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Lunes 4 de mayo de 2026
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Enrique Santos Calderón

TRUMP Y VENEZUELA: ¿HASTA DÓNDE?

La pregunta del momento es hasta dónde piensa llegar Donald Trump con Venezuela. Ya van seis bombardeos contra embarcaciones de ese país, con saldo de 27 muertos y ahora habla de atacar por tierra, a la vez que autoriza a la CIA para adelantar operaciones encubiertas contra el gobierno de Maduro. Eso, sin saber aún quiénes eran las víctimas, ni cuáles las pruebas, en los ataques anteriores. Ni en qué quedó la denuncia de Petro sobre la destrucción de una lancha colombiana, que Washington desestimó y el Gobierno no concretó. 

Lo que sí está muy claro es el deseo de Trump de tumbar al dictador venezolano. Y aunque nadie va a derramar una lágrima por su eventual caída, el recuerdo de este tipo de intervenciones de Estados Unidos en Latinoamérica no es nada tranquilizante. El derrocamiento de Árbenz en Guatemala en los cincuenta, de Goulart en Brasil en los sesenta o de Allende en Chile en los setenta —para mencionar solo tres ejemplos— tuvieron duraderos y malsanos efectos sobre la frágil estructura democrática del hemisferio. 

Ya sea con el apoyo de poderosos drones, con quirúrgicas operaciones comando o desembarcos terrestres, un ataque frontal sobre territorio venezolano tendría consecuencias traumáticas en toda la región. Comenzando por la nuestra propia. Los estados donde el régimen venezolano ha concentrado sus defensas militares son todos fronterizos de Colombia.  De escalar el conflicto, no hay forma de que el país no termine involucrado. 

La Constitución estadounidense prohíbe que un presidente se brinque al Congreso en decisiones bélicas. Por eso legisladores demócratas y juristas internacionales dicen que la actitud de Trump es ilegal y contraria al derecho internacional, sin que esto haga mella en su propósito de relanzar la guerra contra la droga como una cruzada antiterrorista con perfiles ideológicos y geopolíticos. Y de recordarle al mundo, por si lo ha olvidado, que el Caribe es el mare nostrum de Estados Unidos. 

¿Qué son 27 narcoterroristas muertos en alta mar frente a las miles de vidas americanas que se salvan con estas acciones?, ha preguntado repetidamente.  Discurso efectista, sin duda, que cala en sus bases de apoyo, aunque no menciona que el producto causante de la mayoría de muertes en EE. UU. es el fentanilo, un opioide que no proviene de Venezuela ni de Colombia. 

Pero volvemos a lo mismo y la Casa Blanca habla de que está en “conflicto armado” con los carteles de la droga. Una historia recurrente, reiterada, repetitiva y hasta obsesiva, que ha marcado la relación de Washington con sus vecinos del sur y en particular con países como el nuestro, que sigue siendo el gran productor mundial de cocaína.   

Es también el eterno tema de droga y democracia, de legalización o represión; de una sociedad rica que demanda y consume productos ilícitos que sus vecinos pobres siembran y exportan. El dilema es viejo pero ahora tiene un nuevo y poderoso protagonista empeñado en resolverlo a su manera. Y no será por las buenas. 

P.S.1: ¿Qué le pasa a Colombia en las etapas cruciales de eliminatorias mundiales de futbol? ¿Por qué no se logra dar el paso definitivo? La derrota frente a Argentina en la semifinal del sub-20 revive viejas inquietudes sobre la inseguridad colectiva y la inmadurez emocional que suele acompañar a nuestros jugadores en compromisos de gran trascendencia. Es como si no nos atreviéramos a ganar. 

“Volvió a hacerse presente un miedo profundo a la victoria en los momentos decisivos”, comentó Luis Fernando Montoya, el entrenador que en 2004 sufrió un atentado que lo dejó parapléjico y hoy continúa como activo y agudo analista deportivo. Difícil desentrañar las razones del fenómeno, pero el hecho es que persiste.  Aunque no puede ser eterno. Confiemos, pues, en que la selección de Lucho y James dé un brinco adelante y llegue lejos en la Copa FIFA 2026.  Y que las muchachas de la sub-17, que hoy enfrentan a España, nos traigan por fin un título mundial. 

P.S.2: ¿Hasta cuándo tendremos que soportar los bogotanos la saña destructiva de los encapuchados cada vez que salen a protestar? La vandalización de la propiedad pública y privada, el bloqueo de vías, la violencia contra la policía, el hostigamiento de ciudadanos en las calles… Y ahora con lluvia de lanzas y flechas sobre la fuerza pública. Se está rebosando la copa. No deberemos sorprendernos cuando el desespero ciudadano explote contra los manifestantes.   

P.S.3: Si la cifra es exacta y se cumple lo anunciado, no se podrá desconocer el significado de que la disidencia Farc que adelanta negociaciones con el Gobierno destruya catorce toneladas de material de guerra. Era hora de que la paz de Petro tuviera alguna noticia positiva.

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