CIRCOMBIA EN ELECCIONES
Sopesé la posibilidad de que Álvaro Uribe fuera efectivamente el papá de Paloma Valencia esta semana, cuando observé sus intervenciones de campaña:
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Gritaba como una verdadera posesa que el presidente eterno de sus afectos era su progenitor, era su taita, y advertía que pensaba llamarlo de noche y de día:
—¿Aló, papá?
—¿Otra vez tú, Paloma? Recordá que esta llamada la están escuchando esos hachepés.
La media hermana de Tomás y Jerónimo decidió confesar este episodio de su vida íntima ya no en el programa Laura en América, sino en la plaza pública.
El problema, sin embargo, es que no aportaba pruebas de ADN: un examen de paternidad que arrojara un resultado positivo, así fuera un falso positivo; siquiera un video en el que la misma candidata tomara café sobre un caballo, sin regarlo, para demostrar que, a diferencia de los créditos de Agro Ingreso Seguro, lo que se hereda no se hurta.
Ningún país produce tal cantidad de material humorístico como #CircombiaEnElecciones: en las tres miserables semanas que van corridas del año, el puntero candidato del petrismo decidió no volver a abrir la boca: apenas se dejó ver esta semana en un evento en el que leía un pequeño papel, a modo de pastel de examen, ante un público que bostezaba más que Sergio Fajardo. Su cabeza de lista al Senado, Carito Corcho, solo ha brillado por el escándalo de financiación de su campaña, a la que un modesto restaurante de corrientazos en liquidación le prestó 740 millones. Algunos de sus defensores aclaran que el préstamo fue en especie: 740 millones en jugos de curuba y ensalada de repollo que uno podía cambiar por un huevo frito sobre el arroz, por ejemplo, o por una tajada, para este caso presupuestal. Por si fuera poco, el restaurante en cuestión se llama Gusteau Chefcito, como el personaje de la película Ratatouille, con lo cual asume uno que la rata de la película forma parte del equipo de la autodenominada soltera más cotizada del país.
Hay un candidato que se hace llamar Balín; hay otro que se disfraza de Batman; David Luna, el hijo de Herman Munster, se lanzó desde un paracaídas en una alegoría de lo que le pasó en la última encuesta. Juan Carlos Panzón sigue probando comida popular en las plazas de mercado: su campaña gestiona un préstamo de 740 millones para comprar cajas de Lomotil. Daniel Palacios recibió balota negra en la Gran Consulta porque, según los candidatos del exclusivo club, si lo aceptaban, el tarjetón quedaría recostado excesivamente hacia la derecha (a diferencia de lo que sucedió al recibir a Paloma Valencia); se perderán entonces los tres voticos del Danielpalacismo.
Abelardo de la Espriella continúa arriba en las marcaciones gracias a los videos digitales de su campaña, que parecen comerciales de Zucaritas de Kellogg’s. Kiko Lizcano se ofrece a mediar con Ecuador para demostrar que es un estadista al que le cabe el país, ya no digamos en la cabeza, sino en los cachetes.
Claudia López busca afanosamente alguien que se anime a aparecer con ella en una consulta, pero nadie quiere tenerla de vecina: ni Sergio Fajardo, el candidato que parece una cinta autoadhesiva, porque solo concibe como unidad que los demás lo adhieran; ni Juan Fernando Cristo, que todavía no sabe si lanzarse por el centro o por la izquierda. Al final Claudia se medirá en la consulta con el candidato de Batman. A menos de que él también la rechace.
Pero de la hemorragia infinita de delirios sin sentido, el episodio más conmovedor fue la confesión de Paloma Valencia: los repetidos gritos de campaña en los que nos informa que es la hija extramatrimonial de Álvaro Uribe, producto acaso del amorío juvenil del expresidente con Clarita López. A menos de que en las próximas correrías aclare a los alaridos que doña Lina es su mamá.
Es verdad que le faltó elegancia para darnos la noticia; que resultaba más prudente llamar en privado a su papá y convenir con él una cuota de alimentos:
—¡Uribe es mi papá!
—A ver, hijita, no grites.
—Me dijo hijita: ¡sí es mi papá!
--- La voy a hacer llorar.
Desde Pinocho con Gepetto, no se observaba una búsqueda de la figura paterna tan conmovedora. Y quizás tenga razón: quizás Uribe sea su papá. Aunque Fuad Char le diría que no: que lo es el Junior.
Está en manos del expresidente someterse a un examen de compatibilidad genética o reconocerla conforme vaya leyendo las propuestas de campaña: si la candidata pide dividir el Cauca ya no con un muro de contención, sino con una zona franca, sabremos entonces que efectivamente el doctor Uribe tiene una hija natural. Y quizás otra operada.
Pero la duda de fondo consiste en determinar si, en caso de que su papá la reconozca, y la candidata amanezca de un día para otro con tío condenado por paramilitarismo y una afición general por los festivales equinos, cuente con los pergaminos suficientes para ser presidenta de Circombia: ¿los tiene? ¿Se puede gobernar este país imposible bajo el mérito exclusivo de ser la hija del Gran Patrón? Venimos del petrismo. El país es un manicomio en llamas y en estado de quiebra en el que abundan los disparates. Repasemos las noticias de esta semana: la senadora Aída Avella renunció solo al final de su periodo a la prima que el gobierno pagaba a los congresistas, cuando de todos modos, por decreto, se la van a quitar; en el reporte Coronell de 6 AM W se comprobó que Juliana Guerrero compraba diplomas de la Universidad San José porque existe la factura ante la DIAN; el gobierno gastó 1.700 millones de pesos en lanchas-ambulancias para Maicao, un desértico municipio que carece de mar y no tiene ríos.
Y las elecciones en Circombia avanzan con la esperanza de que quien rompa los polos por el medio, para evitar un gobierno de extremistas, sea Paloma Uribe Moreno. Si gana, y hace un mal gobierno, su papá dirá que no la crio. Y si, en cambio, es derrotada, se dedicará a vender manillas.
El país no es viable.
Solo falta que en el restaurante Gusteau Chefcito vendan tazas de Zucaritas de Kellogg’s: es lo último que le falta probar a Juan Carlos Panzón.
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Martes 10 de febrero
Miércoles 25 de febrero
Auditorio Orígenes de la Universidad EAN
Sábado 31 de enero - Teatro San Felipe Neri
FLORENCIA - 3165009902
Viernes 13 de marzo - Auditorio Cámara de Comercio
Viernes 20 de marzo - Teatro Zulima
Sábado 28 de marzo - Teatro Tolima
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