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Lunes 4 de mayo de 2026
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Daniel Samper Ospina

FELICITACIONES, ISABEL TOSCANO

Lo de menos es que trabaje desde hace más de veinte años en mi casa en labores domésticas; eso es lo de menos. Porque lo más importante de Isabel Toscano, en realidad, no es lo que hace, sino lo que es: la mujer —réplica de tantas otras mujeres anónimas y valientes como ella— a la que nada detiene, que este fin de 2025, a los 65 años, se graduó de bachiller para zanjar una deuda que tenía pendiente consigo misma, y lo hizo con honores y ocupando el primer lugar de la clase: con el birrete puesto y la toga acomodada, bajo una salva de aplausos de sus compañeros que reconocieron en ella a su solidaria amiga de pupitre, pero a la vez a su mejor profesora. En estas entregas periodísticas de fin de año, medios y periodistas elegimos al personaje del año. Ella es la mía. Isabel Toscano: la madre de tres hijas, la abuela de cuatro nietos, el mejor promedio de Química de su salón. Y la mujer de esta foto que sonríe sin malicia: 

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Por eso me parece importante que se sepa que nació en Sincelejo, Sucre; que empezó a trabajar desde los ocho años; que a los once su mamá la entregó a una señora que le ofreció techo y comida, a cambio de servicio doméstico y de permitirle estudiar, pero fue un engaño, porque muchas veces la dejaban sin ropa y sin comida, y al poco rato (y este dato es importante) la sacó del colegio. El estudio le quitaba tiempo para el oficio, le dijo. Por eso Isabel Toscano terminó escapando para regresar donde su mamá. Tenía quince años. Y ya la vida le había pasado por encima.

De vuelta a casa materna, se dedicó a trabajar para ayudar a la familia. Su momento más estable fue cuando se internó en la casa de señora rica de Sincelejo. Salió de allí a los 18, cuando se enamoró de un ebanista con el que se casó de inmediato. Tuvo dos hijas, la primera a los 19. El esposo la maltrató los trece años que duró el matrimonio. Un infarto lo mató a los 33.

Se vino entonces a buscar suerte a Bogotá, donde, para mantener a sus hijas, fue mesera de restaurante, planchó manteles en una lavandería, fue ayudante de cocina en una cafetería.

Gracias a la recomendación de una amiga, consiguió trabajo para hacer oficio doméstico en una casa de familia y de paso conoció a su segundo esposo, con quien tuvo a su tercera hija. Pero decidió dejarlo porque se excedía con las copas y era mujeriego. (En la pandemia, esto lo cuento a modo de infidencia, él la buscó, pero ella no quiso regresar: prefirió quedarse tranquila con sus tres hijas a las cuales, con esfuerzo, les dio la educación profesional que ella nunca tuvo: una es tecnóloga en administración, otra se graduó de finanzas, y la menor iniciará estudios en educación artística).

Desde 2003 tengo el privilegio de que trabaje en las labores de mi casa. Hace cuatro años decidió zanjar la deuda que tenía consigo misma desde aquella vez en que tuvo que abandonar la primaria, y se matriculó en la jornada nocturna del colegio Magdalena Ortega de Nariño. Validó la primaria y cursó todo el bachillerato. ¿Quería, acaso, obtener el grado para iniciar una carrera profesional a los setenta años? Isabel Toscano dice que no lo descarta, pero que ser bachiller no es la antesala de nada, ni un peldaño para alcanzar nuevas alturas, sino una forma de darle sentido a su vida, de desquitarse de su pasado, de ser digna y de ser libre.

La noticia del año, así no lo parezca, es su grado con honores. Máxima nota. Mayor promedio en Química y en Física, sus materias preferidas. Floja, eso sí, y todo hay que decirlo, para las clases de Gimnasia. Pero admirable también en su comportamiento sin tachas; en su carácter afable frente a sus compañeros, 48 años menores que ella, con algunos de los cuales, como Johana Tovar, Tania Plaza y Kevin Almanza, sembró una amistad superior a las distancias generacionales.

Se le confiere entonces el título de personaje del año a Isabel Toscano, la mujer que respondió a los injustos golpes de la vida sacando la mejor versión de sí misma. Bajo el estruendo de las noticias políticas y las tendencias digitales, en medio de los titulares de los ministros presos, del presidente delirante, de la oposición vanidosa, cuesta trabajo observar de frente su esfuerzo sideral, invisible para algunos; su inquebrantable disciplina de cada día que para nadie es notoria. La forma en la que al final de la tarde, después de la jornada laboral, salía de la casa llevando en las manos réplicas gigantes del sistema solar con planetas de icopor y órbitas de alambre, hechas con sus propias manos, y lo hacía con su sencillez habitual, como si avanzar en la calle de aquel modo no fuera un torrente de esperanza.  

El personaje del año no es Gustavo Petro ni las ramas del poder que lograron contenerlo; no es Lucho Díaz ni es Shakira. Es Isabel Toscano y su hazaña silenciosa, semejante a la de muchísimas mujeres como ella, que lo son, no gracias, sino a pesar de Colombia, y que demuestran que este país no se sostiene por sus gobernantes, sino por sus gobernados. Es Isabel Toscano y su maleta de útiles que cargó con honor, después de cada jornada de trabajo, para tomar un bus que la dejara en las puertas del colegio a las seis de la tarde, y regresar a su casa pasadas las diez de la noche, cansada y satisfecha, durante todas las semanas, sin faltar a clase nunca.

Felicitaciones, Isabel Toscano, por regresarnos la fe que creíamos perdida. Felicitaciones por dejarnos la inspiración que no nos pudo legar ningún poderoso: el empeño fabuloso de luchar para lograr tu propia altura, estar llena de ti misma y querer ser siempre mejor de lo que fuiste.

Con tu ejemplo no solo le diste sentido a tu vida, sino a la de todos. Y estoy seguro de que en gimnasia también vas a mejorar.

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PASTO 

Sábado 31 de enero - Teatro San Felipe Neri

PEREIRA

Sábado 28 de febrero - Teatro Santiago Londoño

ARMENIA

Sábado 5 de marzo - Centro de Convenciones

CÚCUTA

Viernes 20 de marzo - Teatro Zulima

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