Ambigüedades costosas
El Gobierno Petro viene manejando una ambigüedad costosa frente al régimen de Nicolas Maduro: dice de una parte no reconocerlo; se jacta de ello; pero por otro lado colabora intensamente con Maduro como si lo hubiera reconocido oficialmente.
Es el estilo bisoño de Petro en política internacional, que a la postre resulta acomodaticia y escurridiza: quiere prenderle una vela a Maduro, por un lado, pero por el otro cree tener una buena coartada para exhibir ante quienes desconocen la legitimidad del régimen de Maduro. Con las dos está haciendo quedar mal a Colombia frente al resto del mundo, con excepción acaso de Cuba y Nicaragua, para hablar solo de la región.
Mucho más clara y transparente es, por ejemplo, la actitud de un país como Chile que, desde la primera hora y con transparencia, dijo no reconocer al régimen dictatorial de Caracas por no considerarlo legítimo. Algo similar ha hecho el Brasil.
Reconocer el gobierno de un país tercero dentro del argot de la política internacional significa que quien hace el reconocimiento acepta que el interlocutor fue elegido democráticamente y obtuvo las mayorías requeridas para gobernar. Y que, por lo tanto, lo acepta como legítimo interlocutor.
Eso es lo que hasta ahora -formalmente- no ha hecho Petro al no reconocer a Maduro. Sin embargo, opera y funciona con relación al régimen de Caracas como si lo hubiera reconocido desde la primera hora. En esto consiste la costosa ambigüedad que maneja Petro.
Colombia reconoce a quienes exhiben títulos legítimos. Sin embargo, en el caso de Maduro las evidencias de que sus títulos son espurios resultan abundantes.
Recordar, por ejemplo, los dictámenes de la OEA, del centro Carter, y de tantos otros observadores que hicieron el seguimiento de las últimas elecciones venezolanas. Nunca se exhibieron, además, las actas de votación que solicitó inclusive la misma Colombia. Y que abrumadoramente no le dieron el triunfo a Maduro, sino a González Urrutia.
A pesar de todo ello, Petro viene trabajando con Caracas como si fuera un gobierno legítimo con el que se adelantan programas tan delicados como la creación de una zona binacional o el patrullaje conjunto de las zonas fronterizas.
Cuando caiga el Gobierno de Maduro –todo parece indicar que no será dentro de mucho tiempo-, no pocos escombros del edificio de corrupción sobre el cual se ha construido el régimen de Maduro caerán del lado colombiano.
El hecho de que seamos pueblos hermanos, de que compartamos una frontera común de más de 2.000 kilómetros, y de que seamos comunidades llamadas históricamente para trabajar en programas comunes, no dispensa al Gobierno colombiano del deber ineludible de ser claro y dejar el lenguaje ambiguo que lo caracteriza: ¿se reconoce o no como legitimo el Gobierno de Maduro sobre el cual pesan abrumadoras evidencias que lo señalan como ilegitimo y fruto del fraude electoral?
Esta ambigüedad escurridiza del Gobierno Petro con la cual cree poder nadar a dos aguas en el terreno internacional, finalmente se termina descubriendo. Por ejemplo, Blu Radio reveló la semana que acaba de pasar una carta lambona y edulcorada que le dirigió Petro a Trump, prácticamente pidiéndole excusas por sus desmesuras verbales. Pero al mismo tiempo sigue afinando el infantil discurso antiyanqui contra el mandatario de los Estados Unidos, que tan costoso le está resultando a Colombia.
En la carta suplicante que descubrió y publico Blu Radio, el mandatario colombiano le pide excusas a Trump, pero por otro lado sube los decibeles del lenguaje pendenciero con el cual Petro cree llenarse de medallas para que se le reconozca como líder latinoamericano contra el imperio del norte: una vela pidiéndole excusas a Trump, y otra prendiendo la llama del antiimperialismo.
La política internacional debe manejarse con claridad y sin ambigüedades. A nadie se puede engañar hoy en día.
Petro sigue embebido, sin embargo, en ambigüedades con las cuales pretende engañar en un mundo en el que las comunicaciones aseguran que finalmente no hay bobos que se traguen ambigüedades tan rupestres como las que maneja el Gobierno colombiano.