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Lunes 4 de mayo de 2026
Álvaro Uribe: ¡Yo me hago moler!

Álvaro Uribe, el presidente más popular y controvertido del siglo 20, quien ahora paga una condena de prisión domiciliaria por los delitos de fraude procesal y soborno de testigos en actuación penal.

Álvaro Uribe: ¡Yo me hago moler!

Hoy, cuando el ex presidente Álvaro Uirbe Vélez inicia en prisión domiciliaria la condena de doce años que le impuso la jueza Sandra Liliana Heredia por fraude procesal y soborno en actuación penal, Cambio reproduce la entrevista-perfil que le hizo Patricia Lara Salive, fundadora de este medio, publicada en El Tiempo el 7 de abril de 2002, 39 días antes de que ganara la presidencia en primera vuelta. Esta entrevista, que ahora cobra actualidad, retrata a Uribe de cuerpo entero.

Por: Patricia Lara

“Llame a su papá que voy a echar un discurso” le dijo el niño Alvaro Uribe Vélez, de 7 años, a Fernando Urrea, hijo de don Joaquín, dueño de Leonisa. Cuando apareció, Uribe se trepó en una mesa y pronunció un discurso. Entonces don Joaquín le dijo: ¡Usted como que va a ser Presidente!

Desde niño soñaba con serlo. Llevaba la política en la sangre. Descendiente de Rafael Uribe Uribe, en 1957, a los 5 años, acompañaba a su madre, Laura Vélez, a hacer campaña a favor del referendo para que las mujeres votaran y fueran elegidas. Después ella fue concejal de Salgar, en Antioquia, donde se crió Uribe porque su padre, Alberto, a quien califica de haber sido excesivamente duro con los hijos varones, tenía una finca de café y ganado. Allá obligaba a sus hijos a trabajar durante las vacaciones, de sol a sol.

Hiperactivo, constante, buen estudiante, con alma de empresario, Uribe combinó estudios de derecho en la Universidad de Antioquia, con la creación del restaurante El Gran Banano, que le dio dinero y tuvo sucursales en Medellín, Cartagena y Santa Marta. A pesar de que se dedicó a la vida pública, nunca abandonó dos de sus profesiones de reserva: adiestrador de caballos criollos y buen administrador de fincas. Por eso, una de las primeras cosas que hace a diario, después de trotar una hora y de relajarse con yoga, es llamar al administrador de su hacienda de Córdoba para preguntarle cuánta leche ordeñó, cuántos terneros negoció, de qué peso y a cómo.

Empezó su vida pública a los 24 años. Fue Jefe de Bienes de las Empresas Públicas de Medellín, Secretario General del Ministerio de Trabajo, Director de la Areonáutica Civil, concejal de Medellín, Alcalde de esa ciudad y senador. Después se especializó en administración en la Universidad de Harvard y, a su regreso, fue elegido gobernador de Antioquia. Apenas concluyó el mandato salió en carrera para Inglaterra porque la guerrilla, que ya le había asesinado al padre en un intento de secuestro y le había incendiado la finca, había advertido que no lo dejaría salir vivo del cargo. Allá, en la Universidad de Oxford, dictó cátedra sobre América Latina.

Liberal, seguidor de Hernando Agudelo Villa, fundó con el ex presidente Ernesto Samper, el movimiento Poder Popular. Sin embargo, no lo salpicó el Proceso 8000. Experto en dos artes que parecen opuestas -manzanillismo y retención de estadísticas-, Uribe, que es mal bailarían y carece de sentido del humor, ama la poesía y el vallenato. Como buen paisa, se precia de ser madrugador, honrado, trabajador, cumplidor de su palabra y más querendón que expresivo. Dice que si es Presidente, impregnará su mandato con esos valores antioqueños. Pero como tantos paisas, comenzando por su padre, es brioso y, a la brava, se vuelve difícil. Tanto que, por ejemplo, es famoso el encontrón que tuvo con Fabio Valencia Cossio el día que lo eligieron gobernador cuando, al verlo en la silla del Registrador en medio de un conteo de votos reñido, creyó que estaba influyendo en su contra y lo golpeó con los puños.

Casado desde hace 1979 con Lina Moreno, filósofa y con mundo propio, a quien, de ser Primera Dama, le costará dejar su pinta de jeans; y padre de Tomás y de Jerónimo, Alvaro Uribe, a los 49 años (hoy tiene 73), a juzgar por las encuestas, está a punto de convertirse en el primer disidente liberal que llega a la Presidencia, luego de saltarse la fila india para cumplir con el pronóstico de don Joaquín Urrea y, así, realizar su sueño.

Patricia Lara: Doctor Uribe, el país teme que usted sea un presidente autoritario.

Álvaro Uribe: La diferencia entre autoridad y autoritarismo es que la autoridad respeta la ley y la razón.

P.L: Sus colaboradores dicen que usted se ofusca muy feo .

A.U: Soy muy exigente, muy acosón y me exijo a mí mismo.

P.L: Al no contestar preguntas agresivas, da la impresión de que teme salirse de casillas. ¿Se tiene miedo a sí mismo?

A.U: Siempre he hecho esfuerzos para controlarme. Uno es humano y las reacciones no pueden dejarse desbocar como caballo sin rienda. He procurado tener rienda.

P.L: ¿Y si se suelta la rienda?

A.U: Grave. Se desboca el caballo, y un caballo desbocado no se sabe dónde va a caer, se tira por un precipicio o le hace daño a alguien.

P.L: ¿Es cierto que lo que más le pide a Dios es paciencia?

A.U: Le pido paciencia y que me ayude a no hacerle mal al prójimo.

P.L: Dicen que es terco...

A.U: Es difícil establecer la división entre firmeza y terquedad. Discutir conmigo no es fácil. Pero cedo ante las razones de la inteligencia.

P.L: Comentan que es muy insistente. Por ejemplo, le decía a su secretaria: No haga nada distinto de llamar al Ministro hasta que pase al teléfono.

A.U: Es cierto.

**P.L: ¿**A quién le oye?

A.U: A quienes me traigan soluciones inteligentes.

P.L: Dicen que es solitario.

A.U: Soy apegado a la familia y al trabajo en equipo.

P.L: ¿Por qué Lina, su esposa, no aparece con usted?

A.U: Lina es muy particular, ajena a los oropeles del poder. Le gusta vivir con bajo perfil. He tenido que pelear con ella. Con esos riesgos que corría siendo gobernador, iba sola al supermercado. Es pieza fundamental para mí. Ha sido muy discreta públicamente, pero muy participativa en la vida familiar. Eso produce apegos

**P.L: ¿**Qué lo hace llorar?

A.U: Tantas cosas... Lloré cuando mataron a mi padre; cuando Jerónimo, mi hijo menor, nació de seis meses y casi no vive; cuando murió mi hermano Jaime.

P.L: ¿Qué lo conmueve?

A.U: Todo. Estoy conmovido porque un crítico mío, Fernando Garavito, salió del país amenazado. Estoy harto y dolido con eso! (Se le aguan los ojos). Hace poco lo conocí y le ofrecí enviarle al Gobierno una carta pública pidiéndo que lo protegiera.

P.L: Usted no tiene que ver con las amenazas al periodista Fernando Garavito. Pero sus seguidores son más papistas que el Papa. Si gana, los paramilitares se sentirán triunfadores y se pueden desatar. ¿Cómo va a controlarlos?

A.U: ¡Yo me hago moler! Mi gobierno no dejará desbocar espíritus dañinos. Voy a disuadir a los violentos. Tengo una propuesta de seguridad democrática para proteger a todo el mundo: al líder sindical, al periodista, al maestro, al de izquierda, al de derecha. El país necesita recuperar la autoridad, no cambiar de bando. Mi política de seguridad será tan firme para disuadir a los violentos como comprometida para restablecer los derechos humanos.

P.L: En muchos pueblos, los paramilitares se pasean como Pedro por su casa. Las Fuerzas Armadas están ahí y no hacen nada.

A.U: No puede haber cohabitación. Cuando haya pruebas, hay que sancionar a la Policía o al Ejército. Pero también la gente dice: la guerrilla secuestró a tal persona, cerca había un puesto del Ejército y nada hicieron. El país ha sido muy débil para contener a los violentos. Falta fuerza pública. El crecimiento del Ejército, la dirección presidencial del orden público, la cooperación internacional y la ciudadana, van a obligar al Ejército a ser eficaz y totalmente transparente.

P.L: Los militares dicen que el síndrome de la Procuraduría les impide actuar.

A.U: Hay que hacer pedagogía, demostrar que toda actuación transparente está permitida por la ley. Eso tiene que resolverlo el Presidente. Por ello voy a ser el primer soldado, voy a dirigir el orden público y les voy a decir: Señores, el ordenamiento jurídico les da todas las posibilidades para que ustedes actúen, pero tiene que ser con transparencia .

P.L: ¿Se puede ganar la guerra y al tiempo, respetar los derechos humanos?

A.U: El Estado de Derecho no hace la guerra. Disuade a los violentos. Se puede disuadir a los violentos y respetar los derechos humanos. Es el único camino. Por eso no soy amigo de la pacificación paramilitar. Una pacificación que derrumbe los derechos humanos profundiza las heridas, aleja la reconciliación y crea problemas con la comunidad internacional.

P.L: ¿Por qué fue oferente del homenaje al General Rito Alejo del Río, acusado de promover grupos paramilitares?

A.U: Tuve ocho comandantes de Brigada en Antioquia. Uno fue él. Creía en su honradez, no hice nada al escondido y todo lo dije en un discurso. Estaba convencido de que lo echaron por presión de las Farc.

P.L: ¿Sigue convencido de su honradez?

A.U: Si la justicia dice que es promotor de paramilitares o que es bandido, cambio de opinión porque respeto la justicia.

P.L: El país se le salió de las manos al Estado. ¿Cómo va a controlarlo?

A.U: Ocurrió por un falso civilismo que negó la autoridad. Entonces se crearon vacíos que permitieron el agigantamiento de poderes irregulares. Eso no lo frena sino la autoridad del Estado. Y no se consigue de la noche a la mañana, pues llevamos décadas haciendo creer que la civilidad es la negación de la autoridad.

P.L: Es muy complicada su propuesta de organizar un millón de informantes: si están desarmados los matan y si están armados multiplican la violencia. Mockus bajó los homicidios cuando desarmó a la población.

A.U: No les haga esa pregunta a Noemí, a Lucho o a Serpa! (Risas) Mi única equivocación con las Convivir fue que propuse que les dieran armas largas. Me equivoqué y lo rectifico.

P.L: Pero las que no se disolvieron se transformaron en paramilitares.

A.U: En Antioquia no. Las controlamos. Nunca fueron clandestinas. Procuramos que estuvieran bien dirigidas y que fueran verdaderas empresas de seguridad para el campo. Hubo problemas en dos de ellas. Las sancionamos y a una le cancelamos la personería.

P.L: ¿El millón de informantes tendría armas?

A.U: Las de los celadores, cortas. Lo ideal es que los vecinos se comprometan con la fuerza pública, en lugar de que se hagan los sordos y ciegos ante guerrilla y paramilitares.

P.L: ¿La red de informantes sería parecida a los Comités de Defensa de la Revolución Cubana?

A.U: Mi propuesta difiere de los Comités y de la doctrina de la seguridad nacional en que no se perseguirá a los disidentes, sino se protegerá a todos, sin distinción de credo. Si la ciudadanía ayuda, la fuerza pública responde. Si eso ocurre, no tienen por qué matar a esos vigilantes.

P.L: Juan Gómez Martínez dijo que usted ensangrentó a Antioquia.

A.U: Antioquia estaba en una espiral tremenda de violencia. Cuando dejé la gobernación, las carreteras eran transitables, el secuestro se había reducido 60 por ciento y, en el último año, los homicidios, que venían en ascenso, cayeron 20 por ciento. Cuando me fui, dijeron: Se fue el gobernador paramilitar, ahora sí llegó el diálogo. Dieron un bandazo. Le entregaron eso a los bandidos. Si hubieran continuado mi política, corrigiendo los errores, Antioquia estaría sin guerrilla y sin paramilitares. Busqué el diálogo. Con Monseñor Isaías Duarte creamos la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia.

P.L: ¿Hablaría con la guerrilla y los paramilitares?

A.U: En estas circunstancias, no.

P.L: ¿En cuáles?

A.U: Qué bueno que le dieran a Colombia un respiro, que anunciaran que suspenden el terrorismo y que facilitan un cese de hostilidades. Eso abriría las avenidas del entendimiento.

P.L: ¿Conoce a Marulanda, a Gabino o a Castaño?

A.U: No. Mi padre llegó en 1961 a unas tierras entre Antioquia y Córdoba y hace años vi a Mancuso, cuando era un simple finquero en Montería. Pero no hablo con la guerrilla ni con las autodefensas.

P.L: ¿Cómo ve el proceso con el Eln?

A.U: Fui muy crítico cuando se anunció que se establecería una zona de despeje. Reconozco que se ha dado un paso positivo al avanzar en el proceso sin ella. Ojalá se llegue a un cese de hostilidades razonable. Si llego a la Presidencia continúo ese proceso.

P.L: El Eln impone condiciones para el cese de hostilidades...

A.U: Que se reinserten a hacer política para que muñequeemos sobre los temas, pero que no los condicionen con fusiles.

P.L: Criticó a la comunidad internacional por su actuación con las Farc. ¿Cuál sería su papel en un proceso de paz?

A.U: Cortadas las comunicaciones, para reanudarlas, se va a necesitar mediación internacional. Se requiere también para que liberen a los secuestrados. Lo que pasa es que las circunstancias de Colombia me han convencido de que se necesita autoridad que disuada a los violentos.

P.L: Precisemos su idea del referendo.

A.U: El 7 de agosto, a las cinco de la tarde, le presentaré al Congreso la ley del temario para eliminar auxilios parlamentarios, autorizar las regiones autónomas, revisar el control fiscal, etc. Aprobada la ley se lleva a cabo el referendo.

P.L:¿Si el pueblo aprueba el temario convocará a nuevas elecciones?

A.U: Hay que acomodar el Congreso, en la práctica, a la nueva estructura constitucional. Buscaremos para las elecciones una fecha concertada, prudente, que no atropelle al Congreso ni defraude a los colombianos.

P.L: ¡Pero este Congreso se eligió con 10 millones de votos!

A.U: Sí. Participé en esa elección. Todos los congresistas que apoyé se comprometieron a la reforma.

P.L: ¿Qué opina de la afirmación de Mancuso que 35% de los congresistas es apoyado por paramilitares?

A.U: Es gravísimo. Si es así, el Congreso elegido se vuelve insostenible y hay que precipitar la reforma política.

P.L: ¿Cómo se garantiza que en la nueva elección no ocurra lo mismo?

A.U: Con un gobierno de autoridad, con más conciencia ciudadana, más transparencia y una ciudadanía más advertida.

P.L: La deuda externa es una bola de nieve...

A.U: Si aceleramos el crecimiento, el peso de la deuda disminuye. Pero hay que lograr acuerdos, pues Colombia ha sido honrada para pagar la deuda financiera e incumplida para pagar la social. No acepto más recorte social impuesto por el Fondo Monetario. Soy partidario de la austeridad y de decirles a los organismos multilaterales: haremos este ajuste contra el derroche, pero nos ayudan a reciclar la deuda cara con créditos más baratos, de largo plazo, para dedicarlos a financiar pequeña empresa, el Icetex, obras públicas y así reactivar la economía.

P.L: Usted es de extrema derecha?

A.U: No soy de extrema derecha ni de derecha. Soy un demócrata que cree en la autoridad. Participo de los objetivos de la socialdemocracia: crear empleo productivo, profundizar la descentralización y avanzar en la seguridad social. Soy amigo de la intervención del Estado, no para obstruir, sino para garantizar equidad. Por eso, y porque no acepto importaciones desbocadas que arruinen nuestros sectores productivos, rechazo el neoliberalismo. Creo en el Estado comunitario, con creciente participación ciudadana.

P.L: ¿No teme ser elegido como resultado de la rabia del país?

A.U: Insistiremos en una pedagogía del ejercicio sereno de la autoridad.

P.L: ¿Cuántos atentados le han hecho?

A.U: Noticias malas he tenido muchas. Atentados directos, muchos. ¡Bendito sea Dios que me ha protegido! Pero no le contesto porque me horroriza dramatizar lo que he vivido.

P.L: ¿A qué le teme, doctor Uribe?

A.U: Uno es apegado a la vida...

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