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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Juan David Correa

El hilo de Ariadna y el síndrome de Medea

El síndrome de alienación parental se define como una serie de actos deliberados o involuntarios que provocan un rechazo injustificado de los niños hacia uno de sus progenitores, normalmente el padre. En ciertos medios colombianos y en casos judiciales ha sido dada por cierta esta extraña teoría, este constructo pseudo concepto creado por un psiquiatra estadounidense Richard Gardner, que se suicidó en 2003 por una dolorosa enfermedad neuronal. 

La teoría de Gardner ha sido discutida y dada por falsa por la Organización Mundial de la Salud, entre diversas asociaciones científicas del mundo, que ven sus argumentos victimizantes y parte de una estrategia para seguir considerando que el patriarcado y el machismo tienen razones, y no siempre pueden asumirse responsables de las acusaciones que se hacen en su nombre.

Con ponencia de la magistrada Diana Fajardo, la Corte Constitucional dictaminó, mediante la Sentencia T-526 de 2023 que se “proscribe el uso del instrumento diagnóstico conocido como síndrome de alienación parental, [que] no está acreditado actualmente en la ciencia en tanto lesiona los derechos prevalentes de niñas/os y adolescentes; reproduce estereotipos de género y genera eventos de discriminación y por tanto violencia contra la mujer en razón del género”. El susodicho síndrome no es, pues, una herramienta que pueda usarse en Colombia por parte de jueces que atiendan casos de denuncia de maltrato en los cuales se discute la custodia de los menores. Los medios y el sistema de justicia familiar deberían tomar nota de esto.

Gardner promovió, a través de su propia editorial, un género de ficción que cuenta con más de cuatrocientos libros y cientos de miles de artículos en la red. Las soluciones que propuso este método son tan draconianas, según Reem Alsalem, relatora especial de la ONU sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, como separar al menor de quien acusa falsamente bajo la doctrina del odio al agresor, en general mujeres, para que pueda ser reprogramado. 

El pasado 24 de agosto, la Corte Suprema de Justicia, mediante el fallo SP1797 de 2025 rechazó el uso del imaginario síndrome, que algunos llaman, casi confesionalmente, el de Medea. “La Corte confirmó la condena contra un padre por actos sexuales con su hija de 6 años, revocando una absolución de primera instancia que se había fundamentado en esta desacreditada teoría”. Medea contrae matrimonio con Jasón. Después de una década de relación, Jasón quiere casarse con Creúsa y pretende llevarse a sus hijos arguyendo que estarán mejor con él. Al ser Medea extranjera es expatriada y convertida en hechicera. Al final, Medea asesina a sus propios hijos y a la nueva cónyuge de Jasón. El mito sirve, por supuesto, para esta construcción que tiene un nuevo trasunto en los días que corren.

En este 2025 se han perpetrado quinientos feminicidios en Colombia. Un total de 9.963 casos de abuso infantil, de enero a junio. Abundan casos que deberían hacernos actuar con vehemencia, y de manera pública, como el ocurrido hace apenas unos días, el 22 de septiembre, en la localidad de Kennedy, en Bogotá, cuando José Urbano Villa agredió brutalmente a su pareja, Fabiana Karina Rendón, propinándole golpes con un martillo en su cabeza, y apuñalándola en el rostro. La ingeniera ambiental y candidata a edilesa había presentado una denuncia contra Villa en enero pasado por acceso carnal violento, y el mismo día del ataque, por agresiones físicas. El hombre se entregó horas después en un CAI, con las manos ensangrentadas, diciendo que “sabía lo que había hecho”.

A pesar de las constantes evidencias, de las estrategias de manipulación, y de carteles de abogados que se dedican a vender servicios legales a agresores, en connivencia con autoridades como defensoras de familia, y asociaciones de psicólogos que se autovigilan, y del apoyo de medios de comunicación empresariales que se prestan para abrir los micrófonos a estas víctimas producto de la ficción de que sus hijas o hijos han sido «reseteados», o las mujeres exageran por celos o venganza, lo cierto es que hoy, usando una típica estrategia narrativa, el síndrome de alienación parental, ahora se ha dado a llamar «interferencia parental» y sigue usándose en Colombia. El cambio de denominación le sirve a toda suerte de personas que insisten en creer que es posible enseñar a un niño o niña a mentir deliberadamente sobre una agresión. Es evidente que hay matices en las relaciones humanas, pero la alienación que pretende el ejército de Gardner es una típica estrategia totalitaria mediante la cual se crea un campo presuntamente científico para defender una hegemonía como el patriarcado: DARVO es un acrónimo acuñado por la psicóloga Jennifer Freyd, que en inglés quiere decir: Deny (Negar), Attack (Atacar), Reverse Victim and Offender (Invertir a la Víctima y al Agresor).

Este próximo 7 de octubre, en Manchester, la periodista Alexandra Correa participará en una mesa organizada por SHERA, un grupo académico promovido por la universidad de esa ciudad inglesa, sobre los desafíos globales de las leyes de familia. Sistemas seguros, políticas de protección y salud humana son los asuntos que allí se discutirán. Correa (con quien no tengo ningún vínculo) es periodista internacional y defensora de derechos humanos y desde 2019 se interesó por la estrategia de manipulación. Comenzó a investigar, y poco a poco, entendió que Medea no merecía su suerte y recordó que siempre es posible ser una Ariadna que lance un hilo para que las víctimas puedan salir del laberinto. Consciente de su audacia, Alexandra pronto se convirtió, ella misma, en víctima. Aunque no ha sido víctima de este tipo de patrones violentos, y tiene una pareja e hijos, ella confiesa que no podía creer que se diera crédito en nuestro país a una historia producto de un metarrelato absurdo: nuestra mirada casi reverencial a Estados Unidos hace que este tipo de hechiceros, ellos sí, que se han hecho peritos y escrito libros en la lengua imperial, se conviertan en científicos que sirven para seguir defendiendo la idea de prevalencia de los hombres sobre las mujeres, y de la histeria de las mujeres como estrategia para alejarlos de sus hijos. Por su coraje, en cambio, comenzó a ser denunciada, perseguida, hostigada y expuesta por presuntos agresores y funcionarios públicos. 

Al dudar de la palabras de las mujeres, y poner en entredicho la de los niños y las niñas, dice Alexandra —quien trabaja como periodista independiente—, las primeras se ven expuestas y frente a la realidad de que la justicia pone por encima la presunción de inocencia de los agresores como un interés superior a su vida, y los niños y las niñas quedan en custodias compartidas que permiten que los agresores, que son verdaderos abusadores, sigan violando, golpeando o vejando a menores de edad. O simplemente libres de seguir con su proyecto de exterminio: en 2023 el concejal Julián Sastoque consiguió, a través de una demanda ante el Tribunal Superior de Cundinamarca, instar al Estado y las comisarías de familia a implementar el uso de manillas con sensores de alejamiento que permitan cumplir las órdenes de caución. Nada se ha cumplido: “Detrás está ese sesgo de la justicia machista de no creerles a las víctimas”, dice Alexandra. Su lucha debe ser protegida, así como su servicio a favor de la infancia.

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