Cabrera en China, trabajo y método
Hace un mes, en uno de sus tristemente célebres consejos de ministros, el presidente Gustavo Petro soltó la siguiente perla: pidió relevar al personal de la embajada de Colombia en China, acusándolo de “sabotear las relaciones”, de cambiarle agendas y de anular citas sin aviso. “Esa gente tiene que irse”, dijo, de manera tajante.
El servicio exterior del Gobierno Petro acumula todo tipo de tropiezos y malos ratos: nombramientos anulados, cónsules cuestionados y reaperturas de embajadas consideradas inoficiosas. Uno de los casos más lamentables fue el del cónsul en México, Andrés Camilo Hernández Ramírez. A Hernández, una subalterna lo denunció por estafa; la Cancillería le abrió proceso disciplinario y le ordenó reintegrar 12.750 dólares por un contrato sin autorización y devolver 80 millones de pesos a la funcionaria, recursos que eran los ahorros de su vida. Además, en marzo de 2025 un tribunal suspendió su nombramiento y dejó el cargo.
Ese no fue el único problema en México: el Consejo de Estado tumbó el nombramiento del embajador Moisés Ninco Daza porque no cumplía con los requisitos, y la Procuraduría le abrió indagación por presunto maltrato laboral.
Para febrero de 2025, ya iban al menos 21 nombramientos diplomáticos anulados por los jueces; a agosto de 2025, los registros de prensa hablaban de más de 40. Entre los casos, se destacan la nulidad del cargo de cónsul en Cancún para María Soledad Garzón por omitir priorizar a funcionarios de carrera, y la anulación de una consejería en Ecuador por la misma razón.
Y, quizá, la joya de la controversia fue la embajada ante la FAO en Roma: el Gobierno la reabrió y nombró a Armando Benedetti. El costo de reactivación se calculó entre 1.200 y 1.500 millones de pesos en menos de un año. Posteriormente, un juez anuló la designación de Benedetti porque no contaba con posgrado ni tenía dominio del idioma exigido para su cargo; en octubre de 2025, el Consejo de Estado ratificó la decisión.
Por todo eso, sorprendieron las palabras de Petro contra sus funcionarios en China que —hay que decirlo— han mostrado enormes resultados. El embajador es el reconocido director de cine Sergio Cabrera, cuya niñez transcurrió en este país; conoce su cultura a fondo, habla perfectamente el idioma y se mueve como pez en el agua en Beijing.
Los resultados hablan por sí mismos. En octubre de 2023, Bogotá y Pekín elevaron la relación a asociación estratégica y firmaron 12 instrumentos de cooperación (comercio, inversión, economía digital, agricultura, educación, inspección y cuarentena).
De ahí salió el protocolo sanitario para la carne bovina (y para la quinua). En marzo de 2024, China habilitó las primeras plantas colombianas y, en mayo, zarpó el primer envío: 55 toneladas.
En mayo de 2025, Colombia suscribió el plan de cooperación de la Franja y la Ruta (BRI), con la expectativa de canalizar inversión y financiamiento para proyectos de infraestructura y desarrollo productivo. Es una plataforma que, bien usada, da músculo a las metas de diversificación.
Otro jugador clave en el éxito de las relaciones colombo-chinas es Felipe Rueda, director de ProColombia en el país asiático.
Vivió varios años en China mientras cursaba su pregrado en Economía y Comercio Internacional en la Universidad de Economía y Negocios Internacionales de Pekín; habla y escribe mandarín. Primero fue asesor de exportaciones y turismo en la oficina de ProColombia en China; luego trabajó con empresas constructoras chinas en Colombia como director comercial para licitaciones de infraestructura. Hoy lidera la promoción de exportaciones, inversión y turismo de Colombia en China.
La semana pasada, ProColombia llevó a Shanghái la delegación más grande de la década: 29 empresas y entidades en la CIIE 2025, cuatro veces más que en 2021. Además, impulsó una oferta con más productos: moda, artesanías, alimentos, café y, por primera vez, un bloque del sector farmacéutico en esta feria.
La embajada de Colombia en China mezcla idioma y método, y ha producido resultados tangibles durante estos cuatro años. Resultados que traerán enormes réditos para el país; de eso no hay duda.
La embajada funciona en una hermosa casa en el distrito de Chaoyang, en un barrio lleno de embajadas y arboladas avenidas.
Allí no se habla ni se ha vuelto a hablar de las declaraciones del presidente de hace un mes: todos siguen haciendo su trabajo.
No hay duda de que el presidente tiene diez mil cosas de qué preocuparse y la embajada de Colombia en China no es una de ellas. Ojalá no se acuerde, porque lo que funciona no vale la pena cambiarlo.