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Lunes 4 de mayo de 2026
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Daniel Samper Ospina

EL PETRO MAGA

Confieso que, sin haber hecho parte de la comitiva que viajó a Washington, estallé en aplausos cuando el presidente Berto reapareció en la puerta de salida de la Casa Blanca, cargado de cachuchas rojas de MAGA (Make America Great Again) y saludó con un abrazo de gol a los funcionarios que lo aguardaban con contenida angustia. Algunos ya se habían comido la totalidad de las uñas e iban por las falanges; otros, incluso, parecían falangistas. Pero todos, sin excepción, se lanzaron sobre Berto como si hubiera ganado una etapa, mientras soltaban la tensión de las horas previas en las que cualquier cosa podía suceder: el embajador García Peña llevaba cinco noches sin dormir: lo asaltaban pesadillas en las que Berto se presentaba ante Trump como el último Aureliano y ordenaba a los guardias del Salón Oval que desobedecieran a Trump. Desde el lunes por la noche, Hollman Morris transmitió una cadena de oración desde su propia cadena, RTVC, y varios funcionarios —incluyendo a Iván Mejía— oraron de rodillas para que Berto no fuera Berto: para que no se apareciera en la Casa Blanca con un retraso de tres horas, el semblante amargo bajo una guayabera llena de arrugas, para deleite del vicepresidente Vance, que se burlaría en público de la facha, el muy ídem, como lo hizo con el pobre Zelenski. 

El Señor los escuchó. Lo comprendieron cuando Berto salió de la cita chicaneando con una dedicatoria de Trump, y mostraba la gorra roja, también firmada, como un trofeo: se llama dignidad, pero jamás lo entenderías. El propio Trump se la dejó a un precio módico, como muestra de amistad de los dos países. Cuando la recibió, y como lo consignarán los libros de historia, Berto tomó “un marcador muy bonito que había en la mesa” y le añadió la letra ese a la palabra América, porque el Rufino José Cuervo humano es así: quita la i a la palabra ilícito, pero añade la ese a América para pedir a Trump que nos incluya en su totalitario proyecto de mejoras. 

¿Quién fue el adulto responsable que logró la buena noticia de que no hubiera noticia? ¿Rosita Villavicencio, que suponía que aquel voluminoso rubio de corbata roja que firmaba cachuchas era un beisbolista? ¿El embajador García Peña, que en la Sala Oval hacía equilibrio entre un déspota de izquierda y un déspota de derecha?  

El mérito, en realidad, fue del traductor: 

—Dígale que es un senil.

—He says you are great.

—Dígale que no bombardee a los pescadores, que no sea nazi.

—He says you are wonderful…

—¡Que respete la tierra de Bolívar!

—He recommends Gustavo Bolívar’s series.

—Y cuéntele que soy inolvidable en la cama. 

He acá, pues, el mayor logro del presidente Berto hasta la fecha: ser normal. Ser, al menos por dos horas, una persona capaz de llegar a las citas sin retrasos, y vestido y afeitado como todo un señor grande, un verdadero adulto. Ser capaz de sentarse en una silla sin escurrirse y sin morder un lápiz; sin pedir cerveza, ni whisky; sin explicar que los cubanos le rasgaron el esófago. Este podría ser el comienzo del próximo libro que escriba en las playas de Manta: “Una mañana, tras un sueño intranquilo en su siesta de las cuatro de la tarde, Gustavo Petro amaneció convertido en un presidente común y corriente”. Disfrazado de diplomático en el Salón Oval, Berto se asemejaba a Vicky Dávila vestida de wayúu en Riohacha. 

No faltarán los cipayos incapaces de leer en el nacimiento repentino del Petro Maga un extraordinario triunfo de la izquierda, porque al pobre Berto nunca le reconocen nada, y no pueden ver a un presidente de izquierdas celebrando los souvenirs que le regalan en la Casa Blanca sin que los corroa la envidia: les duele que nuestro líder galáctico haya obtenido una pulsera de pasa-día para tomarse foto con Donald y salir por la tienda de regalos para comprar dos cachuchas extras, una para Nicolás y otra para el Otro Nicolás, porque consideran que solo puede ser valiente por Twitter: ¿qué pretendían, acaso? ¿Que le dijera en la cara, con un megáfono, que es cómplice del genocidio de Gaza y que devuelva a Maduro? 

Recibir la gorra con agrado y sentarse a su lado con juicio es una forma de decírselo. Lo mismo adquirir los compromisos que firmó: echar un poquito de glifosato acá y otro allá, realizar una que otra operación conjunta en Catatumbo. Y otros más desafiantes: no trinar en la madrugada; tomar un curso de Open English; no escuchar música de Roger Waters. Y no intervenir en las elecciones, que fue la primera promesa que Berto rompió en sus declaraciones contra el CNE. Es inevitable. Las elecciones parecen un delirio: la derecha, el centro y la izquierda irán divididos a primera vuelta. Por poco salva la aparición de Cepeda en la consulta un magistrado llamado Altus: ¿no es  eso caer muy bajus? Para poder competir, Claudia López inscribió a un señor de apellido Huertas (o Huerta, pero Berto le agregó la letra ese) que iba caminando por la calle: lo jaló del brazo y lo inscribió, y así nació un nuevo candidato. El huertismo está vivo en las regiones. Al fin una alternativa refrescante: ¡viva Huertas! ¡O Huerta! 

Todavía desde Estados Unidos, entonces, Berto dijo que el CNE les hacía trampa y se metió de frente en las elecciones, y volvió a ser él: luego se burló en público del senador Bernie Moreno, de quien dijo que Trump suponía que no era colombiano sino italiano. El propio Berto piensa algo parecido de sí mismo.  

Pero nada de eso desdibuja al Petro Maga: el hombre que pasó del improperio, al pro-imperio, de la USO a la USA. Del trino de madrugada en el que decía a Trump “me matarás pero sobreviviré en mi anhelo que es antes del tuyo, las Américas”, a estrenarse la gorra roja del trumpismo dichoso, y aun proponerla como reemplazo del gorro frigio en el escudo. En la próxima visita bailará la coreografía de YMCA. 

Celebremos por un instante al presidente diplomático. Y tengamos fe en el futuro del país. A lo mejor el señor Huertas obtenga la victoria en las elecciones. Y nombre como canciller al traductor de la reunión.

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BOGOTÁ

Martes 10 de febrero 

Miércoles 25 de febrero 

Auditorio Orígenes de la Universidad EAN

FLORENCIA - 3165009902

Viernes 13 de marzo - Auditorio Cámara de Comercio

CÚCUTA

Viernes 20 de marzo - Teatro Zulima

IBAGUÉ

Sábado 28 de marzo - Teatro Tolima

ARMENIA
Viernes 24 de abril - Centro de Convenciones

PEREIRA
Sábado 25 de abril - Teatro Santiago Londoño

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