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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Yohir Akerman

Celos, métodos y méritos

En un país donde los escándalos duermen mejor que las víctimas, las confesiones más inocentes suelen despertar los archivos más incómodos. La famosa modelo Natalia París no suele hablar de política. Su universo está hecho de luces, mezclas electrónicas y su compromiso con la eterna juventud y belleza. Pero hace unas semanas, en medio de un programa de televisión donde la ligereza hace parte del guion, soltó una frase que resucitó una pregunta sobre un expediente que lleva más de una década acumulando polvo en los sótanos de la Fiscalía.

La empresaria contó que, en 2007, cuando apareció un libro titulado ¿Las prepago? que falsamente la mencionaba, acudió al abogado Abelardo de la Espriella para que la defendiera. El ahora precandidato saltó al caso y según su relato le dijo: “Dame unos días, yo localizo quién es la supuesta madame”, hablando de la proxeneta que figuraba como fuente del libro. Y lo cumplió, agregó Natalia en la entrevista con Eva Rey.

La frase, dicha como elogio, también funciona como pista judicial sobre cómo el abogado De la Espriella logró descubrir la identidad de la fuente de ese libro, que hasta entonces era desconocida. En 2007, nadie sabía quién estaba detrás del personaje conocido como “Madame Rochy”, ni siquiera los medios que cubrieron ese escándalo. 

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Por eso, vamos a una investigación publicada el 18 de febrero de 2021 por el periodista Julián Martínez sobre Abelardo de la Espriella, que merece ser recordada después del comentario de la modelo y ahora que el abogado es precandidato presidencial. La historia es así. Entre los años 2006 y 2008, el exagente del DAS, Orlando Sastoque Ángel trabajó entrenando escoltas y como parte del esquema de seguridad del polémico personaje.

Antes de proteger al abogado, Sastoque fue funcionario del DAS por varios años. Relató que había recibido entrenamiento en operaciones de alto riesgo en la Escuela de Caballería del Ejército. Fuera de eso, estuvo seis meses en Irak como contratista y, al regresar al país, en diciembre de 2006, volvió a trabajar como instructor y también como escolta personal.

Del tiempo que estuvo junto al abogado, relató bajo juramento el 4 de marzo de 2009 ante el Cuerpo Técnico de Investigación, que no solo cumplió funciones de seguridad. También hizo “otras labores” bajo el pedido de su jefe. Una de esas ocurrió en junio de 2007, cuando De la Espriella le preguntó si en el DAS podían hacerle un trabajito, para “averiguar quién llamaba al celular de su novia”. Gravísimo, de probarse cierto lo que Sastoque contó a la Fiscalía. En especial porque un año después se casó con su esposa actual.

Para eso, según la declaración del escolta, De la Espriella le hizo entrega de los recibos de Comcel con los códigos, pidiéndole averiguar todo lo posible de la identidad con nombres completos y direcciones de unas personas que estaban llamando a su novia de la época. Presuntamente celoso el abogado. Aunque “era un asunto personal”, como dijo Sastoque ante el CTI, el método era institucional: un rastreo técnico de comunicaciones, la especialidad del DAS.

Esto quedó registrado en la noticia criminal 110016000686200900002. A pesar de lo largo del número es importante recordar ese dato. En ese documento, Sastoque explicó que el contacto inicial para hacer esto fue con un funcionario del DAS que en ese momento estaba asignado al Ministerio del Interior. El señor, de apellido Sandoval, era conocido como alias Chahuala, a quien Sastoque lo había conocido en las mismas circunstancias que un detective apodado el Gato. Este último ofrecía otros servicios paralelos al rastreo de llamadas, ya que además podía borrar antecedentes de manera temporal para trámites migratorios o judiciales. Un gato peligroso.

Sastoque contó que alias Chahuala, con quien se reunió dos días después, le dijo que no era necesario tramitar la solicitud dentro del DAS porque él tenía fuentes en Comcel, la compañía de telefonía, que podían hacer el rastreo desde el interior. La semana siguiente, según su relato a la Fiscalía, este le entregó los resultados con nombres completos de las personas que llamaban al celular de la novia de Abelardo, con direcciones y cantidad de llamadas, con frecuencia y duración. Todo por escrito.

Por ese trabajo, según el testimonio, cobraban 200.000 pesitos de la época, pero alias Chahuala no le cobró nada. Era una muestra de calidad, “para que el doctor viera que los trabajos eran efectivos, y después le diera más”. 

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Según lo descrito por el exescolta, el favor marcó el comienzo de una relación más turbia. Sastoque relató que De la Espriella le pidió, meses después, contactar de nuevo a su persona en el DAS para que le hicieran un rastreo de la identidad de otra mujer. El método era el mismo, solo que esta vez el control dejó de ser sentimental para volverse jurídico. Presuntamente.

En su declaración, Sastoque añadió que cuando estalló el escándalo del libro y Natalia París buscó la asesoría del abogado, De la Espriella empezó a preguntar cómo identificar a la mujer que aparecía como fuente de la publicación. El exescolta aseguró que escuchó esas conversaciones dentro del vehículo en el que los transportaba y que, poco después, su jefe le dio otra orden precisa. Necesitaba, según su versión, que “le chuzaran el teléfono, que le hicieran seguimientos, le averiguaran residencia y nombre real de Madame Rochy”.

Sastoque detalló a la Fiscalía que se reunió al frente del DAS con alias Chahuala y este lo conectó con un grupo operativo liderado por el detective conocido como ‘Puerto Joaquín’, o ‘Joaquín Puerto’, adscrito al área de Inteligencia, ya que el pedido era más complejo. Puerto oyó la solicitud, le pidió unos minutos y posteriormente ingresó por la entrada principal de funcionarios de la entidad. Diez minutos después, salió con dos detectives de Inteligencia más y dijeron que el pedido se podía hacer y costaba 5 millones de pesos, o un millón de pesos diarios. 

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En su relato, Sastoque dijo que le transmitió la oferta al abogado De la Espriella, pero este respondió que el precio le parecía muy caro y pidió rebaja. Fue entonces cuando el propio escolta le entregó el número de teléfono de Puerto para que hablaran directamente. “Pasaron unos días, relató, y ahí estalló el escándalo de la madame con nombre propio”.

En la noticia criminal figura que cuando Sastoque le preguntó a De la Espriella si lo habían ayudado los del DAS, el abogado no respondió, solo dijo: “después hablamos”. En los días siguientes, el penalista viajó, y Sastoque aprovechó para volver a encontrarse con Puerto.

“Con una mentira mía, le saqué la verdad”, dijo el testigo. Puerto le confesó que “le había hecho la vuelta al abogado y que esa maricada había sido un mierdero, porque el duro que mandaba arriba era el que más comía y al resto les había tocado muy poco”. Añadió que el operativo estaba “cuadrado desde adentro” con supuestas órdenes judiciales que, en realidad, servían para encubrir interceptaciones ilegales.

En esa misma conversación, Puerto le enumeró a Sastoque algunos de los nombres que el DAS tenía interceptados por orden del Gobierno en esa misma estructura, como Gustavo Petro y Piedad Córdoba. Fue entonces cuando Sastoque entendió en lo que estaban metidos esos agentes, y que lo que para él había comenzado como una ayuda para una tarea personal de celos, hacía parte de un engranaje de espionaje político mucho mayor.

Es importante recordar un detalle paradójico y es que, mientras Abelardo de la Espriella presuntamente pedía chuzar el teléfono de su novia, por la misma época presentó una tutela, el 3 de agosto de 2007, contra el Ministerio de Defensa y la Fiscalía, reclamando la protección a su derecho a la intimidad. Todo porque el abogado apareció en un listado de personalidades interceptadas por las autoridades. Grave. De hecho, en los archivos secretos del DAS figuraban sus movimientos migratorios entre 2001 y 2008. 

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Según la propia versión de Sastoque, los documentos, registros de llamadas y números de teléfonos de alias Chahuala, El Gato y Puerto Joaquín, fueron entregados a una funcionaria de la oficina de Derechos Humanos del CTI llamada Gladys Urrego, en el búnker de la Fiscalía, frente a su jefe “Erik”. Preguntada por el periodista Julián Martínez en 2021, la funcionaria Urrego le confirmó que Sastoque sí había hecho entrega de una cantidad de documentos, con nombres y teléfonos, como parte de su colaboración con la justicia.

Con un detallito, el fiscal general en ese momento, y jefe de la señora Urrego, era el doctor Mario Iguarán Arana, uno de los grandes amigos del doctor Abelardo de la Espriella. De hecho, los dos fueron padrinos de matrimonio del exministro Sabas Pretelt de la Vega, amistad que el exfiscal general no niega, pero aclara que nunca ha intercedido para favorecer al abogado ni que conoció de su proceso en su momento. 

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Por eso no sorprende que posteriormente, el 6 de julio de 2009, Sastoque enviara un derecho de petición a la Fiscalía General de la Nación advirtiendo que, como testigo protegido, su vida y la de su hija estaban en riesgo por la información que había entregado sobre interceptaciones ilegales en el DAS y la participación de particulares. En esa carta pidió seguir vinculado al programa de protección, “ya que es muy alto el riesgo que corremos al haber suministrado dicha información en colaboración con la justicia”.

Los documentos entregados por el testigo quedaron “en el almacén de evidencias”, como confirmó una segunda declaración suya el 14 de agosto de 2009 ante la Procuraduría. “Les entregué la información de cómo el DAS trabajaba con personas de Comcel para tener todos los datos, los números de teléfono que trabajan en eso y que dan la información”, dijo Sastoque. 

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En contraste a esas diligencias, el abogado siguió construyendo su leyenda pública. En el año 2012, publicó su libro La pasión del defensor, un texto en el que se retrata como un héroe jurídico que lucha por la justicia contra los poderosos. El autor, que parece tener el raro mérito de haber escrito más libros de los que ha leído, en la página 90, dice: “entonces desenmascaré a esta madame, le puse unas investigadoras y descubrí quién era, se armó un escándalo del carajo, saqué adelante el proceso y presenté una tutela, que fallaron a favor, y que ordenó retirar del mercado ese infame pasquín”.

Para ese entonces, la acusación en su contra ya era parte de un expediente por interceptaciones telefónicas que se había abierto en la Fiscalía. Por eso, la contradicción entre el relato épico y el prontuario judicial es simbólica, porque su frase no solo evoca una historia de cómo ganó un proceso a favor de Natalia París, sino el rastro de un país donde la intimidad se ha usado como arma, incluso en contra de la modelo. Donde el espionaje se volvió espectáculo y los expedientes se ganan o tapan con popularidad.

De la Espriella, por supuesto, ha negado esta acusación. En el año 2021 publicó un video en respuesta a la denuncia de Julián Martínez, descalificando las denuncias como “mamertería disfrazada de periodismo”, y asegurando que no tuvo nada que ver con las interceptaciones del DAS. Además, dijo que el periodista le había hecho llegar un radicado de un caso que no existe. Pero en ese mismo video mostró la foto de Orlando Sastoque y reconoció que el escolta sí había trabajado en su esquema de seguridad. Una admisión que al menos valida parte de la historia que tacha de falsa. 

Es importante advertir que frente a estos hechos el abogado goza de la presunción de inocencia y no tiene condenas, ni sanciones judiciales o disciplinarias. Pero partiendo de lo que dijo el señor Sastoque, que puede ser o no falso, surgen importantes preguntas en un episodio que involucra a un aspirante a la presidencia de Colombia: ¿qué intereses pudo tener uno de sus exescoltas para inventarse esta historia? ¿De dónde habrá sacado tanto detalle para que las mentiras de un conductor correspondieran en tiempo, modo y lugar con uno de sus procesos jurídicos?

Otro detalle, y no menor. El radicado sí existe y está activo. El expediente 110016000686200900002, por violación ilícita de comunicaciones agravada, integra el macrocaso de las ‘chuzadas’ del DAS y en ese se encuentra el documento en el que un testigo menciona al abogado con nombre y apellido. Lo que no existió fue la voluntad institucional de impulsarlo y, por el contrario, todo sugiere la ansiedad que hubo para cerrarlo. Según la Noticia Criminal consultada por esta columna, la Fiscalía Octava delegada reporta a octubre de este año únicamente “actividad investigativa adelantada por el equipo de trabajo de la Fiscalía u otra actuación procesal”. Una fórmula burocrática que sugiere que poco o nada se ha movido el caso. 

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Y ahí está la ironía respecto al abogado que se proclama símbolo defensor del orden y la decencia. Que se presenta como el regreso al poder de los métodos del uribismo auténtico. Ese que tiene más de veinte funcionarios presos únicamente por el escándalo de las ‘chuzadas’. No solo eso: el precandidato presidencial, fuera de aparecer en una declaración de uno de sus antiguos escoltas por presuntamente interceptar a su novia y a una proxeneta, también está indiciado formalmente en cuatro casos. Dos acusaciones diferentes en la Fiscalía por amenazas en contra de defensores de derechos humanos y servidores públicos, una querella por calumnia y otra denuncia penal por cohecho por dar u ofrecer sobornos. No es menor.

Por eso, vale la pena recordar que durante los gobiernos del expresidente Álvaro Uribe Vélez, la Inteligencia estatal se usó ilegalmente para perseguir opositores, deslegitimar periodistas, hostigar a defensores de derechos humanos y magistrados, e incluso encubrir delitos. Una política que creó una economía paralela de inteligencia, donde la información personal se vendía como minutos de celular.

En paralelo, el abogado, según la declaración de su exescolta y los otros procesos que permanecen activos en la Fiscalía en su contra, presuntamente ha usado ese y otros patrones en lo privado para resolver sus casos judiciales. Y sus celos.

Esta columna intentó comunicarse con el precandidato presidencial para obtener su versión sobre estos hechos sin conseguir respuestas. Su silencio deja claro que, así como el uribismo nunca pidió perdón por escuchar las conversaciones de sus críticos, las explicaciones del abogado sobre cómo consiguió la identidad de Madame Rochy siguen siendo algo inciertas y opacas.

En su versión, todo es mérito. En los expedientes, todo fin justifica cualquier medio. Que la modelo más famosa del país reviva sin quererlo una pregunta de ese caso, muestra lo frágil que es la línea entre el chisme y el crimen, entre la anécdota y la prueba judicial.

Según el relato del antiguo escolta, esto fue un noviazgo interceptado en un país que aún no decide si la intimidad es un derecho o una herramienta. En una justicia que archiva estas investigaciones, más rápido de lo que las investiga. Y en un expediente que, aunque puede que no esté abierto, la explicación, sigue aún pendiente.

@yohirakerman; [email protected].

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