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Lunes 4 de mayo de 2026
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Ana Bejarano Ricaurte

MATRIMONIO TÓXICO

Era de esperarse que nadie pudiera detener la fusión entre Tigo y Movistar. Ni todas las amenazas y promesas vacías del candidato y después presidente Gustavo Petro, ni las advertencias de técnicos y especialistas sobre los inminentes e irreversibles peligros de la conformación de un duopolio, ni los intentos de congresistas por pedir explicaciones, ni las evidencias sobre los efectos corrosivos de la privatización total de Movistar. Nada. La superintendente de Industria y Comercio Cielo Rusinque corrió para aprobar una fusión que será un potente símbolo del legado del gobierno Petro en materia de comunicaciones.

Además de las fallas del mercado que esta decisión permite y promueve, este es tal vez uno de los más claro ejemplos de la incoherencia de Gustavo Petro; otra manifestación de que el presidente terminó haciendo todo lo que como opositor denunció. Hace una década, como vigoroso crítico al capitalismo, al neoliberalismo asesino, al feudalismo salvaje, a los señores hacendados y todas esas cosas que decía (bueno, sigue diciendo), demandaba que el Estado detuviera los abusos del señor Carlos Slim, hoy dueño del 55% del mercado de telefonía celular en Colombia.

No fueron pocas las veces que, en medios de comunicación o debates parlamentarios, Petro rechazó, con toda la razón y evidencia, las violaciones a los derechos de los colombianos por cuenta del monopolio del señor Slim.  

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Además, el antiguo Petro atacó enfáticamente la privatización en general, pero en especial la de Telecom, movida que calificó como una “tumbada” al erario. Hace tan solo diez días dijo en X que si no se hubiesen privatizado Telecom y otras empresas del Estado seríamos un país desarrollado, con equidad social y cero narcotráfico. Uno de esos argumentos intergalácticos que no entiende nadie, ni siquiera él. Incluso reprochó los negocios de la empresa Telefónica en Colombia y el lobby español ante políticos colombianos.

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Pero este viernes confirmó que desde el Palacio de Nariño las cosas se ven distintas. Tres años sin frenar el abuso de posición dominante que condena a nuestras telecomunicaciones a ser unas de las peores del continente, miró decididamente para el otro lado, y ahora permitió la privatización total de lo que quedaba de los recursos públicos en Movistar. Incluso desplegó a su círculo más cercano para que se codeara con presidente Pedro Sánchez durante la CELAC. Y tiene que ser solo una casualidad que el gobierno español tenga el 10% de Telefónica y que Telefónica sea dueña de Movistar. Siguió al pie de la letra todo lo que despreció como parlamentario. 

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El próximo 7 de agosto entregará un mercado aún más concentrado y con malas condiciones para sus usuarios. El procedimiento que adelantó su superintendente Rusinque fue antidemocrático y oscuro, tanto así que la ferviente militante, Susana Boreal, se quejó de la falta de garantías para una conversación de cara al país. La intempestiva decisión llegó una semana antes de un debate de control político que se citó para el 21 de noviembre en la Comisión Sexta de la Cámara y así ahorrarse cualquier atención adicional. Además, la SIC no aceptó terceros intervinientes en el trámite para evitar que alguien pudiera oponerse a la consumación de este matrimonio tóxico.

A Slim le encanta la noticia de la creación de otro gigante, porque podrá engañar con el artificio de que es mejor tener dos que uno. Ahora Claro cuenta con el 55 % del mercado y la nueva empresa fusionada el 39 %. Aun así —y esto ya lo han explicado hasta al cansancio—, el duopolio aplastará todavía más la posibilidad de cualquier competencia vigorosa que dinamice el mercado y, por tanto, permita una mejor oferta para los usuarios. La cartelización será casi automática.  

Además, las supuestas condiciones que impuso Rusinque para bendecir las nupcias son insuficientes. El uso de la nueva red que resulte de la empresa fusionada será costosísimo para las más pequeñas, casi imposible de acceder (a lo que los técnicos se refieren como el roaming nacional). Y los usuarios de estas compañías pasarán directamente a contratar con la fusionada, sin que se les ofrezca opción distinta. Acertó Jennifer Pedraza al resaltar que esos condicionamientos parecen redactados por las empresas contrayentes y no por la entidad de control.

Wom, ETB y los otros con una participación insignificante perecerán fácilmente ante esta nueva presión. Qué paradoja: todas las comunicaciones y datos de los colombianos quedarán en manos de billonarios gracias al gobierno del pueblo.

A este problema habría que sumarle que las plataformas de redes sociales siguen sin pagar a las Telcos lo que deberían por usar las vías del internet que ellas proveen (en honor a Daniel Samper Pizano lo bautizaron el fair share).  

Se aplasta a los pequeños y solo sobreviven los más grandes. Una oda al capitalismo colonialista que Petro juró combatir.  

Pero ¿cómo iba a desaprovechar esta oportunidad de engordar la caja en vísperas electorales? Y qué le va a importar al presidente si deja un mercado de telefonía celular concentrado, ineficiente y atrasado; si se traga sus palabras y promesas, como lo ha hecho con la mayoría de cosas que pregonó durante años. Ahora está ocupado oficiando shows electoreros baratos, como este matrimonio tóxico que dará a luz a otro gigante que nadie se atreva a controlar.

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