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Lunes 4 de mayo de 2026
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Daniel Samper Ospina

DEPONGAN LOS EGOS

No resultará sencillo encontrar el reemplazo del presidente Berto, el caudillo más aseado de nuestra historia que, no contento con trapear con sus ministros, y tener un hijo acusado de lavado, y apoyar a Daniel Quintero, el candidato que ofrecía regalar lavadoras está listo para barrer en las próximas elecciones. La encuesta publicada por Caracol Noticias lo demuestra. El 37 % de los colombianos no solo aprueba su gestión, sino su digestión: su forma de comer sancocho trifásico, la siesta súbita de las cuatro de la tarde para reposarlo y la manera como su gobierno, en general, reparte tajadas en el Congreso.

¿Cómo puede un presidente como Berto tener una aceptación que parece crecer con los escándalos de cada semana? ¿En qué tipo de manicomio vivimos? ¿Qué les gusta del tribuno de Ciénaga de Oro, descontando la ruana boyacense color marrón tejida de mariposas amarillas? ¿Que el secuestro haya crecido un 103 %? ¿Que sus ministros y su hijo terminen en la guandoca? ¿Que visite locales de striptease en los viajes oficiales?

Hace unos meses, la simpatía por el presidente se acomodaba en el tercio de los encuestados. Todos supusimos que, en la nueva medición, perdería adeptos de diversa índole: personas llamadas Brayan, negros que querían decirle si podía o no nombrar actores porno en los ministerios y mujeres que no saben acompasar el clítoris con el cerebro.  

Pero, de forma increíble, logró despertar nuevas simpatías: ni más ni menos que siete puntos porcentuales sobre su base de siempre. Ya casi se trepa a una popularidad del 40 %: acaso colombianos que lo rechazaban antes de que se operara la papada y, tras las cirugías estéticas, cayeron seducidos por su templanza, en todos los sentidos; o gente que ve con buenos ojos que Berto se haya convertido, repentinamente, en Iván Duque, y compre aviones de guerra, justifique los bombardeos a niños y disfrute haciendo mezclas, si bien no todas como DJ: ¿es acaso ese el secreto? ¿El duquismo sigue vivo en las regiones? ¿Será Iván Duque quien incline el fiel de la balanza, como lo hace cada mañana en el baño?

Por si fuera poco, Berto cuenta con las arcas estatales para favorecer al candidato de su predilección, Iván Cepeda, que no ha sido capaz de abrir la boca para reprochar la infiltración guerrillera en la inteligencia estatal: a lo mejor le están instalando un diseño de sonrisa, lo que le falta para ganar en primera vuelta.

Imagino a Berto en el 2026 con la chequera del Estado dispuesta para poner presidente. No alcanzará toda la lechona de San Andresito para ofrecer platos a tantos votantes. Será necesario importarla desde Osaka, lugar a donde —en el que fuera su logro de comercio exterior más importante— el gobierno exportó diez millones de toneladas por culpa de las cuales se dispararon los infartos de los japoneses, acostumbrados, antes de la visita de nuestro líder, a una dieta sana, baja en colesterol.

La encuesta de Gallup, pues, marca nuestro destino. Además de la solidez del presidente, aparece como cómodo puntero Iván Cepeda. Abelardo de la Espriella se posiciona como el ingeniero Hernández de 2026: tan disruptivo en primera vuelta, como funcional a su rival en la segunda. Juan Carlos Pinzón aparece con el 2,9 %, exactamente 2,9 % más de lo esperado. Para algunos parece inflado. En todos los sentidos. Por la forma en la que lo obligan a comer tomates sin lavar en las plazas de mercado. Germán Vargas Lleras, que no aspira, aparece con dos dígitos y medio, valga la redundancia. Y en adelante se desparraman en línea descendente decenas de candidatos que no alcanzan siquiera el 1 %, como el popular Roy Barreras, que apenas consigue un 0,6 %, hasta aterrizar en Daniel Palacio y Juan Fernando Cristo, los dos coleros que comparten honores con un empate de infarto del 0,2 % de la intención de voto.

Juan Fernando representa al colombiano francófono y el regreso de Santos al poder. Palacio, por su parte, es “el que dijo Duque”. Los dos tienen todo por delante. Solo les queda campo para crecer. El mismo Juan Fernando podría dar la sorpresa, como ya se la dio a su esposa y a sus hijos cuando miraron que su nombre aparecía en la encuesta. Ellos ni siquiera sabían. Ahora debe conquistar el voto de su familia, que está con Roy.

Si Cristo y Palacio no comprenden que deben deponer sus egos y negociar cuanto antes un acuerdo programático que les permita consolidar la unidad, el país se escurrirá de manera inevitable hacia un gobierno de continuidad comandado por Iván Cepeda: un mandato en el que el presidente ratificará la política de la paz total,  nombrará al licenciado en Educación Física que hoy en día maneja la inteligencia del Estado para dirigirla y ordenará por decreto que todos vistamos camisa con cuello tipo Nerú. Menos Nerú, que seguirá oficiando como primer masajista de la nación.

En mal momento la candidatura de Vicky Dávila se desinfló al nivel de la de Claudia López, y la de Claudia López creció al nivel de la de Vicky. En mal momento el uribismo rompió con Miguel Uribe y se retiró el exfiscal Barbosita, cuya candidatura lucía verdaderamente sólida y podía convocar una alternativa de unidad. Jugados los restos ante el complejo panorama de 2026, solo resta clamar por la unidad para que el país no se despeñe por el Cepechavismo.

Señores Daniel Palacio y Juan Fernando Cristo: ¡únanse! ¡Depongan sus egos! ¡Unidos pueden llegar muy lejos!  ¡Convoquen cuanto antes una coalición con las fuerzas vivas del país, más Álvaro Leyva, y recojan a los 15 candidatos que suman menos del 9 % para que derroten juntos el margen de error! ¡Solo ustedes pueden salvar al país! ¡No nos lleven a unas elecciones de infarto!

Aunque infarto, lo que se dice infarto, es el que padecen los japoneses de Osaka por culpa de la lechona colombiana que exporta Berto. 

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