Gregorio Eljach, procurador general de la Nación.
'El presidente representa la unidad nacional, no a sí mismo ni a un grupito político': procurador Gregorio Eljach
En su empeño por garantizar la paz electoral, el procurador general, Gregorio Eljach, le revela a Patricia Lara por qué él, el registrador y el contralor, se unieron para defender la democracia. ¿Tuvieron que ver en el surgimiento de esa poderosa alianza los sucesivos cuestionamientos que el presidente Gustavo Petro le hizo a la Registraduría?
Por: Patricia Lara
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CAMBIO: Procurador, usted ha protagonizado en estos días una gran campaña para hablar de la paz electoral. Cuéntenos, ¿qué es eso?
Gregorio Eljach: La paz electoral es una estrategia comunicacional mediante la cual queremos llevarles a los colombianos un mensaje de tranquilidad, con el propósito de salvar y defender nuestras instituciones democráticas a través de los acontecimientos que se van a desarrollar el 8 de marzo, el 31 de mayo y, posiblemente, también el 21 de junio.
La idea de promover la paz electoral tiene su origen en una situación bastante difícil que atravesamos hace pocos meses, cuando no se sabía si las elecciones se iban a hacer según la ley, si las fechas las iban a cambiar, si finalmente no habría ningún tipo de elección o si algún suceso constituyente iba a trastocar el normal transcurrir del relevo en el poder político. Eran circunstancias que nos tenían atemorizados, porque no sabíamos para dónde iban las instituciones, y eso nos obligó al registrador nacional, al contralor general y a mí a buscar una manera de llevar un mensaje de tranquilidad. Eso ha ido cogiendo una dinámica propia, se ha robustecido y ha recibido mucho apoyo, especialmente en el sector privado, más que en el público, y en el sector de las espiritualidades, sobre todo en la Iglesia Católica. Ha sido una experiencia bonita y edificante, que nos hace decir ahora que no hay duda de que vamos a tener nuestras elecciones como tienen que hacerse.
CAMBIO: Pero le hago una pregunta, rocurador: ¿cómo puede la Procuraduría garantizar la paz electoral en un país donde tantos grupos delincuenciales se pasean como Pedro por su casa?
G.E.: Esa es una tragedia diaria que viene hace décadas. Pareciera, tristemente, que los colombianos nos hemos acostumbrado a los eventos de violencia, al desconocimiento del Estado y al no ejercicio de la acción estatal y de la autoridad. Se cede cada vez más ante actores que no corresponden a lo que indican la Constitución y las leyes.
Nosotros, lo que buscamos es motivar. Por ejemplo, el jueves, nos reunimos por tercera vez con la cúpula militar y de Policía y con el ministro de Defensa, para mirar en qué va el “Plan Democracia”, plan que ellos hacen para determinar, en toda la geografía colombiana, qué posibilidades hay de que se malogren las elecciones: se analiza si hay que trasladar mesas (lo cual no ha pasado en este caso), si hay que reforzar el pie de fuerza en alguna parte o qué tecnología se usará para proteger la transmisión de datos. Todo eso conduce a darle tranquilidad y garantía a la actividad de la Registraduría.
Lo que buscamos es que la gente vote libremente, pero que esos votos que se depositen tengan dos condiciones: primero, que derroten la abstención; que seamos más de la mitad más uno los que votemos, así sea en blanco, y que sean menos los que se abstengan. Eso sería un triunfo democrático muy grande. Segundo, que la gente pueda escoger libremente, de forma autónoma y segura, por quién quiere votar. Creemos que ha caído muy bien que nos vean juntos a los tres órganos de control, que somos autónomos, independientes, y que no pertenecemos ni al Ejecutivo ni a la rama judicial. Eso no se había visto: Colombia no había asistido a una etapa en la que los jefes de los organismos de control se unieran para defender la democracia. Es que nunca había estado la democracia tan en peligro como ahora. Por eso nos hemos unido.
CAMBIO: ¿Podemos decir, entonces, que fue el presidente Petro, con sus declaraciones cuestionando la Registraduría y hablando de un posible fraude, quien los impulsó a defender las elecciones y la democracia?
G.E.: No fue por lo que el presidente hubiera dicho que emprendimos esa iniciativa, sino porque había un ambiente de incertidumbre muy fuerte sobre si habría elecciones en las fechas que fija la ley; o sobre si una Constituyente acabaría con todo lo construido con tanto esfuerzo. Y creemos haber conjurado ya ese ambiente. Pero claro, hay que decirlo: en esas épocas también se usaba, por parte del señor presidente, un lenguaje muy pugnaz, hiriente y descalificante de sus contradictores. Eso desdice lo que uno aprendió sobre cómo debe comportarse un presidente, entre otras cosas porque el presidente representa la unidad nacional; no se representa a sí mismo ni a los de un grupito político, ni a la coalición que lo eligió, sino a todos los colombianos por mandato de la Constitución. Esos comportamientos no ayudan.
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Pero últimamente hemos notado que el presidente viene atenuando sus ataques, sus descalificaciones y su pugnacidad verbal y escrita, a veces con una ortografía que uno no termina de entender. Creo que hemos ido mejorando, en parte gracias al apoyo de los medios reflexivos que hacen pensamiento crítico.
CAMBIO: ¿Ha visto que ahora se le ha dado por hablar del “macho alfa”? ¿Vio el discurso del Hospital San Juan de Dios?
G.E.: Me contaron. Yo poco voy a las redes, no tengo redes, porque uno termina mortificado. Yo he dicho que esa podría ser una estrategia comunicacional para ponernos a todos a hablar de eso, de lo que él quiere que hablemos, y no de otras cosas. Sobre si es alfa o medio alfa, o sobre el tema de la cama, pues a mí me encanta desayunar en la cama los domingos, soñar y ver televisión. De lo otro más bien poco…
CAMBIO: Pongámonos serios otra vez, procurador, ¿cómo ve a la fuerza pública como guardiana de la paz electoral? Ha habido varios episodios de soldados que llegan a los territorios y los secuestran y expulsan.
G.E.: Yo tengo dos miradas. Por un lado, los veo muy comprometidos tratando de cumplir las metas del Plan Democracia, y veo que están trabajando para brindarles a los colombianos seguridad el día de las elecciones y los días previos y posteriores a ellas. Pero también, a veces, se están encontrando con territorios que no dominan totalmente porque hay fuerzas militares espurias, armadas con fusiles y drones, que no permiten que el Estado llegue donde tiene que llegar y proteja a las comunidades, a las que tienen prácticamente esclavizadas, pagándoles con plata ilegal, sometiéndolas a que hagan de raspachines, de ayudantes de laboratorios o de “mulas” y, finalmente, obligándolas a que les ayuden a exportar su producto ilícito, que termina envenenando a media humanidad.
Es una verdad inocultable que no hay un dominio total del territorio colombiano por parte de las Fuerzas Militares. Eso no quiere decir que todo esté perdido. La población colombiana puede estar tranquila, según nos lo han dicho los militares y la Policía, porque el esfuerzo militar, nunca antes visto, tiene un apoyo grande de otras instituciones para garantizar que la gente pueda ir a votar en calma. Esa vergüenza de tener territorios sin soberanía estatal no va a evitar que las elecciones sean legales, masivas y legítimas. Esa es la tarea que estamos haciendo con el registrador y con el contralor general.
CAMBIO: Procurador, la lucha contra el narcotráfico viene fracasando década tras década. ¿Cuál sería una solución inteligente para ese problema?
G.E.: Una solución inteligente es acabar la pobreza en el campo. La pobreza no se acaba fumigando o erradicando cultivos de coca, porque la siembra vuelve a nacer. Detrás del erradicador debe ir un tractor, un agrónomo, un veterinario, el señor que va a dar la propiedad o la tenencia de la tierra, el profesor, el puesto de salud... Necesitamos una acción integral del Estado, donde el Estado sea Estado y no pedacitos de instituciones. Esa es una forma. Pero hay otras, por ejemplo, emprender una guerra arrasada que produce sangre, lágrimas y sufrimiento, y que no creo que nosotros podamos patrocinar porque detrás de esos camuflados, de esas armas y de esa pedantería de los criminales que trafican con el sudor y la vida de los campesinos, hay familias sufridas del campo. Así pasa también con las familias de nuestros soldados y policías. Arrasar bélicamente no puede ser la única solución. Pienso que debe haber una acción integral, que no es a corto plazo, porque la causa está incubada por décadas. Y al tema hay que agregarle el componente de las relaciones internacionales.
CAMBIO: Hace poco, un estudio de Harvard sugería separar la cocaína de la hoja de coca, de la cual pueden sacarse productos medicinales. Entonces imagínese, procurador, que, a raíz de eso, se me ocurrió proponerle esta idea a Donald Trump: que él, que es muy buen negociante, compre, para desarrollar esos productos medicinales, toda la hoja de coca que producen nuestros campesinos, de modo que él haga el negocio, como lo está haciendo ahora con el petróleo de Venezuela. Así, nuestros campesinos conservan sus empleos, Trump se queda con el negocio y con la plata, y nosotros salimos del lío. ¿Usted qué opina de esa locura?
G.E.: El uso de la hoja de coca es ancestral y milenario. Yo, personalmente, la he probado en la Sierra Nevada. Y es algo natural que quita el frío y el cansancio. Su propuesta es interesante. Al presidente de Estados Unidos le gusta definir todo a través de las leyes del mercado. Su propuesta no es deleznable. Es audaz y atrevida, digna de considerar. Y ojalá le llegue a la Oficina Oval, o donde sea que se vaya a reunir con nuestro presidente, para que examinen cosas de fondo, de largo aliento, que acaben de raíz con tanto mal.
CAMBIO: ¿Qué expectativas tiene de la reunión entre el presidente Petro y el presidente Trump? ¿Tiene miedo o esperanza, procurador?
G.E.: La reunión hay que hacerla. No asistir a una invitación de semejante poder planetario no conduciría a nada provechoso. En materia del manejo de las relaciones internacionales, el presidente debe considerar que nos representa a todos. Los temas, más o menos, ya están insinuados pero, finalmente, deberán definirlos ellos en su soberanía, con el secreto y el sigilo con el que deben mantenerse. No es poco lo que está en juego. Nosotros tenemos pobreza, desigualdades y atraso tecnológico. Pero también tenemos potencialidades muy grandes, incluyendo el petróleo.
CAMBIO: Procurador, el país está absolutamente polarizado, el lenguaje que se usa es muy agresivo. ¿Cree que puede haber paz electoral con estas descalificaciones aumentadas por las redes sociales?
G.E.: El riesgo de una explosión violenta existe. Por eso proponemos no caer en la trampa de considerar enemigo al que piensa distinto o manifiesta una idea que no se comparte. O aceptar que a quien pronuncie un discurso que no vaya con X línea ideológica lo maten. Eso es lo que queremos evitar. ¿Hasta dónde podemos llegar? No sabemos. Pero hay una realidad ética que no podemos ocultar y por eso estamos en esta tarea. Tenemos que parar esas formas de tramitar nuestras diferencias. Dialoguemos, hagamos consensos, pongámonos de acuerdo y respetemos al contradictor, en vez de estar polarizando y tratando de matarnos con la palabra; busquemos temas de unión nacional, como la soberanía alimentaria o la protección del ambiente. Debemos buscar rumbos comunes de patria, de Estado, de país, pero a la vez asumir que no todos tenemos por qué pensar lo mismo. No nos destruyamos, a ninguno nos conviene, eso no nos lleva a ninguna parte.
CAMBIO: No debería ser tan difícil pensar en un proyecto de país donde las diferencias se tramiten verbalmente, ¿cierto, procurador?
G.E.: Exacto. La carta constitucional nos pone de acuerdo en lo fundamental y deja que el Congreso de la República y las autoridades vayan tramitando aquello en lo que no estamos de acuerdo, y vayan definiendo. Hay unas reglas universales, las reglas de mayoría, pero no mayorías para aplastar a las minorías sino para respetar también sus derechos. Ese es el concepto más moderno e incluyente de la democracia. ¿Y sabe qué falta? Al decirlo corro el riesgo de que se disgusten mis amigos, los políticos: los colombianos añoramos a dirigentes y pensadores como Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Eduardo Santos, López Pumarejo, incluyendo el constitucionalismo modernizante de López Michelsen, Galán en su época. Eso se ha perdido. Hoy lo que tenemos es una dirigencia dedicada al día a día. Ni los partidos, ni las bancadas, ni los dirigentes, les presentan a los colombianos alternativas de presente, mediano y largo plazo. Se dedican, en cambio, a contestar insultos en redes sociales. Y del ciudadano, que es el sustento de la democracia, no se acuerdan.
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CAMBIO: Procurador, en el foro que hizo CAMBIO esta semana usted parecía muy bravo: sin mencionar al senador Cepeda, pero obviamente refiriéndose a él, usted dijo: cuando una autoridad como nosotros (el contralor, el registrador y el procurador) solicitamos un concepto a otra autoridad igual (el Consejo Nacional Electoral) “no puede nadie creerse con la autoridad, por candidato que sea o, como dicen en el argot, por caballo ganador que se crea, para salir a descalificar y a señalar algún interés torcido de nosotros tres, que fuimos quienes firmamos la solicitud”. (Se refería a una declaración del senador Cepeda a propósito de la petición que las tres cabezas de los organismos de control le hicieron al CNC para que se pronunciara sobre si Cepeda puede presentarse a dos consultas: la del Pacto Histórico, celebrada el pasado 23 de octubre, que lo eligió candidato, y la del Pacto por la Vida, programada para el 8 de marzo). Y usted agregó, procurador: “Rechazo –y creo que mis compañeros también lo hacen– las expresiones sobre que nosotros estamos tratando de entorpecer una candidatura X; lo digo con claridad: no admitimos que se pongan en duda los pronunciamientos oficiales institucionales de estos tres órganos de control, que están defendiendo la Constitución”. ¿Se ratifica en su afirmación, procurador?
G.E.: Me ratifico en todo y le agrego más. Soy muy cuidadoso, y lo fui, de no entrar en discusiones personalizadas con personas muy importantes seguramente, tanto en el Congreso de la República como en la vida política electoral. Pero yo tengo el deber de hacer respetar a la Procuraduría. De pronto que no me respeten a mí, eso a mí no me importa, pero a la Procuraduría y a lo que ella representa, yo la hago respetar; es un encargo que el mismo Congreso me entregó y la Constitución me obliga. Yo no puedo quedarme en silencio cuando se insinúa en muchos escenarios, por twitter (X ahora), por las redes, en las universidades, en los coloquios, en los buses de transporte urbano, que de pronto esos tres señores lo que quieren es variar un poco las reglas del juego. Lo contrario: nosotros lo que estamos pidiéndole al Consejo Electoral es que él, que es el que pone las reglas del juego, nos diga cuál es la regla que rige en este caso, para nosotros saber qué hacer y cómo actuar.
CAMBIO:¿La anterior declaración quiere decir que están medio averiadas sus relaciones con el candidato que, según las encuestas, si las elecciones fueran hoy, sería el próximo presidente de Colombia?
G.E.: Yo no veo encuestas. No me parece que deba estar sometido a una información que no está exenta de alguna carga de sensibilidad política, social, económica. Entonces, yo no me guío por las encuestas, yo lo que hago es cumplir la Constitución. Yo no pertenezco ahora a ningún partido político, no milito en ninguna ideología y me mantengo en el partido de la Constitución.
CAMBIO: A propósito de encuestas, procurador, ¿qué le cambiaría a la ley de encuestas?
G.E.: En el foro de CAMBIO pudimos escuchar reclamos, quejas, señalamientos y propuestas de los señores que entiendo son los que representan lo que yo llamo la industria de la matemática aplicada a los procesos electorales, las encuestas, que son una herramienta importante de la modernidad, de pronto hasta necesaria, respetable y que tienen una actividad económica.
Lo que yo entendí es que ellos se han visto perjudicados aparentemente en el ejercicio de su industria, de su trabajo y de su labor productiva legítima, por unas disposiciones de una ley que salió el año pasado. Llegamos a la conclusión de que no hay claridad, hay razón de lado y lado. Se tiene que cumplir la ley como está, pero es perfectible. Podríamos entonces hacer una mesa de trabajo, escuchar a todas las partes, a los que fueron ponentes, a los perjudicados y a los académicos, para llegar a un acuerdo, a un consenso y proponer eventualmente –yo me ofrecí para llevarla al Congreso– una iniciativa de mejoría de aquello que se establezca que no quedó bien hecho, en representación del interés de este sector privado que tiene legitimidad para reclamar, pero respetando lo que ya el Congreso decidió. Sin embargo, mientras eso no se cambie, lo haremos cumplir como está establecido en esa ley. Y si logramos mejorarla, yo estoy presto a facilitar un entendimiento entre los que se declaran perjudicados, y el Congreso de la República. Una anotación: ellos tuvieron la oportunidad de hacerlo cuando se estaba elaborando la ley, pero, según les entendí, no se dieron cuenta de que esa ley venía. No obstante, la democracia es pródiga en buscar acuerdos.
Por otra parte, quiero que me permita anunciar que nosotros estamos muy vigilantes para que no haya indebida participación en política por parte de los servidores públicos. ¿Por qué hago énfasis en indebida? Porque no toda forma de participar en política es castigable; ir a votar es la mayor y más pura participación en política y eso no puede ser prohibido ni censurado. Pero si yo a eso le agrego que voy en la camioneta del despacho que yo utilizo como alcalde y ahí llevo los prosélitos para que voten por mi candidato; o si contrato gente a toda carrera antes del 31 para decirles: “mire, yo les doy este contrato, pero tienen X obligación política”, eso es indebido. O coger los instrumentos de la entidad pública para favorecer una u otra aspiración, también lo es. Y lo vamos a perseguir.
CAMBIO: De hecho, usted ha reiterado que la regulación vigente es obsoleta. ¿Qué cambios concretos propondría?
G.E.: Yo creo que hay que voltear la redacción de la norma constitucional, que es un poco ambigua, abstrusa. Y tenemos que sincerarnos, decirnos la verdad. ¿Hasta dónde podemos nosotros evitar lo que siempre sucede? Los servidores públicos no podemos ceder ante la tentación de favorecer a X o de perjudicar a Y. Es mejor, en vez de andar persiguiendo alcaldes o inspectores de Policía, permitir, con algunas pocas limitaciones, que cada funcionario público haga uso de ese derecho constitucional soberano que tiene de buscar cuál es la alternativa que más le parece. Creo que hay que cambiar el enfoque. Y, así, las cosas se pueden enderezar.
CAMBIO:¿Cómo están sus relaciones con el presidente Petro, procurador?
G.E.: Las relaciones institucionales bien, normales, conversamos de vez en cuando; las personales, iguales que siempre, desde cuando el doctor Petro era congresista en la Cámara y en el Senado y candidato. Me siento privilegiado porque el Congreso, con la participación del Ministerio de Hacienda, nos permitió tener el presupuesto para funcionar bien este año y hacer la revolución digital en la Procuraduría, aunque el presidente en algunas ocasiones señaló que esto debía acabarse. El Congreso y el ministerio fueron consecuentes con el plan de desarrollo que yo traje y eso tengo que reconocerlo, porque habían podido decirme que no y hubiera podido quedar como venía el año pasado. Las expresiones y la comunicación han marchado muy bien.
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CAMBIO: ¿Qué consejo le da al presidente para su entrevista con Trump este martes?
G.E.: Consejos no le doy a nadie y menos al presidente de la república; yo más bien debería recibir el consejo de él, un hombre mucho más elaborado, aventajado y con mucha más experiencia. Sin embargo, sí podría hacerle una pequeña petición como ciudadano de a pie: que en su reunión con el presidente de los Estados Unidos primen el interés nacional y las necesidades que tenemos los colombianos, entre ellas la de acabar con el narcotráfico. Y también le diría: acuérdese de que Colombia somos todos, que usted nos representa y que la Constitución dice que usted es el símbolo de la unidad nacional.