LO QUE UNO OYE POR AHÍ
Hay frases que se escapan por una ventana; otras hay que uno escucha en la calle; no faltan las que pronuncia alguien que espera el bus, ni las que surgen en una charla de amigos. Son los dichos populares, que Beatriz Ordóñez recoge en las décimas de esta semana.
“Ay, mijo, vaya calmado,
porque del afán no queda
sino el cansancio. No agreda
a quien no anda apresurado,
furioso y acelerado”.
“Eso le sienta fatal
y así termina muy mal;
es mejor la calma chicha,
porque a quien busca la dicha,
la prisa le sienta mal”.
En el calor de algún día,
sin compasión ni agasajo,
mandándome pal’ carajo
mi mama me lo decía:
“Vas a perderte María”…
y ya ves, ya me perdí.
Pues inocente creí
que en este mundo de amores
hay que conceder favores;
y el asunto no era así.
Hay gente maleducada:
¡va diciendo tanta cosa!
Ofende sin ser graciosa
y además es malhablada.
Pero a mí, malhumorada,
me lo sirven en bandeja:
“¡Ni que yo fuera pendeja!
Ahí tiene para que lleve”.
“¿Y por qué es que no se atreve?
Ni lo coge ni lo deja”.
Dicen: “la constancia vence
lo que la dicha no alcanza”;
porque es poca la esperanza
cuando la vida se tuerce.
Y por más que uno se esfuerce
la cuestión es complicada
y a veces… nada de nada.
Pero si alguien es constante
puede salir adelante
y ganar esa jugada.
Ni lo uno ni lo otro
sino todo lo contrario
le dijo Juan a don Mario
hablando del nuevo potro.
—Tal vez hablaban de algotro,
patrón, porque este es mansito,
y tratan al pobrecito
con rejo y violentamente;
hay que tener muy presente
que se enseña a un animal
y no se le trata mal.
¡Hay gente muy inclemente!