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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

La Paz Total: entre disculpas e improvisaciones

En la implementación de la mal llamada Paz Total el tiempo se le está yendo (o mejor, ya se le fue) al Gobierno Petro entre disculpas, peleas y total improvisación.

Lo que sucedió en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el pasado 3 de octubre es ilustrativo.

Colombia –con gran esfuerzo diplomático– logró desde bien antes de que comenzara este Gobierno que el Consejo de Seguridad aceptara que, bajo su égida, se adelantara un gran mandato de verificación para hacer posible un seguimiento independiente y creíble de los avances de la política de paz en Colombia. 

Este es un instrumento fundamental para poder avanzar en el propósito de la paz: tanto la que se firmó con las FARC como la que se ha intentado por este Gobierno en los tantos frentes que conforman el disparatado caleidoscopio de la llamada Paz Total.

Que el Consejo de Seguridad de la ONU haya aceptado involucrarse en el proceso de paz de Colombia es fundamental. Y es una garantía valiosísima. Allí tienen asiento los países más poderosos del mundo y los que disponen de poder de veto en el rodaje de las Naciones Unidas. 

Esto ha permitido que haya una oficina de las Naciones Unidas en Colombia que, de una u otra manera, ha estado cercana a los intentos de cese al fuego que han tratado de hacerse con los grupos beligerantes y a los avances de las negociaciones propiamente dichos. Esto ha permitido, en síntesis, que una voz independiente y con autoridad haya estado cercana al proceso de paz.

De lo contrario, sin presencia de las Naciones Unidas, las conversaciones de paz hubieran ido mucho más mal de lo que han ido. Y hubieran estado rodeadas de suspicacias y desconfianzas.

Pues bien: para que el mandato del Consejo de Seguridad se renueve de tarde en tarde se requiere que tanto el delegado de la ONU en el terreno como los voceros del Gobierno rindan información periódica ante el Consejo de Seguridad (la más alta instancia dentro del rodaje de las Naciones Unidas) sobre los avances, retrocesos y programas en marcha. 

La búsqueda de la paz no se ha marchitado aún, como se habría marchitado hace mucho tiempo si este mandato de verificación del proceso no hubiera estado en marcha auspiciado por el mismo Consejo de Seguridad.

Pues bien: ¿qué sucedió la semana pasada? Que, en la reunión periódica para analizar el tema, los miembros del Consejo de Seguridad –especialmente los Estados Unidos, pero también países como Francia y Reino Unido– dijeron lo que todos tenemos bien sabido en Colombia: que la Paz Total va mal, muy mal. Y que para que se justifique el seguimiento de las Naciones Unidas al proceso se requiere enmendar las falencias en que ha caído.

El representante de los Estados Unidos fue especialmente duro. Quizás esto está asociado también a la degradación deplorable en que han caído las relaciones entre ese país y Colombia, que es evidente. Ni siquiera la canciller colombiana estuvo allí para defender al país, pues su renuncia en solidaridad con Petro a la visa estadounidense le impidió estar en Nueva York para atender esta reunión que era vital. 

A Petro –¡siempre con disculpas!– lo único que se le ocurrió decir es que Estados Unidos no podía entrometerse en la política interna de Colombia. Puede ser que se haya entrometido en otras ocasiones. Pero esta vez estaba hablando uno de los miembros más importantes del Consejo de Seguridad. Justamente, la instancia a la que le estábamos pidiendo –como se viene haciendo desde hace años– que supervise la manera la manera cómo anda la paz en Colombia. 

Y como ella anda de mal en peor, resultó apenas natural que varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad reflejaran sus críticas nacidas de las informaciones que reciben de sus embajadas en Colombia; críticas y reservas que son las mismas que conocemos de sobra los colombianos: que la Paz Total carece de rumbo, de gerencia y de orientación.

¿Cómo ignorar que mientras el llamado Clan de Urabá está arreciando sus acciones bélicas (es el grupo que más ha crecido), el Gobierno anda con esta gente desde Doha en estériles conversaciones dizque socio económicas?

¿Cómo ignorar la ‘perrateada’ de la figura de los gestores de paz que ha hecho el Gobierno Petro, sin que se sepa para qué y por qué, al otorgarle esa condición a 16 jefes paramilitares?

¿Cómo ignorar que, por desidia del Gobierno Petro, se dejaron pasar tres años preciosos sin tramitar una ley de sometimiento? 

Elemento jurídico indispensable –como lo ha dicho la Corte Constitucional– para proseguir diálogos de paz con los GAO o las bandas urbanas de Medellín, Quibdó y Buenaventura, a las que no basta subir en una improvisada tarima de la Alpujarra en Medellín para avanzar en conversaciones serias conducentes a su desmovilización.

¿Cómo ignorar que la reciente pelea de Benedetti con el ministro de Justicia no refleja otra cosa que la tardía presentación de un proyecto de ley de sometimiento que ya ha sido duramente cuestionada por la Corte Suprema de Justicia y por la Defensoría del Pueblo? 

¿Cómo ignorar en fin que los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas estaban enterados de todas estas falencias del proceso de paz?

¿Y cómo pensar que con la destemplada reacción presidencial tratando de “intervención inapropiada en Colombia” de los mismos gobiernos a los que estamos solicitando que bajo su autorizada égida se oriente un monitoreo al proceso de paz, se van a arreglar las cosas? 

Paz que todos los días el Gobierno Petro, en vez de arreglar, la desarregla. ¿O es que cree que con base en insultos, peleas internas o improvisaciones puede llevarlas a buen puerto?

Paz Total no tenemos: improvisación gubernamental total, sí.

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