CONSTITUYENTE MAOÍSTA
Pareciera que el anuncio de la convocatoria del Gobierno a una asamblea nacional constituyente fue el punto de tensión que hizo insostenible la presencia de Eduardo Montealegre como ministro de Justicia. Y no sería difícil pensar que el presidente Gustavo Petro considere una insolencia imperdonable que el ministro se le adelantara al lanzar su idea de la constituyente maoísta. Oportunidad que Petro hubiese gozado para perderse horas entre emancipaciones, emancipadores, anécdotas de juventud y apuntes impertinentes sobre el cuerpo femenino, el sancocho, las banderas o lo que se le cruce. En todo caso, así lo hizo al día siguiente, en la Plaza de Bolívar, en el más oficial de todos los lanzamientos que ha hecho de su abismo constituyente.
Desde Shanghái, Montealegre prometió que la nueva constitución vencerá a la “caverna” y que, inspirados en la dictadura maoísta, se garantizarán las conquistas sociales, la diversidad y la dignidad humana.
El problema con la constituyente maoísta de Petro es que el milagro económico chino descansa sobre más de setenta años de represión, tortura y genocidio. El informe de Human Rights Watch para 2024 advierte que, tras una década en el poder, el gobierno de Xi Jingping ha incrementado la represión a niveles que parecían imposibles.
Allá se sofoca a la sociedad civil; la libertad de expresión está encerrada en su gran muralla electrónica, desde la que observan y censuran todas las conversaciones públicas y privadas; no hay libertad de asociación, reunión o religión; los defensores de derechos humanos pasan años en la cárcel sin saber por qué, cuando el régimen no los condena al exilio o los desaparece; se persigue a las minorías étnicas y se cometen crímenes de lesa humanidad contra ellas en total impunidad; la discriminación de género o por cuenta de la diversidad sexual es política de Estado.
Anunció el exministro Montealegre que la constituyente que destruya la Constitución de 1991 será “un camino para lograr un salto adelante”. El erudito vice canciller que todo lo sabe y puede explicar, Mauricio Jaramillo Jassir, sumó en X que: “el maoísmo sacó de la pobreza a 850 millones de personas en menos de 50 años. No hay ninguna sociedad que haya alcanzado ese salto”. Referencian el Gran Salto Adelante, una política agraria de 1958 que derivó en la Gran Hambruna China que exterminó entre 15 y 55 millones de personas (según quien lo cuente), y es considerada por historiadores como uno de los peores desastres provocados por el hombre en la historia de la humanidad. Muy inspirador.
Si el presidente pretende cumplir la Constitución y las leyes, no habrá constituyente, porque no le dan los tiempos ni el capital político. Parece una maniobra política para enturbiar más las aguas electorales. O, tal vez, el mensaje no es para el electorado colombiano, sino para el amigo naranja que no para de pensarlo desde el norte del continente.
La entrevista de esta semana con el periodista Daniel Coronell evidencia que Petro maneja sin frenos ni espejos por el despeñadero y tal vez por eso no se ha percatado de que su promesa de constituyente maoísta le tiene sin cuidado a Trump. A la política exterior de Trump no le interesa proteger a Colombia de la influencia china, o por lo menos no le importa más que castigar a Petro por sus bravuconadas. Castigo culminado con la injusta, deshonrosa y buscada inclusión del presidente y su círculo cercano en la lista Clinton.
La defensa digna del país es muy distinta al alucinante propósito de creer que podrán torcer el brazo de Trump. Diplomacia estratégica, contundente y a la vez serena es la única que podría servir a Colombia, pero Petro no está en la tarea de servir al país sino a sí mismo.
Entonces salen afanados los traductores del presidente, los pocos interpretes que no han saltado ni han sido empujados a patadas del barco, a explicar que este viraje prometerá un nuevo y honroso lugar de Colombia en el orden internacional; que es mejor el imperio asiático que el que ahora nos deprecia. Aunque Montealegre asegure que un nuevo orden constitucional vendrá “sin humillaciones extranjeras”, eso no lo garantiza la Constitución del 91, ni tampoco podría hacerlo la que salga de la peligrosa propuesta de Petro.
Pero sí es cierto que la constituyente del gobierno del cambio parece maoísta, pues estaría compuesta por 71 asambleístas, 27 de ellos de distintos “pueblos”, los cuales estarían delimitados por un decreto que expida el presidente. En su delirio, Petro propone elegir a dedo 27 de los delegatarios que entierren la Constitución de 1991 y de paso la democracia.
La conversación con Coronell desnudó a un presidente convencido de todas las locuras que pregona por varias líneas del tiempo y que entrecruza sin relación alguna con temas irrelevantes, pero vistosos. Cada vez pronuncia menos frases comprensibles. Lo único que subsiste al descenso mental del presidente es su vanidad y megalomanía. Por eso no sorprende que ahora quiera empujarnos por el abismo de una constituyente dizque maoísta.