Nicolás Maduro Guerra, también conocido como Nicolasito y El Príncipe. Foto Reuters.
Conocido también en el medio político venezolano como 'El Príncipe', el hijo del capturado Nicolás Maduro está en medio de la disputa judicial internacional. ¿Qué viene para él?
Por: Rainiero Patiño M.
La barba rústica y gruesa, en vez del bigote. El pelo negro peinado hacia atrás. La curva de las cejas, casi idéntica. Los cachetes abundantes. Basta con verlo en uno de los videos populares que circulan en redes sociales para relacionarlo con su padre. Pero si alguien se detiene en su forma de hablar, en las citas constantes a Hugo Chávez, con ese ritmo medio atropellado y las inflexiones de la voz, quedan pocas dudas de que Nicolás Maduro Guerra es, en muchos aspectos, más que la fiel copia física de su padre Nicolás Maduro Moros, el derrocado presidente de Venezuela.
Conocido popularmente como ‘Nicolasito’. Nombrado dentro del medio político de Venezuela como ‘El Príncipe’, Maduro Guerra es una de las piezas claves y más influyentes del chavismo actual y de la nueva generación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Posición que, sin embargo, también le ha traído delicados problemas, teniendo en cuenta los constantes señalamientos en su contra de parte del Gobierno de Estados Unidos.
Según los organismos federales estadounidenses, entre 2014 y 2015, ‘Nicolasito’ viajaba dos veces al mes a la isla de Margarita, en el Caribe venezolano, en un avión Falcon 900 de propiedad de la empresa petrolera PDVSA. Y, antes de cada vuelo, supuestamente el avión era cargado con grandes paquetes de cocaína cubiertos con cinta adhesiva. Todo esto, según la versión de Estados Unidos, lo hacía con la complicidad de miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Publicaciones de algunos apartes de las acusaciones del Gobierno de Estados Unidos señalan que, dentro de su círculo de amigos, Maduro Guerra se jactaba diciendo que “el avión podía volar donde quisiera, incluso dentro del espacio aéreo estadounidense”.
Estos señalamientos fueron ratificados en la acusación hecha después de la extracción de su padre por fuerzas militares estadounidenses la madrugada del 3 de enero de 2026. El documento de acusación de 25 páginas recoge los cargos que le fueron imputados no solo a Maduro, sino también a su esposa Cilia Flores y a su hijo, así como al número dos del chavismo, Diosdado Cabello. En esta hay menciones a Colombia y a carteles mexicanos.
La administración del presidente Donald Trump sostiene que, en 2017, Maduro Guerra “coordinó envíos de cientos de kilogramos de cocaína desde Venezuela hacia Miami (Florida)”.
Como antecedente está que, en junio de 2019, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos impuso sanciones a Nicolasito por ser funcionario del “gobierno ilegítimo” de Venezuela y miembro de la Asamblea Nacional Constituyente. Esto significó la congelación de sus activos bajo jurisdicción estadounidense y la prohibición de transacciones con ciudadanos o empresas de ese país. Lo que en su momento fue visto como un mecanismo de presión sobre el entonces presidente.
En resumen, Maduro, su esposa y su hijo son señalados de conspiración de narcoterrorismo, por tráfico de cocaína para beneficiar a organizaciones designadas como terroristas; conspiración de importación de cocaína, por mover grandes cantidades hacia mercados estadounidenses; y conspiración relacionada con armas y dispositivos destructivos, por, supuestamente, utilizar armas para proteger las operaciones de narcotráfico.
Su carrera, el nepotismo y la familia
Aunque no es el único escándalo protagonizado por ‘Nicolasito’, la escena de 2015 en la que apareció bailando al ritmo de música árabe bajo una lluvia de dólares marcó su vida pública. El hecho ocurrió en la boda de José Zalt, un descendiente sirio dueño de la marca de ropa Wintex, celebrada en el lujoso hotel de cinco estrellas Gran Meliá Caracas.
La imagen del baile millonario quedó marcada en la memoria colectiva de un país abrumado por importantes problemas económicos y sociales y la escasez de bienes.
Su nombre completo es Nicolás Ernesto Maduro Guerra y nació el 21 de junio de 1990 en Caracas, Venezuela. Es hijo del hoy capturado Maduro Moros y Adriana Guerra Ángulo, su primera esposa.
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Casado con Grysell Torres y padres de dos hijas, ‘Nicolasito’ estudió Economía en la Universidad Experimental de las Fuerzas Armadas (UNEFA). También es conocido por su pasión por la música; de su juventud se recuerda mucho su participación como flautista en el Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela.
Maduro Guerra pasó, prácticamente, de la universidad al núcleo del aparato político chavista y cuando su papá llegó a la Presidencia, en 2013, fue nombrado como jefe del Cuerpo de Inspectores Especiales de la Presidencia, un cargo creado para supervisar políticas del Ejecutivo y hecho casi que a su medida.
En 2014 fue designado como coordinador de la Escuela Nacional de Cine de Venezuela. Luego, delegado del Distrito Capital de El Valle en el congreso del PSUV.
El salto a la arena caliente de la política lo dio para las elecciones de 2017 cuando fue elegido miembro de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el órgano legislativo creado por el chavismo para reemplazar la Asamblea que estaba controlada por la oposición. Y desde 2021 es diputado por el estado de La Guaira.
Aunque inicialmente ‘El Príncipe’ lideraba dentro del PSUV asuntos menos relevantes, como negociaciones partidarias, incluyendo contactos con la oposición, con el tiempo ha consolidado su voz dentro del oficialismo y es parte del círculo cercano de confianza de su padre, aunque no como la figura política más influyente detrás del presidente.
Sin embargo, para algunos analistas ‘Nicolasito’ es solo uno de los grandes símbolos del nepotismo dentro del régimen chavista y ejemplo de la concentración del poder familiar.
La acusación y el hoy del heredero
Horas después de la captura de su padre y de Flores, a quien llama “mi segunda madre”, ‘Nicolasito’ alzó la voz en la propia Asamblea venezolana. En su intervención inicial calificó la operación como un “secuestro” y dijo que el chavismo iba a hacer todo lo posible para traerlos de vuelta.
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“Aprovecho esta tribuna para denunciar que mi nombre ha sido puesto, al igual que el de mi padre y la primera combatiente, en la misma acusación, mi persona y mi familia está siendo perseguida porque no somos comprables”, dijo ‘Nicolasito’, según reseñaron los medios locales.
Según la cadena televisión estatal Venezolana de Televisión (VTV), Maduro Guerra y los hijos de Flores, Walter Jacob Gavidia Flores, Yosser Daniel Gavida Flores y Yoswal Alexander Gavidia Flores, hacen parte de un grupo de líderes que crearon una comisión de alto nivel que busca gestionar ante Estados Unidos la liberación de la pareja presidencial venezolana.
El grupo está liderado por Jorge Rodríguez, diputado y hermano de la recién designada presidenta, Delcy Rodríguez, junto al canciller venezolano, Yván Gil, y el ministro de Comunicaciones, Freddy Ñáñez.
En un audio informal que circuló el domingo por la noche, cuya voz fue confirmada por medios locales como El Nacional**, Maduro Guerra dice que “la historia dirá quiénes fueron los traidores”** y llamó a los seguidores del chavismo a tomar las calles en señal de protesta. “Ustedes nos verán en las calles, nos verán junto al pueblo, nos verán enarbolar la bandera de la dignidad”, se escucha en la grabación.
Mientras ‘Nicolasito’ alzaba la voz, este 5 de enero, su padre Nicolás Maduro Moros se declaró inocente en su primera presentación ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York. Además, según reportaron medios estadounidenses, aseguró que todavía es “el presidente” de su país.
La discusión sobre la legalidad de la captura del Maduro Moros y su esposa abrió una polémica de talla mundial, ya que muchos expertos dicen que viola el derecho internacional; mientras que otros defienden la orden de Trump al considerar a Maduro como un narcotraficante más allá del contexto político. Lo cierto es que hoy ‘Nicolasito’ también está en el centro de la disputa y muchos se preguntan si puede ser uno de los próximos capturados.