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Lunes 4 de mayo de 2026
Entre la euforia moderada y el miedo dicen estar muchos de los venezolanos consultados por CAMBIO. Composición Kim Vega.

Incertidumbre: la palabra que une tanto a los de adentro como a los de afuera de Venezuela

Entre la euforia moderada y el miedo dicen estar muchos de los venezolanos consultados por CAMBIO. Composición Kim Vega.

CAMBIO habló con tres líderes y defensoras de derechos, un empresario y una periodista local, sobre la realidad que viven los venezolanos, la injerencia de Donald Trump, la seguridad interna y la posibilidad de volver.

Por: Rainiero Patiño M.

A la 1 de la mañana del 3 de enero de 2026, mientras Ernesto Frías* se preparaba para dormir en la habitación de un hotel, su hija adolescente le contó de los reportes de explosiones en el centro de Caracas y le envió un par de imágenes. Estuvo horas navegando en internet y tratando de contactar a amigos. El cansancio lo venció casi a las 5 de la mañana, pero al rato despertó dudando si todo había sido una fantasía. Duda que parece ser la misma que hoy tienen muchos venezolanos, tanto los que como él siguen en el país después de más de 25 años de gobierno chavista, como de los más ocho millones que tuvieron que irse al exilio.

Frías, un empresario venezolano, había salido de Venezuela con destino a otro país del Caribe en la mañana del 28 de diciembre de 2025. El plan era cumplir unas reuniones de trabajo y aprovechar para pasar el Fin de Año con unos familiares, a los que tenía tiempo sin ver. Aunque viajó cargado de inquietud, cuenta que nunca creyó que el régimen del presidente Nicolás Maduro podría sufrir un golpe tan fuerte en tan poco tiempo, mucho menos en medio de las festividades de diciembre. 

La situación actual de Venezuela se puede resumir como una extraña incertidumbre por el futuro, adobada entre un silencio ensordecedor adentro y una euforia moderada afuera.

Desde la mañana siguiente de los cinematográficos ataques a instalaciones militares en la capital venezolana, muchas calles de Caracas son una mezcla de calma absoluta y el barullo amenazante de los colectivos chavistas, esa especie de grupos paramilitares que han funcionado como fuerza armada del régimen. 

De ese modo las describe Frías, quien explica que usó la palabra fantasía porque le pareció algo surrealista e inverosímil y no porque deseara que las cosas ocurrieran de esa manera. Él cree que lo que hizo Donald Trump, presidente de Estados Unidos, fue “apretar la válvula” después de no lograr que el país implosionara. No está de acuerdo con que le tumben la puerta de la soberanía a nadie y ahora dice que no se sabe si Trump es el héroe o el villano. “Lo que sí sabemos es que no lo podemos llamar estoicismo o solidaridad”, señala. Esta última una reflexión en la que parecen coincidir varios venezolanos consultados por CAMBIO.

¿La clave es adaptarse?

Cuando se le pide un análisis de la situación actual, Frías dice que prefiere hacerlo desde su visión de empresario que después de tantos años de convivir con el chavismo debe adaptarse constantemente a nuevas reglas. Como prueba de eso señala su lucha por quedarse a pesar de todo.

Según Frías, la situación actual es una muestra de lo sensible que es Venezuela a cualquier cambio. Cuenta que en el avión de regreso, cuatro días después de la extracción de Maduro, coincidió con otros empresarios y lo primero que hicieron fue preguntarse qué es lo que viene, qué es lo que va a pasar y cómo se tenían que preparar.

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“Nosotros somos una tierra de tanta gracia y donde el dinero sale del suelo, literalmente, que cualquier cambio susceptiblemente positivo se transforma en oportunidades. Los empresarios venezolanos estamos preparados para adaptarnos a cualquier crisis”, insiste. Eso sí, usa la palabra “incertidumbre”, otra vez, para definir la sensación general, más allá de que desde su posición sienta algo de estabilidad y privilegio. “Que quede claro que no estoy a favor de que ningún imperio invada a otro país”, aclara.

“¿Y cómo está la calle y la gente? Normalmente tímida, muy tensa, parece como si fuera un primero de enero perenne. Al venezolano ya no le preocupa quedarse encerrado una semana o dos. Todos salieron a buscar comida, pero también pueden jugarse un dominó con los amigos, es la vida de un camaleón que se adapta”, se pregunta y responde el mismo Frías.

Desde afuera: ¿qué fue lo que pasó?

El próximo 18 de febrero se cumplen nueve años desde que Ana Karina García montó en Venezuela un acto llamado Ideas de Rebelión, donde junto a otros jóvenes hacían críticas a los modelos políticos tanto del oficialismo como de la oposición. A la mañana siguiente de la presentación, el Gobierno bolivariano, a través de radio y televisión nacional, dio la orden de capturar a García. Desde ese momento entró en la clandestinidad, no volvió a ver a su familia ni amigos. Estuvo así hasta el 8 de marzo de 2017, cuando logró cruzar hacia Colombia.

En este lado de la frontera empezó a trabajar sin papeles en un restaurante y a eso le siguieron decenas de empleos diferentes, hasta que se dio cuenta de que a partir  de su experiencia podía ayudar a otros. Así nació la fundación Juntos se puede, que hoy lidera García y en donde desde hace ocho años atienden a venezolanos migrantes y retornados con el objetivo de sacarlos de situación de vulnerabilidad y pobreza. Además, los asesoran en temas de violaciones de Derechos Humanos y persecución política. Mensualmente ayudan a unas 2.500 personas.

García cree que lo que Estados Unidos hizo fue capturar a un líder de un grupo criminal que tiene secuestrado a Venezuela hace mucho tiempo, porque la soberanía no está en manos de los ciudadanos y “la muestra de eso fue que no se respetó la elección del 28 de julio de 2025 que ganó Edmundo González”.

La líder de la diáspora, además, señala que entienden que en un contexto de Estado de derecho no es permitida una acción como la ordenada por Trump, pero que el caso venezolano no es igual porque los territorios están controlados por grupos irregulares apoyados por el Gobierno y la ciudadanía parece haber agotado los caminos para restablecer la democracia.

“La verdad es que para los venezolanos es un alivio que esto haya ocurrido, pero esto no significa que el país sea seguro aún. Hemos visto como hay un montón de retenes en las ciudades principales, como Valencia, Mérida y Caracas, en donde le revisan los celulares a la gente para ver si tienen algún tipo de foto siendo opositor, algún mensaje de celebración por la captura de Maduro. Se los llevan detenidos y los hacen grabar unos videos humillantes amenazándolos con secuestrar a sus familias”, cuenta para explicar un lado de la realidad de hoy.

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Una de las cosas que celebra García es que el gobierno no haya matado a los presos políticos tras la incursión gringa, porque era una de las grandes amenazas que les habían hecho a los mismos reclusos. “Casi todos nosotros tenemos un familiar o un amigo preso”, detalla.

La directiva de Juntos se puede cree que ahora lo que hay es una transición que tiene que terminar en la restitución del hilo constitucional, lo que debe incluir el reconocimiento de las elecciones pasadas y que González también debería ser un presidente transitorio para que haya unas elecciones legítimas y transparentes con un equilibrio de poderes. 

Cuando le preguntamos a García si esa transición tiene que ser con la salida total del aparato chavista, dice segura que no cree en la disolución absoluta de ninguna fuerza política que quiera ser democrática y que, probablemente, vaya a quedar un chavismo que juegue bajo las reglas democráticas.

Y sobre la presidenta Rodríguez piensa que, así sea bajo las amenazas de Trump, si ayuda al país a encaminarse al Estado de derecho puede ser un mecanismo útil. Para eso, García cree necesario que se eliminen los cuerpos de terror, que se disuelvan las cárceles para dejar en libertad a todos los presos políticos y que los exiliados puedan regresar con seguridad.

Liset Luque, otra de las mujeres que trabaja por la diáspora venezolana, liderando la organización Alianza por Venezuela, dice que en el país se viven días de miedo y silencio. No es por falta de cosas para decir, sino por prudencia de algunos y porque persiste la intimidación del régimen. “Han circulado videos de acciones y detenciones en función de la celebración sobre la captura de Maduro. Por eso hoy más que nunca exigimos la liberación de todos los presos políticos”, señala. 

Para ella, la principal petición que se debe hacer ahora es una transición democrática real con acompañamiento de la comunidad internacional. Dice que el pueblo venezolano le dio un respaldo y legitimidad a Machado y a González, pero que el presidente Trump comprende que esa alternativa debe estar cuidada hasta que llegue su momento. Una lectura más bien novedosa.

¿Y adentro?: vivir sin respuestas

García dice que las familias de los migrantes cuentan que hay mucho miedo, que la gente sale solo a comprar lo necesario, sobre todo por un decreto de conmoción interior que sacó el consejo de ministros, encabezado por Rodríguez, que dice que cualquier persona que haya celebrado la captura de Maduro va a ser detenido. Temen que la situación se convierta en una puerta giratoria, en la que sueltan cinco presos y se llevan diez.

Carla González *, una mujer que vive en Caracas y trabaja en el área de comunicaciones, le dijo a CAMBIO que dentro del país la situación es diferente a la euforia que reportan en distintas partes del mundo los medios internacionales. “Caracas está sumida en un silencio abrumador. La gente tiene miedo de salir a la calle”, describe.

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González destaca que ahora una de las grandes expectativas es la liberación de presos políticos que anunció el régimen. Hasta el momento han liberado 11 personas. Sin embargo, según cifras de las organizaciones civiles, el número de este tipo de presos sería de más de 1.000.

La habitante de Caracas dice que el martes 6 de enero comenzaron a abrir algunos locales comerciales, establecimientos recreativos y restaurantes, lo que da un matiz de normalidad a la ciudad. Pero todo funciona en horarios reducidos y hay menos transporte de lo habitual. 

El Ministerio de Educación, por ejemplo, llamó a iniciar clases el 12 de enero. No obstante, según González, la gente tiene muchísimo miedo de llevar a los niños al colegio porque temen que ocurra un nuevo ataque militar.

“La incertidumbre, que es como la sensación general que hay en el país, porque nadie parece saber qué va a pasar, no entienden bien en qué consiste esto de que Estados Unidos administrará a Venezuela, como lo ha manifestado Trump. La gente teme hablar a los periodistas o dar declaraciones, prefiere no salir fotografiado” añade.

¿Volver, volver, volver?

La cifra de ocho millones de migrantes adorna con tristeza los titulares de la crisis venezolana, de ahí que uno de los grandes interrogantes que surge en este momento es sobre la posibilidad de un retorno masivo.

Para eso, reflexiona García, sería ideal una ley de amnistía que permita el regreso de todos los exiliados sin ningún nivel de persecución, que se detenga el accionar  de los colectivos de civiles armados y se disuelvan cuerpos de seguridad como el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin).

Por ejemplo, durante las elecciones pasadas, Juntos se puede hizo una encuesta entre sus migrantes agrupados: el 70 por ciento respondió que estaba dispuesto a volver bajo unas condiciones mínimas. “Sabemos que lo dicen desde el anhelo de volver a su país, pero también entendemos que hay muchos que ya han hecho vida, se han integrado o están estables”, señala.

El empresario Frías, por su parte, dice que un análisis del futuro del país hay que hacerlo desde dos puntas: la de los que han aguantado todos esos años adentro y la de la gente que se fue y ha aprendido mucho afuera, que ha visto el desarrollo y el método. 

“Va a haber mucha gente que va a regresar, no sé si todos los ocho millones, pero si vuelven dos millones, el mercado se va a ampliar. Las experiencias y la conjugación de esos dos grupos creo que forman el cóctel perfecto para armar un país de oportunidades”, analiza.

Aura Rodríguez, de Viva la ciudadanía, una organización que lucha por los derechos civiles, tampoco está de acuerdo con la intervención de Estados Unidos, porque cree que debe ser el pueblo venezolano el que debe tener toda autonomía en su sistema político, pero destaca las manifestaciones de algunos sectores que se han movilizado en respaldo a Maduro exigiendo su liberación.

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Rodríguez cree que falta información sobre la situación real del pueblo venezolano dentro de su territorio después de la salida de Maduro. Y le llama la atención que “en algunas manifestaciones de migrantes venezolanos alrededor del mundo dan a entender que están confundidos y no saben quién es peor, si Maduro, que era al que ellos criticaban desde Estados Unidos, o el mismo Trump, que está efectivamente en contra de ellos mismos”.

En la conversación con CAMBIO, Rodríguez toca otro tema importante: la descalificación de María Corina Machado como líder que congregue a todos los sectores. Cree que Estados Unidos ya venía avanzando en acuerdos con otros sectores sociales, políticos y militares dentro de Venezuela para sacarla del camino. Además, piensa que el gobierno Trump necesita en su lógica gerencial y empresarial tener acuerdos que faciliten la apropiación del petróleo venezolano y los va a usar para sus beneficios económicos. Y no descarta que Trump cambie las reglas cada vez que quiera.

¿Cuál debería ser el camino hacia un país democrático?

Con Estados Unidos y las declaraciones directas de Trump sobre la economía y los recursos de Venezuela, el camino a una democracia no parece tan recto. Según el análisis de Luque, de Alianza por Venezuela, esto debería tener como condiciones mínimas un país que libere a todos los presos políticos, cierre todos los centros de tortura, que los poderes gubernamentales recuperen su autonomía y se garanticen elecciones libres.

Con todos los ingredientes mezclados en el panorama actual, parecen ser más las preguntas que las certezas, adentro y afuera. Y que la realidad no está tan lejos de esa definición de “fantasía” usada por el empresario Frías. La situación no está muy lejos de la que presenta un capítulo de la segunda temporada de la serie Jack Ryan, en el que el protagonista explica ante un auditorio por qué Venezuela podría estar al borde de un colapso total y por qué a las grandes potencias, como Estados Unidos, les interesa tener su control. Usando nombres ficticios para Nicolás Maduro y María Corina Machado, la producción hace un análisis certero que hoy muchos ven como una predicción cumplida. Por obvias razones, el clip de este capítulo se ha vuelto viral en estos días. ¿Qué traerá la próxima temporada?

***Los nombres han sido cambiados por seguridad.**

Finalización del artículo

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