ANDANTE CON MOTO
María Cristina Lamus, más conocida en Europa como MacLamus, no solo es apasionada por la música clásica, lo que explica el título de sus décimas, sino que hoy nos cuenta la aterradora historia de un motociclista. Lo que confirma el título.
Al entrar a su garaje
algo le extrañó a Mauricio;
advirtió que en su edificio
había cambiado el paisaje.
Iba a sacar su equipaje
del baúl del automóvil
sin premura, ni otro móvil
que el de ordenar sus enseres
después de varios quehaceres.
Y al avanzar… quedó inmóvil.
Observó que al corredor
de acceso a su apartamento
lo cerraba un paramento;
y cuando vio en derredor
contuvo un grito de horror.
Quedó de una sola pieza
al notar que la cabeza
de un motorista asomaba
por un hueco que quedaba.
¡Qué cosa extraña era esa!
Ensayó a dar un rodeo
para ver si así podía
acceder como lo hacía,
pero era tal el bloqueo
que le corrió un hormigueo
por el cuerpo. No era audible
lo que pasaba detrás
de ese muro pertinaz.
Se dijo: “¿cómo es posible
una entrada inaccesible?”
Pero el moto la cruzó
y con prisa manifiesta
huyó, por toda respuesta.
Como una bala salió
y por el muro trepó
cual si fuera un alpinista.
Mauricio perdió la pista,
sintió como unas cosquillas:
solo era una pesadilla,
un sueño un tanto alarmista.
Recordó que en días cercanos
había estado la ciudad
en tal inmovilidad,
que dejó a los ciudadanos
atados de pies y manos.
Motociclistas, por cientos,
dejaron sin movimiento
fluyentes vías troncales
con consecuencias fatales
y en total estancamiento.
Se fue para la alcaldía.
“Quiero que el burgomaestre
en persona me demuestre
cómo parar la anarquía
que se vive en estos días”.
Pero apuró un trago amargo
cuando vio pasar de largo,
seguido de un parrillero,
al jefe de los moteros…
que ahora ocupaba el cargo.