Tenemos que hablar
Para lograr un acuerdo nacional se necesitan por lo menos tres cosas: conversación, gestos de confianza y líderes ecuánimes. Es decir, escuchar, hablar, tejer, caminar la palabra, como dicen los indígenas. El acuerdo nacional va pasando poco a poco de ser una consigna, a convertirse en una necesidad. Sí, no hay que ser genio para darse cuenta de que a la paz que se firmó hace siete años le faltó un diálogo de país. Le faltó el acuerdo, ya no entre la guerrilla y el gobierno, sino entre ciudadanos, entre estos y su Estado, y entre líderes políticos. Las élites se dividieron en torno al acuerdo de paz, y como ha ocurrido en tantos otros momentos, arrastraron a los ciudadanos hacia el sectarismo y la polarización. Para darnos cuenta siete años después de que con la pugnacidad todos perdemos. Que la vida sería mejor, más agradable y feliz para los colombianos, si pusiéramos fin a esta violencia eterna, física y simbólica.
El trabajo de la Comisión de la Verdad y sus recomendaciones son una nueva oportunidad para hablar, para escuchar, para dialogar y para llegar a acuerdos sobre los asuntos cruciales de la nación. Necesitamos hablar sobre los factores que han impedido que eche raíces la paz. Los que hacen que, a pesar de tantos armisticios, Colombia no pare su desangre. Porque son colombianos los que matan. Son colombianos los que mueren. Son colombianos los que pagan por matar. Y son colombianos quienes también alimentan la guerra para seguir usufructuando de ella.
Para este país la violencia es un asunto existencial. De lograr la paz depende nuestra supervivencia como comunidad. Por eso hay que hablar de los temas difíciles, de aquellos que nos dividen y sobre los que no tenemos consensos. Es el único camino. Pocos espacios más propicios para ese diálogo que la Revista CAMBIO. El periodismo, cuando se compromete con la democracia, se convierte en ágora, en plaza pública.
El próximo 24 de agosto se realizará el foro ‘El gran acuerdo nacional: el camino hacia la paz grande’, en la Universidad de La Salle, en la sede de Chapinero, en Bogotá. En la mañana se discutirá sobre las bases de un pacto (como lo nombró la Comisión de la Verdad) o de un acuerdo: sacar la violencia de la política. Hay que caminar hacia una democracia sin violencia. También se conversará sobre un acuerdo para superar la desigualdad, que es la causa de la vergonzosa e inaceptable exclusión que viven los ciudadanos de territorios enteros. Un pacto de país no es solo entre políticos, aunque sin duda el rol de los partidos y sus representantes es central. En el foro participarán todas las orillas: la izquierda y la derecha; el Gobierno y la oposición; la Iglesia y los periodistas; las comunidades y los empresarios, porque el acuerdo es de país y no solo de élites.
Será también una oportunidad para discutir sobre los cambios necesarios en el modelo de seguridad y sobre un nuevo enfoque para tratar el problema de las drogas, en medio de los esfuerzos por la paz total. Paz y seguridad no son dos opuestos, como en ocasiones se ha entendido. Más bien son dos dimensiones que van de la mano y a las que aspiran todas las personas, como derecho y como condición para ser felices. La seguridad debe servirle a la paz, porque esta es la esencia de la construcción de un Estado. No sirven las riquezas, las bellezas, la fertilidad en una tierra, si esta sigue bañada en sangre. Eso lo sabemos los colombianos mejor que nadie. Pero ni la paz ni la seguridad se decretan o dependen solo de unas buenas políticas. Necesitan de acción colectiva, del fomento de la confianza, de la reconstrucción del tejido social. Tenemos que hablar también de las guerras perdidas (en realidad todas son perdidas): como la guerra contra las drogas, cuyo estruendoso fracaso nos urge abordar, antes de que sea demasiado tarde.
Y tenemos que hablar sobre nosotros, los periodistas, los intelectuales, los creadores, los que inciden en la cultura; sobre el lenguaje que sirve como hilo para tejer o como puñal para herir y separar. La pregunta es sobre cómo vamos a reconocernos unos a otros, en este momento de memoria y de afrontar las heridas de un pasado difícil. Cómo vamos a encontrar una manera de hablarnos sin señalarnos, sin destruirnos moralmente. Del respeto, del amor al prójimo, de instalar los tabúes necesarios en torno a la violencia. El tabú del No Matarás.
Así, pues, este foro no será uno más. Será la primera piedra de un acuerdo entre los colombianos para salir definitivamente del modo guerra, y para pensarnos como un país en transición, como un país que deja atrás un pasado infame y se hace dueño de su futuro.
* Para asistir a este foro, que será gratuito, debe inscribirse previamente en
** Este evento es organizado por CAMBIO con el apoyo del Grupo Sura, la Unión Europea, la Redprodepaz, la Comisión de Seguimiento y Monitoreo a la implementación de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad, el ICTJ, la Universidad de la Salle, y las embajadas de Noruega, Suiza y Suecia.