“DESPUÉS DE MÍ, EL DILUVIO”
Esta inmortal frase del rey borbón Luis XV, citada por Juan Camilo Restrepo en iluminante pero preocupante artículo sobre la calamitosa crisis fiscal que dejará el gobierno de Gustavo Petro, debería alertarnos sobre los difíciles tiempos que se vienen.
A la monarquía francesa el diluvio le cayó en forma de revolución y guillotina. Para la vapuleada democracia colombiana el temporal será más que todo económico (y, por consiguiente, social) y no faltarán políticos —de cualquier espectro— que se dedicarán a pescar en río revuelto. Sobre todo en época preelectoral.
Son las situaciones de estrechez, recortes y apretadas de cinturón para todo el mundo (salvo para el gobierno que solo en 2025 aumentó la burocracia en 28 por ciento) las que más se prestan para el populismo y el oportunismo político. Todos explotan el malestar social —que lo hay— en función de sus ambiciones electorales. Llueven entonces consignas y promesas de toda índole para cautivar a una sociedad temerosa del futuro. Y es en estas situaciones donde los ciudadanos tendrían que discernir para reconocer cuáles son las figuras y propuestas serias.
Parece iluso en unos comicios donde sobran candidatos y faltan ideas y por todos lados revolotean los consabidos “cazavotos” y “compravotos”. Pero así ha sido en esta, nuestra vieja democracia, que ha pasado por tantos sacudones. El sacudón del momento se llama Petro, que lo que quiere es un gran revolcón institucional. Ya no tiene gasolina para llevarlo a cabo, pero insistirá hasta el final y está empeñado en que se reelija su proyecto político. Muy improbable me parece y la pregunta es más bien cómo asimilará el país los costosos efectos de este gobierno. Y cómo lidiará el que viene con la feroz oposición que le montará un expresidente que mantiene un apreciable caudal popular del 30 por ciento.
Petro ha dicho que hay que “radicalizar el lenguaje” (“el discurso, no los hechos”, advirtió), lo que indica que su último año será uno de intensa campaña propagandística por todos los medios imaginables. La estrategia de comunicación del Gobierno se concentrará en la exaltación de los logros del primer presidente de izquierda y en una mayor exposición de su figura. Preparémonos, pues, para tener Petro hasta en la sopa.
El problema viene de atrás, ciertamente. La crisis fiscal no se la inventó este presidente, pero su manejo de la misma ha complicado aún más el panorama. Plan de ajuste no se ve y, según Mauricio Cárdenas, “lo que quiere el presidente es gastar para mejorar su favorabilidad”. Pese a la capacidad de aguante de la economía colombiana y a indicadores positivos en algunos sectores, el director de Fedesarrollo, Luis Fernando Mejía, advierte que “estamos ante la situación fiscal más grave del siglo XXI”. Sencillamente “no hay plata” y el que llegue encontrará la olla raspada.
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¿Y quién va a llegar a manejar este berenjenal? Confieso que aún no logro vislumbrar cómo se desarrollará este proceso electoral ni cómo seleccionarán los partidos a sus candidatos presidenciales. Desaparecido Miguel Uribe Turbay, lo más probable es que el Centro Democrático se pliegue “al que diga” el expresidente Uribe, que no creo vaya a ser el padre de Miguel, Miguel Uribe Londoño, quien también tiene pasado judicial. Gustavo Bolívar, el que más me gusta de la izquierda, no recibió el esperado apoyo de Petro pero participará en la consulta interna del Pacto Histórico, con buenas posibilidades. El centro, la opción preferida por los colombianos, con figuras destacadas como Fajardo, Luna y Cárdenas, debe definir pronto su proceso de selección, so pena de diluirse ante la creciente polarización entre derecha uribista e izquierda petrista.
La otra pregunta es hasta dónde se afectará el proceso electoral por el recrudecimiento de la violencia paramilitar y guerrillera en varias regiones. Como en los Montes de María, donde las llamadas autodefensas gaitanistas prohibieron hacer reuniones políticas sin su autorización. Todo indica que, una vez más, Colombia celebrará elecciones en medio de combates entre la fuerza pública y grupos armados ilegales. El hecho de que esta circunstancia no logra interrumpir el proceso democrático no disimula la gravedad de que sea tan reiterativa y permanente. Una democracia en paz sería muy preferible.
P.S.1.: El asesinato del joven dirigente conservador Chris Kirby desató una furiosa reacción de Donald Trump, que responsabilizó a una “izquierda radical” que envenena el ambiente con un lenguaje agresivo y beligerante. Grupos antitrumpistas divulgaron de inmediato decenas de ejemplos de los insultos y belicosos excesos retóricos de un presidente que, aseguran, es quien más ha contribuido a polarizar al país. Eso de atribuir, sin pruebas ni indicios, asesinatos políticos a un clima creado por críticas y opiniones es una táctica perversa. Como decir que el asesinato de Miguel Uribe tiene que ver con los cuestionamientos que le hizo el presidente.
P.S.2.: Mañana Washington anunciará si certifica o no la política antinarcóticos del gobierno de Petro. Lo más probable es que se raje por el notable auge que han registrado los cultivos ilícitos y la producción de cocaína. No importa que Colombia sea el país que más se ha sacrificado en esta lucha y que sancionarla solo agravará el problema. Tampoco la reanudación de las fumigaciones aéreas que anuncia el Gobierno tendrá efectos decisivos sobre esta guerra hasta ahora perdida.