El precandidato presidencial Roy Barreras en entrevista con CAMBIO.
Foto: Pablo David Gutiérrez - CAMBIO
En entrevista con Patricia Lara Salive, el candidato de centro izquierda propone a los petristas pedirle al presidente que acepte la vicepresidencia. Dice que dispone de un concepto jurídico que afirma que eso es posible. ¿Será Petro vicepresidente de Roy? ¿Y Uribe de Paloma? En Macondo todo puede pasar. Barreras, quien irá a la consulta del Frente por la Vida, habla del fracaso de la paz total y enumera las tres prioridades de un eventual gobierno suyo: componer la seguridad y la salud, y recuperar la economía. .
Por: Patricia Lara
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CAMBIO: Estamos momentos de turbulencia, Roy Barreras: usted decidió seguir adelante con la consulta del Frente por la Vida no obstante que el Consejo Nacional Electoral (CNE) excluyó de esa consulta a Iván Cepeda, el candidato de la izquierda que, según las encuestas, tiene hoy más posibilidades de ser presidente de la República. Usted siempre había planteado la necesidad de unir a la izquierda. Y ahora resulta que la izquierda lo está queriendo poco...
R.B.: Bueno, yo entiendo, porque comparto el dolor ante el hecho absurdo de que un abogado de nuestro peor contradictor, el señor De la Espriella, hubiera decidido nuestro destino. Es que, durante meses, aquí mismo, en CAMBIO, anuncié nuestro propósito y nuestra decisión conjunta, con Iván, de ir a una consulta de centro izquierda. Es decir, se trataba de unir a la izquierda que, en octubre, en la consulta del Pacto Histórico, eligió a un candidato legítimo, que es Iván. Y yo pensaba esperarlo en marzo desde las corrientes liberales socialdemócratas que acompañamos a Petro con las banderas liberales con las que recorrimos el país. Esa unidad permitió el triunfo de Petro hace cuatro años. Lo sabe todo el país: no fue la izquierda sola y menos la izquierda radical sola. Entonces, la consulta debía ser el ejercicio de la unidad. Pero se atravesó un señor Hollman Ibáñez y, de manera insólita, impidió que hiciéramos la consulta. Eso nos generó mucha indignación. Sin embargo lo que no puede perderse de vista es que al que hay que derrotar es a quien nos hizo el daño: una derecha que está aterrada con el hecho de que la primera fuerza política en Colombia sea el progresismo.
Pero, ojo, el progresismo incluye al liberalismo, y al Pacto, inclusive. Yo soy, junto con Petro, Cepeda y María José Pizarro, fundador del Pacto: fui senador y presidente del Congreso a nombre del Pacto. Y sigo sintiendo que la única manera de evitar que una derecha regresiva y represiva regrese a Colombia a épocas oscuras es estando unidos: la unidad es la victoria. Aquí, la única conversación pendiente es cómo podemos lograr esa unidad en el nuevo escenario.
CAMBIO: Pero María José Pizarro le dijo a CAMBIO que no tiene sentido hacer una consulta del Frente por la Vida si no participa Iván Cepeda.
R.B.: Yo entiendo: ella es la jefe de Debate de Iván y, por supuesto, lo que cualquier candidato espera es que todos los demás declinen en favor de él, así sea prematuramente. Pero yo no voy a dejarle la cancha abierta y libre a una derecha el 8 de marzo, en una consulta a la que acudirán 21 millones de electores y en la que el único menú que se les ofrezca sea una consulta uribista.
En esa consulta hay gente muy respetable. Pero el uribismo, de manera muy hábil, acabó chupándose todo ese centro derecha y eso termina en Paloma Valencia, y luego, seguramente, en Abelardo de la Espriella, o al revés.
El país necesita una fórmula de unidad que sane las heridas, permita que el cambio avance y no nos derrote la derecha. Pero que no haya una fractura, no odios, que se permita que avancen las reformas sociales.
Muchas se han impedido por la pugnacidad, por la polarización. La pelea abre esas heridas. Yo soy una alternativa para eso. Además tengo ese deber con centenares de personas que me acompañan en las listas, porque yo tengo un partido y una lista del Frente Amplio que no puedo abandonar. Y están confluyendo con un montón de sectores de izquierda, lo mismo que 13 sindicatos que nos acompañan, así como las mayorías de la CUT, de la USO, de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, de la CTC, de la CGT, del movimiento que acompañó a la vicepresidenta. Es decir, yo no puedo dejar abandonada a la gente que quiere una alternativa progresista que tranquilice al resto del país, y que sepa unir a Colombia. Para eso es la democracia: para ir a las urnas. Los ciudadanos verán si quieren o no esta alternativa progresista. Pero no se nos puede negar el derecho a participar.
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CAMBIO: ¿Pero no se corre el riesgo de que se divida mucho más a la izquierda? Camilo Romero, ex gobernador de Nariño y ex embajador en Argentina ha dicho que Roy Barreras no representa el progresismo y se tomó la vocería de la consulta sin preguntarles a los demás participantes. ¿No será que su empeño en participar en esta consulta acaba dinamitando a la izquierda?
R.B.: Pero Patricia, empecemos por recordar dos cositas. La primera, que yo no soy de izquierda. Es decir, yo no estoy dividiendo a la izquierda. Hay un montón de liberales independientes, de personas sin partido, de verdes progresistas, de gente que quiere el cambio, que no quiere votar por la derecha, que repudió con nosotros el paramilitarismo, que no son de extremos, no militan en el Partido Comunista ni en la Unión Patriótica y, ni siquiera, militan en la izquierda. En Colombia hay más izquierda que izquierda radical, y hay más petrismo que izquierda y más progresismo que petrismo. Conmigo, millones votaron por Gustavo Petro hace cuatro años sin ser militantes de izquierda.
CAMBIO: ¿En qué planteamientos se diferencian Roy Barreras e Iván Cepeda?
R.B.: En muchos. Primero, creo que Iván Cepeda es un hombre honesto, austero, coherente con su pensamiento político y un legítimo candidato de la izquierda. Tengo por él afecto personal y creo que está haciendo su mejor esfuerzo para unir a las izquierdas. Pero tenemos diferencias: él tiene una formación ideológica conocida y yo soy un liberal de centro, socialdemócrata. Yo, en 15 de los últimos 17 años milité en el partido que construyó la paz, el Partido de la U, que dirigió Juan Manuel Santos. Y me aparté de allí cuando la alternativa era escoger entre Petro, que pensábamos era la continuidad de la implementación del Acuerdo de Paz, y Rodolfo Hernández. Por supuesto, esa opción para mí era clara, sobre todo por un asunto que sí ha hecho Petro y que inclusive sus críticos deberían reconocerle: la inclusión social. Pero tenemos que juntarnos quienes tenemos una formación de centro liberal socialdemócrata. Uno sabe que es posible que este país sane las heridas. Yo soy médico, y sé sanar heridas, dialogar, componer. Lo hice en el primer año del Gobierno Petro. Logramos una coalición muy grande; un gabinete mixto con el que había tranquilidad inclusive en el sector empresarial, en el académico. Esa tranquilidad se perdió luego, porque la polarización rompió la coalición, y no se pudieron sacar adelante las reformas sociales.
CAMBIO: ¿Y cuáles son sus puntos de convergencia con Iván Cepeda?
R.B.: Son muchísimos. Primero, poner en la primera línea del país la inclusión social, que es lo que ha hecho Gustavo Petro; no lo han hecho Roy ni Iván, Petro solamente. E intentar de todas las maneras que la gente tenga una vida digna, un salario mínimo vital. Que los auxiliares de policía puedan tener al fin un salario digno, lo mismo los médicos internos… A mí nadie me pagó cuando era médico interno horas extras ni nocturnas. Ni siquiera salario... Es la decisión de que el Estado les dé la mano a los más vulnerables.
Otro tema es que la mitad de la promesa se quedó sin ejecutar. Y otro adiciona es la responsabilidad fiscal, porque para poder garantizar cómo sanar esas heridas hay que tener con qué sanarlas. Si el país no aumenta su productividad, su la economía, la construcción de viviendas, de infraestructura y la confianza del sector privado en los mercados, y si no logra bajar las tasas de interés, no tendremos con qué pagar el cierre de la deuda social.
Entonces, compartimos con Iván la pasión por un país más justo para la inmensa mayoría y la certeza de que hay que intentar conquistar una paz estable y duradera. Pero con diferencias de método.
El método aplicado en la Paz Total es un fracaso total porque no se puede hacer justicia transicional con las bandas de narcotráfico. Y no es lo mismo dialogar con una guerrilla insurgente que con las bandas de Medellín.
CAMBIO: Y el método, ¿en qué cambiaría?
R.B.: En todo. Está escrito. Nosotros no improvisamos; avanzamos en un proceso para garantizar una paz estable y duradera en la que creímos muchísimos millones de colombianos cuando firmamos el acuerdo del Teatro Colón, que ayudé a negociar y tuve el honor de firmar. Pero básicamente cambiaría en que “nada estará acordado hasta que todo esté acordado”. Y desde el principio debe estar absolutamente claro que el propósito es dejar las armas y dejar el crimen. No se puede hacer política con armas.
Pero hay muchas otras cosas que han cambiado. Hoy, por supuesto, hay una degeneración de grupos que están dedicados al narcotráfico y a la extorsión y tienen azotada la población, controlan el territorio y tienen infiltrado el tejido social por intimidación o por la necesidad del campesino cocalero. Entonces hay que hacer un esfuerzo inmenso de penetración social del territorio, pero también de recuperación de la fuerza legítima del Estado. Esa también es, seguramente, una diferencia con Iván. Porque hay cierta debilidad de buena fe de la fuerza legítima del Estado y de las Fuerzas Militares que ha sido aprovechada por los grupos ilegales. Mire lo que está pasando en Arauca. Como decía un valiente periodista, se trata de 320.000 colombianos secuestrados en Arauca por el ELN. Se necesita la sensibilidad en el corazón por los más vulnerables –y la tienen Petro e Iván–, pero se necesita también la fuerza legítima del Estado, la claridad del equilibrio fiscal y económico y la capacidad de unir al país, de darles garantías a todos.
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CAMBIO: ¿Cuáles serían las tres prioridades de un Gobierno de Roy Barreras?
R.B.: Empiezo por las dos que los colombianos me han compartido a lo largo y ancho del país. Cada colombiano hoy quiere que le protejan su vida, que no lo maten, que no lo secuestren, que no lo extorsionen, que no lo apuñalen por robarle el celular, que su hijito regrese por la noche del trabajo o del estudio, que no sienta esta sensación de miedo y de inseguridad.
CAMBIO: ¿Y eso cómo se logra?
R.B.: Primero, recuperando la seguridad. La segunda prioridad es que te cuiden la vida, que no te dejen morir porque no te dan la cita en un hospital, porque no te dan el medicamento, que se recupere el sistema de salud. Yo soy médico. Yo lo sé hacer.
Y la tercera prioridad es recuperar la economía. Si no hay platica, ¿con qué vamos a sanar la herida social? Si no cerramos el hueco fiscal (y eso implica darle un manejo responsable de la economía a un ministro de Hacienda experto, porque no se puede hacer populismo con las finanzas públicas), el hueco fiscal estalla. Colombia no es Venezuela, entre otras cosas porque no tenemos un mar de petróleo abajo para despilfarrar.
Y no se puede descalificar el Congreso porque descalificaría la democracia misma, la de gobernar con alcaldes y gobernadores que son electos popularmente, la de respetar la cortes y dialogar en el equilibrio de poderes, la de dejar de graduar de enemigo a todo el mundo. Es que la cosa es tan fanática que a quien no obedezca ciegamente lo ponen en las bodegas e inmediatamente lo convierten en enemigo. Es una especie de purga estalinista. Colombia no quiere eso. Y ni hablar de las bodegas de derecha extrema que lo que nos ofrecen es destripar a la oposición, y darles balín. Esos dos extremos no son una condena inevitable. Yo estoy aquí para evitar que eso ocurra. Y el 8 de marzo espero que millones de colombianos sean conscientes de que sí es posible una alternativa progresista, segura y tranquila, que además garantice ganar las elecciones. Porque en esa polarización, cualquier cosa puede pasar.
CAMBIO: Una pregunta: ¿Qué es lo único que tiene Roy Barreras que no tienen los demás candidatos?
R.B.: La capacidad de darles garantías a todos, de unir el país, de respetar a todo el mundo, de dialogar, de consensuar. Lo hice en el primer año del Gobierno Petro y por eso se aprobaron todas las reformas que me fueron encomendadas. Y lo hice también en La Habana, tratando de lograr esa paz que anhelábamos y que pensábamos que iba a ser permanente pero que luego, ante la decisión de hacer trizas la paz del Gobierno del Centro Democrático que continuó, sufrió ese daño enorme.
Y luego, al inicio del Gobierno de Petro, cambiaron de método y la gente abusó de la buena fe del presidente y de su método.
Y sobre la reforma de la salud: todos sabemos que se necesita una reforma a la salud porque hay que tener reglas de juego claras, y un sistema público-privado, mixto. También sabemos que algunas EPS y muchas clínicas de garaje se robaban la plata de la salud por falta de control. Y sabemos que ese sistema es indispensable para controlar los cerca de 102 billones de pesos al año que gastamos en salud.
Pero esa reforma no se concertó, no se dialogó, se quiso imponer y se rompió la coalición. Y hoy el resultado es que los colombianos no tienen claro quién los va a proteger. El sistema de aseguramiento hay que recuperarlo, pero con la absoluta certeza de la recuperación de la red pública hospitalaria: el Estado no puede delegar su función de proteger la vida de los colombianos. La reforma de la salud yo sí la saco adelante.
Y una cosa de la que no hemos hablado porque los colombianos la ven como lejana, como mecánica: la reforma política. Este sistema político electoral es desastroso. Hay que cambiar este sistema electoral, esta locura en que está el Consejo Electoral, la feria del clientelismo, la compra de votos, los 70 partidos políticos: eso no es sano para la democracia. Vamos a hacer una reforma que limpie la política. Es la principal medida anticorrupción.
CAMBIO: Usted ha dicho que el 9 de marzo, según lo que ocurra en la consulta, se sienta con Iván Cepeda a buscar un acuerdo. ¿Pero cómo sería ese acuerdo si la ley obliga a que él que participe en una consulta tiene que ir hasta el final y no se puede retirar?
R.B.: Mire, Patricia, este no es un proyecto individual. No es el proyecto ni la ambición de Roy, ni de Iván, ni de nadie en particular. Este es un proyecto colectivo e histórico muy importante en un momento en el que hay una crisis de la democracia y una ola de extrema derecha en el mundo. Quieren dictaminar por decreto a quién deben amar las personas, con quién pueden tener relaciones y con quién no, proscribiendo como delito cualquier otro tipo de libertad. Quieren evitar que el Estado intervenga para sanar la herida social y darles la mano a los más pobres para salir de abajo hacia arriba. Yo lo logré de milagro, gracias al trabajo de mi madre, pero no todo el mundo logra salir de la pobreza.
De manera que esa guerra cultural es la que Colombia tiene que detener y evitar eligiendo un gobierno progresista. Esa es la prioridad. Todo lo demás es secundario. Estando de acuerdo en eso, nos sentamos a las 7 de la mañana del 9 de marzo y vamos a tomar la mejor decisión posible para ir unidos.
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CAMBIO: Pero ¿cómo haría, en este país de leguleyos, para hacer un acuerdo con Iván Cepeda si usted gana esa consulta? ¿Eso no implicaría salirse de la contienda electoral? ¿Y luego eso no lo prohíbe la ley?
R.B.: En Colombia hay primera y segunda vuelta. Es decir, está previsto el escenario de la unidad. Pero antes hay mecanismos de unidad, dependiendo del resultado electoral. Iván ya tuvo la oportunidad de contarse democrática, libre y legítimamente. A mí me parece insólito que se piense que yo no tengo la oportunidad democrática, no solo de contarme, sino de respetar a miles de personas que me acompañan.
CAMBIO: Digamos que usted gana la consulta del Frente por la Vida, pero que no supera los 2.700.000 votos que sacó Iván Cepeda. ¿Cómo puede decir: ‘no voy a primera vuelta?’. ¡Le tocaría pagar una multa millonaria?, ¿cierto?
R.B.: Habría que devolver la reposición. En el caso mío el límite es de 3.000 millones de pesos. Pero eso es si ha gastado ese dinero. Usted puede hacer un crédito bancario —que estoy tramitando— y no tendría por qué usar la reposición. Y si la usa, con el crédito la paga y la devuelve. Es un asunto de trámite menor cuando está en juego la suerte del país. Y esa debacle se puede impedir por cuenta de que haya un crédito en un banco que se paga en un lapso de 10 o a 15 años. Eso, perdóneme, es una tontería.
¿Sabe de qué me acuerdo, que era más difícil? Cuando perdimos el plebiscito y ganó el ‘No’ mucha gente decía: ‘Esto no tiene solución. Ya no hay nada que hacer porque el plebiscito es obligatorio, y estamos condenados a la guerra’. Y esa noche yo les dije: ‘No, señor. Yo encuentro soluciones’. Y encontramos soluciones. Y al otro día me fui a La Habana, renegociamos el acuerdo, lo volvimos a traer, lo refrendamos en el Congreso y creamos la JEP, y la Comisión de la Verdad, y la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas, y la Agencia Nacional de Tierras y la de Desarrollo Rural. Y estamos haciendo la reforma agraria a pesar de que quisieron hacerla trizas.
CAMBIO: Vamos a lo concreto, Roy. Usted ha dicho que son 3.000 millones de pesos, más o menos, lo de la reposición de votos y que esa sería la multa que tendría que pagar. Si no hay esa reposición, ¿cómo haría para pagar los gastos de su campaña, que me imagino han sido muy grandes en la medida en que tiene asesores muy costosos, como Ángel Becassino, Xavier Vendrell y Marco Cartolano, que trabajó con Santos?
R.B.: Primero, 3.000 millones de pesos son de un crédito que estoy tramitando. O sea, existen los bancos, Patricia, y uno puede solicitar un crédito y yo lo estoy haciendo. Y en esto no solamente me estoy jugando un crédito, que ya es un riesgo personal enorme, sino también la vida. Pero no solo soy yo. Todos los candidatos lo están haciendo: aquí han asesinado candidatos presidenciales. El jueves asesinaron en Arauca a dos escoltas de un senador. Y el otro día casi matan a un representante a la Cámara en el Huila. Es decir, aquí esto no es un chiste, esto no es una cosa menor. Yo podría retirarme. Pero yo sé apagar este incendio de Colombia y voy a ofrecerle mi vida a ese propósito. Yo sé unir al país y lo voy a lograr el 8 de marzo. No me voy a detener. Y voy a solicitar un crédito. Pero sí le hago precisiones sobre los asesores: Xavier Vendrell, Antonio Sola y Marco Cartolano, llegaron hace ocho días a mi campaña para esta recta final. Tendré que hacerles el primer pago dentro de 30 días, cuando ya voy a tener el crédito. Eso es claro y no tiene dificultad. Pero hay gente que no está cobrando. Por ejemplo, el señor Xavier. Él llegó un día a mi casa y dijo: “Yo soy un hombre de izquierdas, estoy preocupado con el auge de la derecha en América Latina y creo que usted es el tipo que puede salvarnos de la derecha, porque usted sí puede ganar las elecciones”.
Bienvenido, como miles de progresistas que están llegando, este señor que no me está cobrando a mí un peso. Entonces, no existe el fantasma de que ‘qué va a hacer para pagar’. Lo que sí tengo que pagar, que son las vallas y las cuñas, y las pago con un crédito bancario. Pero mire la nimiedad del asunto frente a lo que está en juego: la vida de personas, de campesinos que se verán desplazados a sangre y fuego por otro gobierno de derecha que resucitaría el paramilitarismo. Y, en el otro extremo, las vidas de miles de colombianos que los grupos ilegales y las disidencias están matando por el control del territorio. Eso es lo que está en juego: la recuperación de la legitimidad, de la tranquilidad y la economía. Si nosotros no le brindamos estabilidad al país, realmente va a haber una fuga de capitales. No la ha habido porque Petro ha manejado una economía milagrosamente, y ahí está la economía creciendo, bajando la inflación, bajando el desempleo. Pero eso no aguanta si no controlamos el déficit fiscal y, menos aún, si la receta viene de un extremo.
Esos son los problemas de los que hay que hablar: la seguridad, la salud, la economía, la construcción, la infraestructura, los puertos, los aeropuertos. La discusión no es si el banco me aprueba o no el crédito y si yo lo pago a 5, 10, o 15 años…
CAMBIO: Roy, le cuento que yo, personalmente, les tengo pánico a los créditos y a sus intereses. Yo no debo ni un peso. Y CAMBIO no debe un peso. Logramos sobrevivir con mucho esfuerzo, pero sin deber un peso.
R.B.: La mayoría de los colombianos vivimos endeudados, sobre todo los que vivimos del sueldo. Y yo hace varios meses que no tengo sueldo. Pero eso no importa: eso no me va a detener.
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CAMBIO: ¿Ese lío de la plata no fue lo que impidió que la idea del café entre Sergio Fajardo y Humberto de la Calle prosperara en la campaña de 2018? ¿No fue eso lo que hizo que Duque fuera elegido presidente? Si mal no recuerdo, entonces nadie tuvo la generosidad de decir: ‘eso de la plata lo solucionamos’…
R.B.: Si, no hubo esa generosidad. Recuerdo que, en su momento, Humberto De La Calle, propuso hacer una ‘vaca’. Yo creo que la solución más concreta es pedir un crédito bancario, pero vuelvo al asunto, Patricia: ¿realmente creemos que eso es lo más importante en Colombia? Yo creo que eso es absurdo, sobre todo cuando tú estás dispuesto a jugarte la vida.
CAMBIO: ¿Qué tan de acuerdo está el presidente Petro con que usted participe en la consulta del Frente por la Vida en la que no va a participar Iván Cepeda? ¿Qué tan riesgoso es que de pronto el presidente se le atraviese y desbarate su propósito?
R.B.: No sé qué piensa el presidente. Pero creo que él y el progresismo también necesitan una alternativa. Le voy a decir lo que me decía un amigo: “Mire, es que si uno va en una lancha, por más poderosa que sea, de todas maneras se lleva chalecos salvavidas y un bote inflable por si acaso se hunde la lancha. Usted es ese bote salvavidas”. El progresismo y el presidente necesitan una alternativa. No pueden tener una sola opción. Mire lo que pasó en Chile con la señora Jara. Ella ganó sus primarias, ganó la consulta, ganó la primera vuelta. Y tenía 43 por ciento en las encuestas, no 30 por ciento, y perdió en la segunda vuelta. El propio presidente Petro, hace cuatro años, iba volando en las encuestas. Además, era el ganador indiscutible: había sacado ocho millones de votos. Y solo no pudo. Necesitó que nosotros lo acompañáramos, y cuando digo nosotros, me refiero a miles de personas de buena fe, independientes, liberales, que no querían irse a la derecha.
Y eso es lo mismo que va a pasar ahora.
Si Petro solo no pudo, Iván solo no puede, y yo tampoco puedo solo.
Yo no sé si el presidente opinará que pueden solos ganar en la primera vuelta. Pero creo que él ha dado muestras de invitar a un ‘frente amplio’ y eso es lo que nosotros vamos a hacer con sectores sociales, de izquierda, comunitarios, liberales y con los partidos políticos a los que yo no insulto. Yo respeto la representación democrática.
Esa es una diferencia por la que usted me preguntaba: el modelo de Estado. Yo creo en la democracia representativa y creo que no hay democracia sin Congreso, sin cortes, sin alcaldes, sin gobernadores.
CAMBIO: ¿Usted cree que Iván no respetaría la democracia representativa?
R.B.: No es que no la respete, sino que hay otro modelo, legítimo también, que es el que se deriva –es una discusión muy académica– de la asamblea de Antonio Negri, de Gramsci, y que implica la relación directa del caudillo con el pueblo, con la asamblea, y esa relación directa hace que se pase por encima de alcaldes, que no se necesite Congreso o que se deslegitime y que se piense que la voz del pueblo es la voz del que habla en el micrófono frente a la manifestación multitudinaria. Entonces, la gente se emociona porque hay 5.000, 6.000 personas. Yo también me emociono.
Pero cuando uno habla en la manifestación, que es apasionante, no escucha. Y la gente no tiene oportunidad de dialogar como dialoga usted cuando habla con el concejal, con el presidente de la Junta de Acción Comunal, con el dirigente sindical, con el campesino, con la señora de la tienda. Eso sí es diálogo y se llama democracia representativa con las instancias que la Constitución del 91 determinó.
Entre otras cosas, a propósito, le voy a dar una ‘chiva’.
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CAMBIO: Me imagino que la ‘chiva’ es que nos va contar qué le dijo el presidente Petro el viernes cuando fue a hablar con él a propósito de su participación en la consulta del Frente por la Vida, sin la presencia del candidato de izquierda, Iván Cepeda… ¿Se puso furioso?
R.B.: No, no: todo lo contrario. Hablamos dos horas y media. Nosotros tenemos una relación muy cordial, fraterna, y nos reímos, conversamos, analizamos en privado. El presidente ha sido supremamente claro, y lo primero que me ha dicho y le ha dicho a todo el mundo es que él es absolutamente neutral y les da garantías electorales a todos. Y yo creo, por supuesto, en su palabra.
Lo segundo que también ha dicho con claridad, y que yo comparto, es su indignación por el hecho de que hayan excluido a nuestro compañero Iván Cepeda de manera atrabiliaria de la consulta que teníamos prevista.
Y quiero decir, además, a propósito de esa conversación con el presidente, que todavía, y en cuestión de horas, un juez de tutela podría devolverle a Iván Cepeda –y así lo pido yo– el derecho a estar en el tarjetón. Aún no están impresos los tarjetones. E Iván tiene derecho a estar ahí. Es evidente que el señor Hollman Ibáñez, quien como conjuez del CNE se atrevió a inhabilitarlo, es un abogado de Abelardo de la Espriella. Por eso estaba inhabilitado e impedido para hacerlo. Es decir, yo creo que todavía Iván Cepeda podría participar en la consulta nuestra. Y esa sería la mejor manera de unir al centro y a la izquierda en una competencia democrática, que es lo que queremos ambos.
Y también quiero decirles con claridad a algunas personas que estigmatizan o son sectarias, que 11 millones de colombianos progresistas elegimos a Gustavo Petro hace cuatro años. Tres millones ya se pronunciaron en octubre. Yo convoco a los otros ocho millones de progresistas que faltan para que voten el 8 de marzo. Es una cifra que corresponde, fíjese usted, al 40 por ciento de los colombianos –que son la mayoría– y que no están en los dos extremos. Es que hay dos extremos, cada uno estancado más o menos en el 30 por ciento, o sea un 60 por ciento. Pero hay un 40 por ciento que conforma una mayoría compuesta por los que no queremos extremos.
Y hay una curiosidad, esas bodegas furiosas no lo están contra los exministros de Petro que anunciaron que iban a la primera vuelta. Ellos sí que van a dividir porque van a competir con Iván o conmigo. En cambio yo estoy proponiendo exactamente lo contrario: que derrotemos la consulta uribista y que el 9 de marzo nos unamos para llegar juntos a la primera vuelta, pero una vez que las urnas hablen. Primero nos contamos y luego nos juntamos.
CAMBIO: ¿Se refirie a Juan Fernando Cristo?
R.B.: Y también al excanciller Murillo. Ambos anunciaron que iban a la primera vuelta y a mí me parece que eso sí divide. Nosotros tenemos que llegar juntos de la primera vuelta.
CAMBIO: Dicen las malas lenguas que su relación con Iván Cepeda no está en el mejor momento. Que no le contesta el teléfono, que no le habla… ¿Cómo es eso?
R.B.: Yo tengo afecto por él. Él lo sabe. Llevamos 15 años caminando juntos los caminos de la paz y la defensa de los derechos humanos. Nosotros compartimos ese compromiso con un país más justo y con la defensa de la vida. Y cuando el CNE, o mejor, Abelardo de la Espriella, a través de uno de sus abogados, cometió ese atropello contra sus derechos, lo llamé para decirle: “Iván, mi solidaridad y, ante el nuevo hecho, conversemos. ¿Qué hacemos?”. No me contestó. Le dejé un audio. Yo le propongo a Iván que salvemos esto. Que ante este atropello no salgamos en desbandada todos y le dejamos la cancha libre a la derecha. Pongámonos de acuerdo. Pero seguramente él ha estado muy ocupado.... Pero mire, la derecha no va a lograr dividir eso que hoy se llama progresismo, que no es otra cosa que el liberalismo popular, el del ciudadano independiente, sin partido, que quiere progresar, salir adelante, ser feliz, trabajar y vivir en paz, sin extremismos. Así que va a ganar un presidente de centro izquierda que unirá al país. Lo demás es la coyuntura, la turbulencia.
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CAMBIO: En la lista de la consulta del Frente por la Vida están, además de usted y el ex alcalde de Medellín, Daniel Quintero, Edinson Lucio Torres, Martha Viviana Bernal y Héctor ‘Tico’ Pineda, antiguo militante del M-19. ¿Por qué ellos?
R.B.: Lucio Torres es un periodista que fue uno de los precandidatos presidenciales cuando Carlos Gaviria también fue candidato. Lo propuso el Partido de los Trabajadores de Colombia, de izquierda, que me acompaña en mi aspiración presidencial, pero que coavaló a Torres. Martha Bernal es una abogada que recogió firmas, una mujer independiente, de espíritu liberal. Y Héctor ‘Tico’ Pineda no solamente es padre de la Constitución del 91, sino un militante del M-19, compañero y copartidario del presidente Petro desde hace 30 años. De manera que es un auténtico dirigente de ese petrismo y de esa historia que abrió el camino para lo que hoy es la fuerza mayoritaria en Colombia, el progresismo que, repito, es de centro izquierda. Y repito que la fórmula es la del centro izquierda. Por eso hay que buscar, entre otras cosas, al más auténtico de los representantes de la izquierda. De ahí que ayer les hice una pregunta a los progresistas, a los petristas más radicales: ¿quién es el más auténtico vocero de esa corriente ideológica? ¡Pues es Gustavo Petro! Yo tengo conceptos jurídicos que demuestran que un presidente de la República no está inhabilitado para aspirar a la vicepresidencia. Entonces les pregunté, y les estoy preguntando a los petristas, si sienten que quien más garantías les da es el propio Gustavo Petro. Si es así, él podría ser el mejor candidato a la Vicepresidencia.
CAMBIO: ¿O sea que el expresidente Uribe también podría ser candidato a la Vicepresidencia de Paloma o de Abelardo?
R.B.: Y Santos también, y todos los expresidentes lo podrían ser…
CAMBIO: Doctor Roy, ojalá logre que se acabe la peleadera inenarrable de la izquierda...
R.B.: ¡Claro! Y les estoy proponiendo nada menos que el propio Petro sea mi fórmula vicepresidencial. ¿Qué más quieren? Es mejor el original que la copia.
Y como Petro ha dicho que obedece el mandato popular, si el pueblo petrista se lo pide, quizá él lo considere. Y si se lo quieren pedir, que lo hagan a través de las redes. Que piensen en si hay alguien que pueda ser más auténtico de izquierda que Petro en una fórmula de centro izquierda. Y fíjese en que estoy diciendo ‘de centro izquierda’. Es que el país requiere la unidad, no los extremos; necesita la estabilidad, el cambio seguro.
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CAMBIO: Esa es la ‘chiva’ entonces. ¿Podemos titular: ‘Roy Barreras propone a Gustavo Petro como vicepresidente’?
R.B.: No, yo no se lo he propuesto a Gustavo Petro. Yo le propongo al petrismo que le pregunte a Petro si quiere ser vicepresidente. Y estoy afirmando que Petro no está inhabilitado ni impedido para serlo.
CAMBIO: Esta es la penúltima pregunta. Y es muy importante: la campaña se ha desarrollado, en general, con base en ideas abstractas. Pero a la gente le gustan las soluciones prácticas para la vida. ¿Cuáles serían en concreto los beneficios que su presidencia le traería al ciudadano del común?
R.B.: Primero, unir el país para ser capaces de tener como propósito una Colombia que salga de la incertidumbre, del pantano, de los odios y de los miedos sembrados. Y eso se concreta en hechos efectivos: Garantizar con qué financiar la deuda social, los subsidios de los ancianos, el bachillerato, de quinto a sexto, para 200.000 jóvenes, un ‘plantecito’ de 20 millones de pesos para que cada uno pueda emprender… Usted me está preguntando por el programa y el programa tiene que ver con la educación para el trabajo. Y lo más rápido que recupera la economía es la construcción. Vamos a hacer un millón de viviendas en los cuatro años. ¿Cómo? Hay 14.000 millones de dólares que son remesas de colombianos en el exterior. Es una cifra igual a la de la inyección de Ecopetrol a la economía. Hoy ellas están dispersas. Entonces vamos a convertir el Fondo Nacional del Ahorro en un banco de vivienda real para que el Estado acuda por cada colombiano. Son 10 millones de personas las que están afuera y que quieren tener una casita para una mamá que se les quedó en Ambalema o en Lorica; y vamos a ayudarles a que le hagan su casa, y a reactivar la vivienda de interés social, y a reactivar la infraestructura. Y, para competir, Colombia necesita puertos, aeropuertos, trenes. Eso se hace con inversión nacional y extranjera directa, con confianza y, por supuesto, hay que volver a hacer concesiones 4G y 5G, además de los 5.000 km de vías terciarias para que el campesino saque su cosecha. Voy a reconstruir el IDEMA, así como los centros de acopio, las cadenas de frío y las de agrologística, lo mismo que la apuesta agroindustrial, la apuesta de turismo de clase mundial y a recuperar la economía minera. Colombia tiene reservas de cobre y de níquel iguales a las del Perú y casi iguales a las de Chile. Y las tenemos enterradas y, mientras tanto, la gente tiene la nevera vacía. Se puede hacer producción minera ambientalmente sostenible y la vamos a hacer. En materia de diversidad energética, Colombia puede ser una fuente de energía, además de hídrica, solar y eólica. Pero eso necesita inversión y confianza inversionista.
Vamos a garantizar, por ejemplo, que se pueda titularizar la deuda del sector salud, cerrar el hueco de los 29 millones de pesos de déficit y recuperar el sector. Hay tanto por hacer…Y yo lo sé hacer, porque a mí sí me gusta madrugar y ejecutar y trabajar con un gabinete de expertos. Tengo muchas ganas de que llegue el 7 de agosto. Pero antes de eso los necesito el 8 de marzo para garantizarle a Colombia un cambio seguro, estable, que progrese, que respete los avances del progresismo y la reforma social, que no persiga a nadie y que proteja también, en lo personal, al jefe de Estado, Gustavo Petro. Él sabe que no vamos a permitir que lo sigan difamando: él es un hombre que tiene, como todo ser humano, cualidades y defectos. Pero el solo hecho de haber puesto en el corazón y en la primera línea de su Gobierno la justicia social ,merece todo mi respeto y tendrá toda mi protección y apoyo.
CAMBIO: Pero supongamos, Roy, que los astros no se le alinean, que no sale elegido presidente y se retira de la política. Usted alguna vez me dijo que soñaba con escribir una novela, que quisiera comprar una casita en Portugal y, en ese caso, se iría a escribir una novela. ¿Qué novela escribiría?
R.B.: Patricia, mi vocación literaria no está ligada a ninguna derrota. Si yo pensara de esa manera, seguiría siendo taxista, que fue un oficio delicioso. A mí nada me fue fácil en la vida. Yo nací en el barrio Las Cruces. Soy hijo de una madre soltera, nieto de un campesino liberal sin ningún privilegio. Nací en las calles de Bogotá, conocí a mi padre en la adolescencia, salí adelante de abajo hacia arriba y siempre supe que los sueños se pueden hacer realidad. Así que esa dicotomía de que para poder dedicarse a la literatura uno tiene que estar derrotado en la vida, es una visión negativa que no me corresponde. Es que yo voy a tener tiempo. Usted cumplió ayer 75 abriles, una edad maravillosa. Le voy a contar que el vicepresidente de la contraloría comunal del barrio de La Patria, en Manizales, un barrio popular, tiene 101 años y está lúcido y trabajando. ¡Y todavía tiene fuercita, me dijo él, y vive con su mujer! De manera que yo voy a tener tiempo después de que gobierne a Colombia. Pero ahora tengo el tiempo para hacer los sueños realidad. Es que yo sí trabajo, madrugo, duermo tres o cuatro horas diarias desde que era médico en los hospitales públicos, y esa me parece una bendición.
CAMBIO: ¿Entonces no le gusta la parranda?
R.B.: No, yo no bebo. Mi único vicio es trabajar y vivir feliz con mi familia. La vida es una bendición, yo soy un hombre creyente y cada día es un regalo de Dios. Un día estaremos muertos todos. Pero hoy estoy vivo y mi obligación es esa. Y le contesto su pregunta: yo hice una maestría en literatura hispanoamericana. Es mi segunda maestría en literatura y mi séptima maestría, incluyendo una en economía en el London School of Economics. Y le doy otra ‘chiva’: la próxima semana, Penguin Random House publica mi segunda novela. Y se titula Te llamaré Kennedy.
CAMBIO: Me imagino de qué se trata.
R.B.: Es una novela de autoficción que, como usted sabe, es un género literario. Y aunque se trata de una novela, está basado en hechos reales. La autoficción permite contar la vida con pasión. ¿Y por qué se titula Te llamaré Kennedy? Se lo voy a contar, pero tiene que comprar el libro.
CAMBIO: ¡Por supuesto!
R.B.: Porque a una mujer campesina de tercero de primaria cuyo padre, también campesino, había sido asesinado por reclamar un pedazo de tierra y era una desplazada en Bogotá, la enamoró un estudiante de medicina que tenía un ojo azul y uno verde y que pensaba que él era como Brad Pitt, más o menos. Y se le apareció, imagínese, a una niña huérfana de 19 o 20 años, sin padre, y cuya madre había muerto de tifo. Sola en Bogotá, consiguió trabajo en un almacén de botones, y llegó este médico de último año al que se le cayó un botón y, cuando vio la niña tan linda e inteligente, la enamoró, le ofreció la vida, el matrimonio, el futuro. Y ella le entregó todo, pero él la embarazó y se largó. Y ella decidió sacar ese niñito adelante. Y cuando estaba pariendo, teniendo a su hijo, asesinaron al presidente Kennedy. Entonces ella le decía al muchachito que estuvo muy mal porque nació en una clínica de garaje: “No te mueras, que tú tienes que ser tan importante como ese señor Kennedy que acaban de matar”. Entonces fue adonde el cura, cuando el niñito sobrevivió, y le dijo: “Yo quiero ponerle Kennedy”. Y el cura le dijo: “¿Cómo se le ocurre, si Kennedy es un apellido?”. Y empezó la discusión entre ella y el cura. Ahí empieza la novela.
CAMBIO: ¿Entonces Roy se salvó de llamarse Kennedy?
R.B.: Pero no me salvé mucho porque me clavaron esta chapa que se llama ‘Roy’…
CAMBIO: Ahora si, la última pregunta: usted dice que es creyente: ¿qué le pide hoy a Dios?
R.B.: Le doy gracias todas las mañanas. Ya no le puedo pedir más. Soy un hombre feliz: salir adelante me ha parecido un milagro. Toda mi vida me parece un milagro. Cuando yo pasaba por el centro en Bogotá, Patricia –y no me quejo de eso, recuerdo la infancia con cariño–, veía bajar a mi mamá a la Carrera 11, abajo de la Carrera Décima, donde quedaban las prenderías. Con frecuencia iba a empeñar la licuadora o la máquina de coser para pagarme la pensión del colegio. Y años después, cuando me estaba posesionando de presidente del Congreso la primera vez, porque lo he sido dos veces, me parecía una película: “¿Yo qué estoy haciendo aquí? ¿Cómo logré llegar hasta aquí?”, me preguntaba. Y me parecía un milagro. Y como es un milagro, yo le agradezco a Dios la vida todos los días. Y siento la obligación de que ese regalo, que es la vida, debo ponerlo al servicio de otros para que a todos se les haga el milagro de salir de abajo hacia arriba; vivan y trabajen en paz; y al empresario no lo extorsionen; no lo secuestren y pueda producir empleo. Y el tendero esté tranquilo y con la ilusión de que puede pagarle la universidad a su hijito; y la madre soltera sepa que tendrá un fondo de modo que, a los 18 años, pueda pagar la universidad de su niño.
Es decir, yo quiero solucionar, ejecutar, servir y voy a hacerlo. El futuro y este año van a ser buenos. Colombia va a tener un gobierno unido, progresista, de centro izquierda. Nos vamos a unir, no le quepa duda, y vamos a seguir hacia adelante.
Lo recordará, Patricia. Guarde esta entrevista.