NACE EL PETRUMPISMO
Animado por el discurso soberano del presidente Berto, el miércoles pasado caminé a la plaza de Bolívar con una caja de fósforos en una mano y la bandera de los Estados Unidos en la otra, para hacer con ella lo que Isabel Zuleta con Sergio Fajardo o el ministro Ávila con la economía: quemarla, verla arder.
Llevaba varios días pegado a la cuenta de Twitter del presidente Berto y la sangre me hervía. Los bellos motivos diseñados por Inteligencia Artificial con que el presidente y sus funcionarios inundaban la red me llenaban de orgullo patrio. En todos aparecía un digno jaguar dispuesto a clavarle las garras al águila imperial (que, en ciertas imágenes parecía un águila calva, y en otras Juan Lozano).
Marché, pues, a la plaza para protestar no solo contra el afán expansionista de Trump, evidente en todos los sentidos, sino también contra los cipayos que lo aplauden: “Si el águila clava sus garras en el cóndor, despiertan al jaguar”, decía una valla de un congresista del Pacto Histórico, y al leerla se me erizó la piel, pese a que no sabía si se trataba de una arenga o una frase en clave para que la CIA no nos detectara. Con el mismo sentido críptico, y pensando en el regreso de Falcao a Millonarios, quise escribir un letrero que dijera “Si las gallinas contratan al Tigre, de todos modos se las comerá el león”.
El jaguar, claro, es el presidente Berto, que, instantes previos a la marcha, publicó el render de un monumento a sí mismo:
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Por modesto, se dejó personificar por aquel animal: el mayor depredador del Amazonas (después de Nicolás Maduro). Ojalá eleven aquel memorial, así deban posponer la construcción del tren elevado. Qué sentido del gusto. Parecía diseñado por Abelardo. Con los recursos de la emergencia social, además, podrían añadirle pisos de mármol, una fuente de agua en el hocico y letras en neón que digan “El jaguar”. Incluso podría convertirse en un motel. Finalmente, aquel homenaje arquitectónico es pequeño para lo que merece el presidente Berto, el hombre que nos ha enseñado que los asuntos domésticos de cada país se deben respetar (y que es capaz de demostrárselo a Donald Trump con un megáfono, en las calles de Nueva York).
Recuerdo que, en aquel momento, cuando la marcha iniciaba, la guerra parecía inminente. La canciller Rosita Villavicencio acababa de declarar que nuestro ejército estaba listo para defender a la patria de la Fuerza Delta, y era verdad: el ministro Pedro Sánchez había dado la orden de desmontar el tanque de exhibición de las caballerizas de Usaquén y tratar de desvararlo, y el helicóptero de Francia Márquez estaría dispuesto, por el fin de semana, para actividades bélicas.
Por si fuera poco, Berto, en un aparente guiño al español de Maduro, convocó a los soldados y las soldadas de la patria:
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En la plaza hacía frío. El presidente no aparecía en la tarima. En determinado momento, pensé en quemar la bandera antes de tiempo, para darme algo de calor.
A las tres horas, al fin, apareció el presidente con una tremenda chaqueta de aviador y yo me dije: “De acá sale a Catam, a combatir en un Gripen”.
Pero se aclaró la voz, saludó a su pueblo y nos dio la buena nueva: que acababa de hablar por teléfono con Trump gracias al meritorio trabajo del embajador Daniel García-Peña, que, no solo gestionó la llamada, sino que consiguió que fuera por cobro revertido.
—Acá el jaguar —le dijo Berto.
—Jaguar yú —le respondió Trump.
En adelante hablaron durante 55 minutos en los que Berto dio quejas de la oposición, de la prensa Mossad; de la oligarquía; le habló de Aureliano, de la espada de Bolívar; le enseñó matemática cuántica, y al final pidió ayuda a las tropas gringas para atacar al ELN. Sí. Ayuda a las tropas gringas. Para combatir a la guerrilla. Si aquello no es el cambio, ¿qué lo es?
Es falso que Berto le haya ofrecido el petróleo de Ecopetrol. Le ofreció, sí, el apartamento de su presidente, Ricardo Roa, que a estas alturas tiene más valor (sobre todo después de la remodelación de 1.300 millones). También le ofreció la chaqueta de aviador. Aunque, según Berto, Trump no le dio la talla.
El mejor momento, sin embargo, fue cuando, en pleno discurso, el presidente nos leyó en tiempo real las amables palabras con las que el honorable presidente de Estados Unidos saludaba la llamada. Y entonces estallamos en un júbilo de último minuto que no se veía desde el gol de Freddy Rincón:
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Sí. Aplaudimos a rabiar la cariñosa palmada en el hombro de Donald Trump al único presidente colombiano que nos ha dado lecciones de dignidad. Yo mismo comencé a agitar la bandera de Estados Unidos ya no para quemarla, sino para ondear al viento el pabellón de un país amigo y el mismo Berto selló la hermandad con una nueva fotografía publicada en sus redes.
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Por si faltaran mejores noticias, Trump invitó a Berto a Miami, frente a lo cual Rosita Villavicencio mandó a la lavandería el blazer color verde menta del presidente, muy del estilo de la moda de allá. La misma Rosita, además, será la encargada de invitar de vuelta a Donald a la tierra del jaguar. El encuentro podría suceder en el memorial El Jaguar, en caso de que alcancen a terminarlo. A lo mejor lleven a las amigas de Benedetti.
***
Mientras nos retirábamos de la plaza, todos estábamos felices.
—Neutralizamos al Narciso ese —dijo uno que caminaba a mi lado. Asentí, aunque no supiera a cuál de los dos presidentes se refería.
Da igual. Lo importante es la armonía; el nacimiento del Petrumpismo, movimiento que jamás comprenderán los cipayos.
Guardé con respeto la bandera de estrellas en el mismo cofre de la de Guerra a muerte que compré en la marcha anterior, y puse a todo volumen Agárrense de las manos: una linda canción de El Puma perfecta para celebrar al jaguar. Prefiero la versión amistosa del jaguar. Ojalá la baile, girando en círculo, con las águilas de Miami. O la pongan, al menos, cuando inauguren el motel-homenaje. O cuando el Tigre meta gol con las gallinas.
¡BOLETAS PARA EL PETROVERSO!
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Sábado 31 de enero - Teatro San Felipe Neri
Sábado 28 de febrero - Teatro Santiago Londoño
Sábado 5 de marzo - Centro de Convenciones
Viernes 20 de marzo - Teatro Zulima
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