LA VIDA, UNA QUIMERA
Beatriz Ordóñez está triste… ¿qué tendrá Beatriz Ordóñez? Nuestra decimera existencialista confiesa que hoy le pesa la vida, y esta circunstancia explica algunos de sus versos de esta semana. Pero también ellos le permiten reconocer algunas luces que brillan.
Llora el planeta
Caminos de agua, recuerdos
de un mundo que respiraba,
de un planeta que soñaba
con sus habitantes cuerdos
que cumplían sus acuerdos.
Con los ríos y sus caudales
que corrían a raudales.
El aire puro sonriendo
como quien va descubriendo
que todos somos iguales.
Érase una vez la vida,
“una sombra, una ficción”
que hoy anda sin dirección
y con la cara escondida.
Vida, vida acontecida,
embrujo de sol dormido
con su fulgor encendido.
Sol, mensajero del alma,
¿podrás encontrar en calma
el paraíso perdido?
Pasó triste una gaviota
buscando el agua perdida
y se percató enseguida
de su mísera derrota.
Ya la paciencia se agota;
inventemos la manera
de encontrar la primavera
escondida en los destrozos
de indolentes poderosos.
La vida es una quimera.
Niños sordos
Sordos desde que nacieron,
un invento inconcebible
les volvió el sonido audible
y oír la vida pudieron.
Y así dichosos supieron
que los labios se movían
para explicar qué querían.
Para comentar sus sueños
como afortunados dueños
de la palabra lograda,
que le agrega a la mirada
el amor a los pequeños.
Una inyección solamente
con precisa maestría
en una gran mayoría
logra genéticamente
este prodigio imponente.
Cuántos inventos la ciencia
desarrolla con paciencia.
Científicos entregados
precisos y dedicados
nos entregan su sapiencia.
Aquí como flor silente
Frágil voy últimamente
inventando realidades,
fortalezas y verdades,
porque intento ser valiente.
Las olas pacientemente
me saben adolorida
y entienden que ando perdida,
pues siempre bailo el momento
medio loca de contento.
Pero hoy me pesa la vida.