Saltar a contenido
Lunes 4 de mayo de 2026
Imagen de perfil de Marisol Gomez
Marisol Gomez

María Corina: un Nobel de Paz tan oportuno como el de Santos

Hay reconocimientos que llegan en cualquier momento, incluso tarde o nunca, y otros que llegan en el momento preciso, en la coyuntura indicada, cuando los hechos que han hecho notorio al galardonado están ad portas de un punto de inflexión o de un punto de quiebre.

Fue el caso del Premio Nobel de Paz a Juan Manuel Santos, anunciado el 7 de octubre de 2016, solo cuatro días después de que saliera derrotado en las urnas el plebiscito por la paz mediante el cual, el entonces presidente de Colombia, esperaba que el país refrendara el acuerdo que había logrado con las Farc después de cuatro años de difíciles negociaciones.

El pacto de paz con esa guerrilla había quedado herido de muerte tras el rechazo mayoritario de los votantes colombianos, y el Nobel de Paz se convirtió para Santos en un sólido punto de apoyo. A él se aferró cuando parecía naufragar el fin del conflicto armado con las Farc, una tarea a la que le había dedicado los mayores esfuerzos de sus dos gobiernos (2010-2014 y 2014-2018). 

El premio era el reconocimiento internacional a una apuesta de paz que una buena parte de Colombia parecía no haber comprendido.

También el Nobel de Paz a la líder opositora venezolana María Corina Machado, anunciado el pasado viernes, llega en una coyuntura crucial: la alta tensión que ha creado el despliegue militar estadounidense en aguas del mar Caribe próximas a Venezuela, con el objetivo de “combatir el narcotráfico” por esa ruta, y al Cartel de los Soles, que según el Gobierno de Donald Trump está encabezado por Nicolás Maduro.

Esto, por supuesto, en medio del apoyo que María Corina ha encontrado en el actual Gobierno de Estados Unidos desde que la oposición venezolana demostró con miles de actas electorales el fraude del 28 de julio de 2024 en Venezuela, cuando el Consejo Electoral de ese país proclamó a Maduro como ganador de los comicios presidenciales sin mostrar las pruebas de ese triunfo.

Desde entonces, María Corina, quien fue inhabilitada por el Gobierno para participar en esa contienda electoral, no ha parado de denunciar el fraude contra el candidato ganador, Edmundo González Urrutia, ni de buscar apoyo internacional para que “la dictadura de Maduro” caiga. 

Para la líder opositora venezolana, el Nobel de Paz, como lo fue para Santos en su momento, es un fuerte asidero político. Pero también, como en el caso del expresidente de Colombia, la coyuntura en la cual le hacen el reconocimiento le plantea el papel específico que debería jugar: la promoción de una transición pacífica en Venezuela cuando su aliado más importante, el Gobierno de Trump, considera una acción de fuerza para sacar a Maduro del poder.

No en vano las razones que dio el Comité Noruego del Nobel para Paz al darle la distinción a María Corina: “por promover derechos democráticos para el pueblo de Venezuela y por su lucha por una transición justa y pacífica”.

Cuando le otorgaron a Santos el Nobel de Paz por “sus esfuerzos resolutos para poner fin a la guerra civil de más de 50 años de duración”, el Comité Noruego de entonces tenía plena conciencia del impacto que tenía para el acuerdo de paz el resultado adverso en las votaciones del plebiscito. Y lo hizo explícito. “Existe un peligro real de que se interrumpa el proceso de paz y que se reanude la guerra civil. Por lo tanto, es más importante todavía que las partes, encabezadas por el presidente Santos y el líder de la guerrilla de las Farc, Rodrigo Londoño, sigan respetando el cese fuego”, señaló.

Así como en 2016 el Comité Noruego encargado de otorgar el Nobel de Paz exhortó a las partes en la negociación a mantener una salida pacífica del conflicto, a pesar del punto de quiebre que marcaba en ese momento el ‘No’ de los colombianos al acuerdo que Santos había firmado con las Farc, el Comité de este 2025 resaltó el carácter “pacífico” de la lucha que ha dado María Corina. 

En ese término se entiende implícita la invitación que le hace a la líder opositora venezolana para abanderar una solución sin violencia a la dictadura del régimen chavista, lo que implicaría para ella distanciarse de cualquier medida de fuerza que llegara a tomar el Gobierno estadounidense.

La reputación histórica de Noruega como país pacifista y democrático tiene su propia carga de profundidad en el Nobel de Paz otorgado a María Corina. Fue justo por esa historia que el científico sueco Alfred Nobel estipuló en su testamento que fuera el parlamento noruego el encargado de entregar ese galardón, y no el parlamento sueco, que según su voluntad, entregaría el resto de los Premios Nobel a los cuales debería dedicarse parte de su fortuna: el de literatura, el de medicina, el de física y el de química.

No hay que olvidar, además, que Noruega, basado en su política exterior de resolver pacíficamente los conflictos, ha facilitado conversaciones entre el Gobierno chavista y la oposición venezolana.

María Corina está hoy fortalecida como dirigente opositora por el enorme peso simbólico del Premio Nobel de Paz. Y lo que demos esperar es que esa nueva fortaleza le sirva para impulsar una salida negociada al conflicto político en Venezuela, un tema que desde hace muchos años gravita con fuerza en el debate público en Colombia.

Finalización del artículo

Artículo de libre acceso