FIFÍ LLORA A JANE GOODALL
El reciente fallecimiento de la científica Jane Goodall, el ser humano que mejor entendió a los simios, inspira las décimas de Beatriz Ordóñez esta semana.
Nuestra Jane Goodall partió
y en otra vida la aguardan
sus simios que la respaldan
para una fiesta que urdió.
Y es que ella bien comprendió
que entender a los primates
es un asunto de cuates.
Aquí tristes nos quedamos
por tanto que la admiramos.
Mujer de cien mil quilates.
Hugo, su amado, tomaba
un mil fotos cada día,
campeón de la alegría
con la gran mujer que amaba.
Lo animaba y lo inspiraba,
para captar el momento
de un formidable portento:
un chimpancé que el humano,
debe entender que es su hermano
y cuidó en todo momento.
Fifí, matriarca y estrella,
con su constante contacto,
con fortaleza y con tacto,
dejó por siempre su huella.
Madre paciente y muy bella,
logró un lazo emocional
que en el entorno animal
se logra en esos macacos
con cuidados y arrumacos.
Acicalarse es vital.
Los héroes del zaperoco
fueron plátanos enteros
que resultaron certeros
para calmar el sofoco.
Los chimpancés, poco a poco,
se arrimaron muy ansiosos
y los miraron curiosos.
A la carpa, pues, entraron,
y sin parar devoraron
esos frutos deliciosos.
La amistad llegó enseguida,
de curiosidad repleta
y una que otra pataleta.
Jane nos enseñó en la vida
que un buen gesto no se olvida.
Que todo el que da recibe
y quien se fija percibe.
Que también hablan los ojos,
y se calman los enojos
y que el trabajo se escribe.