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Lunes 4 de mayo de 2026
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Gabriel Silva Luján

Acrobacias aéreas

El señor ministro de la Defensa anunció recientemente que se va a seguir adelante con la compra de aeronaves para la Fuerza Aérea Colombiana. Al comienzo del gobierno, después de que el recientemente posesionado presidente Petro posara de “Top Gun” en un vetusto Kfir, se anunció con bombos y platillos que estrenaríamos una nueva flotilla de flamantes jets para defender la integridad territorial del país.

La reacción no se hizo esperar. No fue solamente la oposición la que puso el grito en el cielo. También miembros del Pacto Histórico criticaron el anuncio. Ante las inmensas necesidades sociales, que en teoría resolvería la llegada de Petro al poder, sonaba bastante incoherente asignarle una buena tajada de los recursos públicos a la compra de armamento cuya utilidad para los desafíos reales de la seguridad nacional es bastante discutible.

Sin duda los aviones de combate que tiene Colombia son insuficientes, obsoletos y peligrosos. Están a punto de quedar inservibles. Nadie discute eso y es obligación del comandante de dicha fuerza abogar con todos los argumentos para que se reconozca esa situación y se enmiende. Nadie discute la necesidad de cambiar la flota de combate aéreo del país. El tema es otro. ¿Por qué ahora?

Ante semejante deterioro del orden público y de la seguridad ciudadana la coyuntura no parece ser -desde ninguna perspectiva- el momento adecuado para embarcar al país en un gasto en defensa de semejante magnitud que no tiene ninguna incidencia real en el orden público o la seguridad ciudadana. ¿Por qué entonces el presidente Petro decide a menos de dos años del fin de su mandato meter al país en semejante gasto?

Algunos insolentes dirán que detrás de esa transacción se debe esconder un gran negociado del Gobierno en el que se van a enriquecer el mandatario, sus funcionarios y algunos generales. Ese escepticismo sobre la pulcritud de una transacción de esas dimensiones es comprensible dado que muchas de las grandes negociaciones de armas en el mundo han terminado rodeadas de sospechas y con acusaciones de corrupción.

Hasta que alguien demuestre lo contrario no creo que la compra de aviones de combate esconda truculentas maniobras para pagar millonarias comisiones. Mucho me temo que las razones que han llevado al presidente Petro a insistir en la compra de aviones son aún más perniciosas que eso. Parece existir un diseño deliberado de debilitar la capacidad del Ejército Nacional, el mismo que Petro en su época de guerrillero del M-19 consideró como su peor enemigo.

Las capacidades de la fuerza pública para ejercer control territorial y combatir las amenazas a la seguridad interna se han ido debilitando desde el mismo inicio del actual gobierno. Arrancó el Gobierno Petro removiendo a medio centenar de altos oficiales, dejando así decapitadas las fuerzas. En esa movida se perdieron cerca de dos mil años de experiencia y servicio a la Patria.

El Gobierno ha sido indiferente al deterioro de las capacidades de transporte aéreo y de aviación de combate del Ejército Nacional. Ha permitido que buena parte de los helicópteros de transporte de tropas permanezcan en tierra, a lo que se le suma una serie de accidentes en los que se han perdido personal y aeronaves esenciales en la lucha contra el terrorismo y las organizaciones criminales.

Desde el presupuesto nacional 2023 se hicieron recortes significativos al presupuesto del sector Defensa. Desde ese año a hoy, los recursos presupuestales para el sector defensa han disminuido en términos reales. Además, la política de paz total ha construido una confusión generalizada en la fuerza pública. Los ceses al fuego en la práctica son de carácter unilateral y las posibilidades operacionales de las fuerzas están limitadas por dicha política.

Todo ello ocurre mientras los grupos armados y las organizaciones criminales incrementan su control territorial y aumentan sus capacidades bélicas. No hay un solo departamento del país con presencia de estos grupos en los que su área de influencia, el número de efectivos y su armamento no se haya incrementado. En medio de todo este oscuro panorama de orden público y con necesidades inmensas en la fuerza pública, aparece la noticia de que el Gobierno ha decidido gastar varios miles de millones de dólares en la compra de aviones de combate que no aportan absolutamente nada a la mejoría de las capacidades de las Fuerzas Armadas para combatir las verdaderas amenazas a la soberanía y a la seguridad nacional.

Una decisión de esa naturaleza no puede ser un capricho. Es la confirmación de una política. A Petro no le interesa que el Ejército Nacional y la Policía tengan las capacidades suficientes para enfrentar a los grupos armados con los que intenta negociar. Es como si quisiera alcanzar la paz total poniendo en desventaja al Estado frente a los enemigos de la democracia.

Twitter: @gabrielsilvaluj.

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