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Viernes 8 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

China está ganando la guerra comercial

La pregunta que frecuentemente se formulan los observadores es si China está ganando o perdiendo la guerra de los aranceles desencadenada por Trump.

En la última entrega de la prestigiosa revista inglesa The Economist, la respuesta es contundente: la guerra la va ganando China. Y la va a seguir ganando, si Trump continúa con sus disparatadas pataletas creyéndose el rey absoluto del planeta.

Son varias las razones que indica The Economist para pronosticar que la China será la vencedora final en esta guerra de titanes:

En primer lugar, China está aprendiendo a no depender tanto del mercado de los Estados Unidos. Las últimas cifras disponibles enseñan que mientras el comercio entre los dos países ha caído 27 por ciento, el de la China con el resto del mundo se ha incrementado en 8 por ciento. Es un anticipo de cómo las exportaciones de la China comienzan a tocar la puerta de todos los demás mercados del planeta, incluidos nosotros, generalmente maltratados por el señor Trump.

Con su discreto lenguaje oriental, la China ha aprendido que la mayoría de las amenazas de Trump no son más que eso: amenazas que luego se disuelven en humo. 

En los últimos meses, Trump ha amenazado a la China con que va a elevarle los aranceles en 100 por ciento en dos ocasiones; la última de ellas, cuando la China endureció su posición sobre la exportación de ‘tierras raras’ de las que tanto dependen los Estados Unidos. En las dos ocasiones, Trump se ha echado para atrás y no ha vuelto realidad sus amenazas.

Por el contrario, la China se ha mantenido firme en las retaliaciones que ha anunciado: por ejemplo, ha restringido las compras de soya norteamericana cuyo mercado vale 12 billones de dólares, y simplemente está importando la soya de otros orígenes. Para desconcierto de Trump, que tanto depende del voto de los agricultores de los Estados Unidos.

Tampoco han logrado las alharacas de Trump poner a temblar la economía china, como suele hacer en aquellos países más débiles y de menor tamaño relativo que China. 

Desde cuando Trump anunció con gran fanfarria el inicio de los aranceles retaliatorios (en el jardín de las rosas de la Casa Blanca que ahora sepultó con una placa de cemento dentro de los planes de renovación de la casa presidencial de los Estados Unidos), la bolsa de valores del sector manufacturero de la China ha crecido 34 por ciento, mientras que el mismo índice en Estados Unidos apenas ha crecido un raquítico 15 por ciento.

Pero quizás donde viene experimentando una derrota más contundente Trump es en el campo político. El partido comunista único de Xi Jinping está más fuerte que nunca. Acaba de reelegir a su líder y aprobar un ambicioso plan de crecimiento y renovación tecnológica en China como no hay precedentes. 

Las lecciones de democracia que acostumbran a dispensar los norteamericanos a sus contendores parecen haberse estrellado en esta ocasión contra la impasible muralla china.

Esta semana se encontraron los líderes de la China con los norteamericanos en Corea del Sur, en el marco de la reunión del Asean (el exclusivo club de los países de la cuenca del Pacífico). 

Mas le valdrá al señor Trump guardar sus desplantes. Los chinos parecen haber aprendido cómo responderle sin estridencias, pero con eficacia, a su histrionismo.

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