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Lunes 4 de mayo de 2026
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Daniel Samper Ospina

A TRUMP LE PIDO

Apreciado presidente Donald:

Acabo de leer un trino de Berto en el que nos pide a sus seguidores escribirle una carta a usted para exigirle que lo retire a él y a su familia (y si se puede a Armandito, “The Little Building”) de la famosa Lista Clinton. Como colombiano de bien, y con la sangre hirviendo de amor por la patria, procedo entonces a obedecerle: presidente Trump, ¡retire a los Petro! ¡Al menos de la Lista Clinton! O me veré en la penosa obligación de pedir a los funcionarios de la Oficina del Tesoro, con la traducción de Víctor de Currea-Lugo, que desobedezcan su orden y obedezcan la de la humanidad. Porque eso clama la humanidad, precisamente: no aislar a nuestro prócer de Ciénaga de Oro, y mucho menos ahora que está próxima la jornada electoral y lo necesitamos más activo que nunca.

Es urgente. Para ser francos, sus propios discípulos de partido son como Bonillita: no le llegan ni a los tobillos. El único gesto de emoción del candidato Iván Cepeda, “Ivan Farts”, consiste en elevar la ceja con desconfianza cuando mira por encima de las gafas: ¿cree acaso que semejante mirada y vestir aquellas camisas que, a la manera de Mauricio Cárdenas, no vienen con cuello es suficiente para ganar unas elecciones? Por concepto de la Registraduría, además, no podrá participar en la consulta del Frente Amplio, lo cual significa que en la primera vuelta se disputará los votos de izquierda con Roy Barreras, “Roy Walls”. No sé si lo identifica. En un video reciente propuso esta nueva línea de negocios para el país: “vamos a importar viejitos y viejitas de Europa y Estados Unidos, se están muriendo de soledad en los inviernos oscuros de allá… vamos a traer sus euros y sus dólares para que sean felices en Colombia”, prometió, y no es una mala idea: en Colombia hasta los gobiernos de izquierda bombardean y asesinan niños, pero dejan tranquilos a los ancianos.

Incluso usted, presidente Trump, debería dejar de lado su plan de construir una ribera con campo de golf en lo que alguna vez fue Gaza, y animarse a pasar el retiro acá, en el resort para ancianos que Roy piensa construir en su departamento natal. Jubílese en Florida, pero en Florida, Valle. Los ancianos del primer mundo podrán aterrizar en cualquier lugar de nuestro trópico. Acá no tendremos Mar-a-Lago pero tenemos Piscilago. Eso sí, es recomendable omitir Barranquilla como destino porque allá, en la Arenosa —“the Sandy”—  dice la Fiscalía que Nicolás Petro se robó los recursos para la tercera edad.  

¿Han tenido ustedes en Estados Unidos un candidato que proponga algo semejante a una importación de ancianos? ¿Habrá guerra de aranceles con su Administración cuando estrenemos esta oportunidad de negocio que reactivará sectores importantes de nuestra economía como el de los pañales o los productos Corega?

Lo imagino a usted, Donald, en la Oficina Oval: tan pronto como se entere de que hemos logrado la importación de un primer contenedor de abuelos americanos dentro de los que podría estar, por qué no, Bernie Sanders, nos obligarán a renegociar un desventajoso TLC por el que tendríamos que exportar a Álvaro Leyva y Jaime Castro a Miami a precios francamente ridículos.

Como sea, la idea de Roy resulta atractiva. La importación de ancianos escandinavos parece ser un negocio rentable. Cualquier adulto mayor de raza caucásica disfrutaría sus últimos días en Colombia. Haría amigos en la fila de las EPS intervenidas por el Gobierno bajo el “shu shu shu system” patentado por el presidente. Saldría a caminar tranquilamente por las calles, con la certeza de que, tras ser asaltado por los delincuentes, algún taxi podría recogerlo: incluso cogerlo. Observaría en las noticias, como si fuera corriente, la forma como Armandito Benedetti insulta a una magistrada y acusa a un candidato de usar calzoncillos marca Hello Kitty. Y obtendría un subsidio de 223 mil pesos al mes siempre y cuando se anime a votar por la continuidad del gobierno de nuestro líder.

Por si fuera poco, esta misma semana el mundo conoció que, por disposición suya, señor presidente, negarán la visa a Estados Unidos a las personas que sufran de obesidad, con lo cual buscan que Colombia pierda también al embajador que la representa. Estamos ante un cerco diplomático. ¿Las personas en condición de discapacidad capilar podemos continuar ingresando?

Sin embargo, nada nos intimida. Presidente Donald: no despierte al jaguar. Al menos no sin tener en cuenta que él duerme desnudo, según confesó en una entrevista. Despiértelo, si viene el caso, con una comisión encabezada por el embajador McNamara que tenga la valentía de golpear en su despacho un martes a las cuatro de la tarde.

Busque otro animal. El Tigre, por ejemplo, cuyos videos de propaganda son hechos con Inteligencia Artificial: en cada uno de ellos, el doctor Abelardo aparece personificado por un felino animado y uno se siente observando un comercial de Zucaritas. O despierte al halcón Juan Carlos Pinzón, a quien usted seguramente conoce. En su estreno como candidato, lo han disfrazado de indígena en el Putumayo, de Indiana Jones en el Amazonas, de persona del común —o “poor people”— en una plaza de mercado en la que tuvo que alzar niños y probar comida callejera de toda índole. Al final de diciembre será Juan Carlos Panzón. Seguramente perderá la visa gringa.

Busque otro animal, pero no despierte al jaguar. Ante semejante carencia de liderazgos, necesitamos al presidente Berto más activo que nunca para que siga viajando por el mundo mientras deja una enorme huella a su paso: en concreto, una huella de carbono. Necesitamos que el avión presidencial pueda tanquear sin problemas en los aeropuertos del mundo mientras el presidente compra souvenirs sin recurrir a los engorrosos fajos en sobres de manila en los que está recibiendo su salario.

Sabemos que usted no respeta los derechos; respete, al menos, los izquierdos. No despierte al jaguar y sáquelo de la Lista Clinton. Ponga de su parte para no lesionar las relaciones con los dos países que son sólidas y viejas. Aunque no tan viejas como para que las importe “Roy Walls” a su resort de jubilados en Florida, Valle.

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