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Lunes 4 de mayo de 2026
Foto principal del artículo ''¿Con qué frecuencia mienten las prostitutas?' Epstein tiró línea a poderosa de la Casa Blanca sobre escándalo de los escoltas de Obama en Cartagena' · Foto: Fotoilustración: Yamit Mariño.

'¿Con qué frecuencia mienten las prostitutas?' Epstein tiró línea a poderosa de la Casa Blanca sobre escándalo de los escoltas de Obama en Cartagena

Foto: Fotoilustración: Yamit Mariño.

Comunicaciones halladas por CAMBIO en los archivos desclasificados del Departamento de Justicia revelan cómo el pederasta aconsejó a quien fue una de las asesoras de mayor confianza de Barack Obama. Epstein ayudó a la abogada para responder ante las investigaciones periodísticas sobre una controversia caribeña que sacudió a la política gringa.

Por: Mateo Muñoz

Una prostituta furiosa en la recepción de un hotel se lo dijo a la Policía. La Policía se lo dijo al Departamento de Estado. El Departamento de Estado al Servicio Secreto y el Servicio Secreto a la Casa Blanca. En cuestión de horas, el mundo se enteró que una docena de hombres misteriosos, que suelen aparecer con gafas oscuras, traje negro, camisa muy muy blanca y entrenados hasta el tuétano para proteger al hombre más poderoso del mundo, habían contratado prostitutas en Cartagena y, por demás, resultaron ser ‘mala paga’.

El escándalo de los agentes del Servicio Secreto encargados de cuidar al presidente Barack Obama en su visita a Colombia para la Cumbre de las Américas de 2012, puso a Dania Londoño en boca del presidente gringo, el director de la CIA, los medios más influyentes de Estados Unidos y el Congreso de ese país. La sanandresana, que hasta ese momento se dedicaba a frecuentar bares en el Centro Histórico de La Heroica para ofrecer servicios sexuales, se convirtió en una especie de leyenda. 

La W se ganó un premio Rey de España por entrevistarla, Ángel Becassino escribió un libro con ella y Abelardo de la Espriella asumió como su abogado y la puso a hablar con los gringos. Durante varios años, en medios como Politico, The Washington Post, CBS, Fox News y The New York Times se leyó por primera vez sobre el problema de prostitución en Cartagena, la responsabilidad de los turistas en ese fenómeno, la desigualdad en la ciudad y que el alcalde era un señor de nombre Campo Elías.

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Parece que cada detalle del escándalo se sabe; los agentes tomaron vodka en el bar Tu Candela, le prometieron 800 dólares a Dania, estuvieron involucrados agentes y asesores y hubo decenas de renuncias y mucha molestia del mismo Barack Obama. No hubo rincón sin auscultar del escándalo tropical… hasta ahora. 

Entre los millones de archivos del correo del pederasta Jeffrey Epstein, liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, hay un episodio que se ha pasado inadvertido: después de la bomba mediática inicial, el magnate ejerció como un asesor tras bambalinas de una poderosa que pasó por la Casa Blanca. CAMBIO revela la historia.

Epstein, el editor

El miércoles 8 de octubre de 2014, cerca de las 11 de la mañana, Jeffrey Epstein recibió un correo de su asistente filipino Luciano Fontanilla. En él, el pederasta es avisado de que Lawrence ‘Larry’ Summers se estaba hospedando en el Hotel Sofitel de Nueva York y que allí Epstein podría recogerlo. Durante las semanas anteriores a esa comunicación, Epstein, quien ya había sido condenado en 2008 por inducir a una menor a la prostitución, hizo planes de cenar con Summers, su amigo y ‘cacao de cacaos’ de la economía estadounidense.

Summers fue economista jefe del Banco Mundial, secretario del Tesoro de Bill Clinton, rector de Harvard y director del Consejo Económico Nacional. Su nombre aparece frecuentemente en los archivos de Epstein, por lo que es fácil darse cuenta de que eran amigos. Por ello, su carrera fulgurante cayó en desgracia en los últimos años. Dejó de dar clases en Harvard y abandonó cargos directivos en empresas como Santander y OpenAI.

Pero ese miércoles, el mundo —o una parte de él— parecía estar en manos de Summers y su amigo Jeff. Ambos cenaron pasadas las nueve de la noche en la casa de Epstein con varias figuras influyentes de la política y la economía de Kazajistán y un importante líder noruego. 

Sobre las 10 de la noche, mientras los hombres conversaban, a miles de suscriptores de The Washington Post les llegó el newsletter diario con lo mejor de la edición del día. La noticia destacada tenía que ver con Colombia:

“Los asesores sabían del posible vínculo de la Casa Blanca con el escándalo de prostitución en Cartagena, Colombia”, decía el titular.

La ‘chiva’ era de la periodista Carol Leonning, quien después ganaría el Pulitzer por su acucioso cubrimiento del Servicio Secreto. Allí reveló que no solo los agentes contrataron prostitutas, sino que también lo habría hecho Jonathan Dach, integrante de la avanzada de Obama e hijo de un importante donante demócrata. Leonning se basó en documentos y testimonios para decir que Dach nunca fue investigado a fondo por la Casa Blanca.

Entre los miles de suscriptores que recibieron el artículo en sus correos estaba Larry Summers, quien ese mismo 8 de octubre, a las 11:39 de la noche y después de la cena, le envió un correo a Jeffrey Epstein adjuntando el artículo de The Washington Post**:**

“Me temo que ella debió haberse retirado la semana pasada”, dijo Summers.

Epstein no respondió de inmediato. Fue hasta las 10:15 del otro día, 9 de octubre, que le dijo a Summers:

“Tengo algunas ideas. Llama cuando tengas un momento”.

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Pero ese mismo día, antes de responder a su amigo, el pederasta le escribió a otra persona cercana a las 9:18 de la mañana. Se trataba de la abogada Kathy Ruemmler:

—Cómo estás (sic)— preguntó Epstein.

—Bien. Estuve hablando con los periodistas hasta altas horas de la madrugada de anoche. Intentando aislar/contener a Wapo (Washington Post)— respondió Ruemmler a la 1:18 pm.

Casi 30 minutos después, Epstein invitó a su casa a la mujer en Nueva York, pero ella declinó la invitación por la ‘porquería del Servicio Secreto’ con la que estaba lidiando en Washington.

—¿vienes (sic) temprano mañana a las 11?— escribió Epstein.

—No puedo ir. Sigo en Washington D. C.; pasé todo el día lidiando con esta porquería del servicio secreto (sic)— respondió Ruemmler.
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Para ese momento del día, varios medios de alcance global ya habían replicado la investigación de The Washington Post, apuntando a que Ruemmler fue informada por el Servicio Secreto de lo que había hecho el asesor Jonathan Dach en ‘Cartagena, Columbia’.

Pero, ¿quién era aquella mujer lo suficientemente influyente como para tener que atajar a los periodistas revolucionados por el escándalo? 

Ruemmler acababa de salir de la Casa Blanca, duró cinco años en el gobierno federal, primero como vicefiscal y luego fue asesora legal estrella de la administración Obama, tanto que, según reportes de medios especializados, el entonces presidente le pidió que fuera fiscal general. Son tantos sus correos con Epstein entre 2014 y 2020 que el pasado 13 de febrero renunció como jefe jurídica de Goldman Sachs.

En la noche de ese caótico nueve de octubre, Epstein le volvió a escribir a Ruemmler:

—Despierta??—preguntó Epstein a la Ruemmler a las 10:00 pm.

—Sí, estoy en casa— respondió la mujer.

—301 0 202?— escribió el pederasta.

Luego no hay rastro de correos hasta el 15 de octubre. Ese día, un remitente censurado en los archivos le avisa a Ruemmler que Epstein y Summers estarán de visita y la invita a participar. Ella acepta sin problema.

Al día siguiente, Eric Shultz, abogado de Jonathan Dach, le reenvió a Ruemmler una carta enviada a la periodista Carol Leonning. 

“Si el Post insiste en incluir el nombre (de Dach), parece que lo mínimo que debería hacer es incluir, siempre que se utilice su nombre, una referencia a sus continuas negaciones y al hecho de que su firma, por no hablar de su nombre, no aparece en el registro del hotel”, dijo el abogado, refiriéndose al Hilton de Cartagena, donde supuestamente el integrante de la avanzada de Obama pagó por sexo a una prostituta.

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Cerca de 24 horas después, el 17 de octubre a las 3:39 p.m., Ruemmhler le reenvió la carta de Schultz a Epstein. Luego, pasados veinte minutos, le escribe otro correo al pederasta en donde le muestra un borrador de la respuesta que le enviará a la periodista Carol Leonning.

 “Mi borrador de respuesta a continuación”, escribió Ruemmler.

Allí, la mujer explica que inició las investigaciones pertinentes a todo el personal que viajó a Colombia, incluido Dach, aclarando que no era un funcionario de la Casa Blanca sino ‘un voluntario sin acceso a información confidencial o a la seguridad del presidente’. También reveló que fue el Servicio Secreto, soportado en un documento manuscrito del Hilton de Cartagena y un testigo, quien informó que aparentemente un miembro de la avanzada (Jonathan Dach) había recibido una visita en su habitación.

Al final, Ruemmler, como asesora legal de la Casa Blanca, no encontró conductas irregulares sobre Dach en Cartagena. El hombre negó constantemente los señalamientos de contratar a una prostituta y la mujer le creyó. Al final, Ruemmler entrega el resumen ejecutivo de la investigación que hizo Seguridad Nacional del escándalo en la capital de Bolívar:

“Identificamos a 13 empleados del Servicio Secreto, un empleado de la Agencia de Comunicaciones de la Casa Blanca y un supuesto miembro del personal y/o equipo de avanzada de la Casa Blanca que tuvo encuentros personales con ciudadanas colombianas”.

Veinte minutos después, Epstein le respondió a Ruemmler sobre su intento de descargos a la periodista de investigación. 

—¿Dach todavía lo niega? Punto importante—preguntó el millonario y adjuntó su versión ajustada de la respuesta a la periodista.

—Sí, lo hace. Le estoy haciendo algunos ajustes más— respondió Ruemmler.

—¿Has visto mis ediciones? —agregó Epstein.

—Mirando ahora— dijo la mujer.

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Luego, el mismo 17 de octubre de 2014, Epstein siguió tirando línea sobre cómo manejar el escándalo y los puntos flacos de la investigación del Washington Post: 

“Oye, la carta del abogado decía que fue la prostituta la que anotó el número de habitación. Esa es una versión totalmente diferente de la historia. Si no fue el recepcionista del hotel quien lo escribió, ¿con qué frecuencia mienten las prostitutas sobre a qué habitación se dirigen?”, escribió el magnate, experimentado en prostitución.

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Ruemmler respondió reconociendo que durante la investigación nunca se supo quién fue el testigo: “Podría haber sido la prostituta, podría haber sido el empleado del hotel”, dijo la exasesora legal de Obama.

Frente a ello, Epstein señaló que, si la versión vino de la prostituta, sería un atenuante a la versión por su hipótesis de las mentiras recurrentes de las trabajadoras sexuales. “Podría haber sido la prostituta, es una atenuación bastante fuerte”, escribió el pederasta.

La comunicación entre Ruemmler y Epstein culminó con un diagnóstico de la expoderosa de la Casa Blanca sobre el lío con el Servicio Secreto, la Casa Blanca y Cartagena:

“Todo esto es ridículo: tuvieron que obtener el registro “en negro” porque lo último que el Hilton quería era entregar voluntariamente información que comprometiera la privacidad de sus huéspedes. El procedimiento para registrar a las prostitutas no es riguroso”, sentenció Ruemmler.

Después de esa fecha, no hay rastro de conversaciones vía correo electrónico de Epstein y sus amigos sobre el escándalo con toque colombiano que sacudió al Servicio Secreto más allá de algunos links de medios con esquirlas de la controversia. 

Sin embargo, al mirar hacia atrás si hay antecedentes que ahora resultan inquietantes. El 14 de abril de 2012, época en el que estalló el escándalo, Epstein le envió un diciente correo al periodista Edward Epstein, con quien no estaba emparentado.

“La historia en Columbia (sic) es que un agente del servicio secreto no le pagó la cantidad correcta a la prostituta, ella fue a la policía... ¿suena familiar?”, escribió el pederasta.

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Ambos cuadraron un encuentro, en el que seguramente el escándalo sexual estuvo como tema de conversación. ¿Qué le sonaba familiar a Epstein?

Finalización del artículo

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