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Miércoles 6 de mayo de 2026
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Juan Camilo Restrepo

De la robusta iguana a la famélica lagartija

Todos los datos que se conocen de Ecopetrol son cada vez más malos. El último de ellos, la caída del 29,8 por ciento en sus utilidades comparando el tercer trimestre de este año con el mismo periodo de 2024, lo confirma.

Siempre hay explicaciones: pero la tendencia es la misma. La empresa petrolera se está secando financieramente mientras que todos sus pares -salvo PDVESA- muestran de trimestre en trimestre indicadores de recuperación.

En el fondo, el mal que aqueja a Ecopetrol se llama mala gobernanza. Los miembros de la junta directiva han pasado a ser unos pintados en la pared. Y las decisiones se ordenan desde el Palacio de Nariño. La injerencia personal y caprichosa de presidente Petro está arruinando a Ecopetrol. 

Se están violando todos los códigos de buena conducta corporativa. Petro considera que por ser el jefe de Estado y porque más del 80 por ciento de las acciones de la empresa pertenecen al Estado colombiano le es dado hacer y deshacer en la empresa. Y ello no es así.

La ley que transformó el estatuto jurídico de Ecopetrol lo dice muy claramente: las decisiones que tome deben buscar el beneficio de TODOS los accionistas de la empresa y no de una parte de ellos. Recordemos que Ecopetrol tiene más de 250.000 accionistas minoritarios y privados.

Pero no ha sido así: prevalecen los caprichos de Petro sobre los intereses de la universalidad de los accionistas.

A Ecopetrol se le viene obligando a hacer malos negocios (la venta de su participación en el Perminan de los Estados Unidos que allí tiene en asocio con la OXY es un ejemplo), secándole su ya magra caja e imposibilitándola para realizar su plan de inversiones estratégicas (le están forzando a que deje gradualmente el foco central de su negocio que es la exploración, producción y refinación de crudo) y meterse en lo que puede hacer perfectamente el sector privado si hay reglas de juego claras y confiables (expansión de la energía solar).

Pero, además, desde el Palacio de Nariño se anuncia su participación en negocios fantasiosos que nunca se realizarán y para lo cual el ministro de Minas y Energía viene oficiando como gran abanderado: la compra de la periclitante Monómeros al régimen de Caracas o la importación de gas a través de un gasoducto desueto, negocios que nos pueden llevar a salir pringados con las sanciones que el Gobierno norteamericano le esta imponiendo y le va a seguir apretando a Venezuela.

Como bien lo escribió Francisco José Lloreda en reciente artículo: “Ecopetrol morirá. No por culpa del petróleo o porque se acabe en Colombia. Morirá, si la estrategia de aniquilación a la que se le ha sometido avanza y se perpetúa, si se consolida la prohibición de toda nueva exploración -que terminará marchitando la producción- y si sus menguadas utilidades se siguen destinando a proyectos menos rentables o ajenos al sector para pagar favores”.

A la robusta iguana la están convirtiendo en una famélica lagartija a punta de caprichos y de fantasías que diariamente salen de la Casa de Nariño.

Finalización del artículo