Censurar a los clásicos
Gabriel García Márquez tuvo siempre una relación cercana con los Estados Unidos y, como en toda relación de afectos y cercanías, fue un vínculo lleno de altibajos y disensos. Es conocida de manera amplia su admiración por los narradores norteamericanos y su público reconocimiento de la influencia de William Faulkner en su obra y la forma en que el célebre condado de Yoknapatawpha es uno de los antecedentes más claros de Macondo. De hecho, siempre afirmó que el Caribe comenzaba en el sur de los Estados Unidos: “A propósito del Caribe, creo que su área está mal determinada, porque en realidad no debería ser geográfica sino cultural. Debería empezar en el sur de los Estados Unidos y extenderse hasta el norte de Brasil”.
Paso allí algunas temporadas y siempre elogió su arte, su cultura, su literatura y su cine entre tantas cosas y fue crítico con sus gobiernos y sus políticas. Vivió cinco meses en Nueva York en 1961, cuando Prensa Latina abrió su oficina en Manhattan y luego de presiones gubernamentales y la hostilidad de la comunidad anticastrista en Nueva York decidió abandonar la capital del mundo y para regresar a México en un largo viaje en carretera donde pudo hacer la ruta de Faulkner y comprobar las semejanzas entre las plantaciones de algodón del sur y la Zona Bananera. En Los Ángeles tuvo un estricto tratamiento oncológico y luego de control durante los primeros años del siglo XXI.
La presencia de García Márquez es tan fuerte en la cultura norteamericana que en tres capítulos diferentes de Los Simpson hay referencias suyas y de su mundo literario. El amor en los tiempos del cólera es uno de los ejes que une a los protagonistas de la comedia romántica Serendipity y es, además, uno de los libros favoritos del protagonista Ted en la serie How I met your mother, entre otras, donde aparecen referencias a obras de nuestro premio nobel. La banda R. E. M. se inspiró en el cuento Un señor muy viejo con unas alas enormes para su video de la popular canción Losing my religión y el director Woody Allen ha mencionado en películas y entrevistas su admiración a Gabo. También es famosa su amistad con el actor y director Robert Redford, quien dictó varios talleres, tal y como también lo hizo Martín Scorsese, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión que fundara el escritor en San Antonio de los Baños, en Cuba.
Su amistad con Bill Clinton fue notable. En el homenaje que le rindieron a García Márquez en el Congreso de la Lengua Española de 2007, en Cartagena de Indias, llegó sobre la hora de inicio el expresidente excusándose de ser el único angloparlante en un congreso que celebraba al idioma español, pero no podía fallarle a su amigo y admirado escritor desde sus años de universidad cuando leyó por primera vez Cien años de soledad: “Leí Cien años de soledad en 1972, cuando era estudiante de Derecho en la Universidad de Yale, en New Haven, Connecticut. Estaba tan cautivado por ese libro que lo llevaba a una clase sobre impuestos que poco me interesaba. En lugar de escuchar la cátedra me dediqué a leer la novela. Marivin Chirlestein, mi profesor en esa clase, un día me preguntó qué era lo que estaba leyendo, pues era obvio que yo no le estaba prestando atención. Le mostré el libro y le dije que era la mejor novela escrita en cualquier lengua desde la muerte de William Faulkner. Siendo un joven criado en el sur de los Estados Unidos, fue el mayor elogio que pude haber expresado. Lo creía en ese momento y lo sigo creyendo hoy día”. De igual forma, aquel Jueves Santo de 2014 en el que murió García Márquez en Ciudad de México, el presidente Barack Obama dijo: “Como colombiano orgulloso, y representante y voz del pueblo de las Américas, y como maestro del género del ‘realismo mágico’, (Gabo) ha motivado a muchos más – incluso a que tomaran la pluma y escribieran también (…) El mundo ha perdido a uno de sus más grandes escritores visionarios y uno de mis favoritos desde que era joven”.
Por eso y mucho más es que no es una casualidad que todo su archivo personal repose por decisión de la familia en el Harry Ramson Center de la Universidad de Texas en Austin y que desde allí se lideren muchos de los actuales y futuros proyectos de investigación alrededor de la obra garciamarquiana. Él siempre lo tuvo claro y sabía que el futuro de los Estados Unidos era el español. En una entrevista a Katherine Ashton de la Universidad de Harvard en 1980, Gabo afirmó que “Estados Unidos no puede construir un muro para detener lo que sucede en la otra dirección. Incluso con los enormes recursos que tiene Estados Unidos, no ha podido evitar que el español se hable cada vez más en Estados Unidos. Los candidatos a la Presidencia deben tener en cuenta, cada día más, el voto español y latinoamericano dentro del país. Y cuando un autor latinoamericano llega a este país, los periodistas estadounidenses quieren entrevistarlo. Estos son solo síntomas de una fusión que se producirá, hablando en términos históricos muy amplios”. Hoy en día, la segunda comunidad hispana en el mundo son los Estados Unidos por debajo de México y apenas por encima de Colombia, España y Argentina.
Por eso resulta incompresible y por supuesto risible la censura sobre obras como Cien años de soledad o El amor en los tiempos del cólera en bibliotecas y escuelas de la Florida. El miedo a que estas dos obras universales llene de ideología woke a los jóvenes del estado parece, en el mejor de los casos, un cuento macondiano. Nuevamente, García Márquez está en el índex y es perseguido por el puritanismo del sur y el autoritarismo de los días que corren. Seguramente, las buenas conciencias del sur gringo consideran “obscenas” o “inmorales” algunas de sus páginas como en su momento lo consideraron de Walt Whitman o Ernest Hemingway, entre tantos otros. Alguien dijo que estábamos viviendo una nueva Edad Media por los niveles de linchamientos y nuevos puritanismos que avanzan a pasos veloces en el mundo y esta nueva inquisición no respeta clásicos ni inmortales.
Seguramente la obra de García Márquez incomoda y estorba al autoritarismo hoy. Además de su inconmensurable belleza y cuidado de las palabras (asuntos pasados de moda e innecesarios en el vértigo de hoy) su autor se anticipó a responder desde la literatura y el clave de poesía a muchas de las preguntas que nos inquietan ahora como el cambio climático, las dictaduras, la memoria histórica, las transformaciones sociales, la migración y, sobre todo, la libre expresión. Al prohibir estos libros juntos con otros tantos de autores como José Saramago e Isabel Allende, entre otros, las escuelas y los padres de la Florida pretenden proteger a sus hijos de “material inapropiado” e influencia woke. Definitivamente, el poder de las redes sociales y las fake news que circulan en las cadenas de WhatsApp sí nos están distorsionando la realidad y están modificando nuestra manera de comprender la realidad. Cierran a sus hijos la posibilidad de un futuro y una conciencia crítica y autónoma.
En fin, Gabo ya había tenido censuras, visas negadas, un rechazo a su cuento El rastro de tu sangre en la nieve en la revista New Yorker, apenas un año antes de que ganara el Premio Nobel y tantos otros intentos de saboteos. Sin embargo, hace parte indeleble de la sociedad no solo norteamericana, sino de la cultura universal. Según datos de Instituto Cervantes y la Real Academia de la Lengua, desde 2023 ya superó a Don Quijote de la Mancha en ejemplares traducidos a otras lenguas en el mundo.
Cuando le preguntaron a Bill Clinton por qué Gabo había sido tan importante para él, el expresidente respondió: “Porque sus libros y amistad han constituido preciosos regalos en mi vida. Porque compartíamos el amor por la democracia y la libertad, el odio por el poder brutal y arbitrario y la preocupación por la vida y el bienestar de la gente del común. Porque Gabo marchaba al ritmo de su propio tambor y dedicó su vida a crear memorias que nos estremecerán para siempre”.
Así como anticipó Ray Bradbury en Farenheit 451, cada libro prohibido es un recordatorio de que leer es el acto de mayor libertad y por eso el verdadero temor que despierta Cien años de soledad o E_l amor en los tiempos del cólera_ no sea su supuesto “peligro moral”, sino su capacidad para enseñar a pensar, a imaginar y a disentir. Releer al gran García Márquez es una nueva invitación a desobedecer y una afirmación de que la gran literatura ha sido y seguirá siendo la prueba concreta de la dignidad humana y de la libertad, así los nuevos inquisidores, que censuran a los clásicos y contemporáneos, la manden a la hoguera.