepeda. Como dije antes, él es un intelectual de izquierda y esos perfiles por temperamento no tienen la menor idea de administrar. Acuérdese del desastre de Iván Velázquez en el Ministerio de Defensa. Eso significa que ante la crisis monumental de economía y seguridad que se avecina para el 2027, el candidato de la izquierda no tiene credenciales para frentear esos dos retos.
CAMBIO: Volvamos a Abelardo. ¿Qué opina de esa candidatura?
F.L.C.: Creo que para progresar en ese tema no podemos repetir el cuento del abogado de los paramilitares, de DMG y de Álex Saab. Con Abelardo pasa una cosa contradictoria. Es un extraordinario fenómeno político y al mismo tiempo es la persona con menos conocimiento del manejo del Estado colombiano que ha estado cerca de la Presidencia de la República. Ese récord lo tenía Iván Duque y aclaro que su gobierno me pareció decoroso. Abelardo nunca ha tenido un cargo público y vende eso como una virtud en la era de los outsiders. Pero el profesor Wasserman una vez escribió en una columna que “la antipolítica es mala política”, y eso puede tener cierta validez.
CAMBIO: Pero es el hastío por la política tradicional el que produce ese fenómeno…
F.L.C.: El principal problema que tienen los outsiders es que creen que gobernar es fácil. Gobernar es dificilísimo. Lograr que las cosas pasen en el sector público es un verdadero calvario diario. Para la crisis que se viene se requerirían veteranos que ya hayan conocido ese calvario como Germán Vargas, Enrique Peñalosa, Mauricio Cárdenas o Juan Carlos Pinzón, entre otros. Son personas que han manejado ejércitos, que tienen conocimiento de estrategia militar. También han manejado las grandes crisis económicas de las últimas dos décadas, conocen a los jugadores del alto mundo económico, saben qué se puede y qué no se puede recortar y han sacado adelante los grandes proyectos de infraestructura del país. Ahora hemos llegado al absurdo de que la experiencia se sataniza y la inexperiencia se glorifica.
CAMBIO: Voy a tratar de interpretarlo. Usted dice que Abelardo, por falta de experiencia, hace propuestas populistas que no son realizables. ¿Correcto?
F.L.C.: Abelardo en el fondo no tiene sino un programa: “yo soy el único capaz de derrotar a Cepeda”. Para los millones de colombianos que le tienen miedo a la izquierda, ese es el único atributo que importa en un candidato. Algunas de las pocas propuestas concretas que ha hecho son absurdas. Ha dicho que va a retirar a Colombia de la ONU, lo cual es una ridiculez; que va a recortar el presupuesto en 40 por ciento, algo totalmente imposible. Eso produciría un desempleo que lo tumbaría en el primer año porque tendría que botar cientos de miles de empleados públicos que trabajan en el Estado. El éxito enorme que él ha tenido obedece a que se proyecta como un hombre de carácter, con mucha autoridad y que está dispuesto a hacer lo impopular que otros no se han atrevido. Esa imagen se va a enfrentar rápidamente a las duras realidades de gobernar. Para sus seguidores, es el del hombre que el día de su posesión llega a enterrar la JEP y los procesos de paz y ahí mismo a dirigir al Ejército para bombardear campamentos de los grupos armados ilegales. Apenas aparezcan los primeros 20 niños muertos, esa campaña se estanca.
CAMBIO: Le repito la pregunta que le hice sobre Cepeda. ¿No le da miedo Abelardo?
F.L.C.: Aclaro que soy amigo de Abelardo y como candidato tiene muchas virtudes. Combina un gran carisma costeño con lo que los americanos llaman un strongman. También con lo que ellos llaman un winner. Lo que me asusta de él es que si llegara a ganar las elecciones sería el único colombiano en la historia cuyo primer cargo público sería el de presidente de la república. Pero si aún con esa limitación se posiciona como el único que podría evitarle a Colombia la prolongación del petrismo, muchos de los que hoy le tienen reservas se montarán en ese “tigre”.
CAMBIO: Hay algo que me llama la atención. Sergio Fajardo y Claudia López definitivamente tienen experiencia y han manejado mucha cosa, pero no me los mencionó entre los estadistas…
F.L.C.: Es que usted me ha ido preguntando por los que van punteando. A mí los dos me gustan. Sobre Fajardo le diría que en un país tan polarizado como Colombia es el candidato que menos odios despierta. Eso significa que si llega a ser presidente no tendríamos una guerra civil al día siguiente como la que produciría el triunfo de Cepeda o Abelardo.
CAMBIO: Usted describe el gobierno de Petro como un reality. Sin embargo, muchos de los indicadores del país van bien y hay cerca de un 40 por ciento de los colombianos que lo considera un gran presidente. ¿Eso cómo se explica?
F.L.C.: Yo creo que el peor daño que le ha hecho Petro al país no ha sido la seguridad, ni la salud, ni esas otras cosas. Para mí está en cómo logró cambiar la narrativa de la historia de Colombia. Hoy, prácticamente todos los jóvenes sienten que han sido gobernados durante 200 años por unos oligarcas corruptos. Como Petro es un comunicador extraordinario, esa versión ya dejó un odio sembrado que es inamovible. Los colombianos piensan que Petro quiso ayudar a los pobres y los “esclavistas” no lo dejaron. Esa percepción va a cambiar permanentemente la demografía electoral de Colombia pues, al no creer ya casi nadie en las instituciones ni en el sistema de gobierno, la izquierda es el refugio.
CAMBIO: Pero algo tiene que haber hecho bien el presidente Petro para tener esos índices de popularidad al final del gobierno…
F.L.C.: El éxito se debe a una combinación de tres cosas. Un sentimiento de inclusión en los sectores que se consideraban marginados, algunos resultados del gobierno y el resentimiento que siempre ha sido el combustible de las frustraciones colectivas. Vale la pena reconocerle a Petro que a pesar de toda su retórica revolucionaria no destruyó el aparato productivo del país, lo cual ha mantenido el barco a flote hasta el momento, y con buenos resultados, pero a muy corto plazo. Y la verdad es que las reformas del presidente tienen elementos justos que han beneficiado a los más pobres. Algunos de esos resultados se ha visto opacados por el circo en el que se convirtió su gobierno.
CAMBIO: ¿Le ve algún futuro a la “Gran consulta” que acaban de anunciar los sectores de la centro derecha?
F.L.C.: Ahí se ve mucho talento, mucha experiencia y muy pocos votos. Pero todos sumados se pueden convertir en un jugador viable en la campaña.
CAMBIO: ¿Cómo ve la situación de Álvaro Uribe? ¿Cree que Paloma Valencia, ahora que es candidata única del Centro Democrático, tiene chance?
F.L.C.: Creo que su triunfo como candidata oficial del Centro Democrático ha sido una sorpresa bien recibida. Es una persona que ha demostrado en el Senado que domina los temas y diría que es de las más preparadas de esa corporación. Si antes estaba en el 1 por ciento, como candidata única ya tiene que estar en el 4 o en el 5. Como va a comenzar a hacer giras por el país con el expresidente Uribe esa cifra podría duplicarse o triplicarse. Sin embargo, no parece que pueda ser suficiente para superar a los dos punteros de hoy, que por ahora están en alrededor del 30 por ciento.
CAMBIO: ¿Cómo está viendo a Roy Barreras?
F.L.C.: Yo creo que es uno de los hombres que más conoce el Estado colombiano y el mejor operador político del país. Pero no le veo los votos. Una cosa es conseguirles votos a candidatos con posibilidades, como hizo con Santos, Uribe o Petro, y otra cosa es volver candidato al operador político.
CAMBIO: ¿Tiene alguna predicción sobre el desenlace del problema entre Donald Trump y Nicolás Maduro?
F.L.C.: En este momento el que está arrinconado es Trump. Él nunca pensó en atacar a Venezuela. Seguramente creía que con esos portaaviones y la oferta de la recompensa Maduro se iba a ir, pero este ha resultado más gallo de pelea de lo que se creía y puede acabar el año comiendo natilla en Miraflores. A Trump no le importaba el narcotráfico sino lo que los gringos llaman el regime change, que es una causa enormemente popular en los sectores de derecha en Estados Unidos. Como pasaron los meses y no ha habido cambio de régimen, para justificar ese despliegue tan desproporcionado, a Trump le ha tocado crear la narrativa de una guerra global contra el narcotráfico. De ahí que ahora se habla de Colombia y de México con fentanilo.
CAMBIO: ¿Usted cree que hay alguna posibilidad real de que Trump ataque a Colombia?
F.L.C.: No creo que haya la menor posibilidad. Colombia simplemente es parte del libreto para justificar el fracaso hasta ahora de la operación Maduro. La que sí está en riesgo de algún tipo de ataque es Venezuela, pues Trump, por dignidad nacional, no puede devolverse con el rabo entre las piernas. Meterse militarmente con Venezuela le quitaría su sueño de ganarse el nobel de paz el año entrante. Pero hay dos cosas que son seguras: la primera es que no tiene ni pies ni cabeza movilizar al 10 por ciento de la armada de los Estados Unidos para arrestar a Maduro. La segunda, que después de que se termine todo este show de fuerza de la nueva guerra contra las drogas, el narcotráfico no va a disminuir en lo más mínimo.
CAMBIO: ¿Qué opinión le merece la inclusión del presidente Petro en la lista Clinton?
F.L.C.: Me parece injusto y más con la señora. Este puede ser uno de los gobiernos más corruptos de la historia, pero calificar a Petro de líder del narcotráfico es un despropósito. Los cultivos de coca han crecido mucho por cuenta del fracaso de la paz total pero no por complicidad de Petro con el narcotráfico. En realidad a él no lo metieron a esa lista por narcotraficante sino por atarbán.
CAMBIO: Esta es la primera vez que usted aparece en este medio. Llevo años tratando de convencerlo de que escriba para esta revista y, hasta ahora, no lo había logrado. Le insisto: ¿Cuándo arranca Felipe López en CAMBIO?
F.L.C.: Me siento muy honrado. No tengo ya la disciplina para escribir todas las semanas, pero en el 2026 habrá mucha cosa que decir. Si usted me abre las páginas, aquí estaré.
CAMBIO: Contratado. Lo esperamos el próximo año.