Saltar a contenido
Lunes 4 de mayo de 2026
Exclusivo: Los secretos que esconde la mansión de Papá Pitufo

Exclusivo: Los secretos que esconde la mansión de Papá Pitufo

Diego Marín, el denominado zar del contrabando.

Foto: Fotoilustración: Yamith Mariño Díaz

CAMBIO revela los detalles del allanamiento a la casa de Diego Marín, el denominado zar del contrabando. Los investigadores tienen en su poder hojas de vida de funcionarios activos de la DIAN que estaban en los archivos de Marín y la totalidad de las grabaciones de las 35 cámaras de seguridad de la mansión.

Por: Federico Gómez Lara, Sylvia Charry

El pasado jueves, cuando los oficiales llegaron a la ahora famosa mansión de Guaymaral, el reloj marcaba las 6:30 de la mañana. Habían transcurrido apenas cuatro días desde la publicación de CAMBIO que sacudió los cimientos del mundo político, jurídico y policial. Ese trabajo de reportería que tomó varios meses, y que contenía las pruebas de cómo Papá Pitufo logró entregar al menos 500 millones de pesos en efectivo con destino a la campaña presidencial de Gustavo Petro, prendió las alarmas de las autoridades que, ese mismo día, tomaron atenta nota de todo lo mencionado en el artículo para profundizar la investigación.

La portada dominical publicada por María Jimena Duzán y Federico Gómez Lara, y el relato detallado y contrastado con fuentes sobre cómo en esa propiedad se entregó la plata al español Xavier Vendrell, en compañía de Néstor Daniel García Colorado, fue suficiente para que el cuerpo de oficiales consiguiera la orden de allanamiento requerida para irrumpir de sorpresa en la propiedad del zar del contrabando.

No era una tarea fácil. Los hombres a cargo de la misión, que llevan años siguiéndole la pista a este fantasma del hampa, sabían muy bien que Papá Pitufo, al mejor estilo de Pablo Escobar, ha logrado tal nivel de infiltración en el Estado que, hasta hoy, consigue enterarse de los operativos antes de que ocurran, y valerse del tiempo suficiente para que sus hombres limpien las escenas del crímen, se escapen, manipulen o desaparezcan pruebas. En ese sentido, era necesario compartimentar la información para que ninguno de los agentes que iban a allanar la propiedad supieran quién era el dueño. Por eso, los investigadores al mando no citaron a sus hombres directamente en la casa, sino en el CAI de Guaymaral.

Allí se reunió la comitiva integrada por unos 25 hombres de la DIJIN de la Policía expertos en anticorrupción, 10 hombres del CTI y el procurador delegado Miguel Antonio Carvajal. Cuando el equipo estaba completo y listo para emprender el camino, en lugar de las coordenadas concretas de hacia dónde debían dirigirse, recibieron una sola instrucción estratégicamente ambigua de voz del oficial a cargo: “Síganme”.

Ninguno de los integrantes del equipo de investigación, ni siquiera los oficiales encargados de llevarlo a buen término, sabían con qué iban a encontrarse.

Llegaron entonces al lujoso conjunto en el norte de Bogotá, dotados de armamento suficiente, y de los implementos requeridos para tumbar la puerta y entrar por la fuerza en caso de ser necesario. Cuando tocaron para anunciar su llegada, dos trabajadoras de servicios generales y un hombre de seguridad los atendieron. Desconcertados, los empleados de Papá Pitufo pidieron hacer una llamada al administrador del conjunto para autorizar el ingreso. Cuando se comunicaron, los uniformados le dejaron saber que tenían una orden de allanamiento y registro emitida por un juez. Entonces el portón de la mansión se abrió rápidamente y los policías empezaron la inspección con escrúpulo de sabuesos.

Se encontraron con un lote de unos 3.000 metros cuadrados, sobre el cual se erguía una lujosa casa de ladrillo de aproximadamente 500 metros distribuidos en dos pisos. El robusto equipo de oficiales, agentes y funcionarios judiciales se dividió inmediatamente en grupos más pequeños para inspeccionar cada rincón del lugar. Un hecho les llamó la atención: en las áreas sociales y en la cocina, los muebles y enseres estaban intactos, como los de cualquier casa habitada, pero los cuartos lucían casi vacíos. Algo les decía que, anticipando el allanamiento, una información importante pudo haber sido extraída. CAMBIO revela las fotos del allanamiento en exclusiva.

%%imagen%%1

En la primera planta, un lujoso centro de entretenimiento, dotado con una mesa de billar, un piano y un bar extravagante, se adornaba con la vista de la sabana y una piscina climatizada. Algo poco usual en las casas del sector y más propio de una finca de tierra caliente, dado que en la zona el frío es pan de cada día. Al subir las escaleras, los funcionarios se toparon con la suite que compartían Diego Marín y su esposa, Lizeth Samboní, a nombre de quien está registrado el inmueble. Fue ese el lugar que despertó mayor interés entre los investigadores.

Enquistados en la arquitectura de la casa, había detalles que obligaban a recordar las mansiones de los capos y jefes de los carteles de la droga en la década de los ochenta y los noventa. Por ejemplo, lo que parecía un espejo convencional, era en realidad un portal hacia un escondite donde podían resguardarse unas cuatro personas.

%%imagen%%2

Con el pasar de las horas, en los cajones y armarios comenzaron a aparecer una serie de documentos y registros que, al momento de legalizarse como prueba, se convertirán en pieza clave del proceso. Los oficiales que conocen cada detalle de la vida de Papá Pitufo, que ya habían sido amenazados y por cuyo asesinato el zar del contrabando alcanzó a ofrecer hasta mil millones de pesos, no se sorprendieron cuando, mezcladas con los archivos, encontraron hojas de vida de funcionarios de la DIAN. Entre ellas, hay dos que revelan la identidad de servidores públicos que aún siguen activos en esa dependencia. CAMBIO se abstiene de publicar sus nombres, pues hacerlo podría invalidar la prueba y entorpecer la investigación. Se trata de un hombre y una mujer que trabajan hace más de 10 años en la entidad, en cargos como inspectores, coordinadores de carga, jefes de división de control operativo en la seccional de aduanas de Cali y jefes de división de gestión aduanera.

Las hojas de vida fueron rotuladas e incautadas, pues se usarán en la investigación que lleva la Fiscalía por corrupción en la DIAN, la Polfa y la Policía Nacional, relacionada con la estructura de Diego Marín. Los dos funcionarios serán llamados a interrogatorio en los próximos días para que le cuenten a la justicia lo que saben de la organización y, sobre todo, para que expliquen su relación con Papá Pitufo.

%%imagen%%3

Fuentes de inteligencia que hablaron con este medio explican qué puede haber detrás del hallazgo. Según su relato, el poder de Papá Pitufo en la DIAN es tan grande, que las hojas de vida destinadas a llenar las vacantes estratégicas para el funcionamiento de la organización criminal eran enviadas a su casa. En la comodidad del sofá, el zar del contrabando las revisaba y decidía si aprobarlas o no.

Según los funcionarios que conocen el accionar del jefe de jefes del contrabando, lo normal era que Pitufo desembolsara entre 1.000 y 5.000 millones de pesos por cada cargo sensible en el que quería asegurar la llegada de uno de sus esbirros. Ese mecanismo no solo existía en la DIAN. También se presentaba en los puertos, varias dependencias de la Policía y hasta en las entrañas del poder ejecutivo nacional y departamental.

Aunque los perfiles de estos dos funcionarios que estaban entre los papeles de Diego Marín son una prueba indiciaria relevante, rastrear el modus operandi de los aliados de Papá Pitufo en la Dirección de Impuestos no va a ser fácil.

El zar del contrabando era muy cuidadoso con sus estrategias de comunicación. Mientras los mortales que no quieren ser detectados o intervenidos se alejan de las aplicaciones de mensajería convencionales para pasar a servicios como Signal o Line, Marín siempre iba un paso adelante. Esas dos aplicaciones requieren de un registro con número de teléfono, lo que facilita el rastreo de las líneas y de sus titulares. En el allanamiento, los oficiales se percataron de que Papá Pitufo prefería usar el aplicativo Cellcrypt, que puede adquirirse pagando una suscripción de 1 millón doscientos mil pesos y que, además de estar encriptado, para registrarse solamente requiere una dirección de correo electrónico que resulta casi imposible de rastrear.

%%imagen%%4

Esas sofisticadas líneas de comunicación que no suelen estar en el radar público eran utilizadas por Diego Marín para darles instrucciones a sus aliados en la DIAN. Allí se coordinaban las operaciones de lo que se conoce como “contrabando técnico”. Es decir, las autorizaciones y registros digitales en la plataforma de la DIAN necesarias para que cualquier movimiento irregular pase inadvertido. Según fuentes cercanas al operativo de allanamiento, el problema que enfrentará la justicia, así tenga en los nombres de cada funcionario sospechoso, es que estas movidas siempre se hacían desde un usuario genérico de la plataforma y no desde la cuenta oficial de cada uno de los implicados.

Otra serie de documentos encontrados en la mansión de Guaymaral llamó particularmente la atención: se trata de un puñado de cartas que muestran cómo Papá Pitufo pedía una suerte de asilo político a varios países en simultánea. Con ese mecanismo, Marín y sus abogados empezaban a dejar listas múltiples rutas de escape a diferentes latitudes bajo el ropaje de una inexistente persecución.

%%imagen%%5

El asilo no era el único elemento de la minuciosa estrategia internacional de Papá Pitufo. En el allanamiento, también se concluyó que Marín había decidido convertirse en informante de la agencia ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU) entregando “segundones” de la organización para obtener inmunidad.

El operativo conjunto de la Policía, el CTI y la Procuraduría confirmó otro de los elementos relatados por CAMBIO en su edición del pasado domingo. En la casa de Papá Pitufo se había instalado un impresionante despliegue de más de 30 cámaras de seguridad y no quedaba un solo rincón de la propiedad por fuera de su alcance. Los uniformados recolectaron todo el sistema de grabación, que se compone de tres grabadoras de vídeo digital (DVR, Digital Video Recorder o PVR, Personal Video Recorder) y dos discos duros con los archivos de vídeo. El CTI hizo la extracción forense, rotuló y embaló los elementos.

Ese archivo, que ya está en poder de la justicia, se convertirá en la prueba reina para determinar, sin lugar a equívocos, todas y cada una de las operaciones y transacciones criminales que tuvieron lugar en la mansión. “Nadie tiene esa cantidad de cámaras solo por seguridad. Papá Pitufo, muy seguramente, grabó cada segundo de lo que ocurría en su centro de operaciones como un ineludible elemento de chantaje a los poderosos que lo visitaron para recibir su dinero”, le dijo a CAMBIO una fuente cercana al operativo.

En el contenido de las cámaras aparecerá toda la verdad. Cuando el archivo se conozca se podrá saber, por ejemplo, cuántas fueron las visitas de Xavier Vendrell a la famosa mansión. Se verá con lujo de detalles la entrega de la plata documentada por CAMBIO; el país conocerá, también, si es cierto lo dicho por el informante del director de la UNP, Augusto Rodríguez, quien sostiene que el día de la entrega de los 500 millones para la campaña, Nestor Daniel García Colorado, fundador y exsecretario general del Partido Verde, se “embolsilló” 50 millones de pesos de un tacazo.

Dicho esto, lo anterior puede acabar siendo lo menos jugoso del contenido de las varias teras de video que quedaron registradas en los discos duros de Papá Pitufo. Aunque el país ya sabe que este personaje logró aceitar toda la cadena, desde el más humilde empleado de un puerto hasta encopetados funcionarios del Estado, son muchos los nombres que faltan por salir a la luz.

¿Fue la visita de Xavi Vendrell la única de un funcionario de la campaña de Gustavo Petro a Papá Pitufo?, ¿Hubo más entregas de dinero para esa causa?, ¿Estarán registrados encuentros con directivos de otras campañas?, ¿Aparecerán alcaldes, gobernadores, generales, coroneles y otros altos funcionarios del Estado sentados a manteles con Diego Marín? Todo se sabrá cuando los investigadores analicen los cientos de horas de video recaudadas. A menos de que la orden sea esconder la verdad.

Más de siete horas después de haber tocado la puerta, los uniformados de la Policía y del CTI salieron de la casa con varias cajas llenas de documentos. Lo narrado en este artículo es apenas un abrebocas de lo que ahí se encontró. Hay que decir, también, que estos hallazgos, que seguramente resultarán determinantes en el curso de la investigación, fueron el producto de un solo operativo de registro en una de las tantas propiedades de Papá Pitufo.

Las autoridades, desde hace rato, tienen en su poder una lista de 23 bienes del zar del contrabando y no se entiende el letargo y la falta de avance en los allanamientos y la extinción del dominio de las mismas. Ha pasado un año desde que empezaron las capturas contra los integrantes de la estructura. Ya es hora de que la Fiscalía General, en cabeza de Luz Adriana Camargo, entregue resultados en un caso que, además de tener encima la atención nacional, ya cuenta con todos los elementos para dar con los responsables.

Finalización del artículo

Exclusivo para suscripción digital de pago