¿Eres tú, Iván?
“Centrémonos en progresar y avanzar en nuestra guerra de posición, como decía Gramsci; hacia la democracia progresista de la que hablaba Togliatti”, dice Enrico Berlinger —líder del Partido Comunista Italiano (PCI)— durante una comida en Bolonia con miembros de su organización. La escena ocurre en el filme La gran ambición (2024), un biopic dirigido por el cineasta Andrea Segre, que se inicia con unas imágenes reales del golpe militar en Chile contra Salvador Allende en 1973 y finaliza con la noticia del asesinato del democristiano Aldo Moro en 1978. Eran los llamados “Años de Plomo” en los que el PCI, con más de un millón y medio de afiliados y un tercio del electorado, opta por el Compromesso Storico con los católicos agrupados en la Democracia Cristiana.
El próximo 7 agosto termina el Gobierno de Gustavo Petro. ¿Qué hacer para que las fuerzas progresistas de Colombia avancen y ganen posiciones —como pensaba Berlinguer invocando a Gramsci— en un ambiente de libertad y democracia? ¿Dividirse como sucedió en Bolivia o sellar alianzas como la que llevó a Petro a la Casa de Nariño? No cabe más que elegir entre la suicida vía boliviana o la rentable vía colombiana. No hay una tercera vía si el objetivo es el de reeditar el triunfo del 2022 y obtener una fracción parlamentaria superior y más cualificada que la actual del Pacto Histórico.
Por ahora, la vía unitaria resiste. Gustavo Bolívar, María José Pizarro, Susana Muhamad, Gloria Inés Ramírez y Alí Bantú, retiraron sus aspiraciones presidenciales en aras de la unidad, y no perder el rumbo del cambio. Un gesto plausible, modélico, en un país con una larga historia de canibalismo en el seno de la izquierda. El Pacto Histórico limitó, por ahora, la aspiración presidencial a tres nombres: Iván Cepeda, Carolina Corcho y Daniel Quintero. El próximo 26 de octubre saldrá uno o una, mediante un sistema de consulta acordado por el directorio del Pacto Histórico. En el futuro es menester establecer reglas más claras para evitar que la derecha elija al candidato de la izquierda. Afiliación, primarias, convención, programa y lucha, son algunas de las claves para que una “gran ambición” no acabe en la irrelevancia y el olvido, como pasó con el partido de Enrico Berlinguer y agrupaciones más recientes.
Iván Cepeda, Viejo Topo, es la persona por la que votaré el próximo domingo 26 de octubre. Carolina Corcho ha realizado una campaña coherente y respetable. La veo para más adelante. A Quintero no lo conozco. Iván, en cambio, trae sobre sus espaldas una mochila que contiene perseverancia, lógica, transparencia, diálogo, lealtad, principios, conocimiento, legalidad, cosmopolitismo y experiencia. Una suma de cualidades que rara vez se encuentran juntas en un dirigente político.
Algunas amigas me han escrito y comentado acerca de las formas y la estética de Iván Cepeda. Sugieren un estilo más beligerante, incluso un cambio de look. Quieto en primera, les he respondido empleando una expresión del argot beisbolero. Transformar a Iván, mediante una estrategia de marketing, en una caricatura no está bien. Sobran los payasos y los espantajopos, en la infinita lista de candidatos a la Presidencia. La austeridad, el aplomo y la seriedad que reina en las apariciones de Iván Cepeda, ennoblece una campaña en las que el despilfarro y la charlatanería identifican a la mayoría de candidaturas a la Presidencia.
Eres tú, Iván.
La película La gran ambición puedes verla gratis y doblada al castellano en este enlace de Youtube. Viejo Topo, aprende del pasado. No vivas de la nostalgia, sino del presente.