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Lunes 4 de mayo de 2026
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Jaime Honorio González

El más

Tengo mil historias con Daniel. De aprendizaje, de camaradería, de angustia, de miedo, de risa, de competencia, de incompetencia, de amor, de dolor, de casi todo. Lo conocí en una corta entrevista en su oficina, cuando me presenté al cargo de periodista en el naciente NTC Noticias, que él dirigía, por allá en octubre de 1994. Tres frías preguntas, tres cortas respuestas. Contratado.

Yo llevaba menos de tres años de experiencia en el oficio. Venía de una revista en decadencia que, cuando sea millonario, compraré y dirigiré. En fin, a los pocos días de llegar a mi nueva sala de redacción sentí el rigor de trabajar en un noticiero de 30 minutos de duración todos los fines de semana y festivos. Era, un poco, vivir al revés.

Fui descubriendo a un Daniel apasionado por el oficio, analítico, tremendamente rápido para deducir y —también— para decidir, con un olfato para la noticia que muy pocas veces he visto, un tipo inspirador, franco y directo. Tiene sus vainas, pero se las dejaré a sus detractores. No le faltan.

Yo sé que no le gusta para nada el autobombo y que le da una jartera infinita los homenajes y esas cosas y que querrá pasar este glorioso momento así no más. Es su derecho, ni más faltaba. Yo ignoraré eso. Yo escribo estas líneas porque quiero decir que es el mejor en su oficio, que sigue siendo el mejor.

Daniel no es deportista. Pero, desde que lo conozco tiene el estado físico y mental suficiente para hacer varias tareas a la vez, ir de un lado al otro, dirigir un proyecto aquí, coordinar otro allá, entrevistar por teléfono, preguntar en vivo, escribir de día, editar de noche. Por ejemplo, actualmente (y desde hace un largo tiempo ya) dirige Noticias Univisión y todos los días —lean bien— todos los días hábiles saca un reporte por radio que muchos escuchan y que se convirtió en otro espacio referente del periodismo, su mañanero Reporte Coronell. También publica una columna de opinión los domingos muy temprano, que casi siempre es tendencia en las redes sociales porque casi siempre su texto revela, o indigna, o descubre, o arma rompecabezas antes imposibles de entender, o mantiene la memoria de sus amnésicos lectores (me cuento entre ellos). Y en sus ratos libres, escribe libros de niños perdidos en la selva.

¡Mis respetos!

Tan no es deportista que ni siquiera le gusta el fútbol, aunque sé que debió comenzar a interesarse. Me contó que había visitado un estadio en Inglaterra y también otro en España, pero me parece que está algo lejos de dominar conceptos como —por ejemplo— el fuera de lugar y sus aplicaciones. Bueno, también es cierto que hay otros colegas que viven de hablar de fútbol y tampoco dominan el fuera del lugar, ni saben los nombres de los jugadores, ni la historia de las camisetas, y no narran sino gritan y no comentan sino pontifican. Así que, Daniel, no es grave lo tuyo.

Como dije, ha sido uno de mis maestros en el oficio. He tenido varios, para mi felicidad. Lo que pasa es que con él compartí la mayor parte de mi vida como reportero, algo más de una década bajo sus órdenes viéndolo acertar en cada emisión y —a veces— también fallar. A él también le aprendí a reconocer los errores. Forman parte de nuestro trabajo.

Bajo su tutela gané dos veces el premio de Periodismo Simón Bolívar, uno de ellos en equipo con otros tres periodistas y, con él, en una investigación sobre el crimen del magistrado Carlos Horacio Urán, hace casi 40 años en el Palacio de Justicia. Fue su investigación, y aunque ayudamos en algunos detalles, su generosidad le volvió a ganar y decidió compartir el honor. Muy en su estilo.

Ayer, la Sociedad Interamericana de Prensa le entregó uno de esos premios realmente importante en este mundo del periodismo: el Gran Premio SIP a la Libertad de Prensa.

En un emotivo discurso, Daniel contó —entre otras cosas— la razón principal por la cual debió exiliarse en Estados Unidos cuando descubrió al autor de las amenazas de muerte contra su familia y él, expuestas en una escalofriante y a la vez maravillosa columna con —tal vez— uno de los mejores finales que yo haya leído: 19 palabras de antología.

“En esta época de redes sociales —y de populismos de izquierda y de derecha— vivimos bajo la impresión de que mucha gente no quiere información sino doctrina. Que muchos ciudadanos ansían escuchar solamente el eco de sus propios prejuicios y rechazan cualquier postura que los cuestione.

“El periodismo tiene la obligación de buscar la pluralidad. Eso que hasta hace años era un axioma del oficio se ha ido tornando en postura impopular. No podemos trabajar para el aplauso, ni debemos temer a los insultos”, afirmó en su discurso.

El expresidente de la SIP, Roberto Rock, le entregó el premio y dijo: “No sólo ha informado sino que ha inspirado a generaciones de periodistas a no claudicar ante la intimidación, a ser rigurosos y a recordar que nuestra única lealtad debe ser con la verdad”. Soy uno de esos afortunados, aunque no logro su nivel, hay que decirlo.

En todo caso, le agradezco públicamente todo lo compartido, todo lo aprendido, todo lo sufrido y todo lo disfrutado en este mágico e inigualable camino que se llama periodismo y que muchos podemos seguir andando gracias a reporteros como él. Gracias por lo enseñado, Daniel, El Más.

Jaime Honorio González
@JaimeHonorio.

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